ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON OS DIPLOMÁTICOS DE MONTE-ALTO

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON OS DIPLOMÁTICOS DE MONTE-ALTO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Os Diplomáticos de Monte-Alto, surcando todos los mares

 

 

Capetón es el último disco de Os Diplomáticos de Monte-Alto, en homenaje a los marineros gallegos y sus andanzas por los mares de todo el mundo. Xurxo Souto nos habla de su disco y de otras muchas cosas, como era de esperar en un ser tan prolífico y parlanchín.

 

¿Cómo ha ido vuestro último disco?

– Ha sido un proceso largo. Primero fue Fumareu, libro que se acompañaba de un CD con cinco canciones, y que trataba de recoger historias que escuchamos en ruta, para después musicarlo. Lo que se intenta con todo ello es ampliar el ámbito de Galicia, extendida por todos los océanos. Para finalizar, haremos un musical en sentido escénico con Capetón.

 

También acabas de editar una primera novela.

– Mi tercer libro, O retorno dos homes mariños, primera novela, después de los dos libros A tralla y a arroutada y Fumareu. Trato de reivindicar A Coruña como un espectro en el medio del Atlántico y como ciudad abierta a todos los mares, de donde salían los emigrantes gritando aquello de ‘Aí vos quedades, aí vos quedades, entre curas, frades e militares’. Y también reivindicarla como ciudad en donde ocurren cosas extraordinarias. Te pondré varios ejemplos. El primero, un recuerdo de la infancia: el hundimiento del petrolero Urquiola. El segundo, un recuerdo de la adolescencia: el hundimiento del Mar Egeo. Más tarde, un vertedero que cae al mar y, después, una plataforma petrolífera que aparca mal, en doble fila, en la parte de la Torre de Hércules. En ese contexto aparecen los hombres marinos, que fueron vistos por primera vez por un cardenal en el siglo XVI.

 

¿Te parece que ahora habéis conseguido acercaros definitivamente a un sonido que tiene más de popular que de rockero?

– No es algo intencionado, sino que surge precisamente de viajar y entrar en contacto con otras gentes, que es lo fundamental de tener una banda o de escribir: conocer historias y poner en contacto las dos esquinas de Galicia, Ribadeo y Baiona.

 

¿No os resulta curioso que ésa sea la misma evolución que siguió Manu Chao?

         – Puede, pero hay una diferencia fundamental: la espacial. Nosotros intentamos relacionar lo que tenemos cerca mientras que la geografía de Manu Chao pasa por relacionar Galicia con Brasil o con México.

 

Hace nueve años, cuando hablamos por primera vez, me comentaste que una de tus máximas ilusiones sería contactar con Manu Chao y Fermín Muguruza. ¿Cómo fueron esos encuentros? ¿Te decepcionaron?

– Sí, ya me había olvidado. Ahora hay una relación más intensa, de amistad, con Manu Chao. Tengo una historia curiosa: cuando el padre me pasó su teléfono en Madrid, lo llamé desde mi programa de radio para saludarlo en directo y realmente se enfadó. Después, de nuestra relación nace un sueño como A Feira das Mentiras. De hecho, nuestra propia compañía Fonomusic me ha pedido que haga una selección de músicas bravús extendidas polo mundo, y voy a tomar como base las bandas que estuvieron allí. Con Fermín, más que una relación tan fecunda, lo que existe es una relación con Euskadi, que es una tierra similar a la nuestra. La idea es relacionar países pequeños que hacen música con una identidad, con los escasos medios que tienen y que están enriqueciendo la cultura del planeta. Algo así pasó con Mau Mau del Piamonte, que acabaron grabando una canción en gallego.

 

¿Y Manolo Rivas?

– La relación con él fue curiosa. Manolo Rivas nació también en el barrio de Monte-Alto, pero no nos conocíamos. Un día me ofreció trabajar en el periódico El Sol de Madrid, donde me tocó cubrir los sucesos, y ahí descubrí que no quería ser periodista. Después sentimos una afinidad y, para la presentación da su novela En salvaxe compaña, definimos el término ‘punkismo mágico’, que tiene mucho que ver con la épica del mar y el presente frustrante de refinerías y petroleros, y nosotros que tenemos que vivir en esa vorágine dramática, aunque a la vez totalmente creativa. Más tarde, nos pidieron que hiciéramos conjuntamente el pregón de las fiestas del barrio de Monte-Alto y ahora le hemos ayudado a presentar el libro Ela, maldita alma.

 

¿Que diferencia puede haber entre toda esta gente y aquella de las charangas y de los pueblos que también vas encontrando por el camino?

– Lo cierto es que, cuando hablamos del rock’n’roll, hay siempre una visión de industria, excepto gente como Manu Chao o Fermín Muguruza, que decidieron vivir al margen de la industria. Pero las relaciones que funcionan son siempre las de amistad. Desde que Jesús Ordovás nos habló de los Mau Mau, ya han estado aquí, grabaron en gallego, participaron en el nuevo disco de Manu Chao… El otro día fui a entrevistar a Compay Segundo con la señora Josefa de Bastavales, una panderetera mayor, y Compay nos cantó canciones en gallego que escuchaba en Cuba. Hay que tejer más hilos de comunicación con lugares como Portugal, de los que no sabemos casi nada.

 

¿Cuál de tus actividades -radio, TV, prensa escrita, músico- es la que te llena más?

         – Todas son complementarias, pero lo que más me llena es escribir. Cuando se estrenó La lengua de las mariposas, su director, José Luis Cuerda, nos decía que los gallegos no teníamos ningún mérito, ya que nos llegaba con escribir lo que se cuenta por los bares. A él le conté la historia del tío Faluco, que se embarcó una vez para Brasil y, a los dos días, estaba jugando al tute en su pueblo, Malpica. La razón era que su mujer lo había llamado al barco pidiéndole que volviera, ya que el gato había dejado de hablar. Como moría de la pena, el hombre se montó en un helicóptero y el gato, cuando llegó a casa, lo saludó con un: ‘¡Qué viva el tío Faluco! ¡Qué viva Muxía! ¡Qué viva la Virgen de la Barca!’. Todas estas historias tienen una musicalidad, y a esto se suma una nueva generación que tuvo la oportunidad de formarse en gallego.

 

¿Notas alguna evolución en estos últimos años en la sociedad gallega?

         – Total. Hasta ahora la cultura oficial se hacía en castellano y el gallego no tenía más que unos medios marginales. La gente nueva funde esa tradición con el toque salvaje del rock.

 

También me comentaste alguna vez que los Diplomáticos no bajaron su caché en una ocasión para que no os identificaran con una fuerza política. ¿Te posicionarías políticamente si te lo pidieran para algún acto a título particular?

– Sin ningún problema, pero no como grupo. Lo que sucede es que se está empleando mal el término nacionalismo, tendiendo a identificarlo con el chauvinismo e incluso con el fascismo, y creo que intencionadamente. Los que nos consideramos nacionalistas no pensamos que una cultura es mejor que las otras, sino que todas son igual de importantes, y ésa es la diferencia.

 

¿Crees que los vascos y los catalanes han conseguido más en estos años de autonomía y que desde aquí no se reivindica nada, aparentando que los gallegos somos conformistas?

         – Ése es otro debate, el de entender el nacionalismo como una reivindicación decimonónica de lo que es un Estado, que no me interesa nada, frente a la idea central de la autodeterminación, que sí que es algo radical.

 

¿Tiendes a identificarte más con los portugueses que con el Sur de España?

         – Es normal, ya que la relación con Portugal, aunque no oficial, siempre estuvo ahí. Ahora acabo de descubrir un muchacho angoleño, Alberto Mundi, que vive en Goiáns y que hace justo lo contrario de lo que hizo Zeca Afonso, que fue a Mozambique e introdujo aquella música en la occidental veinte años de que Paul Simon lo hiciera con Graceland.

 

En cuanto al bravú, lo que más me llama la atención es que me dicen constantemente que ya no tienen tanta fuerza como la que tuvo.

– Objetiva y mediáticamente es así, ya que tuvo un tirón inicial fuerte y luego fue disipándose. Lo maravilloso fue que un invento de unos chavales, en una cena en una aldea, de cultura desde abajo, sin subvenciones, tuviera tanta repercusión. Todo eso llevó a poner en contacto a gente: conocer a marineros, al chaval angoleño, a los Mau Mau, a Manu Chao… El futuro depende de los artistas y no del bravú, que no fue una institución, y hoy sigue incorporándose gente, empleando ese recurso de la comunicación. Lo que debe hacer la gente joven, entiendo, es organizarse como nosotros hicimos.

 

Por último, ¿es Os Diplomáticos un proyecto de larga vida?

– El momento de Os Diplomáticos ya pasó, entiendo. Ya hicimos lo que teníamos que hacer: romper con el tópico de que en A Coruña no se hablaba gallego y crear un vínculo de comunicación con otra gente que es el bravú. El proyecto de Os Diplomáticos ya debería estar acabado, pero la propia dinámica nos pide hacer más cosas. Ahora estamos con la idea del musical, pero ya se ha establecido una amistad y ganas de seguir, y veremos si hay más necesidad de continuar. Deberían llegar nuevas bandas y tener nosotros un relevo, para mantener la creatividad de esta pequeña cultura del fin del mundo.

 

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON AMPARANOIA

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON AMPARANOIA

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ENTREVISTAS 1999


Amparanoia, la voz versátil

 

 

Lo de Amparo no deja de ser simpático, cuando menos. Sus primeros gorgoritos ya tenían al blues y a artistas como Janis Joplin y Billie Holliday como referencia. Así estuvo un buen tiempo cantando en todos los garitos que le dejaban, demostrando lo que puede hacer su portentosa voz, y paseándose por los estudios de grabación. De todas formas, pocos se enteraron. Un buen día hizo las maletas y se marchó a Madrid, donde descubrió los ritmos latinos. Y todo cambió. Ahora presenta su segundo disco, Furia Furiosa, en el San Froilán.

 

– ¿Cómo llegaste a grabar con Amaparo & The Gang?

– "Sí, empecé a cantar hace unos once años, aunque el primer disco que grabé fue precisamente el de Amparo & The Gang. A la grabación llegué a través de Servando Carballar, que era el director del sello La Fábrica Magnética. Primero le llegó una maqueta a sus manos, después vino a verme en directo y me fichó. Y de ahí a aquel disco."

 

– Aquella banda tenía más influencias blues, ¿no?

– "Sí, estábamos más centrados en el blues, y también en la música negra. Yo estuve muchos años cantando música americana. Así en el primer disco había un reparto entre temas míos, clásicos de James Taylor, Johnny Winter y Ray Charles y, además, temas del compositor de 091, José Ignacio García Lapido. A él lo conocía desde hacía bastante tiempo y cuando surgió la oportunidad de grabar el disco me dijo que quería hacer unos temas para mí."

 

– ¿Cómo fue la aventura anterior, Amparanos del Blues?

– "También era una formación de blues en la que tocábamos clásicos, temas de Amparo And The Gang e, incluso, llegamos a tocar en Galicia con aquella formación. Hicimos muchas cosas con aquella formación por España, y tocamos también en Marsella o Marruecos. Era otra historia, a base de versiones. Ahora ya no compagino las dos: Amparanoia ocupa todo mi tiempo."

 

– En el primer disco las dos referencias más claras eran Billie Holliday y Antonio Machín. ¿No crees que este último nombre despistará a quien te seguía antes?

– "Lo que pasa es que ha habido un cambio y una evolución que yo considero positivos. He dejado a un lado la música negra para empezar a descubrir ritmos más latinos, mediterráneos y mejicanos. Y Machín, que era la música que escuchaban mis padres, tenía bastante que ver con los ritmos de son, de rumba o de bolero que en mi disco se reflejan. Billie Holiday, por otra parte, es mi maestra."

 

– ¿Y el contacto con Manu Chao de Mano Negra?

– "Sucedió que llegó a vivir a Madrid en el mismo momento que yo, cuando me fui de Granada. Nos conocimos en el barrio de Malasaña, tocamos juntos, salimos de marcha y surgió una amistad fuerte a través del punto de unión que es la música. Y al grabar el disco quiso estar también allí, de invitado."   

 

– ¿Y la versión de Eddy Grant "La semana"?

– "La elegí porque los Clash hacen una versión de esa canción que titulan "Police On My Back" en su disco "Sandinista", y The Clash siempre fueron uno de mis grupos favoritos. Además, estaba habitualmente en el repertorio y tenía que estar hay dentro en el disco. En directo también hacemos "La pared" de Bambino."   

 

– ¿Qué músicos te acompañan en directo, los mismos del disco?

– "Sí, hay una banda base que somos siete personas y luego si hay presupuesto y el escenario es grande, llevamos más gente. El guitarrista Robert Johnson es irlandés y vive en Granada. A mí me acompaña desde hace unos tres años."

 

¿Y cómo surgió lo de tocar en Marruecos?

– "Salió por casualidad, como salen la mayoría de las cosas. Unos músicos necesitaban una cantante para un bar que se llama Villa Fandango. Yo llegué allí el primer año, sin conocer a nadie, y me hice un buen montón de amigos. Desde entonces voy todos los años, desde hace unos cuatro, como una semana. Veo a mis amigos marroquíes y canto. El repertorio es un poco especial: un año preparé clásicos de jazz, otro blues, otro acústico… Cada año preparo una cosa."

 

¿Crees que tu voz puede lucir más con el blues que con estos nuevos ritmos?

– "No lo sé. No pienso que el estilo tenga nada que ver. Es el sentimiento, lo que tengas que comunicar, lo que tengas que decir. En mi caso llegó un momento que como cantante de blues ya no tenía más que decir y cantando esto considero que sí. La respuesta es mucho mayor ahora, porque el repertorio es mucho más festivo y popular y emociona a la gente."

 

¿Piensas que este tipo de música está bastante indefinido en España, que las emisoras no saben muy bien como encajarlo?

– "Creo que es un disco que se puede pinchar en diferentes tipos de emisoras, y que puede llegar a mucha gente distinta. La única pretensión es llegar a la mayor cantidad de gente posible y que lo disfruten. En tal caso los prejuicios los tienen ellos, yo no tengo ninguno. Y se trata de ir abriendo camino."

 

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON HANK

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON HANK

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ENTREVISTAS 1999


Hank, hermano pop

 

 

         A la espera de nuevo material de Del-Tonos, el supuesto hermano de Hendrix Roever, líder del grupo cántabro, lo intenta de nuevo con un segundo disco de agradecido power-pop.

 

¿Lo de melodía más distorsión al cuadrado pretende facilitar las cosas a la gente?

– Evidentemente. Eso de que una canción vale más que mil palabras no es suficiente, así que al mismo tiempo hay explicarlo un poco con palabras. Esa fórmula es lo suficientemente variable como para que se ajuste a todo tipo de canciones.

 

Pocas veces una etiqueta estuvo tan bien elegida, ¿no?

– Si lo tomamos en serio, más que una definición o una etiqueta, de lo que se trata en este caso es de una fórmula, la fórmula del rock.

 

¿Es necesario ubicarse uno mismo antes de que lo hagan los demás?

– A mí me gusta la música en general y me gusta inventarme grupos distintos para hacer músicas distintas. En el caso de Hank, llevamos ya cinco años, así que no se trata de algo absolutamente nuevo.

 

¿Qué más hay de formación en Hank que Teenage Fanclub, The Posies, Matthew Sweet o Red Kross?

– Todo eso que dices es lo obvio. Por supuesto que escucho a todas esas bandas, pero también otras cosas de hoy en día como Fountains Of Wayne, Nada Surf, You Am I o Gigolo Aunts, y, por otra parte, está la vertiente arqueológica, de sacar brillo a viejas canciones para que puedan volver a brillar. En el primer single hicimos una versión de “Watching The Detectives” de Elvis Costello y en el segundo single una de Tod Rundgren, que puede hacer que la gente se acuerde de esta gente bastante olvidada.

 

¿Hay alguien en España haciendo lo mismo?

– No sé, pero tampoco me he puesto a buscar para comparar. Como Hank llevamos cinco años en esto y no nos consideramos parte de nada. España me parece más un país de canciones que de grupos, y nadie se toma el tiempo suficiente para asentarse.

 

¿Podrían ser Ross y Australian Blonde lo más cercano, aunque se expresen en otro idioma?

– Lo que sucede es que hay con ellos una gran diferencia y muy evidente: que cantamos en castellano y ellos en inglés. Nosotros estamos convencidos de que la letra es la mitad de la canción y que se merece el mismo trato que la música. Ponemos bastante interés en que las letras sean sugerentes y tengan sentido.

 

¿Es cierto que el diablo vino a ti y te convirtió en el estandarte de su cruzada contra el inglés?

– Eso es un poco un juego que tiene que ver con El exorcista. Una de las principales condiciones para saber si alguien estaba poseído por el diablo era que hablase en un extraño idioma que no conoce y que no ha estudiado nunca. Y eso se puede aplicar a muchos grupos españoles. Y pensamos… ¡Dios mío, Larry, están todos poseídos por el diablo!

 

¿Te parece que el mundo ‘indie’ ha estado demasiado cerrado en sí mismo?

– Sí, como demasiado preocupados por el qué dirán o por salir en la foto, más que en la música. Además eso del ‘indie’, ¿existió realmente? Parece como que un día la gente se levantó y había niebla y, más adelante, la niebla se disipó y ya está.

 

Supongo que escuchas muchos otros tipos de música.

– Todo tipo de músicas. Por ejemplo, me gusta mucho el country, así que acabaré creando otro grupo o dando vida a otro hermano de Hendrix Roever y de Hank para poder hacer country.

 

¿Cómo son vuestras relaciones con la industria que tantos sobresaltos os han dado?

– Con el primer disco de Hank no teníamos tampoco excesivas expectativas a nivel comercial, más que la diversión y que se conociese el grupo. Para este segundo, nos hemos buscado una compañía más grande, que nos diese la posibilidad de hacer promoción y llegar a más gente. Ahora mismo estamos cómodos así.

 

¿Y en qué se nota eso para marcar diferencias respecto de ¡Dios mío Larry…qué demonios es eso! frente a A lo bomba?

– Lo principal son los medios. Lo que sucede es que el disco lo grabamos antes de buscar compañía. Después íbamos por ahí con la oferta de El Padrino: “Tío, tengo una oferta que no podrás rechazar. Escucha esto y dime que no vas a fichar a este grupo”. Ahora estamos pensando en regrabar el primer disco, sacarle lustre y hacerlo accesible a más gente, con caras B o una chocolatina de regalo.

 

¿Qué parte de culpa ha tenido el productor Kaki Arkarazo?

– Tampoco él ha sido el productor, sino más bien el técnico del estudio. Las producciones las hace aquí el menda, aparte de que estaba muy claro lo que queríamos hacer y que estaba todo muy ensayado, y Kaki se dedicó a poner eso en cinta.

 

¿También a Hank le gustan las películas de serie B, sobre todo por el título del disco?

– Eso no recuerdo ya ni de qué película viene, aunque se ha convertido en una frase habitual de nuestro vocabulario, y es algo que se puede aplicar a todo tipo de situaciones. Todos tenemos algo de ese sentido del humor algo especial.

 

¿Es más importante y consciente la imagen en Hank?

– No; parece como si yo me disfrazase por las mañanas para salir como Hank. Ésta es la pinta que tengo. ¿Qué sucede? ¿Qué antes me ponía más camisetas y ahora camisas? No es algo que destacar, lo que importa son las canciones. De todas formas, llegamos al siglo XXI y las camisetas están un poco obsoletas y se van a llevar las camisas. Llevaba ya mucho tiempo con camisetas y con lo cómodo que es llevar una camisa, que la puedes abrochar…

 

Por último, ¿qué sentido tiene hoy en día el pop de guitarras?

– Sigue siendo lo más inmediato y lo que más directamente te puede tocar la fibra sensible.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON P18

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON P18

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


P18, fusión franco-cubana

 

 

         Tras Mano Negra y unas visitas a Cuba, Tomás Darnal vio la luz al juntarse con músicos de la isla caribeña. Las bases electrónicas y los ritmos calientes se funden en P18 como nunca antes.

 

¿Colaboraste en la edición del disco recopilatorio de éxitos de Mano Negra? ¿Con qué criterio se escogieron las canciones?

– Colaboré muy poco. Me quedé en París el último verano y, cuando me llamaron, yo tenía mucho trabajo para acabar Urban Cuban y Rumours Of War. Un disco de éxitos tiene que tener todos los éxitos, y este recopilatorio fue un éxito. Si lo hubiera hecho a mi gusto, la elección de los temas sería diferente, sobre una temática de fusión latin-punk-reggae bailable.

 

¿Cómo es el barrio de París P 18 de dónde habéis tomado vuestro nombre?

– En esa parte de París hay lados diferentes. Está Pigalle, Montmartre y la plaza Dalida en lo que se refiere a la parte turística, y el Mercado de Pulgas de St. Ouen en el que hay gente de los cincos continentes -más de 52 países- que viven aquí con su tiendas de música, de comida, de belleza… El mundo entero vive en paz en el barrio 18, dicho en broma. ¡Somos el futuro!

 

¿Cuándo fuiste a Cuba por primera vez?

– Fui a Cuba por primera vez el 92 con ocasión de la gira ‘Cargo 92’ de Mano Negra, y en esa época conocí a Esther Carlos Miguel, Bárbaro, Niovis y Yamilka cuando estaba perdido por las calles de La Habana. Después de una larga caminata con Raimundito, alias ‘El Temba’, hicimos un descanso en casa de su abuela. Vi dentro de la sala instrumentos de música y fotos de músicos, y nos hicimos rápidamente amigos y nunca partí verdaderamente de aquella casa.

 

¿La colaboración con músicos cubanos en P 18 estaba clara desde el principio o fue surgiendo espontáneamente?

– Cuando comenzamos el proyecto P18, no pensamos incluir músicos cubanos, pero en el 95, en una visita a La Habana, después de una fiesta memorable, habíamos decidido más o menos grabar algo juntos, y Urban Cuban es el resultado de esos dos proyectos.

 

¿P 18 es más una idea abierta que un grupo cerrado?

– P18 es por naturaleza un proyecto abierto, una geometría variable, una arboleda, un espectáculo en vivo, una unidad de producción autónoma, una nación detrás del ritmo.

 

¿Qué relación hay entre el son, la música tradicional cubana y las bases electrónicas que utilizáis en el disco?

– La relación con la música cubana es la fiesta, el baile, el ritmo, la sensualidad, la alegría de vivir. La electrónica, lo digital es sólo un medio, un instrumento de trabajo, que nos hacen descubrir los horizontes nuevos de territorios sonoros inexplorados.

 

¿Por qué estas fusiones no son tan habituales en Cuba y tiene que ser gente de fuera de la Isla la que las impulse?

– Creo que esta fusión viene de Europa principalmente porque con el bloqueo de los EEUU los equipos tipo sampler son muy raros. Pero escuché un grupo genial allí que se llama Sin Palabras, que hace una mezcla inédita de música africana y electrónica.

 

En concierto sonáis menos electrónicos y mucho más directos. ¿Es ahí dónde se nota la parte más clásica del grupo?

– Hasta hoy hemos hecho sólo 5 conciertos y estamos siempre buscando nuevas cosas. Me gustan las bandas con mucha gente. Cuando las máquinas tocan durante todo un concierto, al final es difícil saber quién toca qué.

 

¿Se reciben mejor en Francia o España que en Cuba?

– Cuando el disco llegó a la isla fue un acontecimiento para todas las radios y los cubanos fueron muy sensibles a esta amistad franco-cubana. Además, Esther y Bárbaro son conocidos allá, y al saber que estaban asociados a un proyecto como éste entusiasmó a todos.

 

Tu trabajo parece más la continuidad de aquel grupo que lo que ha hecho Manu Chao en solitario, aunque ambos discos son perfectamente complementarios, ¿no?

– Esta idea de continuidad viene quizás del hecho que dos títulos de nuestro disco hubieran podido estar en un hipotético sexto elepé de Mano Negra, “Urban Cuban” y “La verdolaga”, por la sonoridad de los timbales y de los bongos o por mis teclados. Por lo que se refiere a la complementariedad de Urban Cuban con Clandestino, no lo sé. Podéis intentar pegar los dos compactos juntos y ver lo que ocurre.

 

¿De dónde viene tu interés por la música marroquí?

– Una vez más, de vagabundeo. Me extravié en la Medina de Marrakesh cuando iba a visitar a la madre de mi esposa. Llegamos a un local de músicos. Los marroquíes fueron muy hospitalarios. Nos quedamos un rato bebiendo té y fumando kif en largas pipas finas. Los músicos tocaban percusiones y guembri, una especie de bajo acústico. Más tarde, me enteré que era música de los gnawas, una música sagrada, de zozobra, que de algún modo, disculpa la asociación fácil, me hace pensar en las ceremonias religiosas de santería

 

¿Qué encuentras en este tipo de músicas que no hallas en la música del resto del mundo?

– No tengo vocación de ser el especialista de las músicas del mundo. Soy un ratón de ciudad: me gusta perderme en ella, me gusta la casualidad de los encuentros y lo que hace que me enganche más a una música que otra es cuando se me vuelve familiar. Por lo tanto, escucho de todo siempre. Poco importa la botella, ¡sólo cuenta la borrachera!

 

¿Quiénes son los miembros más estables y quiénes han sido los colaboradores más habituales?

– No hay nunca nada habitual. Actualmente podemos decir que P18 son doce personas: Esther, Niovis y Amilka (voces y baile), Charlotte (manager y mi querida esposa), DJ Sree, Gilles (bajo), Phil y Carlos Miguel (percusión), Daniel (guitarra), Paddy, Christian y Bárbaro (metales).

 

¿Desde el fin de Mano Negra hasta el recopilatorio Rumours Of War habías hecho algún otro trabajo?

– P18 empezó en el 96 con nuestros primeros EPs “Light & Fire” y “Da Weed Da Mike & Da Motherfucker”. Eso por lo que respecta al trabajo discográfico. Desde el fin de Mano Negra, en el 93, toqué con Daddy Yod & The Ruption Crew en gira con Dennis Brown y también realicé el disco de los Moskokids -los niños del barrio que cantan “El Alakran” en Casa Babylon– y el año pasado toqué con Amadou y Mariam, dos cantantes ciegos de Malí. Recomiendo su disco Sou ni tilé.

 

¿Aquél disco es tu trabajo de espíritu más punk y combativo?

Rumours of War salió en agosto del 98. Tiene algo de punk en su agresión sonora y es combativo por su contenido. Pero es un trabajo hecho en un estudio casero, un trabajo doméstico, una guerra virtual. Me siento verdaderamente más al combate con un proyecto en vivo como Urban Cuban.

 

También hiciste una remezcla de “King Kong Five”. ¿Dónde se editó y cómo fue el resultado?

– Esa remezcla de “King Kong Five” fue un compacto-single promocional para acompañar la salida del Best of Mano Negra. Lo hicimos con DJ Sree, en una onda electro rock, y creo que quedó bien.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON ANDRÉS CALAMARO

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON ANDRÉS CALAMARO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Andrés Calamaro, alta productividad

 

 

          Ha pasado el último año envuelto en dilemas existenciales, noches en vela atado a la más variada farmacopea e interminables sesiones de grabación. Todo ello, para encarar el escepticismo tras el notable éxito comercial logrado con Alta suciedad, el álbum con el que, hace dos años, retomó una carrera en solitario que remite a la Argentina de principios de los años ochenta.

 

          Los meses de trabajo “nada metódico” y de tránsito musical sin rumbo fijo se han concretado en Honestidad brutal, un ambicioso disco doble de 37 canciones, concebidas con ese enfoque cosmopolita y casi barroco tan propio de los rockeros de ultramar. El ex-Rodríguez ha aprovechado la gira como telonero de su idolatrado Bob Dylan para explicar la génesis de uno de los discos más largos de la historia del pop hispano.

 

    “Después de muchas noches sin dormir, llegué a tener un repertorio de cien canciones, en las que tocaba un montón de palos distintos. En realidad, éste es un disco como con muchos discos dentro. La mayoría de las canciones están terminadas en el estudio: las escribía y grababa directamente, de modo que muchas tomas son prácticamente las originales. He trabajado contrariando las teorías de cómo hay que grabar un disco. El resultado tiene menos fineza, menos acabado musical, pero resulta mucho más arrebatador. Si una obra tan exigente logra grandes ventas, habremos conseguido algo importante”.

 

          En ese interminable proceso de grabación, Andrés Calamaro asegura que llegó a perder la visión global de su trabajo: “La producción fue tan cambiante que tuve que ver el orden final de los temas para comprobar cómo era el disco realmente. Tuve que esperar varios meses para mezclar. Las cintas viajaron por todo el mundo en una valija, porque grabamos en doce estudios de cuatro ciudades, en tres países diferentes”

 

          Uno se pregunta si era la idea editar un compacto tan largo. “Existió un primer disco de 17 canciones que grabamos en una semana. Ese disco vive ahora dentro de éste. Luego, el año se me hizo largo y me pareció más interesante hacer música nueva, así que añadimos veinte temas que fuimos a registrar a Nueva York con los músicos de Alta suciedad. Así, el 26 de marzo, terminó un trabajo que empezamos en abril del año pasado”.

 

          A pesar de esa coincidencia en el elenco de intérpretes, el músico pone mucho cuidado en marcar distancias con su anterior entrega. “Alta suciedad fue concebido desde el rechazo a las últimas técnicas y tendencias musicales. Ahora también hemos estado en Nueva York, pero hay diferencias, porque el disco anterior era la consumación de la grabación analógica, a la antigua usanza. No sólo se registró con personas, en lugar de máquinas, sino que en él participaron los mejores músicos de tres generaciones. Al menos, los mejores de la Costa Oeste”.

 

        Un álbum de casi cuarenta canciones y más de dos horas de música es el resultado. Si se sacara en formato de vinilo, sería un triple y medio, lo que invita a pensar, de manera casi inevitable, en la presencia de abundante material menor o de relleno. Calamaro niega la mayor: “Que sea largo permite, también descubrir cosas. Da una visión más amplia del artista. Hay temas que sólo son posibles en un disco como éste, así que todas las canciones acaban siendo necesarias para oxigenar el repertorio. Un ejemplo: grabé dos tangos con maestros del género. Si lo hubiera hecho en un disco normal, habría resultado demasiado tanguista. Lo mismo pasa con cualquier otro estilo, o con las letras. Analizando los textos, mucha gente pensará que se trata de un disco autocompasivo, porque canto muchas desdichas personales, pero con tantos minutos tengo más oportunidades para demostrar que no”.

 

        El título del compacto, con su punto petulante, es, según Calamaro, una suerte de arenga cultural. “Supongo que los músicos artesanos, los verdaderos artistas, sabrán de qué va. El título se refiere a quienes componen de corazón, y constituye una llamada de atención optimista acerca del rock y de 1a posible pérdida de credibilidad que se observa en la actualidad. Hoy domina el escepticismo. Así que yo, que había tenido un cierto éxito, quería pensar que podía hacer cosas más importantes que un disco que vendiera mucho. Llegué a la conclusión de que sólo podía convencer con un tono por encima de la cuestión de las ventas. Creo que sacar un disco doble y más difícil de vender aporta algo de romanticismo y de poesía a esto de la industria, ¿no es cierto?”

 

          Honestidad brutal cuenta, sin embargo, con reclamos comerciales de muchos quilates. El más claro es la aparición de Diego Armando Maradona, que canta en “Clonación, pan y circo” y la ranchera “Hacer el tonto”. La colaboración del Pelusa es, en palabras del músico, “una cuestión de amistad. Maradona estuvo de visita en el estudio. Él es de esa clase de criollos que cantan siempre que hay vino, en las fiestas o reuniones familiares. La ranchera la grabamos en dos días, unidos por una noche que no existió. Cantamos todos desnudos en el estudio, como una forma de, entiéndase bien, máxima expresión, sinceridad y euforia. Diego Maradona vino a formar parte de un coro de descarriados”.

 

          Y ahora, tras el periplo como escolta de Dylan, toca planificar la gira de apoyo a su nuevo disco. “Puede que sigamos tocando en acústico un tiempo, como en la gira con Bob. El formato básico aburre a la hora de ensayar, pero, una vez que estás en ello, es tan espontáneo que resulta muy divertido. Pero vamos a pensar bien cómo lo hacemos, cuál es la forma más noble de salir a la carretera. Si las actuaciones se convierten en un negocio de mucho dinero, el negocio y la propia música se ensucian”.

 

Xavier Valiño
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