WEIRD NIGHTMARE: Hoopla
WEIRD NIGHTMARE: Hoopla (Sub Pop-Popstock!)
La necesidad de escapar de la rigidez que impone una banda como METZ explica buena parte del impulso creativo detrás de este proyecto paralelo. Alex Edkins buscaba un espacio donde la distorsión no fuera una obligación sino un recurso, donde la melodía pudiera abrirse paso sin pedir permiso. Ese gesto de libertad es el que sostiene Hoopla, un álbum que no renuncia al nervio punk, pero que se permite brillar con una luz más cálida, casi despreocupada.
Las canciones de esta segunda entrega de su nuevo proyecto nacieron durante descansos de gira, grabadas en habitaciones de hotel con una guitarra barata y un pequeño pedal de fuzz que Edkins llevaba ‘por si acaso’. Algunas de esas ideas, según ha contado, se mantuvieron casi intactas en la versión final, como si conservar la imperfección fuera parte del encanto.
La producción conjunta con Jim Eno aporta un equilibrio inesperado: guitarras afiladas, sí, pero también capas de armonías que recuerdan al power‑pop de los 60 y al espíritu ‘hazlo-tú-mismo’ de los 90. “Headful of Rain” abre el disco con esa estructura clásica de calma antes de la tormenta, con Edkins solo con la guitarra y luego la banda entera entrando como si hubieran estado esperando detrás de la puerta. Desde ese momento el disco no afloja. Queda claro con “Might See You There”, un chute de nostalgia juvenil que combina acordes enormes con un piano y unas campanas que parecen guiños descarados a las producciones de Phil Spector, con The Undertones como referencia más clara según su autor.
“Pay No Mind” da muchas pistas sobre el álbum: Edkins la escribió a partir de una camiseta de turista de Atlantic City con el lema “I’m so broke, I can’t even pay attention” (“Estoy tan roto que no puedo ni prestar atención”). Eso dice mucho del tipo de cancionero que maneja: directo, con humor seco, más interesado en el gancho que en la pose. El tema dura 2 minutos y medio y termina con un solo de guitarra que es casi un chiste bien cronometrado.
Lo que Edkins ha conseguido es transformar la tensión acumulada en METZ —toda esa energía abrasiva— en canciones que retienen el filo pero lo meten dentro de estructuras donde caben melodías, coros y hasta castañuelas. No es un giro blando. Es alguien que por fin hace lo que lleva tiempo queriendo hacer, y se nota en cada acorde.
