La zona de interés

La zona de interés

Jonathan Glazer

(A24)

“Esto es el paraíso”, le comenta una madre en su primera visita al nuevo hogar de su hija refiriéndose al jardín decorado con esmero, la piscina, el invernadero y la gran casa en la que esta vive con su familia y varios sirvientes. “¡Me llaman la reina de Auschwitz!”, le contesta su hija entre carcajadas, sentada cómodamente enfrente del muro de la vergüenza que separa su casa del campo de concentración de esa localidad, donde su marido Rudolf Höss es el comandante.

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STAPLES JR. SINGERS: Searching

STAPLES JR. SINGERS: Searching (Luaka Bop-Popstock!)

No hay en el caso de la música nada parecido al de este trío, que edita su nuevo álbum 50 años después de su debut. Fue en 1974 cuando tres adolescentes grabaron un disco titulado When Do We Get Paid en Tupelo, Mississippi, prensado ellos mismos 500 copias que vendieron en las puertas de sus casas y a vecinos de la zona. Se llamaron Staples Jr. Singers, en honor a sus ídolos, The Staple Singers, y nunca más se supo de ellos, aunque siguieron tocando de vez en cuando.

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BONNY LIGHT HORSEMAN: Keep Me on Your Mind / See You Free

BONNY LIGHT HORSEMAN: Keep Me on Your Mind / See You Free (Jagjaguwar-Popstock!)

A lo largo de los años, el trío Bonny Light Horseman ha acumulado muchos kilómetros en el odómetro colectivo de la vida. Anaïs Mitchell es un aclamada artista solista, además de dramaturga y compositora de exitosos musicales de Broadway. Eric D. Johnson es más conocido como el líder de Fruit Bats, colaborador de The Shins y compositor de música para películas. Y Josh Kaufman es un compositor, productor y guitarrista que ha trabajado con The War on Drugs, Taylor Swift, Bob Weir, Hiss Golden Messenger, The Hold Steady… Cada uno de ellos ha vivido ya varias vidas desordenadas y enredadas, y todo ello infunde a su música de una profundidad no exenta de humor.

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Músicos colaborando puntualmente con otra banda (y 3)

Colisiones de egos y discos triunfales: cuando un músico renombrado colabora puntualmente con una banda

Los llamados supergrupos pertenecen a una especie poco común en la que varios integrantes de formaciones famosas apiñan sus fuerzas en pos de la fortuna, la gloria y la inflamación del ego. Distinto es el caso de aquellos músicos que se unieron puntualmente a una formación consolidada, ya sea por accidente o por razones del destino, para un único disco de estudio y, como mucho, la gira posterior. Analizamos esa serie de álbumes que se convirtieron en una rareza inopinada, para bien o para mal, algunos aclamados como discos de culto, bien porque algunas uniones se antojaron irrepetibles o bien por lo freak de la propuesta. Los recordamos aquí en tres entregas. Hoy, la tercera y última.

Sergio Martos y Xavier Valiño

David Bowie con Nile Rodgers: Let’s Dance (1983)

Decimos Nile Rodgers pero también podría ser Steve Ray Vaughan, porque el decimoquinto disco de Bowie contó con los dos. A Vaughan lo había conocido en el Festival de Jazz de Montreux un año antes y había quedado noqueado, siendo el guitarrista que más le había gustado desde que había visto a Jeff Beck con The Tridents en los 60. Vaughan, que no estaba muy familiarizado con la música de Bowie, pudo hacer sus partes sin interferencias, todas en una o dos tomas. Pero está claro que sin la participación de Nile Rodgers (Chic), productor, compositor, arreglista y guitarra rítmica, el disco no hubiera sido el mayor éxito de Bowie. De hecho, consiguió justo lo que le pidió cuando un día Bowie le mostró una fotografía de Little Richard vestido de rojo en un Cadillac rojo brillante: “Nile, querido, así es como quiero que suene mi álbum”.

Black Sabbath con Ian Gillan: Born Again (1983)

Hoy día gusta a un gran número de fans de Sabbath e incluso ha sido reivindicado por muchas bandas escandinavas de metal, que encuentran pionero el sonido sucio y destartalado del disco. Hoy, incluso, se mira con cariño la cubierta (copiada del single de Depeche Mode «New Life»), defenestrada entonces. Pero entendemos que en 1983 fue un shock ver a Sabbath con Ian Gillan (Deep Purple) al frente. Estas cosas asustaban, carajos. Quienes crecieron con «Trashed», «Zero The Hero» o el misterioso tema titular, abrazaron el álbum con todo el amor del mundo, por lo que las alabanzas posteriores no los pillaron fuera de juego. Otra cosa debió ser la gira, con el tan poco profesional Gillan olvidando letras y cantando con la cabeza gacha.

Motörhead con Brian ‘Robbo’ Robertson: Another Perfect Day (1983)

Fue una pena que a Brian ‘Robbo’ Robertson (Thin Lizzy), que sustituyó al gran ‘Fast’ Eddie Clarke, le diera por desafiar a los fans de Motörhead cortándose el pelo, coloreándolo de rojo, vistiendo con pantalones tipo malla y declarando que él no se sentía parte de la banda. Y fue una pena porque la cosa podía haber funcionado a tenor del disco que hicieron. Robertson aportó unos riffs magistrales, dando una dimensión diferente al colorido del trío, e inspiró a que Lemmy crease algunos de sus melodías más inspiradas. El bajista declaró años más tarde: “Me encantaría volver a hacer algo parecido a lo que hicimos en Another… Pero sin Brian”.

Siouxsie and the Banshees con Robert Smith: Hyæna (1984)

En 1979, tras la marcha del primer guitarrista (John McKay) y baterista (Kenny Morris) de la banda, Robert Smith, que los teloneaba en la gira al frente de The Cure, se ofreció como reemplazo temporal. De nuevo, en 1982, tras problemas con el alcoholizado guitarrista John McGeoch, que fue expulsado, el grupo llama de nuevo a Smith. Después de la gira, documentada en Nocturne, la banda graba Hyæna, con Smith componiendo con ellos todas las canciones excepto una, «Belladonna». Precisamente en este tema o en «Blow the House Down», «Dazzle» o «Swimming Horses» reluce el trabajo de Smith, quien aportó disciplina y la justa irreverencia como para que el grupo se sintiese menos atado a su sonido habitual y para que Siouxsie pudiese mostrar su talento a las voces.

Fleetwood Mac con Dave Mason: Time (1995)

En un grupo por el que han pasado tantos componentes, puede que no se recuerde que Dave Mason (Traffic) también estuvo en Fleetwood Mac. Sucedió en 1995, cuando Mick Fleetwood buscaba reemplazo para Lindsey Buckingham. Fleetwood llamó a Mason y, de broma, le comentó que si su búsqueda no tenía éxito, Mason tendría que unirse a la banda. Mason le respondió: “Mick, en serio, me encantaría”. Dicho y hecho. Mason coescribió dos de las canciones («I Wonder Why» y «Blow by Blow»), hizo la gira y poco más. No se entendió con el bajista John McVie pero, sobre todo, no se sintió cómodo por una razón bien sencilla: “Ser uno de los dos y, a veces, tres guitarristas que reemplazaron a Lindsey Buckingham dice más sobre el genio de Buckingham que de mi forma de tocar la guitarra”.

Queens of the Stone Age con Dave Grohl: Songs for the Deaf (2002)

Fan declarado de la banda desde el inicio, cuando QOTSA habían sido teloneros de Foo Fighters, Dave Grohl (Nirvana) no pudo rechazar la invitación de su amigo Josh Homme, al que conocía desde los tiempos de Kyuss, para suplir al fugado Gene Trautmann. La batería de Grohl se registró en una pequeña cabina aislada. Y lo hizo de una forma atípica, grabándolo todo dos veces, con los platillos por separado. En la primera utilizó pads de platillos electrónicos y en la segunda una caja falsa y timbales acolchados. Luego se mezclaron ambas tomas. Aunque exhausto, al menos con ese proceso complicado logró lo que se buscaba para el álbum: un sonido “duro, contundente y claustrofóbico”.

Killing Joke con Dave Grohl: Killing Joke (2003)

Tras siete años sin noticias discográficas de Killing Joke, en 2003 aparecía su undécimo disco. Era el segundo de título homónimo, como si se tratase de un nuevo comienzo o algo relevante. Dave Grohl, seguidor del grupo desde sus inicios, se le ofreció al bajista Paul Raven cuando se lo encontró en un festival. El grupo decidió entonces contar con él y otros dos bateristas (John Dolmayan de System of a Down y Danny Carey de Tool), pero cuando le pasaron las maquetas a Grohl, este dijo que quería grabarlo todo él. Y gratis. La sorpresa para Grohl fue que el grupo grabó todo y solo le permitieron que registrase la percusión al final. A pesar de ser un proceso distinto a habitual, no desentona: su furiosa contribución a las baquetas encaja perfectamente con el muro de rabia erigido por los fundadores de la banda reunidos de nuevo: el vocalista Jaz Coleman y sus compañeros Geordie Walker a la guitarra y Youth al bajo.

The Cribs con Johnny Marr: Ignore the Ignorant (2009)

Que The Cribs aparezcan en esta lista no es mérito de ellos. Probablemente sean la banda menos relevante que, en algún momento, contó con la presencia de Johnny Marr (The Smiths) entre sus filas, teniendo en cuenta que las otras fueron The Pretenders, The The, Modest Mouse y Electronic. Pero son los únicos que lo tuvieron para un único disco, así que su presencia aquí es debido a ello. Lo conocieron mientras Marr estaba de gira con Modest Mouse y esperaron a que la finalizara para invitarle a unirse al grupo. Compusieron y grabaron su cuarto álbum con él, que se beneficia de su aportación y acabaría siendo el más valorado de la banda. Nada es eterno, y al acabar la gira The Cribs vieron como aquel sueño caído del cielo se desvanecía igual que llegó.

Músicos colaborando puntualmente con otra banda (2)

Colisiones de egos y discos triunfales: cuando un músico renombrado colabora puntualmente con una banda

Los llamados supergrupos pertenecen a una especie poco común en la que varios integrantes de formaciones famosas apiñan sus fuerzas en pos de la fortuna, la gloria y la inflamación del ego. Distinto es el caso de aquellos músicos que se unieron puntualmente a una formación consolidada, ya sea por accidente o por razones del destino, para un único disco de estudio y, como mucho, la gira posterior. Analizamos esa serie de álbumes que se convirtieron en una rareza inopinada, para bien o para mal, algunos aclamados como discos de culto, bien porque algunas uniones se antojaron irrepetibles o bien por lo freak de la propuesta. Los recordamos aquí en tres entregas. Hoy, la segunda.

Sergio Martos y Xavier Valiño

David Bowie con Robert Fripp: Heroes (1977)

De la trilogía berlinesa de Bowie, este disco se convirtió en el más exitoso, gracias sobre todo al tema titular, que cuenta con la inolvidable y tantas veces imitada guitarra de Robert Fripp (King Crimson). A Fripp lo reclutó el productor Brian Eno, contra la opinión de Bowie, que prefería a Michael Rother de Neu! “¿Te interesaría tocar una guitarra ruidosa de rock?”, le preguntó Eno. “No lo he hecho en tres años, pero si estás dispuesto a correr un riesgo, yo también”, fue la respuesta de Fripp. Le compraron un billete de primera clase en Lufthansa para volar desde Nueva York. Y, al llegar al estudio, Fripp se sentó y grabó en menos de tres días sus inspiradas partes de guitarra para canciones que nunca había escuchado antes. Así, a traición. El resto es historia.

The Slits con Budgie: Cut (1979)

Paloma Romero (más conocida como Palmolive), la española nacida en Melilla y criada en Málaga, pareja de Joe Strummer durante unos años, fue la primera baterista de The Slits. Tras dos años en la banda, y cuando le dijeron que debía aparecer desnuda en la portada de su primer disco, decidió abandonar el grupo. Fue sustituida por Budgie, quien había militado en los Spitfire Boys. Con ello la banda, íntegramente femenina hasta entonces, dejaba de serlo. Y el sonido a partir de Cut también cambiaba: de la crudeza y estridencia de sus primeros tiempos se pasó a un sonido más marcado por la sección rítmica, más cercano al reggae, el dub y las músicas del mundo.

Iggy Pop con Glen Matlock: Soldier (1980)             

Iggy Pop se encontraba en la cúspide de su carrera solista, recién contratado por Arista y tocando en sitios más o menos respetables. Glen Matlock seguía saltando de proyecto en proyecto desde su despido/huida de los Pistols, pero era destacable su oído para dar con una buena canción, en cuanto a pegada y melodía. De ahí que el de Detroit le diese un telefonazo. El resultado es Soldier, la última hazaña relevante del cantante hasta Brick by Brick, ya en el 90. Una pena que la producción sea tan pobre, pues la calidad de las canciones es más que destacable, y lo que trajo Matlock a la mesa es de órdago. Dos muestras: la apocalíptica «Mr. Dynamite» y la dinámica «Take Care of Me».

Talking Heads con Adrian Belew: Remain in Light (1980)

El cuarto disco de Talking Heads pudo no haber llegado a existir dos veces. La primera, por las tensiones por el control del grupo entre Tyna Weymouth (bajista) y Chris Frantz (baterista) con David Byrne. La segunda, por el bloqueo creativo de Byrne en medio de las sesiones. En ese momento decidieron llamar a Adrian Belew (Frank Zappa, David Bowie), pidiéndole que añadiera solos a las pistas grabadas hasta entonces utilizando un sintetizador de guitarra Roland. Belew hizo todas sus partes en un día, sin influir en el sonido del disco, con su mezcla de polirritmos africanos y funk con electrónica, pero sí consiguió que a partir de su contribución Byrne se sintiese estimulado de nuevo y la grabación se retomase ya sin mayores contratiempos.

Yes con The Buggles: Drama (1980)

Yes jamás hubieran hecho un disco así de haber seguido en la banda Jon Anderson. Así que damos las gracias por su marcha momentánea y agradecemos la entrada de Trevor ‘El hombre que inventó los ochentas’ Horn y Geoff Downes, ambos procedentes de The Buggles. Agilizaron la forma de componer de la banda, les renovaron en todo su esplendor sonando frescos y acorde a los tiempos e, incluso en los temas largos (el fastuoso «Machine Messiah»), lograron despojarse de la etiqueta de viejo dinosaurio para estar más cerca de los Rush de entonces o grupos como XTC y Police. Canciones como «Tempus Fugit» o «Does It Really Happen?» no hubieran desentonado en discos de esas bandas.

Ian Dury and the Blockheads con Wilko Johnson: Laughter (1980)

Tras dos discos, Chaz Jankel, el principal aliado de Ian Dury, había tenido suficiente de su carácter complicado y su naturaleza posesiva, así que lo abandonó. Obligado por contrato a entregar un tercer disco, Dury aceptó que todos los componentes de la banda compusieran lo que bien pudieran, a lo que también contribuyó Wilko Johnson, anteriormente guitarrista de Dr. Feelgood y recién incorporado a la formación. El álbum, irregular y un tanto esquizofrénico, grabado durante meses y retocado con cuerdas y pistas añadidas una y otra vez, se acercaba al rock con las aportaciones de Johnson («Delusions of Grandeur», «Take Your Elbow out of the Soup»), alejándose un tanto de los ritmos negros habituales hasta entonces.

Hawkwind con Ginger Baker: Levitation (1980)

Decía Ginger Baker que formar parte de Hawkwind fue una pesadilla, que los músicos de la banda eran malos. Pregúntenle a Dave Brock, alma de la banda, qué opinión tiene sobre el batería… De hecho, pregúntenle a cualquiera que haya trabajado con Baker y sabrán quién es ‘la pesadilla’. Sea como fuere, el disco transita entre lo espacial, lo delicado (por cómo vuela Baker en sus breaks continuos de batería) y lo sublime. La conexión es total y la colección de canciones es de las mejores que ha entregado la banda en su historia. Un disco único, inmaculadamente bello, que todavía sorprende por su integridad e imaginación.

Squeeze con Paul Carrack: East Side Story (1981)

Cuando el teclista Jools Holland (hoy más conocido como el presentador del programa de la BBC Later with…) dejó a la banda Squeeze para iniciar una carrera en solitario, el grupo decidió llamar a Paul Carrack, quien había liderado el grupo Ace entre 1972 y 1977. El cuarto álbum de Squeeze trajo, con su participación, un cambio respecto al sonido new wave de sus trabajos anteriores, con nuevas influencias de rockabilly, merseybeat y psicodelia, pero sobre todo del soul de ojos azules que Carrack luego perfeccionaría en su carrera en solitario o con Mike + The Mechanics. De hecho, es en ese momento cuando el grupo graba y lleva al éxito canciones como «Tempted» o «Labelled with Love», impensables unos meses antes.

Aerosmith con Jimmy Crespo: Rock in a Hard Place (1982)

El guitarrista Joe Perry tomó las de Villadiego justo cuando la década de los setenta llegaba a su final, así que la banda se encontró con la ardua tarea de reemplazar a un miembro capital para poder llevar a cabo la gira del reivindicable Night in the Ruts. Jimmy Crespo, que procedía del grupo Flame, fue el elegido. Aunque ya había metido alguna guitarra en Ruts, es aquí donde despliega su potencial, componiendo junto a Steven Tyler el grueso del material y tocando sin la atadura de imitar a Perry. El disco es sucio, dinámico y peligroso; justo lo que uno espera de la banda que había reinado en América la década anterior. Lamentablemente, la popularidad de la banda se encontraba en caída libre y el disco fracasó vilmente. Una pena.

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