MARÍA ARNAL: AMA

MARÍA ARNAL: AMA (Atlantic)

Cuando alguien lleva una década componiendo junto a otra persona y decide separarse, lo más fácil sería hacer exactamente lo contrario de lo que hacía antes. María Arnal no. La badalonesa ha tardado cuatro años en soltar su primer trabajo en solitario y, lejos de romper con el pasado, ha dedicado ese tiempo a radicalizar su propio lenguaje desde dentro.

Parte del origen del disco es una herida personal. Arnal perdió a su prima Alicia a los quince años a causa del VIH. Las iniciales de la joven forman la palabra que titula el álbum. “Ama” es también la primera sílaba que pronuncia un bebé, el verbo que conjuga quien quiere, el sustantivo que designa a quien manda. Esa polisemia no es un capricho: todo el disco funciona así, con varias lecturas superpuestas que el oyente puede activar o ignorar según su propia temperatura emocional.

Arnal colaboró con el Barcelona Supercomputing Center y el Intelligent Instruments Lab de Reikiavik para investigar qué puede hacer una voz cuando se clona, se multiplica y se reimagina mediante inteligencia artificial. El resultado son canciones que a veces suenan a coro invisible, a polifonía de sesenta capas grabadas sobre sí mismas. Hay algo casi medieval en ese procedimiento, como en la escolástica del madrigal renacentista revestida con ropaje techno en “Madrigal”, y algo muy contemporáneo en el modo en que la tecnología no borra el origen orgánico sino que lo amplifica hasta hacerlo incómodo.

El álbum dura poco más de veintisiete minutos y tiene trece cortes. Esa brevedad es una decisión, no una limitación. “Pellizco” y el tema titular arrancan con percusiones de metal y pulso casi industrial. “Que me quiten” tira de copla y de un sentido del ritual que recuerda a ciertos momentos de Rosalía sin que ninguna esté copiando a la otra, ya que ambas llevan años desarrollando propuestas con raíces similares y es casi inevitable que se rocen.

Las últimas canciones, más lentas, sin percusión, no mantienen la energía del comienzo. Parece como si, al final, Arnal priorizase el duelo sobre el espectáculo cuando llega al núcleo más doloroso del trabajo. El epílogo es donde aparece “Si te asomas”, un canto casi desnudo hacia el cielo desde el que miraría su prima. Llevan años esperándola. Ya era hora.

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