IS

Is, corriente alterna

IS

Isabel León, Is, está de vuelta, y en este caso el tópico es cierto; y lo es en más de una acepción. La que fuera miembro de Surfin’ Bichos y Chucho, y que debutara en solitario con Istochnikov (Limbo Starr, 2005) -un disco de 17 canciones producido por Fernando Alfaro en el que colaboraron Nacho Vegas y J de Los planetas, además de la plana mayor de los músicos albaceteños en su órbita-, regresa con El duelo, título de su nuevo álbum.

 

Gestado con toda la calma posible, tanto la composición como la grabación, tomándose su tiempo pero, sobre todo, viviendo cosas intensas e importantes, muchas veces duras, de esas que dejan poso y que los demás agradecemos que personas con la suficiente sensibilidad y talento puedan transformarlas y mostrarlas en forma de canciones de pop (herido) escritas a corazón abierto.

Pero no hubiera podido hacerlo sola, y como no hay nada mejor que hacerlo junto a tus amigos, se rodeó de sus queridos Burrito Panza, que no son otros que los ex-Surfin’ Bichos José Manuel Mora y Carlos Cuevas y el entrañable Carlos Flan. La propia Isabel nos comenta sus impresiones en un texto que ella ha querido dar a la luz junto a la edición del álbum.

“Todo ha terminado ya. Un largo proceso, corriente alterna. Todo debió sucederse antes, ocurrir antes. Alguien preguntó: “¿Qué ha pasado en estos diez años?” Yo debí contestar: “La vida”.

El archivo con fotos de un móvil que murió ahogado me recuerda cómo empezó todo:

– Tengo un tema para el siguiente disco. Se llama “Los Cuadernos”. Va sobre ese día…

Alguien me da un consejo frío.

IS 1

Una mañanita de verano, buscando desesperadamente un mechero, en un cajón encuentro un papel con una canción: sobre la letra, los acordes escritos sobre la sílaba afortunada. No recuerdo cuándo la escribí, ni cómo. Sólo sé que existe. Se llama “200 veces”.

Transcurren algunas estaciones, catástrofes y demás. Recuerdo esa madrugada antes de que raye el día en que me despierto sudando una tristeza absoluta. Escribo acuosa  “La Mente Negra”. Cojo la guitarra y le planto un LA, un MI y un RE. Después dormiría mucho y bien.

Otra vez, ya bien empezado marzo, febrero no quería irse. Llega él y con él la luz y el calor. En ese tiempo escribo esa canción sobre ese mes, y alguna otra, con los ojos casi cerrados y la piel hiperestésica, “Algo”. Recuerdo una vez  que quedamos y no apareció. Sentada en un banco me repetía: “Está siendo sutil, pero son señales, sí, es un sistema de señales…”

La vida sigue transcurriendo. Él me acompaña algunos febreros más. Y me regala dos criaturas: “Malinterprétame” y “Ejército Istochnikov”. Ésta la bautizamos muy al final, en honor a esos soldados valientes que me han acompañado en esta -quizá última- aventura. (Pero esto es otra historia).

Es precisamente uno de mis más fieles caballeros quien, desde su pequeño y mágico mundo me envía una secuencia de notas de teclado, ordenadas con la maestría de un niño prodigio. Una cicatriz que a veces sangra con resortes insospechados me ayuda a ponerle melodía y letra. Es “Tubo de ensayo”.

La última canción “Maestro ladrón”, es la conclusión de estos años. Un largo proceso, corriente alterna”.

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