SONDRE LERCHE: Acrobats

SONDRE LERCHE: Acrobats (PLZ-Virgin)

A los 43 años y con un cuarto de siglo de carrera a sus espaldas, tras cuatro años de silencio discográfico y 130 funciones interpretando a Christian en el musical Moulin Rouge! en Oslo, cuesta creer que un artista pueda seguir manteniendo tanta curiosidad. Bergen fue su cuna, la escena del pop de cámara centroeuropeo su hogar adoptivo, y ahora Sondre Lerche le da continuidad por fin a Avatars of Love (2022), el trabajo que lo colocó entre los herederos legítimos de Paddy McAloon.

Nadie sobrevive ileso a un desamor fulminante, pero transformar ese shock en un circo sonoro de alta costura es algo reservado a unos pocos. Tras el desahogo existencial de Avatars of Love, el de Bergen (Noruega) regresa con Acrobats, una obra concebida a partir de lo extraño que resulta sentirse afortunado por haber encontrado una relación plena mientras el mundo exterior se vuelve cada vez más oscuro. Tal contradicción recorre el disco y las canciones intentan averiguar cómo conservar la intimidad sin cerrar los ojos ante lo que sucede fuera, sin que se trate de escapismo romántico.

Por eso si Avatars of Love resultó ser un álbum sublime, esta entrega la concibió como algo más concreto, casi como una corrección deliberada de rumbo tras el dietario expansivo de su antecesor. Y, sin embargo, el resultado desmiente esa intención de contención: son piezas que se estiran, que respiran, que no tienen prisa, que muestran su ambición por seguir creciendo.

“Follow The River” nació como una canción sencilla tocada con guitarra acústica y terminó convertida en una odisea de casi nueve minutos de soul, jazz, pop, funk y electrónica, con un solo de saxofón inagotable, un coro de estilo góspel aportado por su pareja, la cantante Suzanne Sumbundu, y hasta un préstamo melódico tomado de la Segunda Sinfonía de Mahler. “Love Is All” ejerce de centro emocional del disco, una balada suspendida que el propio Lerche vincula a la poesía económica de The Blue Nile y al fantasma de Ryuichi Sakamoto, grabada tras pasar la noche entera de fiesta para que la voz llegara tensa a la sesión de estudio.

“Little Kids”, con los arreglos de cuerda de Sean O’Hagan (The Hight Llamas) mira hacia la adolescencia sin rencor, mientras que el cierre, “Life-Changing Love” (“Amor que cambia la vida”; el título lo dice todo), se permite guiños a Prince sin resultar demasiado evidente, algo que ronda por momentos en un disco que no esconde, de nuevo, su devoción por Brian Wilson y Phil Spector.

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