DENT MAY: The Big One
DENT MAY: The Big One (Carpark)
Durante años, Dent May había convertido el dormitorio en un pequeño laboratorio de canciones, grabando prácticamente solo y construyendo cada arreglo desde el ordenador. Para este séptimo álbum ha decidido romper con su propio método: dejó el portátil a un lado, mandó maquetas hechas con notas de voz a sus amigos y se llevó las canciones a un estudio de Los Ángeles. Allí reunió a músicos de su círculo, sin ensayos previos ni partituras cerradas, y dejó que las sesiones se decidieran sobre la marcha.
El punto de partida tampoco es especialmente complaciente. May habla de decepciones, rupturas, cansancio y de esa sensación de estar esperando a que la vida empiece, de cómo intentar mantener el optimismo cuando la vida o el planeta parecen al borde del colapso. El título, El grande, hace referencia a esa catástrofe natural de la que todo el mundo habla (un posible terremoto devastador en la Costa Oeste) pero que nunca termina de llegar, convertida aquí en metáfora de cualquier sacudida vital que nos saca de la zona de confort. May mete en el tema titular la muerte, la fragilidad de estar vivos y la posibilidad de que mañana todo cambie, pero encuentra la respuesta en algo bastante sencillo, los amigos, sostenido todo por el piano, el acordeón y una batería firme.
“I Remember…” recupera una relación terminada y, en lugar de quedarse en el reproche, mira hacia aquellos años con agradecimiento. La inspiración viene, curiosamente, de Amarcord, de Fellini, y del libro Me acuerdo, de Joe Brainard, dos referencias que ayudan a entender una canción construida como una sucesión de recuerdos más que como una confesión lineal. “Second Wind” ofrece quizá el giro más divertido: empieza con May exhausto, casi pidiendo permiso para meterse en la cama, hasta que la batería cambia el paso y la canción se transforma en una invitación a salir, beber, conocer desconocidos y meterse en algún lío. “I Don’t Like You (But I Love You)” juega con otra contradicción, la del enamorado que sabe que no le corresponden pero sigue haciendo cálculos a favor de la esperanza. Y “Last Night I Saw a UFO” añade al recorrido ese punto de absurdo que evita que el disco se tome demasiado en serio.
Después de tantos trabajos construidos con precisión desde casa, aquí May parece haber querido comprobar qué quedaba de sus canciones cuando deja de tenerlas completamente bajo control. El resultado conserva su gusto por el pop de los setenta, por Harry Nilsson o el McCartney de Ram, pero cambia algo esencial: ahora se oye a Dent May compartiendo tanto el pesar como las dudas en otro refugio pop de los suyos, lleno de luz y con el que abrazar a los demás.
