FRAN REIXA
Fran Reixa, agitando el Norte Peninsular
Fran Villasenín, conocido con el apellido que da nombre a la tienda, bar y promotora de conciertos que viene regentado en Santiago de Compostela, es uno de los principales agitadores culturales del Norte. Desde hace unos años organiza, junto a Martín Calviño y Javier Freire, el Outono Códax Festival, cita indispensable del calendario invernal estatal. Y, desde hace unos meses, es también el responsable, junto a su hermano Andrés, de la Sala Capitol, referencia para las giras de artistas de aquí y de fuera, que este año celebra su 90 aniversario.
¿Cuándo y cómo empezó tu relación con la música? ¿Cuáles son tus primeros recuerdos?
– Todo el mundo empieza a escuchar música cos sus padres. En mi caso, por lo menos, fue así y Los Tamara era el único grupo en el que coincidíamos toda la familia. También recuerdo cantar a Julio Iglesias cuando iba al baño en el bar de mis padres para que no me escuchasen hacer mis cosas.
¿Hubo algún momento clave en el que la música empezó a ser parte decisiva en tu vida?
– Xulián Freire, bluesman compostelano y afincado en Madrid, era mi camello musical en el instituto. Compartía la colección de su padre conmigo y hacíamos con esa colección un programa de radio que se llamaba Rosalía’s Burning en honor a The Clash. Fue alucinante esa época porque era descubrir música nueva constantemente. ¡Y vaya música, la virgen!
¿Cuáles fueron los primeros discos que recuerdas haber comprado con tu dinero?
– Lo primero que compré fue una casete de los Bee Gees pensando que eran The Beatles: era muy chunga y me sentía como un auténtico gilipollas por comprar esa mierda. Se titulaba Tokyo Nights, pero, como la había comprado con mis primeros ahorros, la escuchaba bastante sobre todo para dormir. El primer disco que compré en vinilo fue el Never Mind the Bollocks a Xulián. A él no le gustaba nada y yo flipaba con el disco. Lo que escuchaba él me parecía bastante coñazo: yo ya tiraba al punk y él estaba con Zappa y Led Zeppelin todo el rato.
Tus inicios fueron en la cultura mod, ¿no? ¿Cómo llegaste a ella y cómo marcó tu vida? ¿Cómo era ser mod en Santiago en aquellos años?
– Realmente empecé muy punk, simpaticé siempre con los movimientos okupas y la filosofía de vida anarquista. Comencé a comprar todo lo que encontraba de Ramones, Clash o Jam y me flipaba toda la música de grupos como La Polla Records, Kortatu, Cicatriz… Iba a los conciertos que organizaba la sede de la CNT en Santiago y en las okupas me lo pasaba genial. La cultura mod llegó por mi pasión por los Ramones, ya que me leía todo lo que tenía que ver con ellos y en el libro de Ignacio Julia hablaba de todos los gustos musicales de Joey y Dee Dee que eran mis Ramones favoritos… Según iba leyendo el libro me iba comprando todo de los grupos de los que iban hablando: Kinks, Who, Troggs, Herman Hermits, que decía que era el cantante favorito de Joey. Mi primer contacto con el mundo mod fue con Pico, el hermano de mi mejor colega Cuco, quien era un apasionado de Jam, Kinks, Who, Small Faces y vestía con Levi’s, Dr Martens, Fred Perry… También nos hablaba de los libros que leía de la escena, de los clubs. Cuco se obsesionó con Ray Davies y creó la página oficial de fans de Ray Davies. Un día le escribió una carta en mi nombre a los estudios Konk y, cuando la recibí, fue un subidón. El muy cabrón la escribió con el apodo de mi abuelo y mi padre y ponía Dear Kalatí. Lo más complicado de la cultura mod en una ciudad como Santiago siempre fue conseguir vestimenta, ya que las tiendas de ropa que había no tenían nada para vestir diferente.
¿Fue el bar A Reixa tu primer negocio musical? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades al abrirlo? ¿Fue complicado llegar a tener beneficios?
– A Reixa lo montaron mi hermano y su socio, pero al poco tiempo mi hermano se fue un año a vivir a Lanzarote y me quedé yo en su lugar. Pinchábamos con una doble pletina y con muchas cintas grabadas de mezclas que hacíamos nosotros. No me imagino hacerlo así hoy. Éramos muy jóvenes y en temas burocráticos nos putearon hasta sacarnos la mayor pasta posible. Por suerte, funcionaba muy bien y se hacía mucho dinero, pero vivíamos a todo trapo, ya que lo que entraba por un lado salía por el otro. Pero que nos quiten lo bailao.
¿Cuál era la filosofía del bar y cuántos años estuvo abierto? ¿Qué artistas pasaron por allí?
– El bar sigue abierto y cumplirá este 7 de febrero 30 años. La filosofía siempre fue la buena música de todos los estilos ya que a Mikel le gustaba más AC/DC, Rosendo. Mi hermano controlaba mucho de música brasileña de la onda Mutantes, Caetano Veloso y los años 60 en España, y yo era más de Nuggets, que era la biblia para mí y todo lo que tenía que ver con The Ramones. Allí tocó todo dios, pero el que recuerdo que me viene a la cabeza es el de Nikki Sudden, ya que parecía una aspiradora humana de farlopa. Acabó el concierto y nos quedamos allí hasta el día siguiente. Era todo muy raro porque era un bar muy pequeño, pero quería tocar todo dios. Recuerdo a Kike Túrmix pinchando o a Diego Manrique, que el muy cabrón nos preguntó que solíamos poner de música y, por jodernos, puso todo lo contrario pero en plan tocar los huevos, no sé cómo no le cortamos la luz (lo digo con cariño, que nos cae bien, pero creo que cuando quiere ser cabrón es el mejor), Las pinchadas de Juan de Pablos siempre fueron muy especiales y lo queremos mucho, fue una gran influencia en la música de A Reixa.
En esos años ya compaginabas tu labor como promotor de conciertos. ¿Cuál fue el primero que hiciste? ¿Cuándo viste que hay había un hueco que podías cubrir?
– Los primeros conciertos los hice con 14-15 años con las bandas amigas del instituto (Los Insufribles y Los Miskatones) en pubs de la ciudad. A modo ya más profesional hice el primer concierto de Los Coronas en Santiago. Era en un antiguo restaurante reconvertido a sala de conciertos llamado A Casa do Patín. Llegaron super tarde, casi a la hora de empezar el concierto, y yo me subía por las paredes.
¿Cuándo te das cuenta de que hay un hueco también para una tienda como A Reixa y cuándo la abres? ¿Ya vendías discos en festivales entonces? ¿Tenías en marcha alguna otra iniciativa?
– Me cansé de la hostelería después de 10 años, ya no aguantaba a la gente tan pasada: o me iba o empezaba a tiros con todo dios. Como me resultaba difícil comprar ropa, libros y música que me gustasen, monté yo mi propia tienda. Pensaba que me seguirían los clientes del pub pero realmente solo pensaban en chuzarse y la oferta de la tienda se la sudaba bastante. ¡Aun así llevamos ya 20 años de tenderos! Discos solo vendí unas pocas veces en el Festival Xiria Pop al que me encantaba ir, ya que era como estar casa. Iniciativas han sido demasiadas. Durante muchos años llevaba las máquinas de condones de todo Santiago y gran parte de Galicia. Una vez, en un control terrorista, me hicieron abrir el maletero del coche y llevaba más de 5000 condones. Pensé que se iba a reír el policía con la metralleta pero ni se inmutó.
¿Cómo surge la idea del Outono Códax Festival con tus socios Martín Calviño y Javier Freire, un festival con ciclo de cine, sesiones de DJS, exposiciones, catas…? Desde fuera parece que la idea de centrarse en la música negra estuvo ahí desde el principio, ¿no?
– Todo lo interesante en la vida surge en un bar. Ahí conocí a Eva, mi pareja, y en un bar nació el Outono Códax, después de unas buenas rondas de cervezas. La idea siempre fue la de conocer a las/os artistas que nos gustaban y poder achicharrarlos a preguntas. También podíamos tener la excusa de viajar, ya que los promotores de aquí no forzaban las giras que nos interesaban. Cine, DJs, exposiciones fueron actividades complementarias con las que siempre disfrutamos en el Ye-Yé de Gijón o el Purple Weekend de León, y queríamos añadirlas a la experiencia del Outono. A mayores, nosotros tenemos las catas musicales, ya que nuestro patrocinador es Martín Códax, y molan mucho.
¿Qué satisfacciones ha dejado hasta ahora en vosotros el Festival? ¿Y qué sinsabores?
– Traer a leyendas de la música tipo Barbara Lynn, La La Brooks, Maxine Brown o Tommy Hunt para tocar con músicos locales hicieron que esos días fueran inolvidables. Escuchar historias contadas en primera persona por artistas de ese nivel fue increíble. Sinsabores son cuando te enteras del fallecimiento de algún músico al que le tenías especial cariño como por ejemplo Chip Damiani (The Remains), Charles Bradley o Naomi Shelton, por citar alguno.
Sé que también llevaste el Festival de Blues de Fisterra. ¿Qué tal la experiencia? ¿Algún otro festival?
– Fue una experiencia muy rara porque gran parte del pueblo no está contento con que se celebre, no me lo creía hasta que participamos. Hicimos a Los Ilegales en su mejor momento y no vinieron ni 300 personas. El sitio es espectacular y recomendable al 100%, pero prefiero ir de espectador. Tengo algunas ideas de festival pero en sala, me pone muy nervioso depender del tiempo cuando organizas algo al aire libre. Me gustaría hacer algo con Bart Davenport, Nick Waterhouse y Roi Fontoira con grupos californianos. Tienen muy buen gusto musical y se podría hacer algo muy chulo.
Desde hace algo más de un año llevas la gestión de la Sala Capitol con tu hermano Andrés, probablemente la mejor sala de sus características de España y la más agradecida por los artistas. ¿Qué representa llevar una sala así, con 90 años de historia?
– Compramos la sala con dos socios más de Santiago y ellos entendieron el proyecto que teníamos. De pequeños veíamos películas con nuestros padres en la sala y para los cuatro significaba mucho Capitol, como para toda la gente de Santiago. La verdad es que no queríamos que cayese en manos de un gilipollas que sólo pensase en hacer pasta. Para nosotros significa gestionar uno de los espacios culturales más importantes de Galicia e intentamos hacerlo lo mejor posible, ya que es parte de la historia y memoria de la ciudad.
Antes programabas conciertos allí. ¿Cómo de diferente es la gestión, cómo ha sido ese cambio, qué es lo que más tiempo y energía consume?
– Antes programaba y ahora programo mucho más. Tenemos las suerte de contar con un muy buen equipo y de trabajar en lo que nos gusta, por lo que el consumo de energía se arregla tomando unas cañas al final de los conciertos mientras se van despidiendo los músicos de todo el equipo.
¿Cómo encontraste la sala cuando la asumisteis, cuál es la línea que queríais seguir, qué planes de mejora hay?
– La sala estaba trabajando por debajo de sus posibilidades, ya que no hacían programación propia y pillaban todo lo que les caía. Queremos que Capitol en Santiago sea parada obligatoria de las giras importantes que hacen las principales promotoras del país y, para que eso suceda, lo facilitaremos siempre al máximo, ya que disfrutamos con la música. En verano se cerraba la sala pero vemos que es una oportunidad muy buena para traer a grupos potentes que están en festivales y que les quedan días sueltos. Nunca abrió Capitol en el mes de agosto y este año los haremos con Amyl and The Sniffers. ¿Quién se puede negar a no abrirle la puerta a super Amyl?
¿Cómo llevas la organización de conciertos que a lo mejor como promotor no hubieras hecho?
– Nos encantaría poder programar todo música que nos gusta, pero no hay tanto público, por lo que tenemos que diversificar en estilos. También hay que pensar que la gente más joven que viene a conciertos no aptos para lectores de esta revista serán nuestros futuros clientes. Otras veces me llevo sorpresas y se me van prejuicios con bandas que detestaba, ya que hacen un concierto muy bueno o son gente súper maja, pero no los voy a contar.
¿Contáis con ayudas institucionales, hay respaldo de las Administraciones, habéis encontrado problemas con los permisos, los vecinos…?
– Por ahora toda la programación es por nuestra cuenta, He presentado varios proyectos pero están en el comité de sabios. Esperemos tener suerte, ya que eso nos ayudaría a traer artistas más potentes a la sala.
¿Cómo llevas la conciliación de todo esto con tu vida familiar?
– Lo llevo bastante bien porque ya desfasé cuando lo tenía que hacer. Llevo a mi hijo a la sala de vez en cuando por si se le va metiendo el gusanillo, pero está más interesado en Pokémon y cosas de niños de su edad. Es listo: sabe que si pregunta mucho ya lo pongo a currar. Por suerte, mi pareja es muy melómana, así que está encantada.
Sorprende que en una ciudad como Santiago, con solo con 100.000 habitantes, tenga varios conciertos al día o varios festivales en el mismo mes. ¿A qué se debe esa demanda? ¿Está ajustada la oferta?
– Aunque está cambiando como todas las ciudades desgraciadamente por la mala gestión del turismo, Santiago siempre tuvo una red cultural muy potente en cuanto a teatro, música y cine. Está muy bien conectada con todas las ciudades gallegas y hay mucho funcionariado que tiene más poder adquisitivo para poder acceder a la oferta cultural. Aún mantiene bastante población universitaria, que también es muy importante para esa oferta.
En tu caso tienes un público fiel que acude a los conciertos que organizas aunque no conozcan al artista. ¿Puede ser ese uno de tus mayores logros, una de tus mayores satisfacciones?
– La verdad es que no nos queda otra, ya que los cachés están imposibles con grupos más conocidos. Nuestra labor es la de descubrir para poder programar con nuestros recursos.
¿Cuál es el mejor comentario que te han hecho relacionado con esto?
– Tengo una amiga que pincha muy bien y dice que le ayudé mucho a descubrir música y a encaminarse como DJ. Me hace ilusión porque yo también aprendí de otra gente.
Después de todos estos años, ¿cuáles han sido para ti los mejores conciertos que has organizado y los mejores artistas con los que te has cruzado a nivel personal?
– The Remains, Barbara Lynn, Charles Bradley, Naomi Shelton, The Cynics, Fleshtones, Juan de Pablos, Bart Davenport, Los Enemigos, The Pretty Things, La La Brooks…
¿Y serías capaz de citar algún fiasco, algún concierto que no debió producirse o algún artista con los que no hubo buena relación y el motivo?
– El fiasco que me viene a la cabeza ahora mismo sería The Muffs, que lo hice con Pepe Iwanna y los dos teníamos clarísimo que ese concierto tenía que salir bien, ya que nos encantaba la banda a ambos. Aún nos reímos a día de hoy. Sí veo algún artista que me va a tocar los huevos, evito estar con él, que haga su trabajo, le pago y ya está. Cuando voy a contratar a un artista o banda suelo preguntar cómo es y pido referencias, no me gusta trabajar con gente incómoda. La vida es muy corta para aguantar a idiotas.
¿Qué hace que te merezca la pena seguir con todo ello?
– Pasármelo bien y compartir momentos de felicidad. Por ejemplo, con esta entrevista me vienen un montón de anécdotas que hacen que me salga una sonrisa en la cara.
Cuéntanos alguna entonces.
– Maxine Brown metiéndose 2.000 dólares en las medias y salir a tocar por miedo a que se los robasen durante el show. En la habitación del hotel en Nueva York llamando a Ben E King porque nos había dado el teléfono La La Brooks de The Crystals y, según ella, lo podíamos llamar en confianza, que ellos iban mucho a jugar al golf con él. Tras el concierto de Neil Young en A Coruña estaba encargado de traer a Josele para Santiago, pero acabé en enfermería con una blanca de marihuana. A día de hoy aún no sé quién lo llevó a Santiago, a ver sí lo pone en su nuevo libro. Mi primer coche fue un Reanult 5 Oasis rojo y me tenía que quedar en el alto de una montaña para poder escuchar Flor de pasión de Juan de Pablos: si bajaba la colina para llegar a mi casa, me quedaba sin señal. ¡Cómo me gustaban sus programas! ¿Era sólo una?

