SELAH SUE & THE GALLANDS: Movin’

SELAH SUE & THE GALLANDS: Movin’ (Because Music)

Todo empezó con el boceto número 13, que en este caso no ha resultado ser un número gafado. Stéphane Galland, batería de jazz belga con décadas de carrera a sus espaldas, había estado enviando ideas rítmicas a su hijo Elvin durante meses. Llegaron a acumular cerca de cincuenta. Una de ellas, la número 13, se convirtió en el esqueleto de “Another Way”, el primer single de este proyecto inesperado. Nadie había planificado nada.

El origen de Movin’ es tan informal como revelador: Stéphane Galland recibió carta blanca del festival Jazz Middelheim de Amberes y vio claro que su grupo con Elvin Galland necesitaba una voz. Pensó en Sanne Putseys, más conocida como Selah Sue. Dudó si ella aceptaría. Aceptó. La primera vez que cantó sobre uno de los instrumentales del padre y el hijo, lo hizo de pie en el estudio, sin guion, de manera completamente espontánea. Así funcionó todo el álbum.

El resultado es un disco donde tres mundos distintos conviven sin que ninguno aplaste a los otros. La base rítmica de Stéphane ancla cada pieza con una solidez orgánica que recuerda a un pulso cardíaco antes que a un metrónomo. Elvin construye sobre ella con piano y el Rhodes, dos instrumentos que, según él mismo asegura, le permiten decir algo con las manos y no agotarse en dos compases como ocurre con los sintetizadores. Y la voz de Selah Sue, una de las más versátiles que ha dado Bélgica, se mueve entre distintos registros con una soltura que en este contexto soul-jazz adquiere otra dimensión.

“Rise as One” es probablemente donde el trío alcanza mayor altura: presentada en televisión antes de su lanzamiento, la versión de estudio sostiene esa misma tensión entre fragilidad y potencia. “Break Me Free” funciona de otra manera, con una acumulación de tensión que no llega a desbordarse del todo, suspendida. “In a Minute” profundiza en esa mezcla de fragilidad y determinación, incorporando un fraseo casi hablado que aporta un giro inesperado. “Nothing to Fear”, el corte de cierre, llegó según la propia Selah pronunciando palabras despacio, sin forzar nada, y se nota: es el momento más despojado del álbum.

La producción, a cargo de Russell Elevado, un ingeniero con historial junto a figuras del soul contemporáneo, aporta un brillo analógico que realza la calidez del conjunto sin limar su espontaneidad. Y aunque el álbum no renuncia a la melancolía, lo que termina imponiéndose es una sensación de movimiento, como su título sugiere, de avanzar incluso cuando pesa la incertidumbre.

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