Una casa llena de dinamita
Una casa llena de dinamita
Kathryn Bigelow
(First Light-Netflix)
Como mejor ejemplo de cine cargado de tensión, de ese que te agarra desde el primer minuto y no te suelta hasta el final del metraje, siempre estará ahí El salario del miedo (Henri-Georges Clouzot, 1953). Y si hay alguien que haya conseguido algo similar en tiempos recientes, esa es Kathryn Bigelow, especialmente con En tierra hostil (2008) y, en menor medida, con La noche más oscura.
En un punto intermedio se situaría Una casa llena de dinamita, que recupera la amenaza nuclear para mantener en vilo al espectador. La principal diferencia es que esta vez el suspense se vive más en las oficinas burocráticas que sobre el terreno, pero al menos lo hace bajo un manto coral, que implica desde un soldado raso hasta el mismísimo Presidente de su país.
Con un montaje endiablado y urgente, se puede sentir el desasosiego y la opresión de una forma similar a aquellas dos cintas, a través de tres actos en los que la peor pesadilla posible afecta a personas y entidades diferentes, pasando del dilema particular al general con absoluto dominio de los recursos a su disposición. Precisa, despiadada y fascinante, no hay quien haga thrillers tan angustiosos como ella.
