CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA BUENA VIDA

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA BUENA VIDA

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


La Buena Vida:  «La música es una fe»

        El sexteto donostiarra edita hoy un quinto álbum exquisito en línea con su filosofía: «Cuando componer se convierte en industria, algo falla».

 Tras vender una media de casi diez mil copias de cada uno de sus exquisitos discos de pop melancólico, el sexteto donostiarra edita hoy su quinto trabajo, Hallelujah, en la independiente madrileña Siesta, que afronta el lanzamiento más ambicioso de su trayectoria.

La Buena Vida, junto a los desaparecidos Le Mans, destacaron en el denominado Donosti sound de los 90. Compartían la dispersión geográfica de sus miembros, el desprecio de la industria musical vasca, el amor por el pop francés de los 60, similares argumentos sentimentales y adolescentes y una ejecución instrumental que, desde el minimalismo, evolucionó hasta el autoexigente barroquismo.

En este estadio se hallan en estos momentos La Buena Vida. Hallelujah es un álbum sobresaliente, un listado de grandes composiciones dotadas de lujo y sensibilidad orquestal que, sin embargo, no pierden la complicidad del pop. Un repertorio que mantiene su madurez sin sofocar su emotividad juvenil.

Melancólicos, líricos, cotidianos y cosmopolitas, tan arrobadores como Vainica Doble, Nick Cave, Tindersticks, Pauline En La Playa, The Smiths o Francoise Hardy, La Buena Vida tratan de llamar la atención del gran público con la voz susurrante de la dulce Irantzu Valencia.

Raúl, el batería, y Pedro, el bajista, contestan compenetrados a nuestro cuestionario, en estos momentos inciertos: ¿El gran público descubrirá sus canciones de mesa camilla perfectas para el otoño o los donostiarras continuarán elaborando orfebrería pop para varios miles de escogidos?

¿Pensabais llegar tan lejos?

No. Nuestra intención desde el comienzo era disfrutar, grabar discos y componer buenas canciones. Queríamos realizarnos musicalmente y hacer algo que nos enorgulleciera. Caminamos poco a poco y el primer objetivo fue grabar una maqueta. Luego, comprar los instrumentos, pues al principio nos los prestaron.

¿Conserváis aún las ganas?

Son diferentes. No eres el mismo con 20 que con 28 años, pero sí existe un espíritu común que te mueve a tocar, grabar, componer… Eso sigue como antes. Ahora nos gusta actuar en lugares más grandes, disponer de mayores medios de grabación…

– Siesta divulga que sois normales y vestís discretamente.

Jo, jo, jo… Si normal significa tomarse unas cañas y un pincho de tortilla, sí, lo somos. Somos burgueses, como el 80% de la población española. Vestimos bien, muy bien, pero ni hemos creado imagen, ni nos preocupamos por ella.

Encaráis la etapa más ambiciosa de vuestra carrera. Edición a lo grande y gira de 25 fechas por toda España.

Sin duda. Ahora tenemos manager y una persona dedicada en exclusiva a la promoción.

¿Es la primera vez que contáis con mánager?

No, pero antes estábamos dispuestos sólo para conciertos esporádicos y actuábamos únicamente ciertos fines de semana. En el tercer disco, Soidemersol, estuvimos en Get In (importante promotora guipuzcoana que lleva a La Oreja de Van Gogh y M-Clan) y nos organizaron eventos sobredimensionados. Quisieron repetir lo de La Oreja, con recitales gigantes, y éramos un grupo medio, no de superestructuras de 200.000 discos. Llegamos a aparecer en las fiestas de Cullera. Era una situación surrealista. Incluso dimos conciertos sin cobrar un duro.

Vuestro sello afronta una gira muy extensa y una promoción intensa. ¿Tiene tanto dinero?

Ha gastado en la grabación lo que no gastaría una multinacional. Siesta no saca la tijera y, si pedimos una orquesta, la consiguen. Dan importancia al disco y buscan calidad. Al encontrarse un producto tan bueno, han decidido apostar.

Los capos de Siesta, Manuel y Mateo, ¿viven del sello o es un hobbie?

Uno es farmacéutico y otro ingeniero de minas. Se han visto superados por el trabajo de Siesta y han ampliado el negocio. Se han dado cuenta de que, después de nueve años, es hora de apostar.

Vosotros también hicistéis una gran apuesta con el tercer CD, Soidemersol, editado en la multinacional PolyGram, y fracasó.

Invirtieron en la grabación, pero la promoción no corrió acorde con ese montaje. Incumplieron promesas y ni siquiera nos colocaron en El Corte Inglés. Prefirieron llevar a Ismael Serrano. Además, en esas fechas echaron a todo el organigrama que nos fichó y llegó otra persona que no confiaba en nosotros. Las multis son como dinosaurios y se mueven por inercia. Tienen su cuota de mercado, conocen el perfil de cada grupo y así baja la calidad musical en España.

Sí, es una vergüenza que DRO tenga a Mojinos Eskozíos porque venden 150.000 copias.

Ya, han estudiado el mercado y supongo que a DRO, que forma parte de una multinacional, le viene la orden de arriba. Cuando la música se convierte en industria, algo falla. No pedimos romanticismo, pero sí no ser vulgar.

¿Cómo os librasteis del contrato con PolyGram?

Fue la crónica de una muerte anunciada. A nadie le interesaba otro álbum. ¿Para qué? Además, nuestras grabaciones no son baratas. Como grupo, damos cierta categoría a cualquier catálogo y tenemos un público fiel. De La Buena Vida se ha escrito mucho y bien, pero se nos ha oído poco y la gente no puede llegar a ninguna conclusión. De Soidimersol se habló y se habló, pero no sonó en ninguna radio. Ahí está el problema.

¿Cómo se graba con una orquesta de Praga?

Sobre las maquetas se meten líneas de orquesta en sintetizador. Las hizo Joserra Semperena, teclista de Duncan Dhu, un tío buenísimo. Cogió todas nuestras ideas y armonizó nuestras líneas de arreglos. Terminadas las canciones, fuimos a Praga con la partitura y topamos con unos fenómenos. Era un estudio gigante preparado para el cine, con el sistema THX de Lucas. Eso sí, son músicos del Este y tocan exactamente lo que viene en la partitura. No les pidas ‘dale un poco más swing a la tromba’.

¿El gran valor de La Buena Vida es la voz de Irantzu?

Sin duda. Nos diferencia de otros grupos y le da personalidad. Sin ella, no seríamos lo mismo.

¿Qué inspira vuestras letras? ¿El amor?

Casi todos son temas universales. Emociones. La mayoría de la gente escribe de lo mismo. Hemos evolucionado en general, y más en las letras, que cada vez nos importan y trabajamos con mayor afán. Es la primera vez que las reproducimos en el CD. Yo antes flipaba con las de Tom Waits, y ahora con las de Nick Cave.

Gracias a ellas podéis llegar al gran público, pero sin explotar.

Se trata de explorar los sentidos. Debes pasar del ‘I love you, yeah’ a algo que emocione, pero no hay que confundir música y literatura. Si quieres escribir de verdad, haz versos, novela o lo que sea.

La portada es del reputado Javier Aramburu. ¿Le pagáis?

Cobra un montón y es un profesional como la copa de un pino. Aramburu rechaza muchos encargos y crece como un fuera de serie. Primero escucha el disco, intenta captar los sentimientos y refleja lo que va dentro. Cuando te explica cómo ha visto el álbum, te asusta hasta qué punto sabe trasladarlo a un dibujo.

La Buena Vida actúa poco. ¿Os asusta el directo?

No. Tenemos muchas ganas. Es algo pendiente con la gente y nos vamos a soltar con esta gira. Iremos con la orquesta pregrabada, porque ya hemos viajado antes con músicos mercenarios y alguno parecía funcionario. Tuvimos gente que miraba su agenda y el móvil mientras tocaba el violín.

¿Seguiréis tomando la música como un divertimento?

Hemos dado nuestra vida por esto. La música es una fe y aspiramos a lo máximo.

Quería decir que si seguiréis al margen del negocio para evitar contaminar vuestra música.

Eso está claro. Además, se pueden vender muchos discos con este espíritu. Hemos tenido la suerte de grabar cinco álbumes cómo y cuándo queríamos. Somos muy celosos en eso y no dejamos que nadie interfiera en la música. Un día hablamos con Warner, les dijimos que haríamos un trabajo con orquesta, y saltaron: ‘¿Con orquesta de dos kilos? ¡Meted un teclado!’. Si te dicen eso al empezar, ¿qué pedirán en lo demás?

Xavier Valiño / DV

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA REM

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA REM

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


R.E.M. «Nunca miramos atrás»

     Rebobinemos hasta octubre del 97. Los días en que peligró el futuro de REM, la banda que supo convertirse en el mejor grupo para todos los públicos sin dejarse su integridad en el camino. Diecisiete años después de su formación en Athens (Georgia), el batería Mike Mills comunicó su deseo de abandonar, dilapidando meses de trabajo en la gestación del decimocuarto trabajo de la formación, Up. 

En medio de la crisis, salieron del atolladero completando aquel estimable disco de corte experimental, denso y un punto tecnológico con el que reaccionaron contra las claves de su popularidad. Refundados como trío, los nuevos REM no recordaban siquiera levemente a la banda que fuera el epítome del rock americano de los ochenta. Tampoco al grupo que encaró la pasada década triunfando en todo el globo con Losing my religion, sin por ello dejar de ser un modelo de actitud para varias generaciones de bandas alternativas.  


          Aunque sus ventas recientes no están a la altura de su millonario contrato discográfico –más de 11.000 millones–, REM siguen sin ceder a presiones comerciales. Podría parecerlo ante su nuevo sencillo, Imitation of life (puro REM), pero el resto de su nuevo álbum –Reveal– devuelve a una banda que busca la redención en la recuperación de su propia identidad.

Ejercicio de frescura  

Renacidos como grupo al uso con la ayuda de viejos asalariados de lujo como Joey Waronker (Beck), Scott McCauhgey (Young Fresh Fellows) y Ken Stringfellow (Posies), se han marcado un ejercicio de frescura desde la fidelidad a las esencias de unos dinosaurios en buena forma, pese a esas dos décadas de andadura.

Grabado en Vancouver, Dublin, Miami y Athens, Reveal es un disco luminoso y, a la vez, meditativo. Un trabajo abrillantado con delicados arreglos de cuerdas y metales, melodías y sutiles cajas de ritmos sobre la formación clásica de guitarra, bajo y batería. Todo al servicio tanto de canciones «luminosas y veraniegas» (Stipe habla así de Beachball o de ese plagio velado a los Beach Boys que es Summer turns to high), como a tupidas piezas etéreas a medio tiempo o reflexiones campestres de tono enigmático y descreído.


¿Qué habéis tratado de revelar con Reveal?

– Michael Stipe: No hay un mensaje concreto. En Up, éramos tres tíos trabajando en un disco; ahora somos de nuevo una banda. Nuestra intención principal era ir más allá como grupo de lo que habíamos hecho en las actuaciones. Quería que pareciera un disco de verano, el típico álbum que puedes ponerlo como acompañamiento de fondo y que nunca tienes ganas de cambiar. Música que escuchas casi sin darte cuenta de que está ahí. Las canciones son más concisas. Con el último álbum, lo hicimos lo mejor que pudimos, pero ahora es cuando hemos podido levantar la voz de nuevo, musicalmente hablando. Hemos grabado tocando juntos en el estudio, y ello le ha dado al disco un aire más cálido y cercano.

– Peter Buck: Acabábamos de finalizar la última gira con Joey (Waronker), Scott (McCaughey) y Ken (Stringfellow) y nos sentíamos como un auténtico grupo. Son el tipo de tíos con los que te puedes encerrar en un estudio a componer. Hubo una comunicación muy natural, ya que nos conocemos desde hace mucho Con Scott tocamos desde el 85 y a Ken le conozco desde hace más de diez años. Desde el principio, tuvimos el tipo de canciones que queríamos para este disco. Eso le ha dado la unidad que quizá Up no tenía.  


¿Tan traumático fue el abandono de Bill Berry? ¿Pensasteis en la separación de REM?

– P. B.: Teníamos una banda desde siempre y todo cambió de un día para otro. Up se grabó en medio de un pequeño caos, pero nunca llegué e pensar en una separación. La música me seguía apasionando y no estaba dispuesto a irme a casa sin tratar de buscar una solución.

– M. S.: Quizá los demás opinen otra cosa, pero sentí que el grupo se acababa. Tenía la sensación de que íbamos a grabar un gran disco y, de repente, Bill anunció que se iba, las relaciones se enturbiaron y todo se volvió confuso. No es algo de lo que me guste hablar. Me resulta embarazoso, me siento como el típico rockero contando al Rolling Stone problemas y terapias que a nadie le interesan. Por fortuna, descubrimos que nuestra amistad es lo que sostiene el trabajo de toda una vida.

¿Que ha inspirado esos textos tan escépticos ¿Hay alguna sensación concreta que hayáis tratado de abordar en Reveal?

– M.S. Dejé de pensar y me dejé llevar; creo que esa es la forma más pura de expresión. Es como compuse alguna de las canciones más conocidas de REM. Al menos ocho de las canciones están hechas así: me he guiado por mi instinto más que nunca. Escribo de cosas íntimas pero que reflejan las inquietudes espirituales . Creo que ese escepticismo es un equilibrio entre lo real y lo irreal, entre el idealismo y el cinismo. Un equilibrio que entronca con la vieja separación entre el cuerpo, la mente y el espíritu.

Con vuestros últimos discos habéis perdido a muchos de vuestros viejos fans. ¿Tratáis de recuperarlos volviendo a un sonido más clásico?

– P. B.: No veo este disco como una rectificación, sino como un paso adelante. No es un álbum fácil, pero estoy muy contento con su sonido. Perdemos fans con cada álbum, pero también ganamos otros nuevos. Puede que tenga un sonido más clásico y melódico, pero hemos utilizado también mucha tecnología actual. La misma que Puff Daddy, pero de otra manera. Me gustan todos esos aparatos antiguos, tengo una habitación llena de esos juguetes. A veces me preguntan de dónde he sacado un sonido y les contesto que de un cacharro que compré de segunda mano por 99 pavos.

– M. S.: Las ideas que manejo para una canción no siempre tienen que ver con el pop típico. Trato de llevar las ideas al límite y eso me conduce a veces al terreno más experimental. Oigo música electrónica y lo que ahora hacen grupos que admiro como Radiohead, pero, como banda, tratamos de evolucionar sin perder nuestras señas de identidad.  


Hay temas casi folkies, como Turns to High o She wants to be, que recuerdan vuestro pasado independiente.

– M. S.: Sí, hay algunas canciones lentas y algo lánguidas. Es inevitable que en nuestras canciones haya elementos de nuestros primeros discos, pero no es algo consciente, ya que tratamos de ir siempre todo lo lejos que podemos sin mirar nunca atrás. Nuestros últimos discos reflejan lo que somos ahora, pero supongo que tenemos un estilo.  

Contra la rutina


El primer single es algo confuso, más rápido y pegadizo que el resto del disco.

– P. B.: Es la única canción con el típico sonido REM. Ni siquiera la íbamos a meter, porque no queríamos hacer un disco con el sonido de siempre, pero la compañía la escuchó, les encantó y decidieron sacarla como single. Tuvimos que cortarla porque, originalmente, duraba más de seis minutos. Mi favorita es un tema muy poco popular. Saturn Return; tiene unas melodías muy hermosas. Creo que representa muy bien a los Rem de 2001.


Habéis tocado ya estas canciones en directo. ¿Cómo las ha recibido el público?

– M.S.: La reacción ha sido muy buena, sobre todo, teniendo en cuenta que no es un disco fácil. Es un desafío poner enfrente del público canciones en las que has estado trabajando aislado durante año y medio. Cambia por completo tu perspectiva.

¿Vais a salir de gira este año?

– P.B.: Nos encanta tocar en directo, pero es agotador y cada vez más complicado. Una gira larga es un compromiso para nosotros. Hemos ido echando raíces con el paso del tiempo. Hicimos muchas giras en los ochenta, así que en los últimos tiempos hemos decidido no meternos en tantas. Nos gusta que nuestros conciertos sean algo especial y no podemos estar girando con cada disco; todo se volvería demasiado rutinario.


¿Cuál es el secreto para tener un gran contrato discográfico y hacer al mismo tiempo discos para una amplia minoría?

– M. S.: No puedes pensar en la gente cuando compones. Tienes que abstraerte. Si lo que la gente de 19 años quiere es lo que suena en la radio, yo no voy a dárselo. Intentamos hacer el disco perfecto y todavía no lo hemos conseguido.  

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA MALA RODRÍGUEZ

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA MALA RODRÍGUEZ

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Mala Rodríguez, rap con salero

 

          Se llama María Rodríguez Garrido, reside en Madrid aunque es del barrio sevillano de La Macarena, y tiene 21 añitos y un disco, Lujo ibérico, producido por Jata Mayúscula y SuperNafamacho de CPV, que es la mayor sorpresa habida hasta el momento del hip hop estatal.

 

– ¿Por qué te llaman La Mala?

          – Porque soy una hija de puta.  

Vaya. ¿Y cuándo empezaste a sospecharlo?

          – Era broma, ¿eh? Es un adjetivo calificativo que me decían mis amigos.

– ¿Qué oías de niña?

          – Rap americano, flamenco, jazz y The Police. También me gusta mucho la radio.

– ¿Entendías las letras del rap americano?

          – Poco a poco. “Motherfucker” sí que lo entendía.

– ¿Cómo descubriste el rap?

          – En Sevilla hay raperos, grupos, DJs… Hay horas de calle. El rap está en España. Más que nada en los bancos de la calle. Y en los estudios en los que se graba.

– ¿Rapeabas en los bancos públicos, con litronas?

          – No bebo cerveza. Cervecita de vez en cuando, si me dan un buchito, pero no es por ahí. Va por otro lado. El rap es una crítica a la vida, a la sociedad, a lo que quieras. Es lo que quieres contar y que los demás sepan.

– ¿Y tú que criticas?

La hipocresía, la falsedad, las ganas de joder.

– ¿No puede haber rap positivo, como el de De La Soul, por ejemplo?

          – El mío es positivo y constructivo. Que cante las canciones esas quiere decir que veo esperanzas, a pesar de la mierda que hay.  

– ¿Cuáles son tus grupos favoritos estatales?

          – Los más potentes son 7 Notas 7 Colores. También SFDK y un montón de gente currándoselo, plantando cara a los diferentes estilos musicales. Aunque no cuaje en la sociedad española, pues ahí estamos. Y aunque nadie compre los discos, nosotros nos los escuchamos.  

– ¿Qué te parece el nuevo disco de 7 Notas 7 Colores?

          – Me parece muy adecudado para su estatura y para su peso.  

– ¿Y en cuánto a tus influencias, cuáles citarías?

          – Si hay que llamarlo influencia, el rap que escuchaba de chica: el gansta rap.  

– ¿Empezaste a cantar rap o flamenco?

          – Rap. No sé porque me mentas el flamenco. Si te suena a eso será porque soy andaluza y aquí somos muy moros.  

– ¿Qué pensaban en tu casa cuando te ponías a rapear?

          – “¿A dónde va esta niña? ¿Qué, te vas a un concierto a Andujar?” Hemos dado un montón de conciertos. Cutrecillos, pero ahí estábamos cantando. Aunque no es profesional, aquí hay una peña que está arrimando y hay que escucharla.  

– ¿Cómo contactaste con la gente de Yo Gano?

          – Accidentalmente. Compraron el contrato de grabación que tenía firmado con Zona Bruta.  

– ¿Y por qué te ficharon los de Zona Bruta? ¿Les enviaste alguna maqueta, te conocían?

          – Era el primer sello especializado en España y les envié una maqueta en el 96. No me llamaron, supongo que estaba demasiado verde. Con el tiempo me encontré con ellos y les entusiasmó la idea de trabajar juntos. Era el plan hasta que, por h o por b, acabé con Yo Gano. Vendieron mi contrato.  

– ¿Yo Gano tiene más medios?

          – No. Una cosa parecida. Mi disco se ha hecho por menos de un millón de pesetas.  

– ¿Y cómo colabora Raimundo Amador?

          – Conocía su música. Siempre le he escuchado, desde los tiempos de Pata Negra. Cuando se me ofreció la posibilidad de hacer un tema con él desde su discográfica, aunque fuera colaborar un poquito, dije que encantada de la vida, me mola su rollo.  

– ¿La mujer está bien considerada en el rap, diciendo “bitch” en vez de “baby”?

          – Por supuesto. En el rap se le da su lugar. De todas formas, yo opino que los hombres también son putas.  

– ¿Te ves con hijos?

          – ¿Me lo preguntas como mujer? Me gustaría tener hijos. Más que tenerlos, criarlos.  

– ¿Qué piensas que harías fuera del mundo de la música?

          – Estaría construyendo satélites.  

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA STARSAILOR

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA STARSAILOR

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Starsailor, buenas almas

 

El 2001 fue su año: Starsailor tuvieron dos singles de éxito, concretamente “Fever” y el colosal “Good Souls”, sin haber editado aún un disco de larga duración. Casi al mismo tiempo ofrecieron su primera gira británica, fueron invitados a tocar con los Manic Street Preachers y grabaron, por fin, su álbum de debut. Su éxito meteórico ha sido sorprendente, aunque no imprevisto. Simplemente saben cómo conectar con la gente.

Después de todo el despliegue, llega la hora de enfrentarse al resto del mundo. “Es posible que Starsailor haya comenzado el año siendo uno de los nuevos grupos más comentados en todos lados, pero creo que hemos sabido soportar las presiones sin darles ninguna importancia, y en los últimos meses parece que nuestra música, por muy primeriza que sea, ha empezado a sintonizar con más gente, aunque ello no nos evite declaraciones en contra de gente como Mogwai”, explica James Walsh, líder de la banda.  

No es difícil entender su éxito. Escucharles por primera vez es una experiencia absolutamente intensa. La franqueza y el poder melódico de sus canciones ocultan su verdadera juventud. El impacto de su música es similar al experimentado al escuchar a otras bandas intensas por primera vez, aunque lo suyo no lleve las guitarras eléctricas a la máxima electricidad. Sus canciones, historias de amor, esperanza y redención enmarcadas por la voz acrobática de James Walsh, combinan ingenuidad con una tremenda sofisticación que recuerda al Neil Young de principios de los 70 y, sobre todo, tanto a Tim Buckley como a su hijo Jeff.  

Este cuarteto del noroeste de Gran Bretaña -Chorley, para ser más exactos-, bautizado con el nombre d un maravilloso disco de Tim Buckley, Starsailor, gira en tomo al extraordinario talento compositivo del joven Wa1sh, de 21 años. En una época en que se ha convertido en un tópico ser calificado de artista post-Buckley, Walsh ha retrocedido hasta las propias raíces y ha dado con al menos una docena de temas de una cruda claridad emocional.  

¿De dónde le viene la fijación con el malogrado cantante? “Hace unos dos años, recuerdo haber leído una entrevista con un grupo que admitía la influencia de Jeff Buckley”, recuerda Walsh, “así que fui y me compré este disco y vi que era mil veces mejor que todo lo que oía por aquel entonces. A partir de ahí, empecé a escuchar a Tim Buckley, Neil Young y Van Morrison. Nuestra música no se basa sólo en él, simplemente actuó de catalizador. Gracias a su música encontré a alguien con capacidad para conmoverme de veras, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que yo quería hacer”.  

Para Walsh, fue la revelación tanto tiempo esperada. Obsesionado por la música y un tanto solitario, creció sintiéndose apartado de las actitudes más masculinas de sus compañeros del colegio y de su grupo social inmediato. “Siempre buscaba algo más. En el colegio me veían como un bicho raro”, confiesa. “La gente pensaba que era demasiado sensible, pero simplemente me cuestionaba las cosas. Todo el mundo parecía estar envuelto en un cinismo que yo nunca tuve y sigo sin tener.”  

Para canalizar sus sentimientos, empezó a tocar el piano a los 12, y a los 14 ya estaba componiendo temas y se pasaba todo el día devorando cualquier cosa de la prensa musical. Pero hasta que no llegó al conservatorio de música de Wigan y conoció a James Stelfox (bajo) y Ben Byrne (batería) sus canciones no empezaron a cobrar fondo y forma. “Simplemente quería hacer algo que fuera realmente natural y dijera algo acerca de quién eres y de cómo te sientes, que no fuera sólo ruido. Hay gente que va de bares y se emborracha y otra que escribe libros; ésta es mi forma de expresarme.”  

La última pieza del rompecabezas quedó colocada con la llegada del teclista Barry Westhead a principios del 2000. Con un sonido más sobrio y una visión clara del enfoque del grupo, señaló el comienzo de un ascenso meteórico. “En abril del 2000 dimos nuestro primer concierto en el Heavenly Social de Londres. Cuando regresamos a principios de julio, unos días después de Glastonbury, las discográficas ya estaban intentando hacerse con nosotros. Tres meses después, nos decidimos por una de esas compañías –EMI Chrysalis, en concreto- y fue entonces cuando comenzó la verdadera locura.”  

“Después de unos primeros meses del 2001 frenéticos, nos sentimos aliviados cuando por fin llegó el momento de empezar a grabar nuestro debut”. El trabajo comenzó en mayo, cuando la banda se encerró durante seis semanas junto al productor Steve Osborne, que ya había trabajado con ellos en “Good Souls”. Esta experiencia les hizo recordar por qué habían formado el grupo. “Estábamos como en una cápsula”, sonríe Walsh echando la vista atrás. “Somos tal como éramos cuando tocábamos en Warrington, no nos hemos contaminado por todo lo que ha pasado. Trabajar en los estudios Rockfield fue un poco como cuando The Band grababa en Woodstock. Se aislaron de la música moderna y lograron algo con lo que se veía que todos disfrutaban tocando. Lo mismo nos ha ocurrido a nosotros…”  

El resultado de su esfuerzo es Love Is Here, un sensacional álbum de debut que desarrolla el sonido de Starsailor considerablemente. “En cuanto a la visión global del disco”, explica Walsh, “queríamos que fuera algo entre Grace de Jeff Buckley y Harvest de Neil Young, un disco con un sonido muy vivo, pero con sutiles toques acústicos por encima. Hemos hecho algunos experimentos raros en el disco: en algunos temas aparecen guitarras de extraños sonidos y atmósferas a lo Potishead. No queríamos hacer nada demasiado retro.”  

“Love Is Here” es el tema central del disco. Es una canción animada y positiva. Queríamos hacer algo que se percibiera como hippioso porque parece que todo lo que circula últimamente tiene un toque de cinismo. Es nuestra forma de ver las cosas.” Y es precisamente su honradez y franqueza lo que diferencia a Starsailor de sus coetáneos. Love Is Here es ya un disco para el recuerdo.  

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LENNY KRAVITZ

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LENNY KRAVITZ

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Lenny Kravitz, el éxito de lo retro

 

         Tiempo de recapitulación y repaso. El de Lenny Kravitz pasa por la edición de un disco de grandes éxitos que le dé tiempo a plantearse su sexto disco, en el que volverá tan imprevisible como siempre, cuando menos.

¿Crees que el hecho de publicar una recopilación de grandes éxitos te va a permitir tomarte un poco de tiempo libre para pensar?

         – Bueno, siempre me gusta pensar en lo que hago o, en su lugar, en lo que he hecho, aunque no con demasiada frecuencia. Normalmente, antes de empezar a preparar un nuevo álbum, me gusta escuchar mis discos anteriores sólo para recordar a dónde he llegado con ellos. Para mí, lanzar un disco de grandes éxitos es como hacer un viaje. Es algo en lo que nunca había pensado hasta ahora. He pasado gran parte de mi vida intentando conseguir un contrato discográfico y que la gente escuchara mis canciones. Ahora, el hecho de tener un disco de grandes éxitos once años después es… como un largo viaje. Me impresiona ver la frase Grandes éxitos de Lenny Kravitz en un disco.  

– Has conseguido disfrutar de una carrera discográfica llena de éxitos durante casi once años y, sin duda, eres ahora mucho más famoso que nunca. En estos momentos, cuando muchos artistas se hacen populares y desaparecen en poco tiempo, ¿por qué crees que tú sigues adelante?

         – Lo que más he disfrutado de mi carrera es el hecho de que ha sido un proceso gradual, y pienso que ésa ha sido una de las razones que me han ayudado a mantenerme tanto tiempo en el mundo de la música. Para mí sería una pesadilla publicar un disco, vender más de 20 millones de copias y que después no hubiera nada más. Estoy en este negocio para seguir adelante durante mucho tiempo. Llevo toda mi vida haciendo música, y pienso seguir haciéndola. En ese sentido, en lo que al éxito se refiere, las cosas me han ido siempre muy bien.  

– Supongo que no ha sido un proceso sencillo…

         – Es cierto, siempre he tenido que trabajar mucho, sobre todo porque mi música no encaja en un único estilo, así que cada vez que publico un nuevo disco es como si fuera otra persona distinta. Supongo que en ese sentido mi dosis de lealtad conmigo mismo no es demasiado grande… Podría haber conseguido un gran éxito con un single y publicar otro después con el que nadie me reconociera, y entonces habría tenido que demostrar de nuevo lo que soy capaz de hacer. La verdad es que he tenido que trabajar mucho.  

– ¿Te preocupaba el orden en el que estarían colocadas las canciones en el álbum Greatest Hits?

         Greatest Hits es un disco como cualquier otro, así que he dejado que Henry Hirsch, mi ingeniero de sonido, se ocupara del orden de las canciones. Lo que sí tenía claro es que el primer tema del disco tenía que ser fuerte y con mucho ritmo. Quería que empezara con una buena dosis de energía.  

– ¿Cómo decidiste qué canciones incluirías y cuáles dejarías fuera?

         – Ha sido muy sencillo. Se trata de un álbum de grandes éxitos. No tiene por qué incluir mis canciones favoritas. Virgin tenía una lista con todos los temas que les gustaría encontrar en el disco al público de cada país, y después ha sido sólo cuestión de reunirlas todas y ponernos a trabajar. He disfrutado de una carrera muy internacional, y eso significa que en cada país triunfaron distintos temas, así que hemos creado un disco que pudiera gustar en el mayor número posible de países.  

¿Te gustaría introducirte en otras formas de expresión?

         – Sí. Siempre me ha gustado mucho el cine. Soy un gran admirador del séptimo arte, y pienso que es un medio de expresión excelente, a través del cual puedes contar una historia. Me estoy preparando para trabajar el año que viene en una película que estoy escribiendo. Estoy deseando hacerlo, porque lo veo como una manera distinta de contar algo interesante. Siempre he querido hacer una película. A lo largo de los últimos nueve años me han ofrecido un montón de guiones, pero siempre se trataba de papeles muy estereotipados: gángster, tipo de la calle, chulo o drogadicto, cosas así. Ya sabes, Hollywood tiene una tendencia muy marcada a encasillar cualquier cosa. Vale, soy negro, pero no me peino como ellos piensan. Creen que soy drogadicto, chulo y hasta un asesino, y cuando recibo un guión pienso: "Pero bueno, si yo canto cosas como "Let Love Rule". ¿Cómo voy a hacer de asesino?". Sin embargo, la historia que quiero contar se parece mucho al modo en que crecí realmente, perteneciendo a dos razas, creciendo en una gran ciudad y siendo artista. También hablará de las relaciones familiares. Estoy deseando empezar a rodar.  

– Ahora que se acaba de publicar el álbum Greatest Hits, ¿Cuál va a ser el próximo proyecto de Lenny Kravitz?

                – Me siento como si estuviera empezando mi carrera artística. Sólo he grabado cinco álbumes. No son muchos. Antes la gente solía grabar dos discos al año, incluso tres. Por eso, pienso que mi próximo disco, el sexto, va a ser como volver a empezar. Para mí, 5 fue una especie de álbum de transición, y ahora llega este Greatest Hits. Sin duda, el sexto álbum será como un nuevo comienzo, como otro primer disco. Ahora me siento más hambriento musicalmente hablando que hace once años, lo cual es genial, porque veo a muchos artistas que con el paso del tiempo han perdido la ilusión, y se les ve gordos y… A mí no me pasa eso. Tengo muchas cosas por hacer y por aprender, y un montón de música por crear.

Xavier Valiño

 

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