EVERYTHING BUT THE GIRL: Walking Wounded (2026 Deluxe Edition)

EVERYTHING BUT THE GIRL: Walking Wounded (2026 Deluxe Edition) (Buzzin’ Fly-Chrysalis)

Formados en 1982 y curtidos primero en el pop de sonido jazzístico y después en el folk introspectivo, Tracey Thorn y Ben Watt vivieron a mediados de los noventa una metamorfosis que nadie esperaba de ellos. Todo arrancó de rebote: el remix house que Todd Terry hizo de “Missing” se convirtió en un éxito mundial casi accidental, y aquella lección, sumada a la colaboración de Thorn con Massive Attack en Protection, empujó al dúo hacia un territorio electrónico que hasta entonces solo habían rozado.

El resultado, publicado originalmente en 1996, fue Walking Wounded, disco que ahora recupera Chrysalis con una reedición de dos discos y veintinueve cortes, remasterizada en los estudios Abbey Road con el mismo orden de pistas que ya proponía la edición de lujo de 2015, hoy descatalogada, aunque con un diseño renovado a cargo de John Gilsenan.

Esta reedición resulta generosa con el material a mayores: además del álbum original remezclado, incluye maquetas caseras como la de “Above The Law”, que nunca llegó a formar parte del disco final, y una colección casi excesiva de remezclas de la época, de Photek a Deep Dish pasando por Dillinja, que documentan hasta qué punto Walking Wounded fue también un disco pensado para la pista de baile tanto como para el salón de casa.

Ese cruce entre pop emocional y música de club quedó fijado para siempre en la canción que titula el álbum, con esos seis minutos de tristeza elegante que definieron su sonido de entonces, y en “Wrong”, su otro single de mayor recorrido, que en su momento parecía como el mejor síntoma de un grupo que por fin encontraba su lugar sin renunciar a la voz de Thorn, capaz de sonar herida y cálida a la vez sobre una producción fría y precisa de Watt.

Casi treinta años después, escuchar de nuevo “Mirrorball” o “Corcovado”, esta última con la turbadora mezcla llamada Knee Deep Classic Club como colofón del segundo disco, confirma que aquel salto al trip-hop y al drum’n’bass no fue un capricho de la época sino una decisión artística que envejeció mejor que casi cualquier otro disco de pop electrónico de aquellos años. Queda, eso sí, algún flanco débil hacia el tramo final del disco original, con “Flipside” como la pieza más floja del lote, aunque el conjunto sigue sonando como lo que fue entonces: una despedida elegante del formato canción tradicional y una bienvenida, sin estridencias, al futuro que se avecinaba.


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