BOB LIND: It Oughta Be Easy
BOB LIND: It Oughta Be Easy (Ace Records)
A sus 83 años, Bob Lind bien podría estar retirado y viviendo de las rentas. Puede que no tenga el mismo nombre en el mundo de la música de Joan Baez, Judy Collins, Bob Dylan, Tom Paxton u otros que empezaron con él a principios de los 60 en la escena folk pero hay quienes no lo olvidaron y son grandes fans, como Richard Hawley o Jarvis Cocker, quien le dedicó la canción de Pulp “Bob Lind (The Only Way Is Down)”. Otros, más de 200 artistas entre los que se cuentan Aretha Franklin, The Turtles, Dolly Parton, Glen Campbell, Cher, Eric Clapton, Richie Havens, Nancy Sinatra, The Four Tops o Petula Clark han grabado versiones de sus canciones.
Pues bien, Lind no tiene intención de dejarlo, aunque entre 1971 y 2006 estuviera alejado de la música y más centrado en su carrera como escritor, obtenido varios premios. Desde su regreso siempre ha confesado su intención de dejar detrás un legado musical del que pueda sentirse orgulloso, lejos de los números y de la ambición por los éxitos. Y ahí se puede encuadrar It Oughta Be Easy, su noveno disco, el quinto en este siglo, sesenta años después de los tres que editó en 1966.
El álbum fue producido junto a su colaborador de confianza, Jamie Hoover, y cuenta con la contribución de la vocalista Elena Rogers y del pianista George Wurzbach, creando arreglos cálidos que revisten perfectamente las canciones. Las letras reflexivas y honestas de Lind, con la nitidez y sinceridad que lo han definido a lo largo de su carrera, siguen explorando temas universales como el amor (“Feel My Heart (That Other World)”), la felicidad (“Easy to Be Happy”), la memoria (“Old Pictures”) o la lujuria (“When Love Is New”), mostrando abiertamente sus cicatrices emocionales en confesiones que parecen emanar de una conversación tranquila y afable entre el autor y el oyente.
Mientras “Wearing You” abre el disco en clave casi de western, “Sophia’s Lullaby” se mueve en una coordenadas de pop apto para cualquier público reforzada con una sección de viento. Por su parte, “Nature’s Sweetest Lie” se adentra en el mundo de las big bands, al tiempo que “Scrapbook” se presenta mirando a la bossa nova. Si la majestuosa “Adia” bien se puede imaginar en la voz de Jarvis Cocker, “Valentine” opta por un ritmo jovial, casi bailable. Todas contribuyen a una colección variada, creada desde la madurez, que demuestra que Lind conserva intacta su capacidad para observar el mundo con sensibilidad y transformar esas impresiones en canciones duraderas, en plena forma y sin ánimo de abandonar.
