GALICIA CAMPUS ENTREVISTA OCEAN COLOUR SCENE

GALICIA CAMPUS ENTREVISTA OCEAN COLOUR SCENE

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Ocean Colour Scene, el sonido retro en los 90

 

Evidentemente, hay músicas para todas las edades. Las Spice Girls tienen su público y Ocean Colour Scene el suyo, como prueba, una vez más, su disco de grandes éxitos recién publicado. Lo suyo está basado en el folk-rock de los 60, siempre influenciados –en el sonido y en la estética- por el movimiento mod, el que va de los Who y los Small Faces a los Jam y Paul Séller, colega de toda la vida.  

Simon Fowler, su líder, defiende esta teoría. “Mira, no tengo ningún problema con las Spice Girls. Cuando era un chaval, me gustaban Gary Glitter y The Sweet, así que no tengo muchos prejuicios sobre el tema. Y poner a las Spice Girls en el mismo saco que Radiohead, Oasis o nosotros mismos es ridículo. Obviamente, se trata de algo para pasar el rato, ¿qué hay de malo en ello? Si los chavales no se lo pueden pasar bien sin ser criticados, ¿adónde llegaremos? Se trata de entretenimiento para niños.”  

La defensa está más que justificada. Ocean Colour Scene, grupo de éxito y considerables ventas, son criticados constantemente por dedicarse a reproducir un sonido del pasado, sin aportar nada nuevo. Tampoco es algo que le preocupe demasiado a nuestro interlocutor, ya que él mismo fue crítico musical en el pasado.  

Su carrera ascendente no fue, contra lo que pueda parecer, meteórica. Después del fracaso de su primer disco homónimo en 1991, pasaron bastantes años trabajando sin medios en su continuación, Moseley Shoals (1996), el disco con el que se dieron a conocer. Desde entonces han  editado Marchin’ Already (1997), B-Sides: Seasides & Freerides (caras B, 1977), One From The Modern (1999) y Mechanical Wonder (2001), discos efectivos de contenido similar.  

“No necesitamos a la prensa”, es el veredicto de Fowler. “Llegamos a las listas de éxito. La gente nos escuchó y les gustamos. Ésa es la única razón de nuestro éxito. ¡La otra es que somos un buen grupo! Da igual que a alguien en concreto le guste o no nuestro estilo de música, somos buenos en ello."  

Esa imagen que dan de sí mismos como gente honesta y arrogantes puede ser irritante, pero a la gente le gusta. Y buena parte de sus seguidores más acérrimos están en lugares como Irlanda, Escocia y España. Curiosamente, para él España no se asocia a lo más tópico, sino que tiene que ver con la geografía, la tradición e incluso la cultura de los pubs y los bares, que conecta con sus canciones, fáciles de cantar por la gente.  

“Ese tipo de reacción tiene que ser algo celta, aunque también son naciones de marineros, así que tienen sus tradiciones. En lugares como Irlanda, cantar en el pub es parte de la cultura, por eso reconocen la importancia de las canciones, las hacen  suyas y se dan cuenta de que no es nada estúpido.”  

         Olvidemos sus intentos como aprendiz de la sociología: la música de su grupo le debe mucho al folk-rock. Simon Fowler cita artistas como Joni Mitchell, Fairport Convention, o Neil Young. Curiosamente, compartía esa devoción con Linda McCartney, la mujer de Paul McCartney. "Sí, conocimos a Paul McCartney porque su hija y su mujer Linda solían poner nuestros discos en casa. Llegué a hablar con ella un buen rato y nuestro interés común resultó ser Neil Young. Ella era encantadora. Cuando coincidimos en el estudio con Paul para la grabación del tema “Come Together” para el disco benéfico Help no podía con los nervios. Creo que le llamé sir incluso antes de que lo hicieran caballero.”  

De todas formas, el elemento más importante en el éxito de Ocean Colour Scene, les guste o no, es su asociación con la nostalgia por un estilo de vida y un sonido, algo en lo que han seguido las huellas de Oasis y a lo que ha contribuido, y mucho, su amistad y colaboración con el padrino de los mods, Paul Weller. El guitarrista Steve Craddock y el bajista Damon Minichella han venido acompañándolo en numerosas actuaciones a lo largo de la pasada década y suelen aparecer juntos en proyectos conjuntos.  

         No es que fuera un movimiento oportunista: cuando empezaron a colaborar, Paul Weller estaba en el peor momento de su carrera, justo tras la  disolución de The Style Council. Pero su presencia fue crucial, sobre todo cuando la banda estaba a punto de arrojar la toalla. “Nos encontramos en el 91, al grabar nuestro primer disco. Para el segundo nos ayudó a encontrar nuestra propia estima, indicándonos que no se trataba de un pasatiempo, que era justo nuestro mayor temor. Nos dio mucho más de lo que él y todos creen. Si nuestro manager puede ser considerado el quinto miembro del grupo, Paul Weller es el sexto.”  

         Hoy en día no precisan de su apoyo, ya que sus discos posteriores han sido bien recibidos y su entusiasmo por dar conciertos permanece inalterable. Justo como dirían Gary Glitter, The Sweet e, incluso, las Spice Girls, el estrellato pop es como un novio veleidoso, y no lo importa lo más mínimo que seas una banda mod de añejo sonido folk-rock. 

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA JAMIROQUAI

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA JAMIROQUAI

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Jamiroquai, la discoteca espacial

 

Hasta ahora su obra se mide por el éxito. La odisea de diez años de Jamiroquai por la galaxia del funk ha generado cifras espectaculares. Los cuatro discos editados desde que surgió Jay Kay en 1992 del submundo del acid jazz de Londres han vendido unos 16 millones de álbumes. Si el popular Jay Kay hubiera sido menos consciente, ahora estaría en la luna con esas cifras arrolladoras. Los comentarios sobre su obra lo tienen bien puesto con los pies en la tierra. 

"El éxito es cuando veo a toda esa gente delante de mí pasándoselo bien y saber que tienes un buen disco entre las manos que a ti te gusta tanto como a ellos", comenta Jay. "Lo más importante de vender tanto es que ha sido en todo el mundo, no sólo en Inglaterra, hay todo un universo de gente ahí fuera. Yo quiero ser universal".

Ahora que edita su quinto disco A Funk Oddyssey, Jay comenta que tiene buenas razones para sentirse orgulloso del alcance democrático de su música. "No había ningún plan maestro cuando me metí en un estudio para grabar mi primer single en 1992, “When You Gonna Learn?”. Allí ya quedaba claro que le gustaba el funk, el soul, el rhythm & blues, el jazz y la música disco. "Fui muy criticado por tener un estilo propio, aunque a medida que las tendencias se han desintegrado y los prejuicios se han disipado, la música contemporánea ha sincronizado con mi onda".  

"Si Bootsy Collins y Gil Scott Heron te hacen una señal con el pulgar hacia arriba y figuras del hip hop contemporáneo como Guru, Busta Rhymes o Missy Elliot quieren trabajar conmigo, es que no lo debo estar haciendo muy mal".  

Jamiroquai -que escogió su nombre de la tribu de los irocos, para reflejar su propia empatía hacia su condición de desterrados y a su mentalidad por la tierra- debutó en 1992 con Emergency On Planet Earth.  

En estos momentos, a sus 31 años, aún mucho más joven que muchos artistas punteros de la música, él ya se ha retirado al campo, tiene a los periódicos pendientes de su vida sentimental, adora los coches de carreras, no tiene pelos en la lengua y todo ello le conforma en un principiante de superestrella pop.  

"Lo que la gente tiene que recordar es que soy una persona, un ser humano y que nadie es perfecto", dice Jay. "Yo sigo creciendo y en cierta manera sigo siendo un niño en mi corazón. Alguna gente evoluciona muy deprisa y otros muy despacio. Pero todo lo que escribo en una canción sigue siendo lo que quiero decir y sigo aferrándome a mis teorías sobre la vida. Además lo que hago no hace daño a nadie, absolutamente a nadie. Sólo espero que mis temas hagan ponerse en pie a la gente y que digan `me encanta esta canción´, `quiero bailarla´, o `me encanta lo que decía en ésa´, o `eso es justo lo que me pasó ayer´”.

A Funk Odyssey vuelve a atacar directamente a las piernas, empujando al baile. Esta vez cuenta con un empuje extra –es la primera vez que la banda ha utilizado la nueva sala de programación recién construida en el estudio de Jay en Buckinghamshire, donde han fusionado el funk orgánico y el robótico. "Además el nuevo guitarrista Rob Harris ha supuesto," dice Jay, "una diferencia importante y no sólo porque haya coescrito muchos de los temas. Ha sido muy divertido y estoy encantado con los resultados. Hemos evolucionado".

En el nuevo disco el estilo peculiar de Jamiroquai se mantiene en el funk del primer sencillo “Little L”. “Feels So Good” hace referencia a los buenos tiempos clásicos de la música disco y las pistas de baile se estremecerán toda la noche con “You Give Me Something”. “Corner Of The Earth” presenta arreglos latinos, algo bastante en boga.

"Creo que "Corner Of The Earth" es esencial", comenta Jay. "Resume dónde me encuentro realmente. Resume dónde estoy y creo que eso vale para cualquiera que esté en un lugar o en un momento en el que es feliz. En cierto sentido es una canción espiritual. Me siento muy orgulloso de ella, creo que a nivel lírico fluye y se entrelaza estupendamente. Creo que "You Give Me Something" y "Little L" también son muy buenos para un grupo como nosotros porque son sencillos y van al grano, son como una especie de himnos. "Picture Of My Life" es como su nombre indica, como yo me sentí en aquel momento. Para ser sincero tengo que decir que lloré cuando escribí la letra para que os hagáis una idea. Porque realmente me salió del corazón. Y eso es lo que siento cada vez que lo escucho."

En el nuevo siglo es difícil considerar los logros de Jamiroquai como parte de un género o como algo periférico a la escena principal. Hay que tener en cuenta que cuando Jay empezó era un chico blanco delgaducho que hacía música negra, con un estilo disco-funk y con mensajes hacia la ecología y la deuda en el tercer mundo. Diez años más tarde, la estrella más grande del rap es un chico blanco delgaducho, el disco y el funk están completamente rehabilitados y la nueva coalición contracultural está ahí fuera en las calles emitiendo mensajes ecológicos y contra la deuda del tercer mundo.  

En ese caso, A Funk Odyssey es un buen momento para liberar los buenos sentimientos. "Me gustaría que fuera un buen año musicalmente hablando", dice Jay. "No se me ocurre pensar en nada más que pueda querer ahora porque eso se apodera de tu vida. Pero me encanta la sensación de montaña rusa que esto implica y me siento bien con este disco" 

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA RAGE AGAINST THE MACHINE

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA RAGE AGAINST THE MACHINE

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


Rage Against The Machine, la amenaza continúa

 

         Furia contra la máquina, sí.  Tom Morello, Brad Wilk, Timmy Commerford y, por supuesto, Zack de la Rocha han sido hasta ahora Rage Against The Machine. Zack de la Rocha ha anunciado que deja la banda, al no satisfacer todas sus ambiciones.  

Así que es Tom Morello, a la falta de un vocalista que de la cara, quien tiene que defender su nuevo disco, Renegades, un álbum de versiones que van de Public Enemy a Paul Weller, de The Clash a Bruce Springsteen, de Eric B & Rakim a Afrika Bambaata, de MC5 a The Stooges, de Rolling Stones a Bob Dylan.   

– ¿Sabías que Zack iba a dejar el grupo?

– No, lo escuché directamente de él cuando me llamó, el mismo día que hizo pública su declaración.  

– ¿No  es algo extraño un disco de versiones y más en este instante?

         – Sí. Aunque he de decir que la banda no se ha separado. Tenemos que decidir qué vamos a hacer. Zack había estado tomándose su tiempo para trabajar en otros proyectos. En lo que respecta a nuestra vida diaria, no hay mucha diferencia.  

– ¿En algún momento pensasteis en dejarlo?

– Zack pensaba que su contribución no era reconocida por nosotros tres, cuando había escrito la mitad de las canciones de discos anteriores. Sólo buscaba reconocimiento, no dinero ni mayor protagonismo. Así que, en nuestro último disco, nos centramos en la música y él en las letras. Al final fue un proceso mucho más saludable que en el pasado. No veo ninguna razón para no continuar, sobre todo porque hemos superado gran parte de las tensiones. No creo que en el fondo de nuestros corazones quisiéramos destruir el don por el que hemos luchado. Quiero decir que podíamos haber vendido dos o tres veces más que nuestro primer disco, pero eso nos hubiera destruido. La tensión creativa es parte fundamental de nuestra química y no la cambiaría por nada.  

– ¿Tiene algo que ver con la idea inicial de no hacer videos?

– Discutimos sobre si deberíamos hacer videos para que la gente asimilara información. Al principio nos oponíamos, y creo que fue la decisión correcta. ¿Se percibirían nuestras acciones de la misma manera si hubiéramos vendido siete millones de discos sin más? No lo creo. Ahí es donde Zack y yo no coincidíamos. Tenemos una forma de pensar diferente sobre cómo dirigir nuestras opiniones. Pero después estamos de acuerdo en casi todo lo demás. Al final el enfrentamiento nos ha ayudado.  

– ¿Y la idea de no conceder entrevistas durante varios años?

– Una de las cosas que quería asegurar era la protección de la integridad del grupo. Que hablábamos de lo que hablábamos en lugar de sólo hablar. Tratamos con una monstruosa cultura pop que tiene una tendencia a domesticar y hacer todo más digerible. Le ha pasado a tantas bandas en el pasado… Es importante que los artistas de nuestra posición prediquen con el ejemplo de que hay una línea muy fina entre la promoción de un producto y la promoción de una idea. Así que para proteger nuestra integridad decidimos contenernos.  

– Ya habéis creado escuela. Sin vosotros no existirían Korn, Limp Bizkit, Molotov o grupos españoles como Superskunk.

– Da la casualidad de que hemos sido un grupo que hemos creado un espacio abierto dentro de la música pop y que hemos intentando poner en marcha una nueva era en la que más voces disidentes en la música comercial puedan formar parte de un nuevo diálogo. De todas formas, por cada Nirvana hay 10 o 15 Bush o quién quiera que sean y tras Rage Against The Machine han aparecido unos cuantos grupos no tan buenos. Me sorprendo cuando pongo la radio y escucho clones nuestros de sexta generación. Cuando empezamos éramos lo más radical. El vocabulario físico de un líder ha sido definido por Zack.  

– Siempre os ha rodeado el aura de ser una banda especial.

– Para nuestro primer concierto en 1991, después de ensayar durante tres meses, decidimos fastidiar a las compañías y vender nuestras propias cintas. La reacción del público fue tan intensa que se convirtió en una celebración de la frustración y la rabia. Fue una sensación increíble. Me di cuenta de que teníamos algo especial y que podíamos llevar las cosas más allá. No hay nada igual. Pero no es que nos levantemos y rompamos el cartón de leche sólo porque no conseguimos abrirlo. Aunque el hecho de que no somos el típico grupo crea una mística alrededor de nosotros que es algo bueno. Siempre es más fácil hablar de política que de ti mismo.  

– ¿Hay algo más que la gente no alcanza a ver?

– Aunque nuestro trabajo es siempre jodidamente serio, en el día a día puede verse que lo hacemos divirtiéndonos. No siempre hay un sentimiento político tan fuerte. Eso es lo que el público ve, justo lo opuesto a la banalidad de lo que sucede en los camerinos.  

– Aunque no tenéis que ver en ello, hay parte del público que sólo busca diversión con vuestras canciones.

– Sí, pero nosotros no nos escondemos. No es que disculpe a esa gente, la que sólo viene por la música. Sucede que en el mundo de la cultura hay mucho rock, y dentro hay mucho rock misógino y mucho rock escapista. Y hay muy poco rock que sea auténtica música de rebeldía. Así que creo que es necesario que esté ahí, emitiendo por lo menos desde nuestros amplificadores.  

– ¿Y cómo os enfrentáis al hecho de que todos los periodistas tengan que preguntaros por la contradicción entre vuestra rebeldía contra el sistema y la utilización de una multinacional?

– Entiendo por qué lo preguntan, y creo que se debe a que destacamos por nuestra posición política. Una pregunta mejor sería a los otros grupos que están en multinacionales: “¿Por qué no hacéis algo con la gran exposición pública que tenéis para lograr algún tipo de cambio?” Mejor eso que atacar a un grupo que lo está haciendo para conseguir unos objetivos políticos. ¿Por qué no dirigirse a quién no lo hace?  

Xavier Valiño

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA BUENA VIDA

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA BUENA VIDA

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


La Buena Vida:  «La música es una fe»

        El sexteto donostiarra edita hoy un quinto álbum exquisito en línea con su filosofía: «Cuando componer se convierte en industria, algo falla».

 Tras vender una media de casi diez mil copias de cada uno de sus exquisitos discos de pop melancólico, el sexteto donostiarra edita hoy su quinto trabajo, Hallelujah, en la independiente madrileña Siesta, que afronta el lanzamiento más ambicioso de su trayectoria.

La Buena Vida, junto a los desaparecidos Le Mans, destacaron en el denominado Donosti sound de los 90. Compartían la dispersión geográfica de sus miembros, el desprecio de la industria musical vasca, el amor por el pop francés de los 60, similares argumentos sentimentales y adolescentes y una ejecución instrumental que, desde el minimalismo, evolucionó hasta el autoexigente barroquismo.

En este estadio se hallan en estos momentos La Buena Vida. Hallelujah es un álbum sobresaliente, un listado de grandes composiciones dotadas de lujo y sensibilidad orquestal que, sin embargo, no pierden la complicidad del pop. Un repertorio que mantiene su madurez sin sofocar su emotividad juvenil.

Melancólicos, líricos, cotidianos y cosmopolitas, tan arrobadores como Vainica Doble, Nick Cave, Tindersticks, Pauline En La Playa, The Smiths o Francoise Hardy, La Buena Vida tratan de llamar la atención del gran público con la voz susurrante de la dulce Irantzu Valencia.

Raúl, el batería, y Pedro, el bajista, contestan compenetrados a nuestro cuestionario, en estos momentos inciertos: ¿El gran público descubrirá sus canciones de mesa camilla perfectas para el otoño o los donostiarras continuarán elaborando orfebrería pop para varios miles de escogidos?

¿Pensabais llegar tan lejos?

No. Nuestra intención desde el comienzo era disfrutar, grabar discos y componer buenas canciones. Queríamos realizarnos musicalmente y hacer algo que nos enorgulleciera. Caminamos poco a poco y el primer objetivo fue grabar una maqueta. Luego, comprar los instrumentos, pues al principio nos los prestaron.

¿Conserváis aún las ganas?

Son diferentes. No eres el mismo con 20 que con 28 años, pero sí existe un espíritu común que te mueve a tocar, grabar, componer… Eso sigue como antes. Ahora nos gusta actuar en lugares más grandes, disponer de mayores medios de grabación…

– Siesta divulga que sois normales y vestís discretamente.

Jo, jo, jo… Si normal significa tomarse unas cañas y un pincho de tortilla, sí, lo somos. Somos burgueses, como el 80% de la población española. Vestimos bien, muy bien, pero ni hemos creado imagen, ni nos preocupamos por ella.

Encaráis la etapa más ambiciosa de vuestra carrera. Edición a lo grande y gira de 25 fechas por toda España.

Sin duda. Ahora tenemos manager y una persona dedicada en exclusiva a la promoción.

¿Es la primera vez que contáis con mánager?

No, pero antes estábamos dispuestos sólo para conciertos esporádicos y actuábamos únicamente ciertos fines de semana. En el tercer disco, Soidemersol, estuvimos en Get In (importante promotora guipuzcoana que lleva a La Oreja de Van Gogh y M-Clan) y nos organizaron eventos sobredimensionados. Quisieron repetir lo de La Oreja, con recitales gigantes, y éramos un grupo medio, no de superestructuras de 200.000 discos. Llegamos a aparecer en las fiestas de Cullera. Era una situación surrealista. Incluso dimos conciertos sin cobrar un duro.

Vuestro sello afronta una gira muy extensa y una promoción intensa. ¿Tiene tanto dinero?

Ha gastado en la grabación lo que no gastaría una multinacional. Siesta no saca la tijera y, si pedimos una orquesta, la consiguen. Dan importancia al disco y buscan calidad. Al encontrarse un producto tan bueno, han decidido apostar.

Los capos de Siesta, Manuel y Mateo, ¿viven del sello o es un hobbie?

Uno es farmacéutico y otro ingeniero de minas. Se han visto superados por el trabajo de Siesta y han ampliado el negocio. Se han dado cuenta de que, después de nueve años, es hora de apostar.

Vosotros también hicistéis una gran apuesta con el tercer CD, Soidemersol, editado en la multinacional PolyGram, y fracasó.

Invirtieron en la grabación, pero la promoción no corrió acorde con ese montaje. Incumplieron promesas y ni siquiera nos colocaron en El Corte Inglés. Prefirieron llevar a Ismael Serrano. Además, en esas fechas echaron a todo el organigrama que nos fichó y llegó otra persona que no confiaba en nosotros. Las multis son como dinosaurios y se mueven por inercia. Tienen su cuota de mercado, conocen el perfil de cada grupo y así baja la calidad musical en España.

Sí, es una vergüenza que DRO tenga a Mojinos Eskozíos porque venden 150.000 copias.

Ya, han estudiado el mercado y supongo que a DRO, que forma parte de una multinacional, le viene la orden de arriba. Cuando la música se convierte en industria, algo falla. No pedimos romanticismo, pero sí no ser vulgar.

¿Cómo os librasteis del contrato con PolyGram?

Fue la crónica de una muerte anunciada. A nadie le interesaba otro álbum. ¿Para qué? Además, nuestras grabaciones no son baratas. Como grupo, damos cierta categoría a cualquier catálogo y tenemos un público fiel. De La Buena Vida se ha escrito mucho y bien, pero se nos ha oído poco y la gente no puede llegar a ninguna conclusión. De Soidimersol se habló y se habló, pero no sonó en ninguna radio. Ahí está el problema.

¿Cómo se graba con una orquesta de Praga?

Sobre las maquetas se meten líneas de orquesta en sintetizador. Las hizo Joserra Semperena, teclista de Duncan Dhu, un tío buenísimo. Cogió todas nuestras ideas y armonizó nuestras líneas de arreglos. Terminadas las canciones, fuimos a Praga con la partitura y topamos con unos fenómenos. Era un estudio gigante preparado para el cine, con el sistema THX de Lucas. Eso sí, son músicos del Este y tocan exactamente lo que viene en la partitura. No les pidas ‘dale un poco más swing a la tromba’.

¿El gran valor de La Buena Vida es la voz de Irantzu?

Sin duda. Nos diferencia de otros grupos y le da personalidad. Sin ella, no seríamos lo mismo.

¿Qué inspira vuestras letras? ¿El amor?

Casi todos son temas universales. Emociones. La mayoría de la gente escribe de lo mismo. Hemos evolucionado en general, y más en las letras, que cada vez nos importan y trabajamos con mayor afán. Es la primera vez que las reproducimos en el CD. Yo antes flipaba con las de Tom Waits, y ahora con las de Nick Cave.

Gracias a ellas podéis llegar al gran público, pero sin explotar.

Se trata de explorar los sentidos. Debes pasar del ‘I love you, yeah’ a algo que emocione, pero no hay que confundir música y literatura. Si quieres escribir de verdad, haz versos, novela o lo que sea.

La portada es del reputado Javier Aramburu. ¿Le pagáis?

Cobra un montón y es un profesional como la copa de un pino. Aramburu rechaza muchos encargos y crece como un fuera de serie. Primero escucha el disco, intenta captar los sentimientos y refleja lo que va dentro. Cuando te explica cómo ha visto el álbum, te asusta hasta qué punto sabe trasladarlo a un dibujo.

La Buena Vida actúa poco. ¿Os asusta el directo?

No. Tenemos muchas ganas. Es algo pendiente con la gente y nos vamos a soltar con esta gira. Iremos con la orquesta pregrabada, porque ya hemos viajado antes con músicos mercenarios y alguno parecía funcionario. Tuvimos gente que miraba su agenda y el móvil mientras tocaba el violín.

¿Seguiréis tomando la música como un divertimento?

Hemos dado nuestra vida por esto. La música es una fe y aspiramos a lo máximo.

Quería decir que si seguiréis al margen del negocio para evitar contaminar vuestra música.

Eso está claro. Además, se pueden vender muchos discos con este espíritu. Hemos tenido la suerte de grabar cinco álbumes cómo y cuándo queríamos. Somos muy celosos en eso y no dejamos que nadie interfiera en la música. Un día hablamos con Warner, les dijimos que haríamos un trabajo con orquesta, y saltaron: ‘¿Con orquesta de dos kilos? ¡Meted un teclado!’. Si te dicen eso al empezar, ¿qué pedirán en lo demás?

Xavier Valiño / DV

 

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA REM

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA REM

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


R.E.M. «Nunca miramos atrás»

     Rebobinemos hasta octubre del 97. Los días en que peligró el futuro de REM, la banda que supo convertirse en el mejor grupo para todos los públicos sin dejarse su integridad en el camino. Diecisiete años después de su formación en Athens (Georgia), el batería Mike Mills comunicó su deseo de abandonar, dilapidando meses de trabajo en la gestación del decimocuarto trabajo de la formación, Up. 

En medio de la crisis, salieron del atolladero completando aquel estimable disco de corte experimental, denso y un punto tecnológico con el que reaccionaron contra las claves de su popularidad. Refundados como trío, los nuevos REM no recordaban siquiera levemente a la banda que fuera el epítome del rock americano de los ochenta. Tampoco al grupo que encaró la pasada década triunfando en todo el globo con Losing my religion, sin por ello dejar de ser un modelo de actitud para varias generaciones de bandas alternativas.  


          Aunque sus ventas recientes no están a la altura de su millonario contrato discográfico –más de 11.000 millones–, REM siguen sin ceder a presiones comerciales. Podría parecerlo ante su nuevo sencillo, Imitation of life (puro REM), pero el resto de su nuevo álbum –Reveal– devuelve a una banda que busca la redención en la recuperación de su propia identidad.

Ejercicio de frescura  

Renacidos como grupo al uso con la ayuda de viejos asalariados de lujo como Joey Waronker (Beck), Scott McCauhgey (Young Fresh Fellows) y Ken Stringfellow (Posies), se han marcado un ejercicio de frescura desde la fidelidad a las esencias de unos dinosaurios en buena forma, pese a esas dos décadas de andadura.

Grabado en Vancouver, Dublin, Miami y Athens, Reveal es un disco luminoso y, a la vez, meditativo. Un trabajo abrillantado con delicados arreglos de cuerdas y metales, melodías y sutiles cajas de ritmos sobre la formación clásica de guitarra, bajo y batería. Todo al servicio tanto de canciones «luminosas y veraniegas» (Stipe habla así de Beachball o de ese plagio velado a los Beach Boys que es Summer turns to high), como a tupidas piezas etéreas a medio tiempo o reflexiones campestres de tono enigmático y descreído.


¿Qué habéis tratado de revelar con Reveal?

– Michael Stipe: No hay un mensaje concreto. En Up, éramos tres tíos trabajando en un disco; ahora somos de nuevo una banda. Nuestra intención principal era ir más allá como grupo de lo que habíamos hecho en las actuaciones. Quería que pareciera un disco de verano, el típico álbum que puedes ponerlo como acompañamiento de fondo y que nunca tienes ganas de cambiar. Música que escuchas casi sin darte cuenta de que está ahí. Las canciones son más concisas. Con el último álbum, lo hicimos lo mejor que pudimos, pero ahora es cuando hemos podido levantar la voz de nuevo, musicalmente hablando. Hemos grabado tocando juntos en el estudio, y ello le ha dado al disco un aire más cálido y cercano.

– Peter Buck: Acabábamos de finalizar la última gira con Joey (Waronker), Scott (McCaughey) y Ken (Stringfellow) y nos sentíamos como un auténtico grupo. Son el tipo de tíos con los que te puedes encerrar en un estudio a componer. Hubo una comunicación muy natural, ya que nos conocemos desde hace mucho Con Scott tocamos desde el 85 y a Ken le conozco desde hace más de diez años. Desde el principio, tuvimos el tipo de canciones que queríamos para este disco. Eso le ha dado la unidad que quizá Up no tenía.  


¿Tan traumático fue el abandono de Bill Berry? ¿Pensasteis en la separación de REM?

– P. B.: Teníamos una banda desde siempre y todo cambió de un día para otro. Up se grabó en medio de un pequeño caos, pero nunca llegué e pensar en una separación. La música me seguía apasionando y no estaba dispuesto a irme a casa sin tratar de buscar una solución.

– M. S.: Quizá los demás opinen otra cosa, pero sentí que el grupo se acababa. Tenía la sensación de que íbamos a grabar un gran disco y, de repente, Bill anunció que se iba, las relaciones se enturbiaron y todo se volvió confuso. No es algo de lo que me guste hablar. Me resulta embarazoso, me siento como el típico rockero contando al Rolling Stone problemas y terapias que a nadie le interesan. Por fortuna, descubrimos que nuestra amistad es lo que sostiene el trabajo de toda una vida.

¿Que ha inspirado esos textos tan escépticos ¿Hay alguna sensación concreta que hayáis tratado de abordar en Reveal?

– M.S. Dejé de pensar y me dejé llevar; creo que esa es la forma más pura de expresión. Es como compuse alguna de las canciones más conocidas de REM. Al menos ocho de las canciones están hechas así: me he guiado por mi instinto más que nunca. Escribo de cosas íntimas pero que reflejan las inquietudes espirituales . Creo que ese escepticismo es un equilibrio entre lo real y lo irreal, entre el idealismo y el cinismo. Un equilibrio que entronca con la vieja separación entre el cuerpo, la mente y el espíritu.

Con vuestros últimos discos habéis perdido a muchos de vuestros viejos fans. ¿Tratáis de recuperarlos volviendo a un sonido más clásico?

– P. B.: No veo este disco como una rectificación, sino como un paso adelante. No es un álbum fácil, pero estoy muy contento con su sonido. Perdemos fans con cada álbum, pero también ganamos otros nuevos. Puede que tenga un sonido más clásico y melódico, pero hemos utilizado también mucha tecnología actual. La misma que Puff Daddy, pero de otra manera. Me gustan todos esos aparatos antiguos, tengo una habitación llena de esos juguetes. A veces me preguntan de dónde he sacado un sonido y les contesto que de un cacharro que compré de segunda mano por 99 pavos.

– M. S.: Las ideas que manejo para una canción no siempre tienen que ver con el pop típico. Trato de llevar las ideas al límite y eso me conduce a veces al terreno más experimental. Oigo música electrónica y lo que ahora hacen grupos que admiro como Radiohead, pero, como banda, tratamos de evolucionar sin perder nuestras señas de identidad.  


Hay temas casi folkies, como Turns to High o She wants to be, que recuerdan vuestro pasado independiente.

– M. S.: Sí, hay algunas canciones lentas y algo lánguidas. Es inevitable que en nuestras canciones haya elementos de nuestros primeros discos, pero no es algo consciente, ya que tratamos de ir siempre todo lo lejos que podemos sin mirar nunca atrás. Nuestros últimos discos reflejan lo que somos ahora, pero supongo que tenemos un estilo.  

Contra la rutina


El primer single es algo confuso, más rápido y pegadizo que el resto del disco.

– P. B.: Es la única canción con el típico sonido REM. Ni siquiera la íbamos a meter, porque no queríamos hacer un disco con el sonido de siempre, pero la compañía la escuchó, les encantó y decidieron sacarla como single. Tuvimos que cortarla porque, originalmente, duraba más de seis minutos. Mi favorita es un tema muy poco popular. Saturn Return; tiene unas melodías muy hermosas. Creo que representa muy bien a los Rem de 2001.


Habéis tocado ya estas canciones en directo. ¿Cómo las ha recibido el público?

– M.S.: La reacción ha sido muy buena, sobre todo, teniendo en cuenta que no es un disco fácil. Es un desafío poner enfrente del público canciones en las que has estado trabajando aislado durante año y medio. Cambia por completo tu perspectiva.

¿Vais a salir de gira este año?

– P.B.: Nos encanta tocar en directo, pero es agotador y cada vez más complicado. Una gira larga es un compromiso para nosotros. Hemos ido echando raíces con el paso del tiempo. Hicimos muchas giras en los ochenta, así que en los últimos tiempos hemos decidido no meternos en tantas. Nos gusta que nuestros conciertos sean algo especial y no podemos estar girando con cada disco; todo se volvería demasiado rutinario.


¿Cuál es el secreto para tener un gran contrato discográfico y hacer al mismo tiempo discos para una amplia minoría?

– M. S.: No puedes pensar en la gente cuando compones. Tienes que abstraerte. Si lo que la gente de 19 años quiere es lo que suena en la radio, yo no voy a dárselo. Intentamos hacer el disco perfecto y todavía no lo hemos conseguido.  

Xavier Valiño

 

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