THE SAXOPHONES: No Time for Poetry

THE SAXOPHONES: No Time for Poetry (Full Time Hobby)

Consuelo. Paz. Desaceleración. Eso es lo que el matrimonio Alexi Erenkov y Alison Alderdice viene defendiendo musicalmente. Sus canciones siempre tuvieron un efecto increíblemente calmante, incluso al tratar temas como la mortalidad, como en su álbum más reciente, To Be a Cloud (Ser una nube, 2023).

Pero ahora, el consuelo se ha esfumado. Y no exclusivamente porque Erenkov y Alderdice hayan sido padres, no. La inquietud surge del hecho de que el dúo de Oakland (California), ya no deja pasar lo que sucede alrededor, sino que ha decidido evidenciar lo que sucede ahí fuera, la hostilidad que representa el presidente de su país y sus partidarios, que encuentran desolador.

Si bien su sonido se mostraba más etéreo, reposado y un tanto jazz, ahora la sensación de miedo y tensión propicia un tono algo más oscuro, el reflejo más adecuado frente a ese clima político. Si el mundo lo quiere así, ellos responden con un disco que debe entenderse como una crítica social. Para ello se han inspirado en el espíritu de la mediana edad de Leonard Cohen, canciones distópicas con un toque satírico.

“I Fought the War” (“Luché contra la guerra”) resulta particularmente oscura y amenazante, evocando las bandas sonoras llenas de neón de Drive, The Last Showgirl, los dramas policiales de Los Ángeles de los 80 o incluso a John Carpenter. El tema inicial, “Too Big for California” (“Demasiado para California”) y el final “No Time for Poetry” (“Sin tiempo para la poesía”) encapsulan la sensación inquietante y distorsionada que se siente en ese Estado, esa simultaneidad de brillo, glamour y absoluta miseria.

“America’s the Victim” (“América es la víctima”) adopta satíricamente la perspectiva de Trump y los de su calaña (“¡El hombre blanco es la víctima!”), con un bajo muy Beach Boys. “Mind Wander” (“Mente divagante”) se presenta como una oda jazzística a Nueva York. Y, por su parte, el single “Wayward Men” (“Hombres descarriados”), con un riff de guitarra crudo, cercano al blues y un ritmo más marcado, homenajea a las mujeres que han sido controladas por los hombres desde tiempos inmemoriales, pero que, sin embargo, les conceden el beneficio de la duda. No se despegan del tono melancólico con el saxofón de Till Brönner acompañando la dulce voz de Alexi, pero consiguen darle un giro notable aprovechando, de paso, para ajustar cuentas con el estado del mundo.

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