Grupos Ficticios en la pantalla

CAMPUS GALICIA ARTICULO GRUPOS FICTICIOS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Grupos ficticios en la pantalla

 

Stillwater en Casi famosos

        Muchas veces, cuando la ficción se acerca al rock’n’roll, acaba representando los peligros del éxito y el exceso, con un mensaje claro: “Da las gracias por lo que has conseguido y olvídate de toda esa tontería del estrellato pop.” En esto, el cine es como los padres. 

        A The Beatles –y a las Spice Girls también, ¿qué te creías?- se les permitió pasárselo bien en la gran pantalla, esencialmente porque aparecieron tal y como eran. Pero la representación en ficción del negocio musical parece que debe tener su moraleja: no puedes llegar a la cima y salir ileso. ¿Recuerdas cuántas veces tuvo que sufrir Elvis Presley por su corazón roto, o algo peor, en sus intercambiables fábulas de 90 minutos? 

        También es cierto que la pantalla nos ha dado algunos personajes rock fascinantes, a menudo más interesantes que los de la vida real. Desde luego, muchos han sido rematadamente malos y sus aventuras totalmente increíbles, pero otros han servido para regalarnos buenos momentos de celuloide, unas risas o, simplemente, para vender una banda sonora.

        Con estos antecedentes, aquí va una cronología seleccionada de algunos de los artistas más interesantes que nunca existieron y que fueron creados para la pantalla –cine o televisión-. No todos son clásicos, pero cada uno posee algo del sueño que todos tuvimos alguna vez. Como decía el lema publicitario de El ídolo: “Dime el nombre de algún chaval que nunca haya querido ser una estrella del rock’n’roll y te mostraré a un mentiroso.”

– Steven Shorter. Privilegio (Peter Watkins, 1967): El cantante de Manfred Mann, Paul Jones, interpreta a un rockero creado por el gobierno para dirigir a la juventud con su reconversión en baladista cristiano que llena los estadios. Antecedente de los U2 de Under A Blood Red Sky.

 

– The Archies. (Serie de TV, 1968): Don Kirshner, el creador de The Monkees, una vez que estos le retiraron el control sobre la banda, decidió dar vida a un grupo de estudio que tenía como base a unos dibujos animados –que no iban a rechistarle esta vez- y un cómic del dúo Wlliam Hanna y Joseph Barbera. Ron Dante era la anónima voz del éxito “Sugar, Sugar” de 1968. Por supuesto, predecesores de Gorrillaz.

 

– Josie And The Pussycats. (Serie de TV, 1970): Trío de dibujos animados con Josie a la voz y la guitarra, Melody en la batería y Valerie en la pandereta -¿y el bajo, qué?-. Creado por Hanna y Barbera, giraban por el mundo de ficción como banda de rock, viviendo increíbles aventuras, al igual que sus coetáneos Scooby-Doo y sus compinches. Su único disco, de 1970, contaba con la voz de Cheryl Ladd, más tarde una de Los Ángeles de Charlie. La versión cinematográfica se estrena en breve.

 

– The Carrie Nations. Más allá del valle de las muñecas (Russ Meyer, 1970): Tratándose de Russ Meyer, se puede suponer de qué iba: un trío de playmates bien agraciadas en una espiral desenfrenada de sexo desenfrenado, drogas, un manager transexual y bailes ridículos. Sus canciones se encuentran entre las favoritas de Courtney Love. 

– The Beach Bums. El fantasma del paraíso (Brian de Palma, 1974): Una parodia obvia de los Beach Boys en esta recordada película de Brian de Palma. Jeffrey Comanor es quien pone la voz en “Upholstery”, un pastiche de las canciones de coches de los Beach Boys. Otros: The Juicy Fruits, otros clones de los Beach Boys, Phoenix, una vocalista a la que explota una especie de Phil Spector, y The Undead, unos Kiss… ¡anteriores a los auténticos Kiss! 

– Jim MacLaine & The Stray Cats. El ídolo (Michael Apted, 1974): David Essex, rodeado de gente como Keith Moon o Dave Edmunds –quien, años más tarde, produciría el primer disco de los auténticos Stray Cats- interpreta a un rockero que llega a la fama y lo pierde todo. Secuela de That’ll Be The Day, del año anterior, en la misma línea. Ringo Starr participó en la primera, pero declinó intervenir en esta segunda porque, según sus palabras,  “siento el argumento como algo muy cercano.” 

– Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Sargento Pepper (Michael Schultz, 1978): En una de las más lamentables películas jamás hechas -o más risibles, según se vea-, los Bee Gees y Peter Frampton interpretan a la banda creada por la imaginación de los Beatles. Otros: Future Villain Band, Aerosmith en el papel de malos de la película -que antes les había sido ofrecido a Kiss-, y Molly McGuire, Dianne Steinberg -siempre al servicio de su manager, Donald Pleasence-. 

– The Rutles. (Película de TV, 1978): Empezaron en un oscuro programa de uno de los Monty Pitón, Eric Idle. Después protagonizaron su propio film para televisión, All You Need Is Cash, una parodia de los Beatles, con intervenciones de Mick Jagger, Paul Simon, George Harrison o Ron Wood. A partir de ahí, camino abonado para las giras y los discos. 

– Rose. La Rosa (Mark Rydell, 1979): El mejor papel que haya tenido Bette Midler, interpretando a una especie de Janis Joplin en esta película de tópicos sobre el ascenso y la caída de una cantante autodestructiva. 

– The Blues Brothers. Granujas a todo ritmo –y Blues Brothers 2000– (Brian de Palma, 1980 y 2000): Una de las creaciones más recordadas. Dan Ackroyd y John Belushi –John Goodman en su secuela- aparecieron primero en la televisión en 1975, después hicieron una gira y acabaron en el cine. La excusa: una pareja que sale de la cárcel para reunir a su vieja banda y recaudar fondos para una causa benéfica. Su banda sí eran verdaderos músicos de la era dorada del soul y contaron con la colaboración de Aretha Franklin, James Brown, Ray Charles… De la secuela, mejor no hablar. Otros: Street Slim, un músico callejero interpretado por el mismísimo John Lee Hooker, The Good Ole Boys y Murph And The Magic Tones. 

– Ellen Aim And The Attackers. Calles de fuego (Walter Hill, 1984): Diane Lane interpreta a esta cantante que es secuestra por una pandilla de moteros en este filme repleto de clichés. A sus olvidables canciones les pone la voz Laurie Sargent. Se puede ver a The Blasters tocando con su propio nombre.  Otros: The Sorels. 

– Spinal Tap. This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984): La primera película dirigida por Rob Reiner (Cuando Harry encontró a Sally) merece un capítulo aparte por retratar, como nadie, las andanzas de unos veteranos heavies británicos de gira por los USA. Se convirtió en uno de los filmes más festejados y recordados, tanto que sus tres protagonistas principales tuvieron que continuar con la banda creada para la ocasión dando conciertos durante muchos años. Otros: Duke Farne, The Folksmen y The Regulars. 

– Billy Parker. Corazones de fuego (Richard Marquand, 1987): Bob Dylan interpreta a un rockero solitario que reaparece para ayudar a otro interpretado por Ruper Everett, en esta película de lugares comunes a la mayor gloria de la olvidada Fiona. Otros: James Colt (Ruper Everett) y Molly McGuire (Fiona). 

– The Commitments. Los Commitments (Alan Parker, 1991): La novela de Roddy Doyle traspasada a la pantalla, sobre la creación de una banda soul en Dublín. Los actores-músicos llegaron a dar numerosos conciertos y grabaron dos discos. Evidentemente, la película responsable de un buen número de grupos de pubes de tercera división.

 

– Citizen Dick. Solteros (Cameron Crowe, 1992): Cameron Crowe aprovecha la eclosión del grunge para filmar en Seattle las aventuras de varios veinteañeros con la música como telón de fondo. Los miembros del grupo que sirve de excusa son interpretados por Matt Dillon y tres de los miembros de Pearl Jam (Eddie Vedder, Stone Gossard  y Jeff Ament). Por cierto, su ficticio compacto se titulaba Smarter Than You Más listo que tú-  

– Bob Roberts. Ciudadano Bob Roberts (Tim Robbins, 1992): Tim Robbins dirigió e interpretó esta película sobre un candidato derechista que impulsa su campaña con canciones de corte folk-rock. Él mismo, compositor con su hermano de la digna banda sonora, prohibió su comercialización, para que canciones de tal índole no fueran utilizadas fuera de lugar. 

– Hey, That’s My Bike. Bocados de realidad (Ben Stiller, 1993): La película de la generación X contaba con este grupo en el que Ethan Hawke y unos compinches daban cuenta de una versión de Violent Femmes y de otra canción, “I’m Nuthin’”, que llegó a aparecer en su banda sonora. 

– The Lone Rangers. Cabezas huecas (Michael Lehmann, 1994): Un trío de heavies completamente despistados -Brendan Fraser, Steve Buscemi y Adam Sandler- secuestran a un pinchadiscos –Joe Mantenga- para que emita su maqueta por la radio. Participa Lemmy de Motörhead. 

– Camel Lips. Los asesinatos de mamá (John Waters, 1994): Grupo femenino de rockeras interpretado por el grupo femenino de rockeras L7. John Waters podía haberse ahorrado el equívoco y haber llamado a las cosas por su nombre. 

– The Wonders. The Wonders (Tom Hanks, 1996): La primera película dirigida por Tom Hanks ofrece la cara amable del pop de los 60 con unos émulos de los Beatles que se dedican a cantar una única canción (“That Thing You Do”, el título original en inglés) una y otra vez. El tema en cuestión fue compuesto por Adam Schlesinger, de Fountains Of Wayne.  Otros: The Saturn 5 (surferos en la onda The Ventures), The Chantrellines (grupo de chicas) y The Norm Wooster Singer (cantante tipo Ray Coniff). 

– Ming Tea. Austin Powers (Jay Roach, 1997): Mike Myers creó el grupo antes de la película. El sonido retro le inspiró su personaje. La banda participó en las dos entregas de la serie, aunque sólo aparece una de sus canciones en la banda sonora de la primera. Entre sus componentes, Matthew Sweet en el bajo y Sussana Hoffs (de las Bangles) a la guitarra. 

– Autobahn. El gran Lebowski (Joel Coen, 1998): Homenaje claro a Kraftwerk a cargo de un trío (Flea de Red Hot Chili Peppers, Peter Stormare y Torsten Voges) de alemanes nihilistas que, se supone, fueron un grupo de techno a finales de los 70. 

– Wild Curt. Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998): El camaleónico Ewan MacGregor da vida a un rockero americano -inspirado por Iggy Pop- en los tiempos del glam, al que acompaña su banda, The Wylde Rattz. Otros: Brian Slade, interpretado por Jonathan Rhys-Meyers e inspirado por David Bowie, The Venus In Furs, grupo con miembros de Suede, Radiohead y The Verve, y The Flaming Creatures, o sea, Placebo haciendo una versión de “20th Century Boy” de T-Rex.

 

– Marie de Salle. Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000): Lisa Bonet (hija de Bill Cosby en la serie de éste y ex-mujer de Lenny Kravitz) interpreta a esta cantautora que tiene una relación de una noche con el protagonista principal –“ya que el sexo es uno de los derechos humanos básicos”-, en la adaptación a la pantalla de la novela de Nick Hornby. Además, canta una buena versión acústica del “Baby I Love Your Way” de Peter Frampton y otra canción llamada “Ertha Kitt Times Two”. Otros: Barry Jive And The Uptown Five, la banda del personaje interpretado por Jack Black, que cantan el “Let’s Get It On” de Marvin Gaye, y  The Kinky Wizards. 

– Stillwater. Casi famosos (Cameron Crowe, 2000): El antiguo cronista de Rolling Stone, Cameron Crowe, reincide, después de Singles, en crear otra banda, en esta ocasión para documentar su etapa de plumilla musical. El grupo de melenudos que, supuestamente, estuvieron a punto de comerse el mundo en su gira de 1973, está integrado, entre otros, por –curioso, curioso- Mark Kozelek, líder de Red House Painters. La banda sonora la pone el director junto a su mujer, anteriormente componente de los intrascendentes Heart. 

 – The Soggy Bottom Boys. O Brother! (Joel Coen, 2000): George Clooney, John Turturro y Tim Blake Nelson dan vida a este trío de ex-convictos que, a finales de los 30, triunfan cantando country y bluegrass acompañados por un guitarrista de blues que vendió su alma al diablo (inspirado por Robert Johnson). Los derechos de una de las canciones, rescatadas del olvido por el productor de la banda sonora, T-Bone Burnett, se le acaban de pagar recientemente a un ex-presidiario de 76 años que ni siquiera se acordaba de haberla grabado. Probablemente sea el primer –y el último- grupo inexistente que triunfa en los Grammy.

Xavier Valiño

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Hermanos carnales: ¿mundos paralelos?

CAMPUS GALICIA ARTICULO HERMANOS EN EL ROCK

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Hermanos carnales: ¿mundos paralelos?

 

The Kinks y Oasis

Bastante difícil es ya tener que estar en una banda de rock, con todos los celos y las envidias que ello genera, o tener que aguantar a un hermano en la vida diaria, como para que ambos vengan juntos. The Kinks o Oasis no son más que el ejemplo más evidente de numerosos casos de amor y odio fratricida.

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ELVIS PRESLEY 68 COMEBACK SPECIAL

ARTÍCULOS 2005 RUFUS WAINWRIGHT CONCIERTO

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ARTÍCULOS 2005


Elvis Presley, la revolución fue televisada

 

         Cuando en junio de 1968 Elvis Presley grabó un especial de televisión que sería emitido en diciembre de ese mismo año, iba a conseguir, sin ser consciente, dos cosas: salvar su carrera y hacer la mejor música de su vida. 

         “Si buscas problemas, has venido al sitio apropiado,” canta mientras la cámara le apunta buscando sus primeras palabras. Después se sienta en un círculo con un grupo reducido de músicos y un grupo de gente más grande alrededor de ellos, para acabar dejando su sangre por el suelo. 

         Aquella sesión de Navidades prescindió casi totalmente de villancicos y optó por parábolas de un guitarrista nómada. Por primera vez en más de siete años se enfrentó al público en directo, a mujeres y hombres de carne y hueso que, él lo sabía muy bien, se iban a encontrar con algo inesperado, nada parecido a lo que recordaban, nada en absoluto, ya que, desde que le había dado la vuelta al mundo de la música pop y a la cultura norteamericana a mediados de los 50, para la inmensa mayoría Elvis Presley se había convertido en los 60 en un chiste, un empleado de su propia factoría de películas.  

         Nunca había hecho un especial para televisión antes, así que, en un año de extrema violencia, asesinatos -Martin Luther King y John F. Kennedy entre otros- guerras y manifestaciones públicas que pusieron en entredicho como nunca antes el sueño americano, gentes de toda clase conectaron sus televisores a la NBC. Los jóvenes radicales y los oficiales del Gobierno. Los del Norte y los del Sur. Los blancos y los negros. Todos querían saber qué diría Elvis, qué haría. De alguna manera, todos querían saber si Elvis Presley aún existía. 

         Los tres DVDs que ahora se editan con el título de Elvis 68 Comeback Special son el testimonio glorioso de aquel momento: el especial en su integridad, tal y como se emitió el 3 de diciembre de 1968; los dos conciertos enteros que grabó sentado en junio, en los que acomete de forma ruda e improvisada canciones como “One Night”, “Lawdy Miss Clawdy” y “Blue Christmas”, con el público tan cerca que se podía tocar -y, de hecho, lo hace-; las dos actuaciones en un escenario en el que aparece solo, con la banda fuera de imagen; y tres horas y media de material extra con tomas alternativas y números musicales del espectáculo dramatizados, algunos mejores incluso que los que llegaron a emitirse. 

         Se puede sentir el impacto que el espectáculo causó. Elvis está estupendo y lo sabe; se ve cómo disfruta, se palpa su astucia y hasta una cierta guasa. Enfundado en un traje de cuero negro como si hubiera nacido para ello -a veces en solitario frente a la cámara, otras acompañado de su guitarrista Scotty Moore, su batería D. J. Fontana, su amigo Charlie Hodge a la guitarra acústica, que le da la réplica y la aguanta el micrófono cuando Elvis no puede permanecer sentado, su amigo Alan Fortas a las palmas, y Lance LeGault en la pandereta- Elvis cantó sus viejas canciones, aunque no sonaron viejas en absoluto.  

Le puso tanta pasión, tanta emoción -emoción que las grabaciones de estudio como, pongamos por ejemplo, “Blue Suede Shoes”, “One Night”, “Blue Christmas” o “Can’t Help Falling In Love” no tenían-, que cada una se convirtió en algo con personalidad propia por sí misma. De repente, eran más acontecimientos que canciones, en los que cualquier cosa podía pasar y, de hecho, pasaba. Así, en la interpretación conjunta de “Heartbreak Hotel”, “Hound Dog” y “All Shook Up”, un largo aplauso lo detiene todo, con Elvis Presley conmocionado y paralizado durante un momento, sin saber qué hacer o qué esperar.  

         Los conciertos en los que permanece sentado son el pequeño teatro al que todos los artistas quieren volver alguna vez. “¿Estamos en la televisión?” pregunta Elvis a Charlie Hodge en un momento dado. “No,” le dice Hodge, “estamos en un tren que va hacia Tulsa.” Y lo cierto es que cuando Elvis se revuelve cada poco tiempo al interpretar “Baby, What You Want Me To Do” de Jimmy Red, es como si la canción fuese un tren en movimiento hacia Tulsa u otro sitio, o como si él mismo lo fuera. 

         Al principio del especial, Elvis coge la guitarra eléctrica de Scotty Moore; nunca la había tocado en directo antes, pero inmediatamente se afana en los acordes más bajos imaginables, en una música que todos los músicos dicen que cualquiera puede hacer pero que casi nadie hace. En un momento pasa de un verso tranquilo a una conflagración tan poderosa que no parece real. 

         “Dime, cariño, ¿estás sola?,” canta. “No,” le responde una chica del público. Una mujer llora mientras interpreta “Blue Christmas” al tiempo que Hodge le pide que la toque de forma indecente. Ya lo está haciendo: sube montañas y cruza los torrentes de “Tryin’ To Get To You” agitando sus manos, frotando las cuerdas de su guitarra contra sus piernas, sacudiéndola, su cuerpo temblando como una hoja que lleva el viento por el aire. La música sube, baja y sube de nuevo como si acabase de descubrir un nuevo lenguaje, como si esa noche tuviese que decirlo todo porque ya no hablaría jamás. Y, unos instantes después, pasa a la siguiente canción.

Xavier Valiño

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TEENAGE FANCLUB DISCOGRAFÍA

ARTÍCULOS 2005 RUFUS WAINWRIGHT CONCIERTO

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ARTÍCULOS 2005


 

TEENAGE FANCLUB (Discografía)

 

Melodías desde el Norte de Gran Bretaña

 

        Con motivo de la edición de su último disco, Man-Made, hacemos un repaso por la discografía de una de las bandas más importantes de los tres últimos lustros, los escoceses Teenage Fanclub.

 

 

A Catholic Education (Paperhouse / Matador, 1990)

 

 

El debut del grupo le debe más al rock alternativo americano del momento que al power-pop que se convertiría en la marca de la casa. Aquí hay más de Sonic Youth -de quienes se harían grandes amigos-, Hüsker Dü, Dinosaur Jr. o del Neil Young más eléctrico que de Big Star, por poner un ejemplo. Sin embargo, las melodías comenzaban a estar ahí, cubiertas por marañas de guitarras y una producción sucia. “Everything Flows” es su primera gran canción, en un disco en el que Norman Blake se erige como el principal compositor -curiosamente acreditado como Morman Blake-. El álbum, según cuenta el grupo, se financió con la venta de una lavadora y un frigorífico que la vecina de Raymond le dejó en su testamento.


The King (Creation / Matador, 1991)

 

 

El disco que todo el mundo ignora, en buena parte debido a que fue descatalogado nada más editarse, por lo que parece que el grupo tampoco se lo tomó muy en serio. Fue grabado al mismo tiempo que Bandwagonesque, aunque en mucho menos tiempo, con el objetivo de finiquitar el contrato que los ataba con Matador en América. Sus siete instrumentales serían la respuesta del grupo a la presunta dulcificación del sonido del álbum que grabaron al mismo tiempo. No obstante, para que quedase claro que su amor por las melodías no se había quedado por el camino, incluyeron también una versión de “Like A Virgin” de Madonna y de “Interstellar Overdrive” de Pink Floyd. No pasa de ser anecdótico o, mejor aún, de puente entre el sonido de su debut y el que les acompañaría a partir de Bandwagonesque.


Bandwagonesque (Creation / Geffen, 1991)

 

 

         Paradójicamente, cuanto más se alejan de Nirvana, más próximos se sienten. Hay menos deudas con el rock underground estadounidense y aparece la luz en sus canciones, con Big Star como el gran referente -y otros artistas con la B en sus iniciales: The Byrds, The Beach Boys, The Beatles, Burt Bacharach, The Band, Badfinger-. La respuesta crítica en su momento fue similar a la de Nevermind. La gira posterior con el grupo de Kurt Cobain y la coincidencia de símbolos materialistas en las portadas no va más allá: su sonido ya sigue caminos divergentes. Don Fleming, el productor, los convenció para centrarse en las voces, así que las guitarras suenan menos saturadas. Tal vez sea la cima del power-pop de los 90 y la de Gerard Love (él aporta “December”, “Is This Music”·, “Guiding Star” y “Star Sign”). Para el recuerdo la frase que abre el disco: “Viste de cuero adondequiera que va, dice que va a comprar un disco de Status Quo”. Ni ellos mismos se toman tan en serio, a pesar de haber parido un clásico instantáneo.


 

Thirteen (Creation / Geffen, 1993)

 

 

         Tras Bandwagonesque había hambre de canciones del grupo. Escuchado sin ningún antecedente sobre sus autores, no deja de ser un buen disco, como grandes momentos como “Norman 3”, “Commercial Alternative”, “Gene Clark”, “Radio”, “120 Mins”, “Hang On”… En cuanto al sonido, por un lado intentan darle una orientación más rock y, por otro, utilizan más teclados que nunca, violines, cellos, flautas… Sin embargo, no todo resulta como debiera: tras seis meses de grabación, el grupo no disimula al hablar del laborioso proceso y de lo que les ha costado darle forma. En consecuencia, el disco es acogido con mayor frialdad. No es de extrañar, porque superar a su antecesor no estaba al alcance de casi nadie. Las primeras copias incluían seis canciones extra no acreditadas, entre ellas versiones de Phil Ochs y The Flying Burrito Brothers.

 


Deep Fried Fanclub (Paperhouse, 1995)

 

 

         Paperhouse intentó rentabilizar su inversión del pasado en Teenage Fanclub -les ofrecieron su primer contrato nada más formarse-, editando esta colección de canciones grabadas mientras estaban con el sello en 1990, al que añadieron su single para la compañía K de 1992. Aquí están los singles “Everything Flows”, “God Knows It’s True”, varias caras B interesantes para quienes busquen tenerlo todo del grupo y distintas versiones: “The Ballad Of John And Yoko” (The Beatles), “Don’t Cry No Tears” (Neil Young), “Free Again” (Alex Chilton) y “Bad Seed” (Beat Happening). No pasa de ser una curiosidad. La futura colección de caras B mucho más completa que el grupo nos debe será más apetitosa.

 


Grand Prix (Creation / Geffen, 1995)

 

 

         Se impone la democracia en el seno del grupo y a uno le quedan ganas de asegurar que se trata del sistema político perfecto tras escuchar Grand Prix. Para ellos es su mejor álbum, y se podría decir que el referente de todas las grabaciones de la banda, ése que sirve para medir a todos sus otros discos. Si hasta ahora el compositor más celebrado del grupo había sido Norman Blake, Gerard Love y Raymond McGinley se sitúan a su altura. Tanto el sonido como sus emociones se calman para abrazar sus influencias y recrearlas con tino (“About You” remite a The Beatles, “Neil Jung” a Alex Chilton, “Sparky’s Dream” a The Byrds), incluyendo canciones más lentas ausentes hasta el momento de su repertorio como “Tears” o “Say No”. Aún hoy sigue siendo el centro de sus actuaciones. El álbum pop perfecto, que debería ser el rasero por el que todos midieran la palabra pop.

 


Songs From Northern Britain (Creation-Sony, 1997)

 

 

         Tras la reinterpretación acústica de cuatro de sus canciones en el EP Teenage Fanclub Have Lost It (“Don’t Look Back”, “Everything Flows”, “Starsign” y “120 Mins.”) el grupo registra su siguiente álbum. Si la fórmula había salido bien en su anterior disco, valía la pena repetirla. De nuevo con David Bianco en los controles, el disco toma también el modelo acústico del EP para gran parte de sus canciones, con una participación destacada de los teclados. De nuevo se repite el reparto de cuatro canciones por cada uno de los tres compositores, incluyendo parte de las favoritas de la banda y de sus seguidores: “Start Again”, “Ain’t That Enough”, “Can’t Feel My Soul”, “Take The Long Way Round”, “Winter”, “I Don’t Care”… Nada mejor para una soleada tarde de otoño. Junto a Bandwagonesque y Gran Prix, el tercer disco que todo amante del pop debería tener.

 


Howdy! (Columbia-Sony, 2000)

 

 

         El modelo ha cuajado definitivamente y ya sólo queda trabajarlo. Cuatro canciones por cada uno de los tres. Guitarras acústicas y eléctricas casi a partes iguales. Armonías vocales. Melodías. Estribillos. Aquí, además de unos arreglos más ambiciosos, es McGinley el que parece haber mejorado con los años, aportando “The Sun Shines From You”, “I Can’t Find My Way Home”, “Hapiness” y “My Uptight Life”, aunque Gerard Love aporta gemas como “Near You”, “I Need Direction” y “The Town And The City”. Norman Blake no consigue igualar sus logros del pasado. Para cualquier grupo sería un gran disco, pero para Teenage Fanclub se queda por debajo de su trilogía de discos mágicos ya citados.

 

 

Words Of Wisdom And Hope (Geographic / Alternative Tentacles, 2002)

 

 

         Cuando ya parecía que la fórmula no daba más de sí, Teenage Fanclub se descuelga con un disco distinto, el más atípico de su discografía. No es que no tenga nada que ver con el resto de su obra, pero el canon al que nos habían acostumbrado se rompe en este álbum. Evidentemente, hay que contar con que el disco fue grabado a medias con Jad Fair, componente de Half Japanese (y padre de Simon Fair Timony, un niño que, a sus once años, era uno de los mejores amigos de Kurt Cobain, a quien le dedicó “I Love You Anyway” con su grupo The Stinky Puffs, tal vez el homenaje más emotivo al líder de Nirvana). O sea, un álbum a medio camino entre el sonido independiente del americano y el pop de los escoceses. Para algunos podría ser algo así como el regreso del grupo a los días de A Catholic Education, lo que es lo mismo que decir que faltan melodías que enganchen.

 


Four Thousand Seven Hundred And Sixty-Six Seconds: A Shor Cut To Teenage Fanclub (Columbia-Sony, 2002)

 

 

         El disco que sirvió para poner fin a su relación con la multinacional Sony y con una portada que parece sacada de los mejores tiempos del rock sinfónico. Con decir que éste es el único recopilatorio del grupo hasta el momento, estaría todo dicho. Perfecto para quienes quieren iniciarse en el mundo de Teenage Fanclub. Además, al estar recogidas casi todas sus grandes canciones y singles, se puede asegurar sin la más mínima duda que es un disco pop perfecto. Como jugada comercial, incluía tres canciones nuevas, cómo no, una por cada uno de los tres compositores: “The World’ll Be OK” de McGinley, “Empty Space” de Love y “Did I Say” de Blake.

 


Man-Made (PeMa, 2005)

 

 

         Cinco años después de su último disco en estudio, Teenage Fanclub regresan con un nuevo álbum editado en su propio sello discográfico, PeMa. Ya no se deben a nadie ni a nada, ya gozan de la condición de clásicos, ya saben que interpretan a la perfección su libro de estilo, así que sólo queda revestirlo de alguna otra forma. Por eso deciden contar con el productor John McEntire, de forma que el interés, una vez conseguidas las melodías y las armonías, se centre en los arreglos. Por ahí parece que puede estar la única vía de evolución del grupo. Tras cinco años de ausencia, sus canciones se aprecian de nuevo, y hay varias que se pueden sumar a lo mejor de su repertorio sin desmerecer. Lo mejor de todo es que éstas cambian de un día para otro, así que aún se pueden esperar más melodías exquisitas desde el Norte de Gran Bretaña.

 

Xavier Valiño
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CAMPUS GALICIA ARTICULO HIJOS DEL ROCK

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ARTÍCULOS 2002


Hijos del rock: buscando mi destino

Jeef y Tim Buckley Bob y Jakob Dylan

“Odios a los mártires del rock”, cantaban Def Con Dos. ¿Y a los hijos del rock, a aquellos con padres que ya son leyenda en el olimpo rock, qué? ¿Es lícito odiarles por su –en la mayoría de los casos- intrascendente producción o hay que compadecerles por tener que soportar la sombra de sus progenitores y la omnipresente comparación con ellos?

Como en todo, hay que empezar por los Beatles. John Lennon aportó los genes para la apariencia física de sus vástagos, pero, definitivamente, fueron los de sus madres los que contribuyeron a que su música sonara tan distinta. Julian Lennon, hijo de su primera esposa Cynthia –y motivo de varias canciones de los Beatles, entre ellas “Lucy In The Sky With Diamonds” o “Hey Jude”-, paseó su faceta más amable por cinco discos en los que queda claro que también heredó la voz de su padre. Por su parte, Sean Lennon, hijo de su segunda mujer Yoko Ono –y el que aseguró que su padre había sido asesinado por el gobierno norteamericano-, se acercó más a las bandas independientes –fue bajista de Cibo Matto- antes de grabar un disco, Into The Sun, más arriesgado que los de su hermanastro, para el sello de The Beastie Boys.

Otros descendientes de los tres Beatles restantes lo intentan también, aunque más en un segundo plano. El hijo de Paul McCartney, James, toca guitarra y percusión en el último disco de su padre, Driving Rain. Dhani, hijo de George Harrison, colaboró con su padre en “Horse To Water”, la última canción del guitarrista recientemente desaparecido que estaba incluida en el disco colectivo de Jools Holland. Y Zack Starkey, hijo de Ringo Starr, es un reputado batería de estudio que ha tocado varias veces con su padre.

La década prodigiosa

En los 60, muchos se acunaron rodeados de guitarras eléctricas. No es de extrañar, pues, que una buena parte de los nombres que dominaron su escena vean a sus descendientes intentarlo por su cuenta.

De entre todos, destaca Jakob Dylan, preocupado siempre por marcar las distancias con su padre, Bob Dylan. Para empezar, se oculta detrás de una banda, The Wallflowers, aunque él sea el principal compositor, y rehuye el tema familiar en las entrevistas. Musicalmente, sus tres discos recuerdan más a Tom Petty –compañero, por otra parte, de Bob en el entretenimiento The Traveling Wilburys-, aunque en los textos no puede evitar recordar a su padre, algo que no es ningún desmérito.

También han intentado encontrar su propia personalidad otros hijos de aquellos pioneros. Dweezil Zappa, hijo de Frank Zappa, llegó a editar cuatro discos en solitario y dos en compañía de su hermano Ahmet como cantante, influenciados por luminarias del estilo Van Halen o Steve Vai.

Adam Cohen consiguió, después de trabajar con varios grupos durante los 90, grabar su primer disco en solitario en 1998, canciones de rock adulto más vigorosas que las de su padre Leonard Cohen. Curiosamente, fue la misma compañía de su padre, Columbia, quien se lo editó, porque si no…

Teddy Thompson, hijo de Richard Thompson y su esposa Linda, ha grabado y girado con sus padres en varias ocasiones. Su disco homónimo de debut le debe bastante al folk-rock que practican ellos. Van Morrison firma y participa en dos de las canciones del segundo disco de su hija Shana, 7 Wishes, quien ya había demostrado su espectacular voz acompañando a su padre en directo.

Otros marcan las diferencias. Chris Stills, hijo de Stephen Stills –de Crosby, Stills, Nash (& Young)- le dio a su disco de debut en 1998 un aire más independiente. Por su parte, Emma Townshend, hija de Pete Townshend, grabó su primer disco en 1998 en un estudio casero y reconoció que su principal influencia era Randy Newman.

Lo de Jasón Bonham, hijo de John Bonham, batería de Led Zeppelin es casi un caso de suplantación. Además de ocupar el lugar de su padre en las ocasiones en que Led Zeppelin se han reunido desde la muerte de John, ha hecho varias giras interpretando canciones del grupo de su padre y llegó a editar un disco titulado In The Name Of My Father: The Zepset Live From Electric Lady Land con el repertorio del grupo.

Sin embargo, fueron Wilson Phillips las únicas que en los 90 lograron un cierto éxito. Carnie y Wendy Wilson (hijas del Beach Boy Brian Wilson) y Chynna Phillips (hija de John y Michelle Phillips de The Mamas & The Papas) parece que entendieron bien que en estos años el pop edulcorado lo tiene más fácil. Eso sí, en sus dos discos demostraron que al menos se les había pegado algo de las armonías vocales de sus padres.

Cruce de caminos

Puede que en aquellos sonidos no estrictamente rock las comparaciones no sean tan habituales y sea más fácil forjarse un estilo propio. Desde luego, a Liza Minelli, hija de la cantante y actriz Judy Garland, aún siguiendo los pasos de su madre en el mundo del espectáculo –ambas representan perfectamente la época en la que cada una se dieron a conocer-, no se la valora con relación a sus antecedentes.

Nancy Sinatra, a pesar de alcanzar el número uno con “Somethin’ Stupid” al lado de su padre Frank Sinatra, optó inteligentemente por el pop y, durante los 60, sus composiciones con Lee Hazlewood –como “These Boots Are Made For Walkin’” o “Some Velvet Morning”- produjeron alguno de los éxitos infiltrados en las listas más atípicos de aquellos años.

Casi al mismo tiempo, Fela Kuti se convertía en el rey del afro-beat en África. Treinta años más tarde, su hijo Femi Kuti ha recogido su testigo y lleva camino de obtener su misma repercusión, aunque con el lastre de que precursores sólo lo son los primeros en llegar. Algo similar a lo que le sucede a Ziggy Marley -al que alguno de sus hermanos acompañan en directo- en relación con su padre, Bob Marley.

En Brasil, también a principios de los 60, Joao Gilberto daba vida a la bossa nova. Su hija Bebel Gilberto –sobrina también de Chico Buarque-, nacida en 1965, se lo tomó con calma. Grabó con su madre a los siete años, actuó con Stan Getz a los nueve, grabó su primer EP en 1988 y viene colaborando desde entonces con David Byrne, Thievery Corporation, Towa Tei, Caetano Veloso, Smoke City o Arto Lindsay, antes de grabar su primer disco, Tanto tempo, en el 2000, que supone algo más que una relectura electrónica de la bossa nova.

Don Cherry, trompetista de jazz al lado de visionarios como Ornette Coleman, ha visto como su hijo Eagle-Eye Cherry se ha hecho un hueco dentro del pop sin complicaciones con dos discos. Mientras, su hijastra Neneh Cherry barrió alguna de las fronteras entre el hip-hop y el pop en sus tres discos, aunque su fuerza se haya ido diluyendo con el paso del tiempo.

Asuntos internos

También dentro de nuestro Estado empiezan a despuntar algunos descendientes de los que, contra viento y marea, se han empeñado en dedicarse a esto. Lúa Ríos, al frente de su grupo Balboa, empieza a grabar sus primeras maquetas. Ella es la hija a la que Miguel Ríos le cantaba aquello de “Lúa, Lúa, Lúa, cuando crezcas algo llena tu cabeza de rock”. Por ahora parece que el consejo no cayó en saco roto.

Rodrigo, hijo del colega de Miguel Ríos, Rosendo, empieza ya a dar la cara, como en el último disco de su padre, con el que canta “El alma se colma”. Iker Piedrafita, hijo de Alfredo Piedrafita, guitarra de Barricada, tiene su propia banda, Los Dikers, con un par de discos en la onda Green Day.

Mientras, Raúl F. Rodríguez, hijo de Martirio, está a medio camino entre el flamenco y el rock, colaborando asiduamente con su madre o con gente como Kiko Veneno o Raminundo Amador.

La fiebre continúa

Quedan para el final tres artistas que se han situado, cuando menos, al mismo nivel que sus padres. Evidentemente, el caso de Whitney Houston sobrepasó en todos los sentidos a la atención que su madre, Cissy Houston, había despertado. Poco pudieron hacer discos como Presenting Cissy Houston o sus colaboraciones con Aretha Franklin. Ni siquiera su versión original de “Midnight Train To Georgia” la ayudó: al año siguiente representó un número uno para Gladis Knight & The Pips. Queda, para el morboso, el dueto que Cissy y Whitney grabaron juntas en 1988, “I Know Him So Well”.

El caso de Jeff Buckley, aún marcando las distancias con su padre, Tim Buckley, que lo abandonó de pequeño, duele por las semejanzas entre ambos. Ambos, artistas torturados de canciones intensas, murieron a la misma edad, los 29 años -de sobredosis el padre y ahogado el hijo-. El legado de los dos viene siendo reivindicado continuamente en los últimos años, con Starsailor, una de las últimas revelaciones del pop británico, como ejemplo: toman su nombre de un disco del padre y evocan en sus canciones a las del hijo.

La más reciente sorpresa viene de la mano del grupo que más elogios ha provocado en los últimos meses. The Strokes cuenta con un guitarrista de nombre sospechoso: Albert Hammond Jr. Una vez investigados sus lazos familiares, la sospecha se confirma: su padre es el mismísimo Albert Hammond, aquel que grabó “It Never Rains In Southern California” y acabó componiendo para Julio Iglesias. Sorpresas te da la vida…

Xavier Valiño

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