La mujer que nunca existió
La mujer que nunca existió
Mehdi M. Barsaoui
(13 Prods-Filmin)
Hay accidentes que matan y accidentes que liberan. Cuando el autobús que lleva a Aya al trabajo vuelca y ella es la única superviviente, Mehdi M. Barsaoui -cuya película anterior Un fils le valió una nominación al Oscar- plantea una pregunta que pocas películas formulan sin trampa: ¿qué harías si el mundo creyera que has muerto?
Aya trabaja limpiando habitaciones en un hotel de Tozeur y sostiene a sus padres mientras estos le buscan marido. Barsaoui la encuadra desde lejos: esa distancia muestra el poco espacio que ocupa en su propio mundo. Fatma Sfar la interpreta con una contención que es más resistencia subterránea que pasividad.
Cuando huye a Túnez con una identidad nueva, la película amenaza con volverse un relato de emancipación lineal. Barsaoui lo esquiva: lo que espera a Aya no es la libertad sino otra versión del mismo sistema, con corrupción policial y hombres que prometen y no cumplen. Que esa tensión no se resuelva limpiamente es una de las decisiones más honestas del guion.
El peso psicológico del accidente queda sin explorar hasta casi el final. Pero el film sostiene algo verdadero: que incluso desaparecer exige negociar con las mismas fuerzas de las que se escapa. Que esté basado en hechos reales lo convierte en algo más incómodo que un drama de ficción.
