MARÍA ARNAL
María Arnal, amor, memoria, polifonía y tecnología
Ama es el nuevo álbum de María Arnal. Producido por la propia artista catalana, marca el inicio de su etapa en solitario tras años de trayectoria compartida. No se trata, sin embargo, de un proyecto que parta de una idea conceptual cerrada o de una premisa estética preconcebida, sino de algo mucho más íntimo y difícil de nombrar: una herida, un vacío que empuja a ser dicho. En ese espacio emocional se despliega una cadena de voces femeninas que resuenan en el tiempo: la suya propia, la de su prima hermana Alicia —cuya muerte inspira la canción titular y primer avance— y la de todas aquellas mujeres que la precedieron, conformando una genealogía invisible que atraviesa todo el trabajo.
“Ama son sus iniciales [las de su prima]. Ama es una carta de amor. Ama es polifonía. Ama son todas las voces dentro de mí”, explica Arnal. La artista insiste en que no se trata de una única lectura, sino de una palabra abierta, cargada de capas, donde lo íntimo y lo colectivo conviven sin jerarquías. “La pieza, que funciona de manera autónoma pero también da título al álbum, se construye como un espacio de confianza y vulnerabilidad, un lugar donde el amor y la sensibilidad emergen desde el cuerpo como territorio de memoria y experiencia”.
La canción incide también en la potencia de la voz como puente entre lo humano y lo digital, una de las líneas de investigación que atraviesan todo el proyecto. Producida junto a Alizzz y Pau Riutort, despliega una compleja arquitectura coral compuesta por cerca de 60 capas vocales: grabadas, clonadas, multiplicadas y transformadas mediante procesos tecnológicos hasta dar forma a un coro invisible. “Me interesaba crear una especie de entidad que cantara conmigo, pero también por mí y a través de mí”, apunta Arnal, subrayando su interés por explorar los límites de la voz contemporánea y su capacidad de expansión más allá del cuerpo físico.
Esta exploración sonora no surge de manera aislada, sino que forma parte del proyecto de investigación AMA, desarrollado junto al Barcelona Supercomputing Center y el Intelligent Instruments Lab de Reikiavik. En ese contexto, Arnal ha trabajado sobre las posibilidades de la voz en el siglo XXI, interrogando su relación con la tecnología, la inteligencia artificial y los procesos de digitalización. Sin embargo, la artista insiste en que el núcleo del proyecto no es técnico, sino emocional: “Más allá de la tecnología, lo que me interesa es la verdad de lo que se está diciendo, cómo el cuerpo recuerda, cómo sigue sintiendo incluso cuando la voz se fragmenta en datos”.
Con “Ama”, María Arnal no solo presentaba una canción, sino que abría un nuevo capítulo en su trayectoria: una constelación donde amor, memoria y tecnología se entrelazan en un mismo gesto creativo. Tras ella llegó “Pellizco”, un segundo adelanto que desplaza el foco hacia un terreno más físico, inmediato y lúdico. Si en “Ama” predominaba la introspección y la exploración de la voz expandida, “Pellizco” se articula en torno al cuerpo, el ritmo y el juego del cortejo.
La pieza nace, en palabras de la propia artista, “de un golpe, a partir de una base rítmica polifónica”, y se plantea como “una canción de cortejo contemporánea”. En ella, el lenguaje de la seducción bebe de códigos tradicionales -la mirada que no se puede esquivar, el gesto mínimo, el contacto- pero se traslada a una oralidad juguetona, casi traviesa, donde la repetición y el ritmo generan una sensación de insistencia y movimiento constante. La voz, de nuevo, se multiplica y se entrelaza con la base rítmica, como si imitara ese flirteo persistente que no termina de resolverse.
En “Pellizco” aparecen símbolos fácilmente reconocibles -los clavelitos en las mejillas, la maderita que se toca para invocar la suerte, la flecha encendida, la puerta entreabierta- que Arnal incorpora sin solemnidad, integrándolos en un relato cotidiano y luminoso. “Es una canción que sale a buscar la conexión”, resume, reivindicando una aproximación a la tradición que no pasa por la nostalgia, sino por su relectura desde el presente. Al mismo tiempo, la artista introduce una dimensión irónica al señalar que la pieza “funciona como metáfora de la relación hiperfusional que tenemos hoy día con la tecnología, marcada por el deseo inmediato, la tentación constante y una conexión casi compulsiva”.
Compuesta, interpretada y producida por María Arnal en colaboración con Pau Riutort, “Pellizco” se inscribe en el mismo marco creativo que sostiene “Ama”: un espacio donde la voz se concibe como territorio expandido, capaz de moverse entre lo coral y lo digital, entre la memoria y la experimentación, sin perder su anclaje en el cuerpo.
El tercer adelanto, “Que me quiten”, introduce un giro en el tono y en el enfoque temático del proyecto. Si los anteriores exploraban la voz, el deseo y la relación con la tecnología, aquí el foco se desplaza hacia las violencias -tanto históricas como cotidianas- que han moldeado la experiencia de las mujeres. La pieza se construye como un recorrido por distintas formas de control patriarcal: desde las más explícitas hasta aquellas que operan de manera más sutil en lo cotidiano. “Cada verso nombra un modo de daño; cada repetición insiste en aquello que muchas veces se intenta silenciar”, señala la artista.
Musicalmente, “Que me quiten” condensa su impacto en poco más de dos minutos que avanzan con la contundencia de una marcha rítmica y polifónica. La canción se abre a capella, con la voz de Arnal en primer plano sostenida apenas por un sintetizador mínimo, para ir incorporando progresivamente capas vocales y una base electrónica que gana cuerpo con el paso de los compases. Destaca el uso de órganos modulares, uno de los elementos sonoros más presentes en el álbum, que aportan densidad y tensión al conjunto. Su interpretación vocal, frontal y afilada, evita el dramatismo para situarse en un lugar de claridad y determinación.
Coproducida por Pau Riutort, Christian Quirante (Alizzz) y la propia Arnal, la canción se afirma como una de las piezas centrales del proyecto. “Es un tema que señala, que incomoda y que marca un límite”, apunta, subrayando su dimensión política. En ese sentido, “Que me quiten” no solo nombra la violencia, sino que también reivindica un espacio de resistencia: “Hay algo que no han podido, ni podrán, controlar, y es la conciencia del propio cuerpo”.
En conjunto, Ama se presenta como un trabajo en el que cuerpo, voz, tecnología y memoria dialogan constantemente, sin establecer jerarquías claras entre lo orgánico y lo digital. Más que ofrecer respuestas cerradas, el álbum abre un espacio de exploración donde la identidad se entiende como algo múltiple, en transformación continua. Un inicio en solitario que no implica aislamiento, sino, paradójicamente, una expansión hacia todas esas voces que habitan en una sola.

