APPARAT: A Hum of Maybe

APPARAT: A Hum of Maybe (Sascha Ring/Mute-PIAS)

Seis años dan para mucho. Para una pandemia, para convertirse en padre, para recibir una nominación al Grammy por el trabajo con Moderat -el proyecto que comparte con el dúo berlinés Modeselektor- y para quedarse en blanco delante de sus instrumentos. Sascha Ring, el músico nacido en Quedlinburg que opera bajo el alias Apparat, atravesó ese bloqueo con una solución tan poco glamurosa como eficaz: se impuso la disciplina de esbozar una idea musical cada día sin ninguna obligación de convertirla en nada. Ni álbum ni single ni una maqueta presentable. Solo el gesto de seguir moviendo las manos.

De esa acumulación silenciosa emergió A Hum Of Maybe, su sexto disco en solitario. Lo que encontró en esos fragmentos, al revisarlos con distancia, fue un hilo conductor: la idea del amor como ancla en tiempos inestables. Y más concretamente, el amor hacia su hija, cuya voz -un escueto “hallo, hallo!”- aparece sin avisar en “Enough for Me”, uno de los momentos más desarmantes del álbum. La intromisión de esa voz infantil en medio de una textura electrónica no es un truco emotivo, sino la prueba de que el disco pertenece a una vida real.

La apertura, “Glimmerine”, arranca con lo mínimo, una voz y un murmullo de fondo, y se va descomponiendo en capas hasta que un ruido lo interrumpe todo y obliga al oyente a reorientarse. Ese patrón de acumulación y quiebre brusco recorre el disco de principio a fin. “Lunes” lo lleva al extremo con mayor efectismo: su construcción paciente se sustenta en el piano, una brusca interrupción y una coda que ocupa más espacio del que parece razonable hasta que resulta exactamente lo necesario. “A Slow Collision” y el tema titular -su mejor momento- optan por la electrónica circular y acogedora, mientras que “Tilth”, en colaboración con la artista armenio-estadounidense KÁRYYN, lleva el dueto a un territorio donde ambas voces se deshacen, se distorsionan y se reconstruyen mutuamente en algo que no parecer tener nombre propio.

El título del disco (Un murmullo de puede ser) no engaña: todo vibra en un ‘tal vez’, en un estado intermedio donde nada termina de asentarse. Pero lejos de ser un defecto, esa indefinición es su fuerza. Ring no intenta ofrecer certezas ni grandes gestos; se limita a mostrar el proceso, las dudas, los desvíos. Y en ese gesto honesto, casi documental, encuentra una belleza que no necesita levantar la voz. Que el resultado no suene a ejercicio técnico sino a algo que respira es su principal mérito.

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