BRIGITTE CALLS ME BABY: Irreversible

BRIGITTE CALLS ME BABY: Irreversible (ATO-PIAS)

El quinteto de Chicago parece haber encontrado un modo peculiar de viajar en el tiempo sin caer en la caricatura. Su nuevo trabajo, Irreversible, se mueve con la seguridad de quien conoce a fondo los códigos del pop romántico de mediados del siglo pasado, pero también con la inquietud de una banda que no quiere quedar atrapada en la nostalgia.

La motivación del disco tiene algo de ajuste de cuentas con el pasado. Leavins ha contado en varias entrevistas que su adolescencia estuvo marcada por una correspondencia improbable con Brigitte Bardot -de ahí el nombre del grupo-, una anécdota que podría parecer inventada si no fuera porque encaja perfectamente con el imaginario del proyecto: romanticismo exagerado, glamour decadente y una sensibilidad cargada de vulnerabilidad.

Gran parte del material de esta segunda entrega nació en habitaciones de hotel, notas de voz enviadas de madrugada y pruebas en directo antes de fijar las versiones definitivas, un proceso de banda itinerante del siglo XXI. Esa escritura en tránsito se nota: las canciones denotan urgencia y, también, una sensación de despedida permanente. El propio concepto del disco gira en torno a la irreversibilidad del tiempo, la memoria y las decisiones que ya no admiten enmienda. 

Musicalmente, la propuesta mezcla romanticismo con guitarras nerviosas y ecos de la nueva ola, logrando un equilibrio extraño entre grandilocuencia y vulnerabilidad, dejando un tanto atrás a Roy Orbison para acercarse algo a The Killers. La voz de Wes Leavins, capaz de estirarse hasta el susurro y, de pronto, elevarse con teatralidad, con ese vibrato que remite a crooners de otra época, actúa como eje dramático de un repertorio obsesionado con el amor, la pérdida y la fijación emocional.

Entre los momentos más llamativos aparece “Slumber Party”, una pieza inquieta sobre el autoaislamiento que combina la energía pop con una atmósfera casi claustrofóbica. “I Danced with Another Love in My Dream” introduce un brillo engañosamente optimista para hablar de la infidelidad como fantasía, mientras “I Can’t Have You All to Myself” explora el deseo posesivo con guitarras tensas y un tono casi desesperado. El cierre, “Send Those Memories”, actúa como epílogo emocional: nostalgia, duelo y la sensación de que lo vivido persiste incluso cuando ya no está.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *