BETH ORTON: The Ground Above
BETH ORTON: The Ground Above (Partisan-Virgin)
En 1993, Beth Orton grabó un disco con William Orbit que solo se publicó en Japón. Se llamaba Superpinkymandy, nombre que podría pertenecer a otro universo, y durante años funcionó como anécdota de coleccionista más que como punto de partida de una carrera. Lo que vino después –Trailer Park, Central Reservation, la mezcla de folk electrónico y trip-hop que la colocó en un lugar atípico en la música de los noventa- tampoco era exactamente predecible. Treinta años más tarde, Orton sigue siendo alguien a quien resulta difícil encajar en cualquier categoría, y su noveno disco es la confirmación más rotunda de eso.
La semilla del álbum está en algo que ella misma ha descrito como terapia alucinatoria: canciones que funcionan como sueños lúcidos, que miran los años vividos desde varias direcciones al mismo tiempo. La maternidad, el duelo, la supervivencia y la decisión constante de quedarse -en el amor, en el arte, en el mundo- son los territorios que cartografía el disco. Autoproducido como ya hizo con Weather Alive en 2022, y grabado en varios estudios de Londres y Brooklyn a lo largo de un año entero, da forma a una obra que parte de sesiones en directo y crece desde ahí hacia algo más hondo.
“Cigarette Curls” es una de sus piezas más logradas: oscura, envolvente, donde Orton se atrinchera tras un piano Wurlitzer para evocar los fantasmas de las amistades juveniles sobre un ritmo oscuro y conmovedor. “Waiting” es la otra cara, un respiro melódico de corte clásico. En “Love You Right” firma una cálida declaración de amor en el interior de un mundo que no siempre lo pone fácil. El tema de apertura, que da título al disco y dura más de ocho minutos, establece desde el principio que esto no es un álbum de canciones sino un álbum de estados de ánimo, algo más cercano al último Talk Talk o a David Sylvian que a cualquier cosa que sonara en la radio en 1996 o, también, ahora, tres décadas después.
En The Ground Above queda claro que la voz de Orton ha cambiado. Tiene más aspereza, más historia encima, una mayor gravedad, y en este contexto se convierte en el instrumento principal para expresar . Cuando en “Otherside” llega al crescendo final, con casi todo el disco ya recorrido, la sensación es la de apertura a algo nuevo, de alivio, como si hubiera encontrado el suelo firme del título justo cuando menos lo esperaba.
