ORCHESTRA GOLD: Dakan

ORCHESTRA GOLD: Dakan (Orchestra Gold)

Orchestra Gold nació en 2015 en Oakland, cuando el guitarrista Erich Huffaker y la cantante Mariam Diakite empezaron a grabar canciones sin demasiadas expectativas, descubriendo que aquella combinación improbable de ritmos africanos, riffs psicodélicos y espíritu de banda de directo tenía una química difícil de ignorar. Desde entonces lleva años persiguiendo una idea sencilla y ambiciosa a la vez: conectar el pulso de la música de Malí con la electricidad del rock psicodélico.

Ese propósito alcanza una de sus expresiones más claras en Dakan, un cuarto álbum que gira alrededor de dos conceptos: destino y deseo. Todo gravita alrededor del centro espiritual que le proporciona la voz de Mariam Diakite. La cantante utiliza el bambara y otras lenguas de África occidental para reflexionar sobre la idea de un propósito compartido, una noción muy presente en su propia biografía: emigrante, madre, artista y heredera de una tradición cultural que sigue marcando el rumbo de sus canciones.

La música funciona como un puente entre mundos. Las guitarras eléctricas dibujan riffs largos y abrasivos mientras la sección rítmica mantiene un ritmo insistente que recuerda tanto al rock de garaje como a los patrones hipnóticos del Sahel, con una voz que empuja cada canción hacia algo que se parece bastante a la celebración. Sobre esa base, el grupo introduce metales, percusiones y melodías que remiten a la tradición de Malí, generando una mezcla que parece diseñada para el baile pero también para el trance colectivo.

Significativo resulta “Djama Ko”, donde la banda despliega una instrumentación exuberante: guitarras escurridizas, vientos que irrumpen como ráfagas y una sensación de viaje que recuerda a una caravana atravesando el desierto. En “Yayoroba”, en cambio, el protagonismo recae en los metales, que dialogan con el riff principal hasta desembocar en un solo de saxofón casi salvaje. También merecen atención “Diyanye Ko Te Sa” o “Baye Ass N’diaye”, una pieza esta que funciona como homenaje al maestro espiritual de Diakite y en la que reivindica una forma de religiosidad basada en la experiencia directa de lo divino más que en la rigidez doctrinal, una idea que bien podría extenderse al resto del disco.

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