LAMOMALI (-M-, FATOUMATA DIAWARA, TOUMANI DIABATÉ): Lamomali Je t’aime

LAMOMALI (-M-, FATOUMATA DIAWARA, TOUMANI DIABATÉ): Lamomali Je t’aime (Labo M-3ème Bureau/Wagram)

Hace veinte años, -M- (el rockero francés Matthieu Chedid) descubrió Mali al llegar a Bamako, invitado por la icónica pareja de músicos ciegos Amadou y Mariam: su aura, sus tradiciones, su tierra roja y sus aromas. Un tiempo después el maestro de la kora Toumani Diabaté y uno de sus hijos, Sidiki Diabaté, planearon grabar con él un álbum en la pura tradición de los griots malienses. Pero la idea mutó con el deseo de fusionar su música ancestral con sonidos contemporáneos, lo que llevó a la creación del colectivo Lamomali.

Su álbum de debut homónimo, lanzado en 2017, que incluía a artistas como Youssou N’Dour, Oxmo Puccino, Seu Jorge o Damon Albarn, casi se podía entender como la respuesta francesa a Africa Express. De hecho fue en una gira de estos, organizada por el líder de Blur y Gorillaz, que Fatoumata Diawara y Matthieu Chedid se conocieron. Ese primer disco tuvo un gran éxito, aunque no había intención de darle continuidad.

Hasta que llegó la inspiración de nuevo y las ganas de trabajar con esos músicos tan vitales. Si Lamomali es un símbolo perfecto de que la música puede lograr, unir, conmover y transportar más allá de las palabras, había que darle una nueva oportunidad. Y nunca mejor hecho, porque por el camino se han quedado las dos personas que lo hicieron posible: Amadou Bagayoko (de Amadou y Mariam) falleció el 4 de abril de este año y Toumani Diabaté el 19 de julio -además de Philippe Zdar, la mitad del dúo Cassius, quien había mezclado ese debut-.

Los últimos riffs de Amadou y las últimas notas en la kora de Diabaté están en Lamomali Totem, el segundo álbum de esta aventura, editado en abril y que ahora reaparece como Lamomali Je t’aime, sumándole otras seis canciones. A los artistas que participaron en el primer álbum, entre ellos Fautomata Diawara, se les unen nuevos invitados como Angélique Kidjo, Tiken Jah Fakoly, Patrick Watson o Boombass.

Entre todos consiguen un álbum vibrante, una fusión musical sin límites en la que la tradición maliense interactúa con el rock, la electrónica, la música disco o el rap. Se trata de una contagiosa celebración de la vida, tan dirigida al cuerpo (“Yalemo”, “Il neige à Bamako”) como al alma (“Ad vitam”, “Anka bain Afrika”), y que demuestra que es posible conjugar distintas procedencias y raíces musicales con pasión y rigor. Con la tierra, África, y la música en el centro de todo.

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