SÍLVIA PÉREZ CRUZ: Oral_Abisal
SÍLVIA PÉREZ CRUZ: Oral_Abisal (Sony)
La primera impresión que deja Oral_Abisal es la de una obra que se despliega como un territorio doble: lo que se dice y lo que se hunde. Sílvia Pérez Cruz lleva años explorando esa frontera entre la voz íntima y la voz colectiva, pero aquí parece empujarla hacia un lugar más arriesgado, casi ritual. El origen del proyecto está en una investigación sobre la transmisión oral: cómo las historias familiares, los cantos populares y las memorias fragmentadas pueden convivir con una producción contemporánea sin perder su raíz. De ahí el título, que une la palabra pronunciada con lo que permanece sumergido.
Parte del disco se grabó en espacios no convencionales -una casa antigua en el Empordà, un teatro vacío, un estudio improvisado en Lisboa- para capturar resonancias específicas. Pérez Cruz quería que cada canción tuviera un aire propio, como si el lugar donde fue registrada se filtrara en la melodía. Ese detalle explica la sensación de movimiento que atraviesa el álbum, donde las piezas parecen respirar de forma distinta.
La curiosidad más llamativa del álbum es Chundwa (Chacarera), que arranca con un recitado en wayuunaiki -la lengua del pueblo Wayuu, de la península de La Guajira, en Colombia- a cargo del artista indígena Seyki, antes de desplegarse en el ritmo santiagueño de la chacarera. Pérez Cruz canta con inflexión catalana y gitana encima de una cadencia que tiene algo de andaluz, algo de andino y algo totalmente inclasificable.
Entre sus quince cortes sobresalen temas como “Abissal” o “Líquido”. Este último se convierte en un tesoro sonoro donde la voz araña desde el flamenco y muta en agua colectiva. En “Mar muerto”, las voces de los senegaleses Soly Malamine y Mouhammad construyen una atmósfera desgarradora. Por su parte, “Moreno” muestra una cara más rítmica y “É triste viver sem seu amor” borda el dolor con una elegancia impecable.
Hay una dimensión política en este álbum, aunque no en un sentido explícito: la reivindicación de la voz como espacio de resistencia, la recuperación de lenguas y acentos, la mezcla de tradición y experimentación. Pérez Cruz no plantea un manifiesto, pero sí una forma de estar en el mundo que se mueve entre lo íntimo y lo coral, entre lo que se escucha y lo que se intuye, como si cada pieza fuera un fragmento de una historia que aún está escribiéndose.
