ROBYN HITCHCOCK: The Confuser

ROBYN HITCHCOCK: The Confuser (Tiny Ghost Records)

En los 70, cuando el punk rompía con todo lo anterior, Robyn Hitchcock marchó en la dirección opuesta y fundó The Soft Boys: psicodelia, surrealismo lírico y guitarras que citaban a Syd Barrett sin vergüenza. En aquella escena era una anomalía. Casi cincuenta años después sigue siéndolo: a sus 73 años, con más de medio siglo de carrera a sus espaldas, Hitchcock sigue mirando las canciones desde un ángulo que a nadie más se le habría ocurrido.

The Confuser, su vigésimo quinto álbum en solitario, parece escrito desde la curiosidad de quien todavía disfruta metiendo la mano en una caja de ideas y sacando de ella una guitarra, un astronauta muerto, una aparición o cualquier otra cosa que no debería estar ahí. En este caso lo ha grabado en Nashville, ciudad que nadie asocia con su universo pero donde vive desde hace años, con el mismo círculo de músicos con los que trabaja habitualmente y que incluye a Emma Swift, su pareja y también cantante, y a su antiguo compañero en The Soft Boys, Kimberley Rew, quien participa en cuatro temas.

Hitchcock se describe a sí mismo como ‘surrealista musical’ y esa etiqueta que le sirve para hacer lo que quiera: en The Confuser hay temas que arrancan desde la psicodelia de los 60, otros que tienen el nervio del power pop y alguno que se acerca al folk sin anunciarlo. El disco abre con “I Am This Thing”, que en la primera frase suelta “Le debo mucho a la polla de un muerto”, un giro que en boca de cualquier otro sonaría a provocación gratuita pero que en la suya suena a lógica interna del personaje. La acompaña con una línea de bajo con aire funk, guitarras con wah-wah y un estribillo pegadizo que reflexiona sobre la identidad, y la huida.

“My Dead Astronaut” empieza como hablando sobre el espacio para luego revelar una elegía. “Yesterday’s Rain” tiene una cadencia cercana al Morrissey post-Smiths. “Breathless” cambia de velocidad con guitarras en capas y un tempo reposado, la única canción del disco que parece mirar hacia adentro, mientras que “The Vanishing Kind” destaca gracias a sus guitarras contenidas y armonías vocales, recordando a Luke Haines y The Auters. En “Building From The Ruins” llega el giro más inesperado, con un bajo que recuerda al Second Coming de The Stone Roses debajo de una guitarra con rastros de Hendrix, y “How to Feel Alright” convierte esa misma energía en algo más cercano a Bo Diddley, casi un single si a Hitchcock le diese por ahí. En todas, incluso cuando recurre a sus habituales fantasmas, a la psicodelia y el sentido del humor, Hitchcock sigue buscando una forma distinta de ponerlos en escena, todo un reto.

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