CAMPUS GALICIA ARTICULO RADICAL MESTIZO

ARTÍCULOS 1999

Radical mestizo

: La aldea global

Los discos recopilatorios son, en su mayor parte, para desconfiar de ellos. Sus autores –las propias compañías discográficas casi siempre, no nos engañemos- intentan aplicar una y otra vez la ley del mínimo esfuerzo.

Se trata de álbumes previsibles, con las canciones más conocidas de un grupo o de un solista, con el simple añadido de un par de temas inéditos, o, si se trata de incluir a varios artistas, con un nexo en común tan evidente como poco justificable. Por eso empeños como los de Radical mestizo encierran un gran mérito y se convierten en todo un logro que debería ser imitado y convertirse en la regla, y no en su excepción.

Para empezar, conocemos los nombres de sus responsables, algo que en la práctica totalidad de los casos queda oculto por el simple hecho de que sus autores son conscientes de que conviene más permanecer en el anonimato si no se aporta nada.

En este caso, Valentín Ladrero, uno de los responsables del sello discográfico Fonomusic, se encarga de todo lo relacionado con lo que podríamos llamar producción, mientras que el experto DJ Floro realiza el trabajo de selección. Y así debería de ser siempre que no se tenga en cuenta exclusivamente el criterio comercial: alguien de un sello encargándose del aspecto industrial mientras alguien que conoce a fondo el tema escoge a quienes deben estar representados en el disco.

Ya fue así en un primer volumen, también doble, editado el ano pasado: el trabajo se repartió de la misma forma y toda la critica coincidió en lo positivo de los resultados, a pesar de que la selección no pudo contar con algunos nombres imprescindibles.

Este es el sentido de la serie Radical mestizo y de su nueva entrega dospuntomil: el compromiso y el baile. Hay gente que compone músicas y escribe palabras tan certeras que hacen tambalear nuestras conciencias, y estos discos están aquí para certificarlo.

Algunas nacen busconas y se encuentran con lo peor de nuestras calles, de nuestros pueblos, de nuestros gobiernos¼ En el mundo de las mil lenguas que crece en las ciudades de Europa y América, y a ritmo de ska, batucada, hip-hop, afro, salsa, reggae, rock, jungle o raggamuffin’, las revoluciones pendientes parecen convertirse en algo mucho más factible.

Músicas para pensar. Radical y mestizo. Estos dos volúmenes son una muestra contagiada de conspiración ideológica a través de la fiesta y de la música popular contemporánea. En ellos se puede encontrar una actitud estética entresacada de un caleidoscopio multicolor, en el que se fusionan los ritmos y explota la voz de la independencia, de la contrainformación, de la libertad artística.

Los modelos anglosajones en los países de ascendencia latina empiezan a tener serios competidores en músicos que intentan reinterpretar esos modelos y mezclarlos, como si de alquimistas se trataran, con otro tipo de influencias sonoras sobre el decorado de la opulencia europea y la miseria latinoamericana. Por eso una propuesta como ésta, abierta y ecléctica, habla, necesariamente, castellano, gallego, euskera, catalán, francés, portugués, italiano, piamontés…

También dan fe de los sonidos deliciosos que se han exportado, sin ninguna ayuda, casi de tapadillo, desde determinados territorios, como plagas fantásticas que se expanden a través del ritmo. Al mismo tiempo, muestran hambre de cultura y se convierten en espejo de una realidad olvidada, de inmigrantes ilegales y jóvenes luchando en las selvas de la supervivencia, de ciudades que se transforman en pasos fronterizos y en laboratorios mestizos de experimentación musical para artistas abiertos y militantes.

Por eso discos así no son sectarios, ya que detectan empatías sugerentes, músicas apasionadas y generan o certifican relaciones entre las bandas que incluyen. Los textos son significativos en todas ellas y la radicalidad se expresa en su actitud comprometida. Radical que deviene raíz, sonidos contemporáneos, urbanos, aderezados con evidentes raíces afro-caribeñas, mostrando un universo periférico, sin presencia en los medios, y extraordinariamente activo.

Ahora, en su segunda entrega, se agradece la evidente mayor coherencia en la selección de la treintena de nombres que completan la antología. Para empezar, se reconoce la labor de los precursores, presentes por fin, en la voz de Manu Chao y Fermín Muguruza.

La estela de Mano Negra queda clara en Dusminguet, La Bemba Blanch, King Changó, Sargento García o La Vaca Guano. Y el rap, la voz que más agita las conciencias, viene identificada por las aportaciones de los vallecanos Hechos Contra El Decoro, los mexicanos Control Machete, el mozambiqueño General D, los cubanos Orishas y su colega Nilo o los senegaleses Daara J.

A su lado, aportaciones como las de Sidestepper, Cypress Hill cantando en castellano, los imprescindibles Diplomáticos de Monte-Alto o la Basque Dub Foundation muestran un presente palpitante y cálido que huye de los caminos trillados para despertar, una vez más, las conciencias.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO SELLO OUTCASTE

ARTÍCULOS 2000

Outcaste

Tradición y vanguardia

De nuevo los Beatles. Antes de ellos, y al menos en el mundo del pop, nadie conocía la música de la India, un continente en sí mismo, con sus mil millones de habitantes. “Norwegian Wood”, de su disco Rubber Soul de diciembre del 65, contenía un sitar interpretado por George Harrison. Los meses siguientes vieron a los cuatro de Liverpool retirados en distintas comunidades de la India y nada, ni siquiera su música, fue lo mismo a partir de ese momento.

Desde entonces veteranos como Ravi Shankar pudieron pasear su sonido por escenarios de todo el mundo. De todas formas, tendría que llegar la electrónica en los ochenta y pasar aún unos años hasta que la fusión entre los sonidos más actuales y la tradición india se convirtieran en una –deliciosa- realidad.

Peter Gabriel lo intuyó e incluyó en su catálogo al artista de más proyección en toda la historia del subcontinente indio, Nusrat Fateh Ali Khan, quien, con esa pequeña ayuda, extendió el virus del sufismo paquistaní por todo el mundo, hasta su muerte en agosto del 97.

Michael Brook le produjo en 1991 su aclamado álbum Mustt Mustt. La remezcla que Massive Attack hicieron del tema que le daba título puede ser considerada como la carta de naturaleza de una fusión que durante los 90 se estaba haciendo con las pistas de baile más especializadas.

Joi, Vas, Talvin Singh, Trilok Gurtu, Black Star Liner, Jasi Uttal, Future Soundz Of India, Earthtribe, Fun-Damental, Cornershop, State Of Bengal…, todos ellos nombres que configuran ese sonido a medio camino entre los ritmos indios y la electrónica más carnosa. Llamémosle bhangra, asian underground, eastern uprising o ethno-techno, el caso es que estos artistas han dado a la luz parte de los sonidos más excitantes de los últimos años.

Los aromas orientales, ninguneados en el pasado por la prepotente cultura occidental, gozan en los últimos tiempos del certificado de lo moderno. Al menos ahora los músicos nacidos al este de Londres o dentro de las comunidades indias de la capital británica ya no son considerados bichos raros, y sus discos son algo más que el apunte exótico de una colección que se precie.

Outcaste, fundado en el 94, se ha convertido en la discográfica con el catálogo más completo de nueva música anglo-india, distribuido en nuestro Estado desde hace unos meses.

El mejor acercamiento a una idea global de lo que representan estos sonidos son los tres recopilatorios editados hasta el momento por el sello: Untouchable Outcaste Beats, Outcaste Too Untouchable y Outcaste New Breed UK. Ahí están recogidos los más interesantes experimentos en la unión del folklore indostánico con las propuestas electrónicas, junto a nombres de más relevancia como Cornershop, Trilok Gurtu o Shri y Nitin Sawhney, los dos pesos pesados de Outcaste.

Shri nació en Bombay y allí aprendió el arte clásico de la tabla, el instrumento de percusión más omnipresente en la música hindú. Sus contactos con el jazz y la música occidental le permitieron inventar un bajo eléctrico muy particular con el que ha desarrollado un estilo único de interpretación.

Su primer álbum, titulado Drum The Bass (1997) y producido por Nitin Sawhney, muestra las posibilidades que ofrecen las técnicas de interpretación hindúes al mezclarse con la tecnología occidental. Su segundo disco, Dancing Drum (1998), realizado en colaboración con el yemení Badmarsh, significa un paso adelante en la evolución de los ritmos globales.

Pero quien mejor sirve al sello Outcaste es el inquieto Nitin Sawhney. Desde pequeño canalizó su creatividad a través de la música, estudiando piano, guitarra flamenca e intentando encontrar la relación entre el jazz-rock y la música clásica india que escuchaba en casa.

Aunque el impulso definitivo a sus experimentos fue la colaboración como teclista con The James Taylor Quartet, que le introdujo en la escena de los clubes de baile y por la que entró en contacto con Talvin Singh, percusionista de Courtney Pine, con quien formó el Tihai Trio, un ente imaginativo que abrió el camino al usar tecnología digital en la tradición acústica de la música india.

Desde que en 1994 publicara su primer disco, Spirit Dance, ha editado otros tres con el sello Outcaste: Migration (1995), Displacing The Priest (1996) y Beyond Skin (1999), además del recopilatorio Introducing, una introducción elaborada para el mercado español.

Lo más sobresaliente es que su evolución le ha llevado a situarse por encima de la fusión de la que un día partió, para llegar a un vocabulario propio que se extiende a cada paso. La paleta de Nitin Sawhney conserva aquella mezclas de colores primarios –sonidos ancestrales de la India y ritmos contemporáneos-, que ahora conviven con guitarras flamencas, jungle, tablas, drum’n’bass, rap, canción bengalí, ritmos latinos y el hipnótico juego de voces de cantantes como Devinder Sighs, Denise Anogyu o Jayanta Bose. Más que un simple ambiente exótico, sus canciones son un reconfortante ejercicio para el cuerpo y para la mente.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO RESUMEN 2001

ARTÍCULOS 2001

Resumen del 2001: el rock en los tiempos de Napster

Leonard Cohen

En los últimos años no habíamos asistido a una eclosión de grupos que recuperaran la esencia del rock como en el primer año del siglo XXI. ¿Es éste el futuro que preveían algunos? Y lo más curioso es que sus máximos valedores son chavales que no habían nacido cuando los Beatles se separaron; algunos, ni tan siquiera cuando los Sex Pistols editaron su único disco. Estamos hablando de The Strokes, cinco residentes de Nueva York que, en el año más negro de la historia de su ciudad, le han dado a su escena el disco de debut más interesante en dos décadas.

No han sido los únicos. Desde Detroit, Jack y Meg Ryan como The White Stripes, enfundados en un atractivo blanco y rojo, han acercado el sonido garage al gran público, tiñéndolo, eso sí, de otras muchas influencias, algo similar a lo que hacen los suecos The Hives. Black Rebel Motorcycle Club, también norteamericanos, hicieron lo propio con el legado de The Jesus & Mary Chain o Joy Division.

Por su parte, Andrew WK se aventura ya como el Meat Loaf del futuro inmediato, con canciones tan pesadas como contagiosas y con el hedonismo como bandera de su forma de vida. Pero de todos ellos, quien lleva camino de convertirse en una estrella creíble es Ryan Adams, un Bruce Springsteen alternativo que no tiene problemas para codearse con Elton John o Alanis Morissette. Su Gold tiene todos los números para convertirse en el nuevo Born In The USA, incluyendo una cita crítica a la bandera en su portada, exactamente igual que aquel disco histórico.

Otras muchas bandas mantienen el espíritu del pop de guitarras clásico, retomándolo justo donde dejaron los Beach Boys o los Beatles. El 2001 ha sido un gran año para lo que conocemos como power-pop, con discos para el recuerdo de Weezer, Pernice Brothers, Cosmic Rough Riders, Splitsville, Big Soul –más cercanos al funk- o El Goodoo.

Aún más clásicos suenan Travis, con un hermoso y humilde tercer álbum, TheInvisible Band, que nos retrotrae a las melodías de The Byrds; Starsailor, alabados por aquellos a quienes siguen –Neil Young y Van Morrison-, aunque lo suyo tenga más del espíritu de Jeff Buckley; James, a base de perfectos himnos pop; y, por último, Super Furry Animals, que editaron el trabajo más ambicioso –y de resultados más sorprendentes- de todo el año, Rings Around The World.

Bob Dylan encabeza la lista de veteranos en racha creativa en el 2001. Su Love And Theft, producido por él mismo, deja claro que la sencillez puede conducir a las cimas más altas. Algo así como lo que Leonard Cohen lleva hasta las últimas consecuencias en Ten New Songs, despojándose de todo lo accesorio, aunque en su caso el mérito lo comparte con su colaboradora Sharon Robinson, compositora, instrumentista y productora del disco. Nick Lowe y Paul Weller también han incidido en esa línea, a través de una producción espartana el primero y de recitales acústicos el segundo.

Son, tal vez, los artistas surgidos durante los 80 y principios de los 90 los más preocupados por buscar nuevas vías. REM lo llevan intentando una década, aunque para su disco más conseguido en este tiempo, Reveal, han recurrido a algún truco de su libro de estilo. The Charlatans insuflaron aires negros y falsete a su música, consiguiendo el honroso mérito de sonar como los Rolling Stones de “Miss You”. Mientras New Order, intentando rejuvenecer el suyo con guitarras saturadas, dejaron parte de su encanto en el camino.

Una vez más, Björk ha conseguido lo casi imposible: sorprender de nuevo, en esta ocasión utilizando sonidos domésticos para configurar canciones que deben ser escuchadas en la intimidad del hogar. Radiohead, profundizando en su faceta experimental, han logrado atisbar nuevos caminos inexplorados aún y, lo que hoy suena vanguardista, mañana será una absoluta referencia.

¿Así que dónde quedó la música electrónica? Relegada a un segundo lugar, al que sólo el corta y pega de The Avalanches redimió momentáneamente. Cierto es que Gorillaz tuvieron la máxima repercusión partiendo de la nada, pero Basement Jaxx y Daft Punk repitieron, y reiteraron, sus momentos de éxito. Lo de Air, a ritmo de rock sinfónico, sólo tiene una definición: el mayor fiasco del año.

Al margen de los circuitos habituales, cabe destacar el momento dulce del rock francés, con Dominique A y Experience a la cabeza, el aire bucólico de los noruegos Kings Of Convenience, los nuevos Simon & Garfunkel, y la repercusión pública de Manu Chao, aún a costa de repetir los esquemas de Clandestino en Próxima estación: esperanza, su “hermano menor”.

Por lo demás, el 2001 será recordado como el año en el que Napster, y otros clones suyos después, permitieron descargar música gratuitamente desde la red. Evidentemente, ello supuso un aumento de la piratería y un desconcierto de las compañías discográficas tradicionales, que no han sabido aprovechar las posibilidades, hoy tan sólo atisbadas, de las nuevas tecnologías. Aunque ésa es otra historia.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO REUNIONES

ARTÍCULOS 1999

Reuniones,¿

todopor la pasta?

RadioFutura

Enun momento en el que reaparecen Mecano, Golpes Bajos, Aviador Dro, RadioFutura, Public Enemy o New Order, el refrán los contradice: segundas partesnunca fueron buenas. A los grupos de rock les da igual si el dinero anda pormedio. Muchos, que no tienen otra profesión, necesitan ver a sus viejosamigos -enemigos- de vez en cuando para seguir tirando. ¿Quémás da destruir el mito?

Curiosamente,fue en esta década, la de los 90, en la que todos decidieron volver. Antes elmito tenía más importancia que la pasta. Cuando alguien decidía separarse,no quedaba más que recrearse con los viejos discos o lamentarlo de por vida.Ahora ya no hay nada inalterable, y nadie se cree que las separaciones sonpara siempre. Muchos ya reconocen abiertamente dejar la puerta abierta atrabajar juntos otra vez en el futuro -Duncan Dhu, Radio Futura, El Último dela Fila…-, y así, si un buen día no les queda más remedio que volver aretomarlo donde lo dejaron, nadie les podrá acusar de ir contra su propialeyenda. Eso, en el caso de que hubieran llegado a tenerla.

Talvez el caso más conocido es el de la Velvet Underground. Después de tirarse los trastos a la cabeza yalgo más, Lou Reed los abandonó a principios de los 70. Sobrevivieron unos añosantes de dejarlo todos definitivamente y dar paso a, tal vez, la mayor leyendadel rock. Lou Reed y John Cale, los irreconciliables, limaron sus diferenciasen el homenaje a Andy Warhol, Songs ForDrella. Poco después, en una actuación sorpresa parisina, sereencontraron con Moe Tucker y Sterling Morrison.

Asíque decidieron reemprender una gira, más de 20 años después, que dio lugara un doble disco en directo. La preparación de un nuevo disco, en el que LouReed se pretendía imponer a todos los niveles, fue motivo más que suficientepara que los otros tres lo acusaran de tirano y renacieran las viejasrencillas. O sea, una reunión tan frustrada y frustrante de la que no haymiedo que vuelva a suceder: Sterling Morrison murió el año pasado, pocodespués de acabar con este amargo capítulo.

Niel espíritu más nihilista puede ser obstáculo para rendirse a la evidenciadel dólar. Sí, el punk, además delos reencuentros de Damned, los Ramones o Generation X, se prestó también ensu mayor exponente: los Sex Pistolsoriginales aunque, lógicamente, sin su mayor icono, Sid Vicious.

Porlo menos estos tuvieron la honradez de titular su regreso "Filthy LucreTour" -"La gira del lucro indecente"-. Y, aunque con susinstrumentos eran mucho más profesionales y no querían saber nada de losescupitajos desde la primera fila, sus pocos meses juntos tuvieron su gracia:ruedas de prensa caóticas, conciertos suspendidos y camisas floreadas quepaseaban con orgullo y sin importarles un pimiento. Tuvieron tiempo a reeditarsu único disco grabado mientras existían -y todo el resto de su producciónpublicada después de disueltos- y un disco en directo con el que hinchar suscuentas corrientes. De ésta probablemente quedaran todos escaldados.

Deaquellos grupos que nacieron con el cambio de década de los 70 a los 80, losSex Pistols no son los únicos que decidieron darse un paseo por losescenarios de nuevo. Tal vez el caso más conocido sea el de Madness.Parece que en las Islas Británicas nadie logró representar tan bien su humoren las canciones y los videos, ya que al menos en dos ocasiones regresaron alo grande, con conciertos multitudinarios, en su mayor parte en Londres, y conreedición de sus grandes éxitos. Este año presentan nuevo disco, el primeroen más de una década.

Tambiénlos Buzzcocks regresaron para unagira y un nuevo disco, aunque no hizo mucho en su contra, tampoco parece queles ayudara a que los conociera alguien más que sus seguidores de siempre. Lomismo les pasó a Television, labanda de Tom Verlaine, que volvieron en el 92 sin lograr superar en ningúnmomento su cima Marquee Moon, aunqueconsiguieron evitar los reproches generalizados y no destrozaron en exceso suleyenda.

TambiénEcho & The Bunnymen regresaronhace dos años, después de las aventuras en solitario de Ian McCulloch y dehaberlo intentando junto a dos de los otros miembros originales, sin el bateríaPete De Freitas, muerto en accidente de moto. Con el nombre de Electrafixionnadie les hizo caso, así que se sintieron autorizados a retomar su viejonombre y, sorpresa, todos parecen haber coincidido en que sus dos discos deregreso son una de las más notables vueltas de un grupo.

Ademásde Blondie, uno de los últimos enprobar suerte han sido Jane’s Addiction,que giraron por los USA el año pasado. Su disco de finales del 97, KettleWhistle, fue una forma decente de recuperar sus viejas canciones y partede su espíritu. Aunque, en su caso, el reencuentro vino motivado, sobre todo,por la falta de respuesta a los dos discos del proyecto de Perry Farrel -PornoFor Pyros- y a que parte de los miembros actuales de Red Hot Chilli Peppersandaban un tanto desorientados.

Perolos que más se han prodigado últimamente son los clásicos americanos de los60 y 70, para bien y para mal. No hay más que recordar las recientes giras,acompañadas de discos de grandes éxitos o en directo, de Eagles,Chicago, Boston y Kiss o los Jackson Five hace algunos años. Según las crónicas, lo de SteelyDan se puede colocar un punto por encima de la media.

Peroalgunos británicos también han caído en lo inevitable. Traffic,con Steve Winwood y Jim Capaldi, volvieron en el 94 con un disco normalito,tal vez para sacar provecho de las continuas referencias de Paul Weller oOcean Colour Scene. Lo de Supertrampy Pink Floyd no tiene nada de especial porque ya es más que habitualcada poco tiempo.

Otrosdos casos tienen más relevancia. Lo de King Crimson es, gracias a la labor de Robert Fripp, un motivo desatisfacción para sus fans, ya que no deja de experimentar con su música dela misma forma que en sus primeros días. Y cuando Alex Chilton decidióresucitar a Big Star lo hizo conalguno de sus seguidores: primero con gente de los Posies, utilizando elnombre de Big Star, y más tarde con Teenage Fanclub, para que quedara claropara todo el mundo de donde les venían las influencias a ambos.

Tambiénse podrían tener en cuenta en este capítulo los reencuentros de los solistascon sus bandas. En los dos primeros casos, Elvis Costello con The Attractions y Bruce Springsteen con The E. Street Band, sus recientescolaboraciones no llegaron a la altura de sus primeros trabajos, pero quedaronmás o menos dignas. Sin embargo NeilYoung con Crazy Horse, suantigua banda, firmó, a principios de los 90, una serie de discos que figuraentre lo mejor del canadiense y del rock eléctrico. Y eso a pesar de que llegóa despedirlos de nuevo por adelantar las maquetas de uno de esos discos.

Deberíamos citar, también, las continuas separaciones y reencuentros de los Rolling Stones, The Who, The Kinks, The Animals o Beach Boys, pero en su caso nunca quedó tajantemente claro que se hubieran separado, y todo lo más que hubo fue unas broncas descomunales entre ellos, nada especial. Queda también la reunión de los tres Beatles vivos para dar luz a una idea mísera: poner música a maquetas de segunda fila de John Lennon. Y Robert Plant y Jimmy Page intentan sobrevivir juntos al legado de Led Zeppelin con nuevas canciones y algunos de sus clásicos, además de haberse juntado en un par de ocasiones con John Paul Jones y el hijo de John Bonham.

Hay otros que han conseguido escapar a los rumores y a las suculentas ofertas en forma de cheques. Sting aún duda si reunir a Police e Iggy Pop no las tiene todas consigo respecto a juntar a los Stooges. Este año grabaron nuevas canciones Kraftwerk, Blondie, The Records y Public Enemy, preparan nuevos conciertos New Order, Bow Bow Bow y hasta Culture Club!, mientras Simple Minds recuperan a su formación original. Hasta ahora sólo se han salvado The Jam y The Clash. Aún hay quién resiste la tentación!

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO FESTIVAL SANTIROCK 2000

ARTÍCULOS 2000

Santi Rock, digna primera edición

Sonic Youth en Santiago de Compostela

Curioso festival. Ya desde que uno llega el primer día y se encuentra con aquello de “Prohibida la entrada de animales cuadrúpedos; para los bípedos nos reservamos el derecho de admisión”, se adivina que no está ante un evento al uso. Sí, los pasados 13, 14 y 15 de julio tuvo lugar en Santiago la primera edición del Festival Rock por excelencia de Galicia desde ya mismo. Y lo ha sido porque no muchos pueden presumir de reunir el cartel con el que hemos contado.

A pesar de todo, el protagonista principal no fue ninguno de los grandes nombres, sino… ¡el viento! Quedará para siempre grabado en los oídos de los asistentes como las rachas de viento hacían que el sonido de los grupos fuera y viniese sin otra explicación. Y no es que el equipo contratado por la organización se quedase corto, sino que ante los elementos de la naturaleza poco se puede hacer. De todas formas, nada como acercarse al escenario o pensar que mejor eso que tener que suspender por la lluvia o algo peor.

Iggy Pop triunfó la primera noche. Como siempre, a torso descubierto, pantalón de cuero negro y sobriedad en el escenario y en sus músicos, aunque para energía y electricidad sin tregua ya estaba él con sus 53 años. Él suda, mientras otros –Jagger, por ejemplo-, transpiran colonia de precio prohibitivo. A su misma altura, en otra concepción muy distinta de la música, estuvieron Asian Dub Foundation, la única nota plenamente actual de los tres días, con sus proclamas políticas, sus increíbles bases rítmicas y un sonido insuperable, aunque para entender a su cantante se necesite haber nacido en su misma casa.

El segundo día brilló con luz propia la voz y la presencia en escena de Skin, cantante de Skunk Anansie. Los músicos que la acompañan no siempre están a la altura y en este caso, aunque queda claro que ganan en directo respecto a sus discos, sólo pudieron seguirla al principio y al final. Ash no pasaron de correctos, mientras que Killer Barbies y L 7 demostraron un saber estar encima de las tablas casi similar al de Skin. Potentes, cuando menos. Dover, como siempre, lo tenían todo ganado, y ni siquiera necesitaban de versiones como “Time After Time” de Cindy Lauper o el espectáculo de ver a su batería desnudo haciendo el pino para arrasar con su sonido de hace diez años.

Sonic Youth, por mucho que digan, brillaron como en sus mejores momentos, en el que fue sin duda el mejor día de los tres. Dejaron de lado su difícil último disco y dieron, de nuevo, una lección para todos sus discípulos en el mundo del noise, del grunge, del punk y, por extensión, a toda la escena del rock. Emplearon sus mejores armas: un buen diseño de escenario y distorsión a raudales, la misma que utilizaron por momentos Yo La Tengo. Aunque en el caso de estos últimos, lo suyo fue mucho más atípico: de la delicadeza a la furia en segundos y dejando para la posteridad el mejor momento de todos: su interpretación coreografiada –y cómica- de un oscuro éxito de la música disco “You Can Have It All”.

Mientras, Manta Ray volvían a deslumbrar con sus ambientes, que no canciones, siempre embelesadores en vivo. Teenage Fanclub decepcionaron por no traerse ensayada la lección y por empeñarse en sonar aún más pop en sus nuevas canciones. Ocean Colour Scene, aunque se mostraron por encima de lo esperado escogiendo lo más granado de su repertorio, se empeñaron en dejar claro lo retro de su sonido cerrando con el “Day Tripper” de los Beatles.

La sorpresa llegó de la mano de los portugueses Madamme Godard, un grupo sin sello discográfico aún por el que vale la pena suspirar. Ocean Colour Scene aportaron el personaje más entrañable: un viejecito que tocaba la pedal steel guitar y que hacía de roadie para el grupo, encendiéndoles los cigarrillos. ¿Sería el padre de alguno de ellos, el auténtico causante de la vocación de sus hijos?

Más curiosidades: Iggy Pop apareciendo en Mercedes en el recinto para, a continuación, seguir con atención la actuación de Sexy Sadie y pedirles un disco. No fue el único que mostró su alma de fan: Cristina Llanos, de Dover, presenció varias actuaciones desde la primera fila, en especial la de las salvajes L 7. También se pudo ver entre el público a gente de Los Enemigos, Los Flechazos o Barricada, estos acomodados a resguardo del viento y haciendo tiempo hasta que les tocase salir al escenario en otro punto de Galicia.

Se pueden mejorar muchas cosas, desde luego, y la organización es consciente de ello. Sobre todo, esa carpa dance que, prevista para sólo mil personas, se quedó pequeña desde el primer momento. Mejorar las señalizaciones de entrada, poner autobuses gratuitos desde el centro de la ciudad y habilitar una sala de prensa son también cuestiones pendientes. Ni se debería tampoco anunciar el cartel hasta que esté cerrado en su mayor parte, tal y como se hizo este año, creando unas expectativas que luego no se pueden cumplir.

Pero lo que hay que dejar muy claro es que el balance es totalmente positivo, sobre todo por esos casi 40.000 asistentes que superaron ampliamente a los 5.000 que esperaba la Consellería de Cultura. Por todo ello, por el éxito artístico y de público, se debe asegurar ya, sin más dilación, la continuidad de un acontecimiento que se ha convertido, en su primera edición, en cita ineludible del verano festivalero.

Xavier Valiño

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