CHET BAKER: Shine (Live at Teatro Estense, Ferrara, 1987)

CHET BAKER: Shine (Live at Teatro Estense, Ferrara, 1987) (Red Records)

Pocas grabaciones consiguen transmitir de manera tan nítida la extraña mezcla de desgaste y belleza que definió los últimos meses de Chet Baker. Shine (Live at Teatro Estense, Ferrara, 1987) rescata una actuación registrada en diciembre de 1987, apenas medio año antes de su muerte en Ámsterdam, y lo hace sin convertirla en una reliquia morbosa. Lo que aparece aquí es más el testimonio de un músico que seguía encontrando nuevas formas de emocionar cuando ya parecía haberlo perdido todo, más que una muestra de una leyenda en decadencia.

El origen de esta publicación tiene algo de hallazgo arqueológico. La cinta permaneció inédita durante décadas hasta su recuperación por Red Records, sello estrechamente ligado a la intensa actividad italiana de Baker durante los años ochenta. Y precisamente Italia fue uno de los lugares donde el trompetista encontró refugio artístico en la etapa final de una vida marcada por los excesos, los problemas judiciales y una capacidad casi sobrenatural para volver a levantarse.

Lo primero que llama la atención es el formato del grupo. Sin batería, acompañado por Nicola Stilo en flauta y guitarra, Michel Graillier al piano y Rocky Knauer al contrabajo, Baker dispone de un espacio enorme para respirar. No hay exhibicionismo ni urgencia. Todo avanza con una calma embrujadora. Esa ausencia de percusión convierte cada silencio en parte de la música y permite apreciar la forma en que la trompeta parece conversar con los demás instrumentos más que liderarlos.

“Night Bird” abre el concierto con una elegancia nocturna que marca el tono del resto del repertorio. En “Conception” todavía aparece el improvisador ágil y juguetón capaz de deslizarse por armonías complejas con aparente naturalidad. Pero los momentos más memorables llegan cuando decide cantar. Su interpretación de “Almost Blue”, la composición de Elvis Costello que había incorporado a su repertorio pocos años antes, resulta devastadora. La voz ya no conserva el atractivo juvenil de los cincuenta, pero precisamente por eso cada frase adquiere una dimensión humana imposible de fingir.

También sobresalen “I’m A Fool to Want You” e “In A Sentimental Mood”, dos piezas donde el tiempo parece detenerse. Baker ya no busca deslumbrar con técnica, sino que trabaja con algo mucho más difícil: la capacidad de sugerir emociones complejas con apenas unas notas, como si cada una estuviera pronunciada con la conciencia de que quizá no habría demasiadas más después.

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