JUNGLE: Sunshine

JUNGLE: Sunshine (AWAL-Popstock!)

La nueva entrega de Jungle parece exactamente lo que promete su título, Luz del sol: música para una tarde despejada, bajos elásticos, funk electrónico, disco elegante y un soul de colores cálidos pulido hasta el brillo más radiante que Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland llevan una década perfeccionando cuando ni siquiera dejaban ver sus caras. El álbum nace después del terremoto comercial de Volcano y de “Back on 74”, su mayor éxito, pero Jungle no ha intentado fabricar otra canción viral. La inspiración llegó, en buena medida, de Brasil y de la música de los años sesenta y setenta, además del sol de Los Ángeles y unas vacaciones en Hawái.

Pero Sunshine tiene una sombra más larga de la que aparenta a simple vista. La idea era hacer un disco que sonara colectivo, menos preocupado por la identidad individual. Y ahí Lydia Kitto, ya miembro de pleno derecho en el grupo, resulta fundamental: su voz aporta una dimensión que convierte lo bailable en algo más vulnerable. La paradoja está perfectamente representada en la canción que le da título que habla más de depresión que de felicidad. El verano funciona como metáfora de algo que sabemos condenado a terminar: cuanto más luminoso parece, más evidente resulta su final.

Esa melancolía aparece también en “Carry On”, una canción de corazón roto que avanza sin dramatismo, y en “The Wave”, quizá uno de los momentos donde mejor se cruzan el gusto brasileño y la maquinaria rítmica de Jungle, con un guiño al house francés, casi como si Stardust asomara la cabeza entre los sintetizadores. “Move Like You Do” arriesga algo más al pasar la voz de Kitto por un procesado electrónico y sumar al rapero Bas, jugada que puede chirriar pero que se sostiene gracias a un estribillo tan pegadizo que acaba imponiéndose a cualquier reparo.

Las fisuras también resultan evidentes: son apenas 32 minutos y su tramo final, entre “Reflection” y “Heavy on My Soul”, pierde el impulso de la primera mitad. Sunshine tiene canciones destacables pero a veces parece un álbum que termina justo cuando empezaba a revelar algo distinto. También resulta significativo que Tom McFarland tenga un papel vocal mucho menos visible que en los primeros Jungle, con el centro desplazándose hacia Lloyd-Watson y Kitto, con lo que puede echarse de menos aquella vieja dualidad. Queda claro que Jungle ha optado por la vía segura, con más prudencia que ambición, prolongando con oficio y sin sobresaltos el territorio ya conquistado en trabajos s anteriores, y esa es su mayor virtud al tiempo que su techo más evidente. Al menos por ahora.

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