FRUIT BATS: The Landfill

FRUIT BATS: The Landfill (Merge-Popstock!)

La imagen que da título al disco no es precisamente acogedora. Un vertedero suele asociarse a lo que se desecha, a los restos que nadie quiere conservar. Sin embargo, Eric D. Johnson utiliza esa idea para construir uno de los trabajos más emotivos de toda la trayectoria de Fruit Bats. The Landfill habla precisamente de aquello que permanece enterrado bajo capas de tiempo: recuerdos, relaciones, lugares desaparecidos y versiones anteriores de uno mismo que siguen apareciendo cuando menos se espera.

Después de varios álbumes marcados por una mirada relativamente luminosa, Johnson se adentra aquí en territorios más complejos. No es un disco sombrío en sentido estricto, pero sí profundamente reflexivo. Gran parte de las canciones nacen de una etapa de cambios personales y de una creciente conciencia sobre el paso de los años. Según ha reconocido, muchas ideas surgieron mientras observaba cómo determinados paisajes físicos y emocionales desaparecían o se transformaban de forma irreversible. Esa sensación de pérdida atraviesa todo el álbum, aunque siempre acompañada por una extraña belleza.

En el plano sonoro, y tras proyectos donde predominaban los enfoques más íntimos, Fruit Bats recuperan aquí el formato de banda completa. El resultado aporta amplitud y dinamismo sin sacrificar la cercanía que caracteriza las composiciones de Johnson. Las guitarras eléctricas vuelven a tener un papel relevante, acompañadas por arreglos cuidados que recuerdan por momentos a la mejor tradición del folk-rock norteamericano. No faltan ecos de The Byrds, del Neil Young más melódico o incluso de ciertos discos de Tom Petty, pero siempre integrados en una personalidad perfectamente reconocible.

“The Saddest Part of the Song” es, probablemente, el núcleo emocional del álbum. La canción reflexiona sobre la forma en que las personas conviven con ausencias que nunca terminan de desaparecer. “Wild Pony Tower Mountain o “All Wounds” combinan una melodía luminosa con letras marcadas por la persistencia de los recuerdos, mientras que “The Landfill” reflexiona sobre aquello que decidimos conservar aunque ya no tenga utilidad práctica.

Lo admirable de The Landfill es que transforma la nostalgia en algo mucho más complejo que un simple ejercicio de memoria. Johnson no idealiza el pasado ni intenta recuperarlo. Algunas cosas se pierden para siempre y otras sobreviven de formas inesperadas. Por eso estas canciones funcionan como conversaciones con los fantasmas cotidianos que todos terminamos acumulando. Y pocas veces Fruit Bats habían conseguido que esa conversación sonara tan humana.


Principio del formulario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *