TRIPTIDES: Past Lives

TRIPTIDES: Past Lives (Label 51)

La tentación de quedarse viviendo en 1965 debe de ser enorme para Triptides cada vez que comienzan con la grabación de un nuevo disco. Después de varios trabajos en los que Glenn Brigman y compañía habían desplazado su psicodelia hacia teclados, ambientes setenteros y una producción cada vez más amplia, el grupo californiano decide volver atrás, con canciones en las que las guitarras mandan y una melodía aparentemente sencilla puede esconder bastante trabajo.

Toda la propuesta gira en torno a una decisión casi obstinada: que en cada uno de los once cortes suene una guitarra de doce cuerdas, eléctrica o acústica, como columna vertebral obligatoria del disco. Más que un capricho estético se trata de un homenaje directo a la manera en que The Byrds construyeron sus primeros álbumes alrededor del tintineo de la Rickenbacker de Roger McGuinn, La pista más reveladora está al principio. “She Don’t Care About Time” es una versión de The Byrds y funciona como una declaración de principios para que el grupo no necesite explicar de dónde viene. Por supuesto, el propio diseño de la portada juega con la misma idea, planteada como una recreación de la cubierta del debut de The Byrds de 1965.

El resultado es un trabajo compacto, de apenas media hora, donde el guitarrista Glenn Brigman firma la mayoría de los arreglos casi en solitario, apoyado por el piano eléctrico Wurlitzer, el órgano Hammond y el sitar, sin que esa mezcla de texturas ahogue nunca la sencillez de las canciones. A partir de ahí, Past Lives propone una psicodelia más cercana al pop de los sesenta que al viaje cósmico de algunos de sus trabajos recientes. “You Make It Easy” y “Why Do I Try?” recuperan esa capacidad de Triptides para construir estribillos que parecen conocidos desde la primera escucha. “Dying Sun” introduce una sombra distinta, más lenta y crepuscular, y “Runaway” devuelve el movimiento con guitarras vertiginosas.

En “In A Vision” aparece una mezcla de ensueño y melodía pop que resume bastante bien la personalidad de Brigman, mirando a través del retrovisor sin caer en la pura nostalgia. “Muse” y “She Has Always Been There” también siguen ese camino. Y cuando termina “She Blows My Mind”, queda la sensación de que la banda ha encontrado una forma bastante sencilla de rejuvenecer, volviendo a tocar como si todavía estuvieran descubriendo cómo componer una canción inmediata de tres minutos.

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