SEU JORGE: The Other Side

SEU JORGE: The Other Side (Black Service/Amor in Sound)

Dieciséis años. Eso es lo que tardó Jorge Mário da Silva en dar por terminado el disco que tenía en la cabeza desde 2009. No porque se olvidara de él, ni porque lo abandonara: las sesiones de grabación en el estudio de Los Ángeles se extendieron hasta 2018, y desde entonces el álbum esperó en algún cajón de la historia hasta encontrar el momento de salir. Todo empezó como un proyecto sin prisa ni presión de la industria, sin fechas, sin contratos urgentes, lo que explica en gran medida por qué The Other Side suena tan poco a obligación y tanto a elección.

El resultado desorienta a quienes lleguen buscando al sambista festivo de Músicas para churrasco al compositor exitoso de “Burguesinha” o al músico que versiona a David Bowie. Este Seu Jorge es otro: más quieto, más cinematográfico, más cerca de João Gilberto que de las pistas de baile. La producción de Mario Caldato Jr., quien ya trabajó con el artista en Carolina (conocido también como Samba esporte fino) en 2001 y con los Beastie Boys y Chico Science, le da al disco una textura densa y cálida, y los arreglos orquestales de Miguel Atwood-Ferguson, instrumentista con más de 600 grabaciones acumuladas en álbumes, películas y series, añaden una capa que hace el conjunto casi indistinguible de una banda sonora sin imágenes.

El álbum abre con una versión de “Crença”, composición de Milton Nascimento que data de 1967, marcando desde el primer compás el territorio emocional en el que se mueve todo el trabajo. “Vento de maio”, compartida con Maria Rita sobre una melodía originalmente grabada por Lô Borges y Elis Regina, es de los momentos más delicados. “River Man”, reinterpretando a Nick Drake junto a Beck, tiene una gravedad que se asienta despacio. Y “Girl You Move Me”, que ya había aparecido en el proyecto colectivo Almaz hace más de una década, aquí muda de piel completamente: donde antes había rock psicodélico, ahora hay cuerdas y penumbra. Una sola composición propia lleva su firma, “Quando chego”, escrita con Marisa Monte y Arnaldo Antunes, y esa decisión de priorizar la interpretación sobre la autoría dice más sobre la madurez de este disco que cualquier nota de prensa.

Lo más interesante es cómo el disco rehúye la tentación de convertirse en un escaparate de sofisticación. Aunque los arreglos son lujosos y la producción extremadamente detallista, el centro sigue siendo la interpretación: una voz grave, cálida y cercana que parece cantar desde la experiencia más que desde la exhibición técnica. Aquí todo funciona al revés: cuanto más se contiene, más emociona.


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