ARTÍCULOS 2005 ELVIS COSTELLO DVD

ARTÍCULOS 2005 ELVIS COSTELLO DVD

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005


Elvis Costello, vivo en Memphis

Live In Memphis DVD

 

 

         Todos quieren volver a los pequeños clubes en los que empezaron. Los Rolling Stones lo hacen a menudo, para presentar sus giras o, simplemente, para darse el gustazo. Prince lo hace después de sus conciertos, para verse liberado de las imposiciones que tiene el pasearse por los grandes recintos. Los grandes del pop británico reciente -Oasis, Coldplay…- lo necesitan para oxigenarse. Una buena parte de los artistas pide tocar en pequeñas salas cuando hay que presentar un nuevo disco.

 

         ¿Y Elvis Costello, qué? ¿Qué pinta un artista con gran aprecio de la crítica y de una entregada minoría de aficionados de vuelta a un pequeño local si, seguramente, nunca ha pisado un gran escenario al aire libre con él como único reclamo? Pues dar un concierto para que quede registrado para la posteridad en DVD con el nombre de Live In Memphis.

 

         Mientras estaba de gira rodando su último disco, Elvis Costello programó una parada sorpresa -tras el correspondiente anuncio en una emisora local- el 17 de septiembre de 2004 en el Hi Tone Café de Memphis, para que 200 seguidores tuvieran la oportunidad de su vida de verle actuar bien cerca en un pequeño club a cambio de solamente veinte dólares.

 

         Una ocasión así merecía la mejor calidad, por lo que el concierto se grabó en Alta Definición y con sonido surround. Estar allí debe haber sido una experiencia única, sin duda, pero la grabación es tan perfecta y cercana -las cámaras también parecen tener poco sitio para moverse en un espacio tan reducido- que nada distrae de lo más importante: las canciones y la interpretación.

 

         El listado de 24 canciones interpretado en aquellas dos horas incluye parte de los temas más memorables de Elvis Costello, así como dos terceras partes de su nuevo álbum, disco que en directo muestra su valía y complementa perfectamente el material de antaño.

 

         Tras comenzar con tres clásicos como “Waiting For The End Of The World”, “Radio Radio” y “Mystery Dance”, el grupo no concede un respiro hasta la sexta canción, “Country Darkness”. A partir de ese momento, el repertorio alterna los temas más poderosos, como “Blame It On Cain”, “Peace Love And Understanding”, “Pump It Up” o “High Fidelity”, con baladas como “Either Side Of Town” o “Alison”, esta última unida al “Suspicious Minds” de Elvis Presley.

 

         Por si quedaba alguna duda de lo bien que le ha sentado grabar en Memphis, Costello también deja claro su particular devoción por la música sureña al contar con la participación de Emmylou Harris, junto a la que canta cinco canciones que ganan con la interpretación a dúo.

 

         El mérito de que todo suene impecable hay que otorgárselo a su trío de acompañamiento, The Imposters, de los que dos componentes llevan junto a Elvis Costello toda su vida, desde su aparición en 1977, aunque entonces se hacían llamar The Attractions. Steve Nieve se pasea por su teclado como un Jerry Lee Lewis poseído, aunque siempre al servicio de la canción. Cada vez que el batería Pete Thomas aparece en imagen, su forma de tocar reclama inmediatamente la atención. Y en cuanto al nuevo bajista, Davey Faragher -anteriormente componente de Cracker-, además de estar perfectamente integrado en el grupo, muestra estar dotado de una segunda voz idónea para acompañar a su líder.

 

         Si el concierto merece la pena, el material extra de este DVD es de los que justifican por sí solos su existencia. Se trata de un documental de 53 minutos de un tal Tad Pireson, que se presenta como ‘etnógrafo de la carretera’. En su Cadillac de 1955 se dedica a pasear a Elvis Costello y Pete Thomas por Memphis (en el Estado de Tennessee), Oxford (en el Estado de Mississippi) y Helena (en el Estado de Arkansas).

 

         Durante su recorrido visitan el local en el que Robert Johnson estaba tocando la noche que fue envenenado por un marido celoso, los campos de algodón y los barracones en los que trabajó y vivió Muddy Waters antes de dedicarse por entero al blues, un par de estudios de grabación, el museo de la compañía Stax Records y lugares con una importancia decisiva en el devenir de la música sureña.

 

         Lo más relevante está en los comentarios que Elvis Costello y Pete Thomas van dejando caer mientras se dejan guiar: discuten sus influencias del soul, el blues y el sello Motown, comparan la ciudad sureña de Helena a su Liverpool natal y proporcionan tal cantidad de detalles sobre su carrera y su filosofía musical que bien parece que estemos más ante unas memorias por adelantado que ante una simple excursión en coche.

Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005 CONCIERTO EELS

ARTÍCULOS 2005 CONCIERTO EELS

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ARTÍCULOS 2005


Eels en concierto

 

(World Forum Theatre, La Haya, 3 de octubre de 2005)

 

 

¿Es Mark Oliver Everett (E) el Tim Burton del pop? Ya, ya, que por contrato habría que situarlo más en la órbita de Steven Spielberg. Pero su particular mundo atrapa e hipnotiza tanto o más que el de ese niño grande del cine que es Tim Burton. Por si sus discos y sus portadas no fuesen suficientes pruebas, en directo lo ratifica.

 

         Para empezar, su nueva gira huye de los convencionalismos y de los recintos al uso, celebrándose sus actuaciones en teatros. Él mismo reconoce que eso fue lo que le motivó de nuevo a ponerse en la carretera, después de varias giras eléctricas y rockeras, sintiéndose mucho más emocionado y motivado con la idea en esta ocasión.

 

 

En esta gira no hay teloneros, pero es que el Sr. E sabe cómo entretener a su audiencia y, sobre todo, sorprenderla. Antes de que salga a escena, en una pantalla gigante se proyecta un corto de animación digno de Tim Burton, en el que un animal semejante a un oso de peluche llamado Cheburashka, un cocodrilo y una viejecita vengativa cruzan sus caminos y corren varias aventuras juntos en la estepa rusa, camino de Moscú.

 

         Durante los 25 minutos que dura, uno tiene la impresión de que todo es idea del Sr. E, pero los créditos finales sólo muestran nombres en ruso, por lo que, a falta de otra explicación, queda la duda de su verdadera autoría, aunque no la sintonía con el personaje principal de la noche. 

 

 

         Tras un paréntesis de unos quince minutos, de nuevo se apagan las luces. Pero la pantalla de proyecciones sigue ahí. Esta vez, con lo que parece un trailer de un documental titulado Rock Hard Times y centrado en el grupo, con apariciones en televisión, imágenes de sus clips y trozos de las partes más desbocadas de sus conciertos. ¿Megalomanía o autocrítica? Pues se supone que un poco de todo.

 

El mejor momento lo pone Mr. E contestando a las preguntas estúpidas de una reportera que, parece, no sabe a quién se enfrenta:

“Presentadora: La reciente muerte de Aaliyah ha conmocionado mucho a la gente por aquí. ¿Cómo ha sido para ti como americano?

E: Ha sido una noticia horrorosa. Habíamos planeado un dueto juntos y ahora no se va a producir nunca. Creo que su muerte ha sido más trágica, probablemente tres veces más trágica que la de Kurt Cobain.

Presentadora (descolocada y con ganas de acabar): Siento decir que se nos ha acabado el tiem…

E (interrumpiendo): Creo que ha sido más trágica que las muertes de Kurt Cobain, Hank Williams y Elvis Presley juntas.”

 

 

 

         Por fin se levanta la pantalla y, tras el “In The Wee Small Hours Of The Morning” de Frank Sinatra, una voz anuncia: “Señores y señoras, niños y niñas, contengan su respiración y pidan un deseo”. Ahora sí, por fin, hace su entrada la banda. Pero también se trata de algo especial: Eels with strings, o sea, Eels con cuarteto de cuerda femenino.

 

Además del cuarteto, acompañan a Mr. E un contrabajista con cresta, Alan Hunter, que también tocará piano y mandolina, así como Chet Lyster (Chet Atkins III), un multiinstrumentista que casi se convierte en el rey de la noche, tocando la guitarra, la slide, piano y una percusión formada por cubos de basura y maletas…

 

         Evidentemente, no puede superar a la verdadera estrella, el Sr. E, que aparece de traje, corbata, sombrero, con bastón y fumando puros, algo que le mantendría ocupado todo el concierto. Si su carisma cautiva, sus canciones interpretadas en formato diferente al habitual subyugan. Falta la electricidad, como bien reconoce él, pero el grupo lo suple con una intensidad a la que sólo le falla un poco la cascada voz de Mr. E. Así, con la voz ronca y esta extraña banda de acompañamiento, Mr. E recuerda también a Tom Waits -invitado, por otra parte, en su última grabación-.

 

 

         El recital se nutre, principalmente, de su nuevo disco Blinking Lights And Other Revelations, aunque hay también lugar para versiones de Bob Dylan (“Girl From The North Country”) y Prince (“I Could Never Take The Place Of Your Man”). Una de las canciones más coreadas de la noche es “I Like Birds”, aunque la versión de cuerda de “My Beloved Monster” y una interpretación más veloz de “Hey Man “Now You’re Really Living)” sorprenden más. Pero el mejor momento llega al final de “Flyswatter”, con todos los músicos creando sonidos angustiosos durante unos cinco minutos, y su engarce con un más breve y saturado “Novocaine For The Soul”.

 

Al final, cuatro bises, uno de ellos cuando ya las luces se han encendido y casi todo el mundo ha abandonado el auditorio. A la salida se vendía un disco en directo de edición limitada con diez canciones, titulado Sixteen Tons (Ten Songs) y grabado en 2003 en la emisora KCRW. Así es Mr. E, distinto en todo, ingenioso (en un momento dijo “siento mucho haber tardado tanto tiempo en volver, aunque no recuerdo haber estado aquí nunca antes”) y poco acomodado. Lo sabe, y se aprovecha de ello, consiguiendo que todos caigan rendidos a su propuesta.

 

Texto y fotos: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005 COCOROSIE EN CONCIERTO

ARTÍCULOS 2005 COCOROSIE EN CONCIERTO

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ARTÍCULOS 2005


CocoRosie en concierto

 

(Sala Tivoli, Utrecht, 27 de noviembre de 2005)

 

 

 

         Cuesta trabajo apartar la originalidad de la propuesta de CocoRosie de su música. Son conceptos tienden a ir ligados en su caso, incluso para quien no las tiene en aprecio. La novedad de lo que hacen aplasta a todo lo demás sin consideración, desplazando cualquier otra valoración en profundidad. Y, lo siento, y queda dicho por adelantado, me temo que aquí tampoco nos libramos.

 

         En la mayor parte de los casos, cuando alguien se acerca a un concierto de CocoRosie, lo que hay es curiosidad, una profunda necesidad de comprobar cómo es su mundo tan especial, no sólo para saber cómo se traslada su sonido al directo, sino para hallar en él alguna de las claves de tan particulares discos.

 

         En escena, al menos en esta gira, CocoRosie aparecen acompañadas de otras dos personas: una mujer vestida como un mimo se encarga de tocar instrumentos percusivos distintos a los habituales, collares, silbatos y otros aparatos, de apretar alguna tecla y poco más; la otra, una voluminosa cantante de color, se encarga de hacer con su voz alguna que otra percusión. Las dos llaman la atención sobre el escenario, pero está claro que su presencia no es imprescindible.

 

 

         Pero son las hermanas Bianca y Sierra Cassidy -¿Realmente son hermanas? ¿Nos creemos lo de su reencuentro en París tras haberse separado cuando eran niñas?- el centro de atención. La primera sorpresa, sus voces. Lo que se escucha en disco es todo real y casi mejorado en directo; sólo en muy contadas ocasiones distorsionan la voz con un juguete de bebés. Bianca tiene un tono cercano a Billie Holiday, mientras que Sierra aporta la dulzura y, en ocasiones, los gorgoritos operísticos. En conjunto logran algo único, melodías que parecen provenir de otra galaxia, algo que a la mayoría encandila y a algunos irrita.

 

         Cuando tocan alguna que otra canción al piano o a la acústica, se puede pensar en algo cercano al folk. Sin embargo, por lo general, al introducir arpas, cajas de música, samplers y otros cacharros, combinados con esas voces tan especiales, aquel espíritu original deja paso a otra dimensión que, lo mejor que se puede decir, es que mantiene al público en suspenso hasta el último momento.

 

 

         A todo se le suman unas proyecciones especiales por detrás y su atípica forma de presentarse, tanto en el vestuario como en su aparente timidez desde el primer momento. Cuando se muestran apegadas a su arte, CocoRosie pueden resultar cargantes, pero si se lo toman con sentido del humor y se ponen al nivel de su audiencia, como hicieron en la última parte de su actuación, entonces no se les puede reprochar nada y sólo queda disfrutar de sus canciones, por muy originales que sean.

 

Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005 16 HORSEPOWER DVD

ARTÍCULOS 2005 16 HORSEPOWER DVD

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ARTÍCULOS 2005


16 HORSEPOWER: 16 HP

 

 

            No hay más que ver la cara de David Eugene Edwards en alguna de las actuaciones que recoge este DVD para darse cuenta de que no estamos ante un ser humano cualquiera. Su pinta de ido o iluminado en canciones como “Horsehead Fiddle” es algo que pocos cantantes tienen de por sí, algo que en los demás los hace parecer falsos o simples caricaturas.

 

Hay algo ahí que hace que uno se lo crea. Lo mismo sucede en sus atípicos y más que interesantes video-clips. O, también, en las entrevistas que se recogen, en especial la larga conversación con Paul Epstein, en la que Edwards se muestra tímido pero revelador, declarando a Bob Dylan -de él interpreta una versión acústica de “(Nobody) ‘Cept You”- y el cristianismo -no en vano siguió a su abuelo, un predicador nazareno, hasta los 17 años por las iglesias de Colorado- como sus dos principales referencias e influencias.

 

Se trata de un testimonio distinto al habitual, algo que queda claro desde sus primeras imágenes, con las botas de un hombre colgado en primer plano En 16 HP están todos los videos y varias grabaciones en directo de 16 Horsepower, incluyendo una versión de “Heart & Soul” de Joy Division, grabada en el Festival de Jazz de Montreux de 2004, y que deja claro que la banda conseguía un ambiente claustrofóbico incluso en el más grande de los recintos. La única pega es no haber incluido algún concierto completo, algo que, en su caso, parece imprescindible.

 

Sin embargo, se incluye el documental 16 Horsepower 1993-2003, el cortometraje Coulisses y el reportaje Twenty Four Hours, grabado por un equipo de la televisión belga en su seguimiento al grupo durante 24 horas de su paso por aquel país. Incluso ahí, en su entrada en la sala donde esa misma noche van a dar un concierto, para efectuar antes la prueba de sonido, David Eugene Edwards parece llevar un aura consigo, manteniendo la tensión alrededor de su persona.

 

Si 16 Horsepower fueron considerados en sus 10 años de existencia como uno de los mayores ejemplos de lo que se dio en llamar sonido americana -o country alternativo, de color más que oscuro-, queda claro que la personalidad que más se le asemeja al que fue su líder es la de Nick Cave. Su reciente paso por la Península, en el Festival Paredes de Coura, con su nuevo alias, Woven Hand -nombre tomado del gesto de las manos en la oración-, no hizo más que ratificar esa impresión.

 

16 HP nació como recopilación de material diverso del grupo y se ha convertido en su perfecto obituario tras el anuncio de su disolución, después de trece años de trayectoria. Al menos nos queda el consuelo de pensar que su legado lo retoman Woven Hand por un lado y Lilium, con los otros dos componentes de 16 Horsepower, por el otro.

 

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ARTÍCULO XACOBEO CONCERTOS NOVO MILENIO

ULTRASÓNICA ARTÍCULO XACOBEO CONCERTOS NOVO MILENIO

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2004


Festival del Xacobeo, ¿nuevo milenio?

Ian McCulloch, de Echo & The Bunnymen: el mundo tras unas gafas de sol

         ¿Un gran Festival sin camping? ¿Un gran Festival con sólo cuatro conciertos cada día? ¿Un gran Festival movido por el dinero público? ¿Un gran Festival del nuevo milenio sin nombres nuevos? Decididamente, en la esquina del Noroeste peninsular las cosas son siempre de otra manera. Y no tanto como  para proclamar que es mejor que Glastonbury (Ian McCulloch dixit).

        Para los que se subieron al escenario, todo eso era lo de menos. ¿Balance? Tres días, siete conciertos para recordar, cinco olvidables y otros dos conciertos interruptus. Curioso, curioso: el mejor instante lo puso, pasando el Ecuador, el tipo que dio el peor concierto, Lou Reed, que a eso de la quinta canción se puso a divagar -y encandilar- con sus músicos en el único momento que se permitió el lujo de invocar a su leyenda.

Lou Reed perdido en el Gozo

        Antes, el viernes, nos habíamos preguntado por qué unos catalanes desconocidos eran la única representación estatal -¿amigos de la productora Gamerco, quizás?- apelando a Dover y Hole. Tras ellos, la hora de The Darkness se hizo larga incluso entendiéndolos como un chiste.

Iggy Pop, iguana libre al fin

        A partir de ahí llegaron tres nombres que quisieron reivindicar su momento en la historia del rock -y del dance-. Iggy Pop salió como si llevara enjaulado toda su vida, gritando, por si alguien no se había enterado, que estaba con los fucking Stooges. Así que no había “Lust For Life”, no. Que 30 años no son nada y “No Fun” fue coreado por unos 50 espectadores que, con su complicidad, subieron al escenario a robarle el micro, meterle mano y hacerse unas fotos con él. A la Iguana, el sol de la tarde sólo le inspiraba caos, locura y reclamar la paternidad del punk.

Mushroom, de Massive Attack, enredado en la red

        Massive Attack hicieron el mejor concierto que en ellos es posible: elegante, sobrio y citando tanto al soul como a los experimentos menos complacientes de Radiohead. Su desconocido instrumental los situó en otra dimensión; por lo tanto, hay futuro. ¿Y qué se podía esperar de The Chemical Brothers? Que pusieran a bailar a 25.000 personas, incluso aquellas que nunca han escuchado un disco que no tenga guitarras. Si es así, cumplieron. Eso sí: vistos una vez, se les conocen todos los trucos.  

        Dieciséis horas más tarde, bien entrado el viernes, Starsailor intentaron que su pop bonito no quedara demasiado apagado en un gran escenario. ¿Lo consiguieron? Depende de en qué lado te sitúes. A continuación, la pesadilla sonora de Muse atronó hasta revolver las entrañas del mismo Monte do Gozo. Triunfo popular y deserción de bastantes que queríamos dormir sin que se nos apareciera el fantasma wagneriano de Matt Bellamy.

Matt Bellamy, de Muse, encantado de conocerse a sí mismo

        Pedir masajes y baños turcos no debe ser una buena idea. A Lou Reed se le debió pegar el tufillo new-age, porque salió sin ganas, sin voz, con un repertorio plomizo y mal interpretado. Masacró “Perfect Day” para finalizar. Parece que sólo se encontró durante cinco minutos, los justos para dejar la sensación de que podía haber sido otra cosa. Al principio, escuchar de la boca de los siniestros “Abuelo, retírate” sólo inspiraban ganas de contestarles. Al final, hasta se les disculpaba. 

        Robert Smith hizo todo lo contrario. Un concierto para todos, repleto de singles, guiños al respetable, cinco canciones siniestras en homenaje a sus fans y dos horas intensas, muy intensas. Se ganó el trono del Gozo. Sus padres, entre el público, presumían de hijo. Él no daba crédito: se dedicó a fotografiar a su contenta y rendida audiencia.

Robert Smith, de The Cure, entre las sombras

        Difícil papeleta para el sábado. Y para colmo, el tal Gary Jules que no aparece. A Amaral, una espectadora más, le ofrecen un bolo acústico improvisado de media hora. Acepta y canta, entre otras, el “Universal” de Lagartija Nick. Al final aparece el tal Gary Jules -“un yonkie me ha robado el piano,” explica- y sólo tiene 20 minutos de margen. Nadie se enteró.

El esquivo Bob Dylan

        Media hora más tarde, por una esquina sale un tipo con sombrero de ala ancha y gafas de sol. No mira ni una sola vez al auditorio, no permite fotos, no deja conectar las pantallas de video. Se coloca detrás de su piano, de lado, y comienza su particular juego, el de las adivinanzas. ¿Cuántas canciones de Dylan puede uno reconocer? Cuantas más, más fan se es. Da igual: las descubras o no, son interpretaciones valiosas, muy cercanas a la raíz -country, folk, rockabilly, honky tonk…- de lo que nos ha congregado aquí. A la tercera, Dylan sale con la cabeza alta de Galicia y hasta mira una vez hacia el anfiteatro al despedirse -sin palabras, faltaría más-.

The Corrs; ¿de verdad tocaba la batería?

        ¿Qué pintaban ahí The Corrs, con su té al limón y sus efluvios de celta light? Gran interrogante. Su público no fue el del resto del festival, ni tampoco el que venía a ver a Echo & The Bunnymen. Ian McCulloch siempre arrogante, pleno de actitud y estilo, jugó de nuevo sus cartas: ese pitillo, esas gafas de sol, esa americana… Se le notaba suelto y juguetón. Su versión de “Walk On The Wild Side”, en la que acabó cantando “Rafael Benítez is our coach” -su entrenador, el del Liverpool, claro-, valió tanto como el 90% del concierto del autor de aquel clásico un día antes. Presentó “The Killing Moon” como la mejor canción jamás escrita y dijo aquello de que el Festival del Novo Milenio era mejor que Glastonbury. Amigo Ian, hubo cosas buenas, pero a veces conviene sacarse las gafas de sol.

Xavier Valiño

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