CAMPUS GALICIA ARTICULO LIBROS ROCK

ARTÍCULOS 2000

Lectura rock, de los 60 a la revolución sexual

Al igual que en el número anterior, cabe reseñar una vez más la aparición de libros centrados en fenómenos o en artistas del rock, que contribuyen a acercar más su obra a sus seguidores, a destripar parte del contenido de la trayectoria de ciertos artistas y a darle a la música contemporánea un cierto halo del que no anda muy sobrado.

Para empezar, hemos de mencionar la imprescindible colección “De música” que ya nos ha dado títulos completísimos como, entre otros, Satanismo y brujería en el rock, Geografía del rock, La censura en el rock, Cadáveres bien parecidos o Rock en el cine.

En las últimas semanas se ha editado un volumen titulado La revolución sexual del rock, escrito por Jordi Bianciotto. En él se repasa el componente sexual del rock, evidente desde los primeros contoneos de Elvis Presley, y que ha continuado, a través de figuras como la de Madonna, hasta nuestros días. Para ello se ha dividido el libro en once capítulos, un anexo de letras de canciones seleccionadas y con relación con el tema, declaraciones diversas y jugosas de las estrellas del rock y una galería denominada erógena, en la que se recogen los mitos sexuales de estos casi cincuenta años de historia del rock.

Lo mejor del libro está en que propone toda una revisión del sistema de valores dominante en el rock, desmontando, como no podía ser menos a poco que se profundizase en el tema, la pretendida liberación e igualdad sexual que el rock ha traído a nuestra sociedad. Bajo el amparo de la sociedad-espectáculo y avivado por una audiencia que rinde culto al escándalo, el rock ha creado monstruos: atropellos sexuales por parte de líderes altivos y exhibicionistas, institucionalización de la mujer objeto y perpetuación de valores atávicos en la relación entre el mundo masculino y el femenino.

De este modo, se pasa revista a la galería del folclore propio del género, pero va más allá y utiliza una descripción de este escenario grotesco para proponer un debate sobre el agotamiento del rock como lenguaje subversivo y su sumisión a esquemas regresivos. Su visión crítica se dirige, en primer lugar, al mito de la estrella masculina, pero apunta también hacia el acomodo de la mujer en su papel actual de diva de la seducción mediática. Su mirada atenta a subgéneros como el heavy metal, el hip-hop, el soul, el pop para fans y el rock alternativo da forma a una tesis que colisiona abiertamente con la función transgresora que la sociedad ha otorgado tradicionalmente al rock.

Dentro de la colección “Todas las músicas” aparece un nuevo volumen dedicado a The Beatles. En principio, podría pensarse que ya poco queda que decir sobre el cuarteto de Liverpool, pero lo cierto es que en este libro siempre habrá algo que sorprenda. Se trata de una recopilación de las anécdotas más divertidas de los Beatles: infidelidades, drogas, manías, gamberradas, traumas, detenciones, escándalos y complejos que, además de influir en sus canciones, contribuyeron a convertir a la banda en uno de los mayores fenómenos del siglo XX.

Es cierto que buena parte de todas estas anécdotas son célebres, pero aquí están recogidas en un único libro, y siempre habrá algún detalle desconocido hasta para el más atento seguidor de las andanzas del cuarteto. Lo más sorprendente, por mucho que su trabajo pueda haberse limitado a la recopilación de historias sobre los músicos, es que el libro lo ha escrito una joven de quince años, Helena Celdrán.

Siempre hay novedades en el mercado editorial que se centran en la biografía de un artista de especial relevancia. El primero de los dos que aquí comentamos se titula Bob Dylan, una introducción. Y eso es lo que ha pretendido Darío Vico, consciente de que hay bastantes personas en nuestro Estado que conocen más sobre el cantante norteamericano que él mismo.

Así que el enfoque es lo que más se agradece, siendo crítico o añadiendo unas gotas de humor y subjetividad que hacen su lectura más amena. Por ello las omisiones se perdonan más, como la casi nula mención a su mejor disco de los últimos quince años, Oh Mercy, también relegado a un segundo plano en la más que acertada calificación final de los discos de Dylan. Evidentemente, contarlo todo sobre Bob Dylan necesitaría de varios tomos y un acercamiento en profundidad a la obra de quien ha estado nominado al Premio Nobel en más de una ocasión no parece tarea fácil ni es el cometido de la colección “Imágenes del rock”.

En la misma colección aparece ahora también Van Morrison, Belfast Cowboy. En este caso sus autores, Juan Vitoria y José Díez han optado por la crónica de su historia sin más, en una formulación bastante más tópica, con lo que su lectura pierde en interés si no se van buscando datos concretos sobre su obra y su biografía o si no se toma como un primer acercamiento a la obra del león -¿cowboy?- de Belfast. La discografía está bastante completa, aunque se limita a las ediciones oficiales, aunque no se entiende que para las fichas de los CDs se hayan dejado fuera logros como It’s Too Late To Stop Now o Hymns To The Silence.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO KINKS

ARTÍCULOS 1999

TheKinks, reedición de unos clásicos

¿Quétienen en común, pongamos por caso, Van Halen, The Raincoats, Mot The Hoople,The Pretenders, The Fall, The Jam, Big Star, Blur, Elvis Costello, Herman’sHermits…? Nomucho, a no ser que todos han hecho versiones de alguna canción escrita en sudía por Raymond Douglas Davies, por supuesto. El repertorio de los Kinks delos años 60 es tan variado y de tal alcance que ha conseguido tener unaamplia variedad de grupos como fans. Y en el caso de The Jam o Blur le debengran parte de su razón de ser.

Labanda surgió en medio de la invasión británica de los 60 con ruidosascanciones rock, que contribuyeron a cimentar las bases del heavy-"You Really Got Me", sin ir más lejos-, pero pronto seconvirtieron en un combo de canciones nostálgicas dedicadas a reflejar elmundo londinense de aquellos años, y todo ello sin estar en sintonía con elresto del mundo musical de por aquel entonces: tan sólo Donovan estaba tambiénfuera de juego, pero Ray Davies tenía un oído más preparado para las melodíasy unas letras mucho más clarividentes.

Cuandola banda comenzó con una serie de singles de éxito que incluían "YouReally Got Me" y "All Day And All Of The Night", parecía queestaban en la cima del mundo y que habían nacido para quedarse allí. Losproblemas echaron a perder tan benévolos presagios incluyendo, en el caso deRay, crisis nerviosas, pérdida de inspiración y problemas con la bebida. Y,a pesar de todo, consiguieron legar a su compañía de discos, la máspreocupada por sacarle un rendimiento instantáneo, y al mundo entero, cincodiscos ya clásicos y un buen puñado de singles en menos de tres años.

Esosson los cinco discos que ahora se reeditan gracias a la colaboración entre susello original Castle y Mastertrax: TheKinks, Kinda Kinks, The Kinks Kontroversy, Face To Face y SomethingElse By The Kinks. Y la mejor noticia es que todos doblan su duraciónoriginal, incluyendo rarezas, caras B y versiones que no aparecían en lasediciones originales, aunque se respetan las portadas que antes tenían y sele incorporan unos acertados comentarios.

Puedeque los tres primeros no pasaran de ser colecciones de singles -excelentes,eso sí-, pero a partir del cuarto, en 1966, The Kinks empezaron a hacerdiscos completos, al igual que los Beatles, los Beach Boys o los RollingStones, en una época en la que se hicieron muchos discos grandiosos yatemporales, con forma de declaraciones íntegras más que una simple colecciónde singles de éxito con algún que otro relleno.

Para probarlo están las canciones, que fueron ganando en profundidad a medida que pasaban los meses y que el éxito les rondaba. Y todo coincidió con los problemas: su hermano Dave empezó a buscarle un sustituto a Ray en la banda, las giras eran una tensión continua dentro del grupo, su compañía no se preocupaba más que por los beneficios instantáneos y su productor Shel Tamy tenía que bregar con los intentos de Ray de hacerse con el control tras la mesa de producción.

Así que, a medida que su vida personal iba cayendo en picado, sus letras empezaron a reflejar este peso, mostrando las depresiones del principio y buscando alguna forma de escapar más tarde, con el sonido mirando hacia los "viejos y buenos tiempos".

Cuando a Ray Davies le preguntaban por la melancolía de sus canciones, él respondía diciendo que no lo hacía por fastidiar, sino porque en todo el mundo encontraba la misma debilidad que él sentía. "Dellicated Follower Of Fashion" o "Well Respected Man" demuestran que Ray aprendió, poco a poco, a darle un severo repaso a las clases medias, y en ello basó buena parte del resto de su producción: de la frustración personal a su madurez como compositor sólo medió un paso.

Aunque el grupo empezaba a mostrar síntomas de sofisticación con The Kinks Kontroversy, su material realmente valioso llegó con Face To Face, cuando comenzaron a mezclar sus raíces rhythm’n’blues con escalas indias, folk, el music hall y la colaboración del clavicordio de Nicky Hopkins -también asiduo en las grabaciones de los Rolling Stones-.

Con Something Else By The Kinks dieron lo mejor de esta su primera etapa, un paso de gigante en términos de elegancia y consistencia. No hay más que escuchar el acertado relato de idolatración escolar que es "David Watts" o el dardo certero de "Harry Rag", que ahora se recogen junto a cortes extra tan exquisitos como "Wonder Boy" o "Autumn Almanac".

Ironías de la vida, sus más brillantes capítulos junto a la banda a la que Ray Davies dedicó toda su existencia se reeditan al mismo tiempo que aparece su primer disco en solitario después de 34 años, The Storyteller, un disco digno, pero que no pasa la prueba de las comparaciones, ni siquiera lo debería intentar. Ray Davies se lo ha ganado a pulso.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO LIBROS ROCK

ARTÍCULOS 2000

Libros rock, lectura imprescindible

Últimamente abundan los libros dedicados al rock, tanto biografías al uso como volúmenes mucho más profundos. No son las compañías discográficas las únicas que se lanzan con todos los medios a su alcance a por los consumidores del rock. También las editoriales quieren su tajada del pastel. ¿Y a nosotros que narices nos importa si el caso es tener libros decentes en las librerías?

Lo más curioso del fenómeno es que si hasta hace muy pocos años la bibliografía rock era muy, muy escasa por aquí, ahora llueven los libros rock. No todos son recomendables, pero suponemos que las editoriales, al igual que las multinacionales del disco, tienen que tener su parte de chicos de la calle de atrás y chicas especiadas en los quioscos para poder poner en el mercado otras cosas. Tampoco lo que se edita está al nivel de otros Estados, pero allí el mercado es más grande, tienen más tradición y un libro documentado sobre rock está bien considerado. Aquí, por ahora y por desgracia, sigue siendo un género menor.

De todas formas, publicaciones como las que ahora comentamos empiezan a romper con esa tendencia. Para empezar, cabe referirse a la imprescindible colección “De música” de la editorial La Máscara, que ya nos ha dado títulos completísimos como Satanismo y brujería en el rock, Geografía del rock, Historia del rock, La censura en el rock o Diario del Rock, entre otros.

En los últimos meses han editado un volumen titulado La gran guía del rock en CDs, escrito por Jordi Bianciotto con voluntad enciclopédica. En él se repasa toda la discografía que se puede conseguir en disco compacto de 400 grupos y solistas de la escena pop-rock internacional. Desde los años 50 hasta el año 98, con especial incidencia en los 90, se repasa la producción de las figuras más relevantes de estas cuatro décadas, con puntuaciones orientativas muy acertadas, breves comentarios sobre los discos más relevantes y una pequeña ficha de cada artista. Además, también recoge una parte de la escena estatal, lo que lo diferencia de otras publicaciones extranjeras similares y de todo lo que puedas encontrar en Internet. Evidentemente, y a pesar de cubrir una laguna muy importante en el campo editorial español, los 400 nombres se quedan cortos y siempre se echará alguno de menos, pero el intento era necesario y ha quedado muy digno.

Por su parte, Radio 3: 20 años se dedica a homenajear a la emisora a la que tanto le debemos con motivo del vigésimo aniversario de su creación, que se celebró el año pasado. En este caso, y con la pluma de muchos de los que han sido los responsables de su programación –Jesús Ordovás, José María Rey, Julio Ruiz, José Miguel López, Tomás Fernando Flores, Ramón Trecet, Lara López, Iñaki Peña, Diego A. Manrique, Juan de Pablos, Manolo Ferreras- y de otros que crecieron escuchándolos y que han cimentado su carrera en el apoyo de la emisora –Pedro Almodóvar, Alaska, Radio Futura, Dover, Miguel Anxo Prado, Lucía Etxebarría, Fernando León….- se hace un balance de la cadena que más ha tenido que ver en la agitación musical, cultural y social entre la juventud de la historia de la reciente democracia. No esperes encontrarte con una historia detallada, pero sí con una crónica sentimental de veinte años de emoción.

El título de Cadáveres bien parecidos remite bien a las claras a su contenido: la crónica negra del rock. Desde las muertes prematuras de estrellas como Buddy Holly, Jimi Hendrix, Jim Morrison o Janis Joplin, cuando el rock aún no había hecho más que comenzar a andar, hasta las más recientes de Kurt Cobain o Michael Hutchence. Ahí están todos los muertos que vivieron deprisa y dejaron un bonito cadáver, con las causas de sus fallecimientos. No hay lugar para el morbo pero sí para una crónica perfectamente detallada, en la que Jordi Bianciotto actualiza el trabajo que en 1987 hiciera Jordi Sierra i Fabra.

El más reciente de estos completos trabajos es Rock en el cine, escrito por Jordi Bianciotto, centrado en las relaciones que desde los años 50 han mantenido ambas artes. El recorrido se abre con una breve cronología introductoria y continúa con el análisis de más de 450 películas que tienen una estrecha relación con el rock, bien por su significado histórico, por su banda sonora, su argumento o sus protagonistas. Además ser recogen otros 350 títulos con alguna relación con el rock, así como la filmografía de músicos y grupos de todos los tiempos. Si realmente hay algún error en todo este apasionante recorrido, es algo que puede llevar días descubrir.

Queda para el final una nueva biografía sobre The Clash –Fuera de combate- escrita por uno de los dos directores de Ruta 66, Ignacio Juliá. Como todos los trabajos de la colección “Imágenes de rock”, se completa con una discografía, póster y carátulas de CD con información sobre los discos. El libro cuenta con una amplia selección de fotos y un buen resumen de la importancia y la historia de los Clash. Los hay más completos, pero difícilmente habrá un libro dedicado a The Clash de tanto contenido visual.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO THE PRETENDERS

ARTÍCULOS 2001

The Pretenders, veteranía rebelde

Dos décadas después de su debut, Chrissie Hynde –50 años en el 2001, madre y mujer individualista, tozuda y lenguaraz- sigue alimentando la llama de uno de los grupos más personales surgidos en la nueva ola británica, al editar su colección de Grandes Éxitos. Una banda que resume los grandes tópicos del rock: vida rápida, fortuna, éxito, drogas y tragedia, al menos en sus cinco primeros años de vida, en una espiral alejada de la realidad actual de una artista en apacible fase vital.

Quizá sea su imagen imperecedera, con ese eterno flequillo sobre sus ojos de gata, o su descreimiento hacia el pop, pero algo evidencia que es una superviviente. Ella y el batería Martín Chambers son los únicos que quedan de la formación original de Pretenders, después de que James Honeyman Scott y Pete Farndon se ajustaran al guión terminal del rock y murieran por sobredosis a principios de los 80. A partir de ese momento no todo siguió el guión previsto.

Es cierto que la relación del rock con su propio pasado siempre ha sido algo precario y potencialmente desastroso. Casi todas las estrellas del rock, es justo decirlo, se echan a perder después de olvidar su imaginación a una edad en la que son fácilmente impresionables por la colosal sensación de ser únicos una vez que se suben a un escenario.

Por eso es raro no encontrar una auténtica estrella del rock que no esté agobiada por llegar a formar parte de la elite y que, además, siempre parezca haber estado ahí. Y eso es la apreciación generalizada en torno a Chrissie Hynde: siempre ha estado ahí y nunca ha hecho lo que se suponía de una estrella al uso.

En los días perros del primo accesible del punk, la nueva ola, cuando la música popular se ahogaba en un mar de corbatas estrechas y melodías anoréxicas, The Pretenders eran demasiado sorprendentes para una generación que asumió el toca por sentimiento, aunque no sepas como lema, no tanto por las vastas referencias que traían con ellos –el desparpajo de los cincuenta, el brillo de los sesenta, la inmediatez del glam de los setenta y la descarada ruptura del punk-, sino más por parecer y ser ellos mismos.

Eran un archivo ambulante de todo aquello que había sido grande en el mundo del pop, con una gran dosis de esplendor añadido a la receta original. El hiper-pop, eso es lo que los Pretenders hacían. Y, aunque se trataba de un grupo accesible y apto para las emisoras comerciales, nunca sucumbieron al adocenamiento, como hicieron muchos de sus contemporáneos cuando el fulgor de los grandes estadios extrajo de ellos el espíritu de rebeldía e independencia tan vital para la creación de grandes canciones pop. The Pretenders podían ser huecos, mirar con desaprobación a sus coetáneos, piadosos y, a veces, desconcertantes, pero nunca fueron blandos.

¿Blandos, con esa mujer al frente? Un híbrido entre Huckelberry Finn y Cleopatra, Chrissie Hynde era una de esas personas que hacen que uno recupere la fe en la mujer americana, aunque en algún momento, dada su fuerte personalidad, se la tomó como representación de un tercer sexo. Vulnerable, vanidosa, osada y talentosa, Chrissie Hynde puede incluirse sin temor en esa larga tradición de mujeres que nos lleva hasta los tiempos de Zelda Fitzgerald o Edie Sedgwick y llega hasta hoy. No sólo tenía la imagen, sino que también tenía la voz, las canciones y el espíritu. En su integridad, tal combinación pocas veces ha sido mejorado en el imprevisible mundo del pop.

La carrera de Chrissie Hynde no ha seguido una trayectoria convencional –llegar, conseguirlo y quemarse rápidamente-, sino que ha reaparecido constantemente cuando menos se la esperaba y con los movimientos más insospechados: haciendo versiones de Donna Summer, cantando junto a UB40, compartiendo escenario con Damon Albarn de Blur o compartiendo vida con Ray Davies, de The Kinks, y Jim Kerr, de Simple Minds.

Nada queda tan anticuado como la última sensación de la temporada, pero Chrissie Hynde nunca fue eso, a pesar de su innata elegancia. Su encantadora y dolorosa voz nos habla de lo que tenemos que tener presente, así como de aquello de lo que tenemos que sentirnos orgullosos del pasado, pero también de lo brillante que puede ser el futuro si le hacemos un sitio.

¿Y las canciones? Ah, sí, bastan los títulos, que lo dicen todo: “Brass In Pocket”, “Kid”, “Talk Of The Town”, “Back On The Chain Gang”, “Message Of Love”, “Human”, “Popstar”…Y sus discos, en especial el terceto inicial: I, II y Learning To Crawl.

En la Biblia, hay una adivinanza acerca de un cuerpo de león con una colmena dentro, y la respuesta es: “De la fuerza surgió la dulzura”. Más que nada, ése es el sonido de The Pretenders.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO LOS NUEVOS CROONERS

ARTÍCULOS 2000

FIB: Camino sin retorno

Primal Scream en Benicassim 2000

Curioso, curioso. En un Estado en el que todos huyen de la cultura minoritaria como la peste, el festival veraniego que triunfa es el de Benicassim, consagrado a la música independiente y más al margen de los medios masivos. Y no hay excusas que valgan: a estas alturas el Festival Internacional de Benicassim tiene un público fiel que pasea la especialización como su estandarte y el elemento que le hace existir por imperiosa necesidad.

Edición del 2000: 24.000 espectadores, 700 periodistas, televisión en directo, 150 millones de oyentes a través de las ondas, 500 millones de presupuesto… Cantidades para marear, pero no para perder el Norte. A pesar de haber crecido cuantitativamente en los años anteriores –no en éste, ojo, el techo ya está marcado-, la filosofía original permanece inalterable. Y el resultado se traduce en un balance artístico satisfactorio y en una organización casi impecable: quedan en el debe los cortes a Primal Scream, Elastica, Johnny Marr’s Healers o Los Fresones Rebeldes.

Cartel. Contar con Oasis en el plantel de artistas significa una seguridad que permite dedicarse a grupos aún más minoritarios. Así que de menos calidad en la programación, nada. Más bien todo lo contrario: posibilidades así no se pueden tener todos los días, por lo que la mayoría intentan convencer a una audiencia respetuosa, pero crítica, de sus propuestas. Arriesgadas unas, desconocidas otras, creativas todas, y con un amplio margen por delante, del que Benicassim se convierte en punto de partida a ese sendero que ya no tiene vuelta atrás.

Oasis. Sólo uno de los hermanos Gallagher, Liam, se dignó en pisar el escenario. Noel ya no es más que el mito a imitar. Lo hace su guitarrista de reemplazo, como un clon -y lo hace también Johnny Marr al frente de su nueva banda, demostrando como el maestro ha pasado a imitar al alumno-. Lo que ahora representan los de Manchester, cuando Liam decide concluir un concierto, es un gigantesco karaoke, poniendo en evidencia que los Oasis del 2000 poco tienen que ver con la banda que hace cuatro años conquistó el mundo. Eso sí, los sustitutos se ganan el sueldo con su perfecta clonación, y cuando Liam canta “Rock’n’Roll Star” el mundo le da la razón: ha conseguido su sueño, con la arrogancia y la chulería como elementos indisolubles a tal condición.

Primal Scream. Si los Rolling Stones sonaran como deberían en este cambio de milenio, se llamarían Primal Scream. La mejor banda rock del mundo, ni más, ni menos. Tienen la actitud punk, los riffs del Keith Richards más bastardo, la química del verano del amor, la imagen de Joe Strummer y la fuerza de una locomotora desbocada. Suenan peligrosos, sucios, vanguardistas, clásicos, primitivos, agresivos, eléctricos… Incitan a la rebelión y consiguen la unanimidad en la acción y en el baile. Bobby Gillespie es la instantánea de Benicassim 2000, al menos la que nos gustaría recordar.

Richard Ashcroft sin The Verve. El nerviosismo dio paso a una confirmación. Sin su anterior grupo, Richard Ashcroft pierde fuelle: sus acompañantes no dejan de ser meros mercenarios. Pero jugó con las cartas marcadas: ennegreció su inmaculado sonido con coros soul y gospel y, al final, consiguió que su reblandecido sonido diera el pego. Triunfo por insistencia y convencimiento.

Escenario Maravillas. En un escenario tan grande, consagrado en su mayoría a las propuestas más rock, casi todos brillaron por debajo de las expectativas. Sólo merecen una mención Six By Seven –penúltima regeneración del rock británico-, Autor de Lucie –delicadeza entre tanta pretenciosidad- y la excelente voz de la cantante de Morcheeba, un grupo demasiado dirigido a las audiencias mayoritarias.

Grupos estatales. Los Planetas arribaron con una actuación anterior olvidable y, en el 2000, casi consiguen hacerlo inolvidable. Aún habrá tiempo para superarse, porque el Festival es suyo. Sexy Sadie tienen ya bastantes clásicos coreables y Astrud reconvirtieron la ironía y la sencillez en su mérito –“gracias por venir a vernos a nosotros y no a Onasis; al menos nosotros hemos venido los dos”-.

Escenario “Viaje a los sueños polares”-“Urbe.es”. Con la única pretensión de disfrutar, agradar y convencer, la mayoría de sus inquilinos ocasionales fueron los grandes triunfadores: Saint Etienne y su pop lujoso y lujurioso, Pizzicato Five al borde del delirio bailable y Gonzales como el trío más canalla e incorrecto de los tres días. No estuvieron solos: Mojave 3, Baxendale, Pop Tarts, Le Hammond Inferno –y la consigna “Move Your MP3s”, guiño al subconsciente colectivo en tiempos de piratería masiva en red-…

Dos momentos para el recuerdo. Richard Ashcroft y sus diez minutos en acústico y eléctrico de un “Bitter Sweet Symphony” glorioso, y Moloko, con veinte minutos de un “Sing It Back” en acústico, eléctrico y versión dance que aún seguiremos bailando por mucho tiempo.

Xavier Valiño

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