ULTRASÓNICA ARTÍCULO CONCIERTO RED HOT CHILI PEPPERS

ULTRASÓNICA ARTÍCULO CONCIERTO RED HOT CHILI PEPPERS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2004


El día que vi tocar a los Peppers


Exigían puntualidad y empezaron con algo de retraso. El viento pegaba fuerte pero Flea no sentía el frío y salió sin camiseta. Crónica de cómo los californianos Red Hot Chili Peppers dieron un concierto para abrir el verano-Xacobeo.

“Ahí están”. Ovación ensordecedora. Al escenario del Monte do Gozo salen Anthony Kiedis, Michael Bazary (Flea), John Frusciante y Chad Smith. Ante 30.000 personas en Santiago de Compostela van a cerrar su gira europea los Red Hot Chili Peppers. Sólo podía ser un milagro del Xacobeo. La tan cacareada exigencia de puntualidad no se cumple. Pero da igual. Ahí están.

“Can’t stop addicted to the shin dig…”. La canción dedicada por los californianos al tratamiento con ozono pone a saltar a todo el mundo y el corazón, a cientos de metros del escenario, se sale del pecho. Es difícil contenerlo. Son los Peppers. Son ellos. Has pagado los 28 euros (con la historia de pillar la entrada por Internet y no sé qué gaitas), has ido hasta Santiago (gracias otra vez, Edu), te has colado en uno de los autobuses que subían al Gozo (gracias por el descaro, Evita), has echo cola para entrar en el recinto y el sitio que has pillado está a cientos de metros del escenario (y gracias).  

Pero son ellos. El “Hola, gente” de Kiedis sabe a gloria. A la chica que portaba el cartel de “Marry me, Anthony”, a gloria bendita. Se ha vuelto a dejar el pelo largo, esta vez con flequillo, el cantante de los Peppers. Sale con americana y corbata. Acabará enseñando su famoso torso. El bajista Flea, que no siente el frío, lo hace desde el primer momento. Frusciante lleva sus brazos de tatuajes quemados tapados por una camisa. En medio del concierto, se pondría un gorro. Mi cartel (que sólo era mental) ponía. “You’re my inspiration, John”.

Van cayendo las canciones. Toca repaso de grandes éxitos. La gente corea los hits: “Californication”, “Otherside”, “By the way”… Para los bises quedaría “Under the bridge” y “Give it Hawai”. Los orígenes quedan lejanos. Ya no permanece casi nada de los amigos de instituto (Kiedis y Flea) que tenían un grupo en el que salían a tocar desnudos con medias tapando lo único que no querían enseñar del todo. Frusciante era sólo un fan. Sin él, hoy simplemente no son. 

Kiedis canta muy bien. Su voz suena genial en directo. Quedan en la memoria los ecos de 30.000 gargantas ladrando como él propuso desde el escenario. Es habitual (lo dicen los DVD). “Mamamaé”, canta. Y todos detrás. Quedan en la memoria las parrafadas que soltaron. Quedan los esfuerzos de Flea presentando en castellano una versión de una banda amiga de California.

Queda él mismo pidiéndole a la gente que perdonase a Bush. “Fuck George Bush”, le contestaron desde las primeras filas. Queda Frusciante dedicándole “Havana affair” a Joey Ramone (ahí sí que te ganaron, Marta). Queda Chad Smith antes de empezar los bises (dos horas clavadas duró el concierto) haciendo de las suyas en la batería. “Buddy you’re a boy…”. Momentazo.

Pero los momentos grandes, grandes de verdad, vinieron de la mano de Flea y John Frusciante. De sus cuatro manos. Uno frente al otro. Solos con el bajo y la guitarra. Sobrábamos todos. Cómo se aplaude algo así. Yo no sé. Y ahí sí era oficial: éste era un gran concierto, por encima del montaje audiovisual que derrapó al principio, por encima del pésimo sonido que iba y venía según pegase el aire, por encima de pagar los casi 30 euros para cansarse de ver invitaciones VIP colgadas de cuellos (VIP ¿de qué?), por encima de fuegos artificiales que sobran (la pirotecnia no hace falta con un grupo como éste), por encima de los parones entre canción y canción (por Dios bendito si llevan tres días repitiendo concierto en High Park, ¿qué se comentaban?), por encima de obviar un guiño como sería tocar “Cabrón”.  

Allí estaba John Frusciante para hacerlo olvidar todo, de rodillas, tocando con los ojos cerrados, como si no hubiese nada más. No lo había y (casi) no lo hay.

Belén López

CAMPUS GALICIA ARTICULO CURTIS MAYFIELD

ARTÍCULOS 2000

Curtis Mayfield

Alma de soul

Curtis Mayfield no es tan conocido como James Brown o Marvin Gaye, por citar a algunos de los nombres esenciales de la música negra, pero en algunos aspectos les supera con creces.

Su inconfundible voz, con un delicioso falsete que le hace identificable a la primera, la crónica social de sus textos, ya fueran de temática social o bien simples (y maravillosas) canciones de amor, su labor como compositor, productor y arreglista y su entereza ante las adversidades (un incendio arrasó su casa, en 1990 sufrió un accidente que le dejó paralizado de cuello para abajo), le otorgan un puesto de honor entre los más grandes. Y, además, es uno de los escasos músicos que figuran por partida doble en el Rock & Roll Hall Of Fame, una por su carrera en el seno de los Impressions y otra por su trayectoria en solitario.

Nacido en Chicago en 1942, en el seno de una familia pobre, Curtis debuta profesionalmente con The Impressions. Su entrada en el grupo supone el principio del éxito, gracias a canciones como "For Your Precious Love", "Gipsy Woman" o "People Get Ready", que fue pionera por su tratamiento reivindicativo de la minoría negra en los EEUU y se convirtió en himno del movimiento pro derechos civiles.

Su época dorada, ya en solitario, abarca la primera parte de la década de los setenta, cuando grabó sus obras maestras y fue asiduo visitante de las listas de éxitos con joyas como "Move On Up", "We, The People Who Are Darker Than Blue", "Superfly", "Freddy’s Dead", "So In Love" y un largo etcétera.

A finales de los setenta, la irrupción de la música disco oscurece su carrera, aunque no dejaría de trabajar incansablemente, grabando, tocando en directo, produciendo y componiendo para otros artistas como Aretha Franklin, The Staple Singers, Gladys Knight and the Pips. En 1990 sufre un accidente que le dejaría paralizado hasta su muerte. Esto no le impediría grabar un disco –New World Order, 1996-, aunque tuvo que hacerlo tumbado en el suelo boca arriba.

El sello discográfico Castle ha reeditado con gran cariño lo esencial de la discografía de Curtis Mayfield en una serie de discos dobles remasterizados disponibles en vinilo de 180 gramos y en compacto con dos discos cada uno, incluyendo notas biográficas y pósters.

La primera entrega recoge Curtis y Got To Find A Way. El primero, debut de Curtis en solitario, impresiona por su calidez, su buen gusto y unos maravillosos arreglos orquestales. Incluye la versión extensa de “Move On Up”, su mayor éxito en Europa, y gemas como “The Makings Of You” o “We, The People Who Are Darker Than Blue”. Un disco imprescindible.

La segunda contiene dos discos grabados en directo: Curtis Live! Y Curtis In Chicago. Curtis Live! (1971) fue el primer trabajo de Mayfield en solitario y fue grabado en Nueva York. Está considerado como uno de los mejores discos en directo de la historia del rock. Curtis In Chicago (1973) es la grabación de una actuación de televisión memorable en la que le acompañan The Impressions, Leroy Huston y Gene Chandler y que incluye el tema “Superfly”.

Para la tercera, se han recogido Roots y Sweet Exorcist. Roots fue su segundo álbum de estudio. En este disco "We Got To Have Peace" supone lo que "Move On Up" a su primer trabajo: un himno anti-violencia en contra de la guerra. Fue editado en pleno auge de su carrera, consiguiendo el mismo éxito que con su trabajo anterior. Como añadido, Sweet Exorcist, con siete temas, que incluyen el éxito "Keep On Keepin’ On".

En la cuarta reedición están Superfly y Short Eyes. Con Superfly uno puede olvidarse de Jackie Brown. Ésta es la banda sonora de las blaxploitation por antonomasia, con clásicos como "Freddie’s Dead", "Pusherman" y "Little Child Runnin’”. Es el Curtis Mayfield más clásico y creativo, como Shaft y What’s Going On de Marvin Gaye en uno. Música sofisticada, pero a la vez con el toque callejero de la película, melódica, funk e inteligente.

Quedan para el final, There’s No Place Like America Today y Give, Get, Take And Have. El primero, There’s No Place Like America Today (1975), fue el ataque más fiero de Mayfield a las injusticias sociales americanas, con una banda sonora rotunda. Give, Get, Take And Have (1976) fue el puente que unió el soul y la explosión disco que emergía en aquella época, la misma que le condenaría al ostracismo en los siguientes años.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO CANCIONES PARA KURT COBAIN, NIRVANA

ARTÍCULOS 2001

Las canciones escritas para Kurt Cobain

Párate a pensar en alguno de los discos que han sido editados en los últimos años. Busca alguna de las siguientes palabras: depresión, arma de fuego, chico, heroína, ángel, estómago, dolor, triste. ¿Puedes encontrar más de cuatro en una misma canción? Si lo has hecho, lo más probable es que hayas dado con alguno de los tributos a Kurt Cobain. En el lustro largo que ha pasado desde su suicidio, el 8 de abril de 1994, compositores desde Seattle hasta Dublín han escrito varias canciones sobre uno de los últimos mitos del rock. Aquí tienes un repaso.

– “Sleeps With Angels” de Neil Young –Sleeps With Angels, 1994-:Poco puede haber peor que alguien utilice tus textos como base para una muerte. Kurt Cobain escogió un verso de “My My Hey Hey (Out Of The Blue Into The Black)” del canadiense, concretamente “It’s better to burn out than to fade away” –“Es mejor apagarse que desvanecerse lentamente”-, como parte central de la nota que dejó detrás de su suicidio. Neil Young, que parece que había prometido no volver a tocarla en directo, la volvió a interpretar después en dos conciertos seguidos en San Francisco, cambiando la letra por “Once you’ve gone, you can’t come back” –“Una vez que te has ido, no puedes volver”-. En “Sleeps With Angels”, el corte que daba título a su disco del 94, Neil Young relata la historia de dos amantes que se pelean y se separan, resultando en la muerte del más joven. Es, además, lo más próximo que haya compuesto sobre esa muerte en la que tuvo una intervención un tanto extraña, dejando, a pesar de todo, la nota dulce: “He sleeps with angels, he’s always on someone’s mind” –“Duerme con los ángeles, está siempre en la mente de alguien”-.

– “I Love You Anyway” de The Stinky Puffs –A Tiny Smelly Bit Of, 1994-:Tal vez la canción más emotiva la compuso un chaval de once años, Simon Fair Timony, con el que colaboran habitualmente Cody Linn Ranaldo –hijo de Lee Ranaldo, de Sonic Youth-, Don Fleming, Sun Ra, los Residentes, Dave Edmunds, Eric Drew Feldman, su madre y su padrastro –componente de Half Japanese-. Simon se había hecho amigo de Kurt desde que le hiciera llegar sus canciones y éste lo mencionara en Incesticide y lo llevara con el grupo en la gira de In Utero, en la que, a veces, le hacía salir al escenario a tocar la guitarra. Evidentemente, él sí sintió su muerte como la de un padre y lo dejó claro en una canción todo candor y emoción: “You said you wanted to record with us, I was gonna go to Seatlle so we could do some drawings. I’m happy I smashed you guitar with you and I’m happy we shared some love.” –“Dijiste que querías grabar con nosotros; yo iba a ir a Seattle y podríamos hacer algunos dibujos. Soy feliz por haber destrozado tu guitarra contigo y por haber compartido algo de amor.”-.

– “Let Me In” de REM –Monster, 1994-: Michael Stipe había estado grabando maquetas con Kurt, en su sótano, en los meses anteriores a su suicidio. En aquel tiempo el vocalista de REM aún sentía la reciente desaparición de otro buen amigo, River Phoenix. Durante la grabación de Monster, un disco con el que quería evitar repetir los pensamientos sobre la muerte de Automatic For The People, supo del suicidio de Kurt, y escribió “Let Me In”, según palabras textuales, “a Kurt, para Kurt y sobre Kurt”, canción que tocaron con una guitarra que Courtney Love le regaló. Hay referencias a la voracidad del sistema “We eat them up, drink them up” –“Nos los comemos y nos los bebemos enteros”, pero, sobre todo, hay cierto sentimiento de culpa e impotencia: “I had a mind to try and stop you, let me in” –“Tenía en mente intentar detenerte, déjame entrar”-.

– “Last Exit” de Pearl Jam –Vitalogy, 1994-:Inevitablemente, la muerte de Kurt Cobain, espíritu afín y enemigo declarado de Eddie Vedder, tuvo una influencia decisiva en el disco de Pearl Jam de aquel año. Hasta canciones como “Spin The Black Circle” tenían una carga anti-sistema mucho más acentuada que el resto de su repertorio. Pero es en “Last Exit” en la que se puede sentir más claramente el sentimiento de pérdida y frustración: “If one cannot control his life, will he be driven to control his death?” –“Si uno no controla su propia vida, ¿se le permitirá controlar su muerte?-, se pregunta Vedder mientras la banda se arranca con furia nihilística. Hay más: en “Inmortality” queda claro cuál fue el destino del mito: “Some die just to live” –“Algunos mueren sólo para vivir”-, aunque, al final, Eddie Vedder también toma partido, distinto al de Kurt, en “Tremor Christ”: “I’ll decide take the dive, take my time and not my life” –“Decidiré pegar el salto: toma mi tiempo, pero no mi vida”-.

– “Sundown” de Veruca Salt –cara B del single Victrola, 1995-:Louise Post, al frente de su grupo coetáneo en el tiempo y la actitud a Nirvana, imagina un mundo más perfecto en el que Kurt Cobain aún está presente. “You’re the dream, I’m the dreamer, In the dream you’re still around” –“Eres el sueño y yo la soñadora, y en el sueño todavía estás vivo”-. Su versión de la historia es la que cuenta con más adeptos.

– “Queen Mother” de Julian Cope –20 Mothers, 1995-:En este caso, el druida galés escribió desde el punto de vista exclusivo de Courtney Love, a quien había conocido unos quince años antes en Liverpool. Todo el mundo pensaba que Courtney se sentiría justo como Julian Cope lo reflejó: “I hate myself and want you back” –“Me odio a mí misma y te quiero de vuelta”-. Más directo, imposible.

– “Mighty K.C.” de For Squirrels –Example, 1995-:El grupo de Florida, seguidores de REM, intentó acercarse a Kurt Cobain -¿de dónde, si no, las iniciales de la canción?- desde otro punto de vista: imaginarse cómo debe ser la preparación de uno ante la seguridad de su muerte. El detalle macabro llegó a las pocas semanas de grabar el tema en cuestión: antes de ser publicado, dos componentes de la banda murieron en un accidente de tráfico.

– “Into Yer Shtik” de Mudhoney –My Brother The Cow, 1995-:Sólo por esta canción se podría pensar que Nirvana si fueron los amos y señores del grunge y que Mudhoney querían a alguien en primera fila con quien identificarse. En lugar de intentar entender a Courtney Love, como hacía Julian Cope, Mudhoney optaron por la vía de culparla directamente de su suicidio, como aquella película que Love intentó prohibir. “Why don’t you blow your brains out, too?” –“¿Por qué no te vuelas los sesos también?”-. Se olvidaron de un único detalle, muy importante en este caso: antes de amenazar, hay que saber con quién se la juega uno.

– “About A Boy” de Patti Smith –Gone Again, 1996-:Casi una respuesta a “About A Girl” de los propios Nirvana. Patti Smith, que entonces sufría en sus carnes la muerte de muchos de sus allegados, se lamenta en “About A Boy”: “From a chaos, rich and sweet, from the deep and dismal streets, tore another kind of peace, tore the great emptiness” –“Desde el caos, rico y dulce, desde las calles profundas y sombrías, he roto otra clase de paz, he roto el gran vacío”-.

– “You’re One” de Imperial Teen –Seasick, 1996-:Roddy Bottum, teclista de Faith No More, en su proyecto paralelo, se convierte en un aliado perfecto para Kurt Cobain, aunque comete un sólo error: no haber hecho durante su vida lo que le ofrece después de muerto: “I’d pump your stomach if I thought it’d stop the pain” –“Te golpearía en el estómago si supiera que pararía el dolor”-, en alusión a los dolores de estómago que Cobain decía que aliviaba con heroína.

OTRAS CANCIONES:

– “Untitled” –conocida como “Song For Krist And Dave”- de Kyuss, banda antecesora de Queens Of The Stone Age –single, 1994-.

– “Weight Of The World” de The Samples –Autopilot, 1994-.

– “Tearjerker” de Red Hot Chili Peppers–One Hot Minute, 1995-.

– “Hole” de Catherine Wheel–Happy Days, 1995-.

– “So Sorry, Mr. Cobain” de Lena Fiagbe–Visions, 95-.

– “Saint Cobain” de Vernon Reid, antiguo líder de Living Colour –Mistake Identity, 1996-.

– “I’m Still Remembering” de The Cranberries–From The Faithfully Departed, 1996-.

– “Don’t Wake Daddy” de The Tragically Hip–Trouble At The Henhouse, 1996-.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO FESTIVAL DOCTOR MUSIC 2000

ARTÍCULOS 2000

Doctor Music: Beck bien vale el intento

Xavier Valiño

Beck en directo

“Viajo sin rumbo fijo en mis botas viejas…” Evidente: si Beck no existiera, el Doctor Music Festival tendría que inventárselo. Genios así –por fin el mismo se propone ya como tal sin paliativos- no abundan ni nacen todos los días. Llegó con su pinta de desvalido tísico y levitó, a base de blues rural, acústica y armónica, por encima de cualquier interrogante en una carpa que se quedaba a la altura de su tamaño físico: pequeña para tamaña demostración. Le bastaron tres canciones para amenazar con que lo suyo no tendría parangón. Nada ni nadie lo podría parar y, mucho menos, superar.

Dos horas después, en el escenario principal arrolló a todo lo que se puso a tiro. Su música, de otra dimensión; sus músicos, tan extravagantes como efectivos; su pinchadiscos, arrancándose por bulerías extraterrestres en los platos; sus canciones, tan grandes como el anfiteatro natural al que se dirigía; su final, de un teatral que aún justifica el pasado alternativo que se le supone. “Jack-Ass” sirvió de detalle, interpretado como “Burrito” en un ininteligible castellano y a golpe de mariachi. ¿El concierto de su vida? Probablemente. Si Prince es el príncipe de Minneapolis, y Björk se convirtió un buen día en la reina de Benicassim y de nuestras vidas, Beck fue el rey de todas las vacas, al menos de las pasadas, y el único capaz de sustentar en su frágil figura todo un macrofestival, justificando, de paso, los 37 millones que se llevó y que los organizadores se lo robaran a un festival de la competencia a golpe de talonario.

No queda claro si el viernes se declaró como día triunfal sólo por su presencia, aunque hay que reconocer que Muse le pusieron más intensidad y entrega que nadie en la Carpa Cabra 1, que Henry Rollins volvió a desgañitarse sobre las tablas como poseído por el demonio, tres versiones de Thin Lizzy incluidas, y que Rinocerose dejaron planear libremente su electro elegante como nunca antes sobre los prados de Llanera, convirtiéndose en la inesperada sorpresa de la onda bailable. Incluso Pet Shop Boys tuvieron un pase, a pesar de su insospechada sobriedad, al desgranar sus éxitos uno tras otro sin respiro y con intervalo acústico incluido.

No había avanzado mucho el sábado en la esfera de los relojes de quienes habían tenido la suerte de vivir un día sin igual en las 24 horas precedentes, cuando quedaría claro, con Zebda en el escenario, que ése era el día para cumplir con las expectativas que a cada uno se les tenían reservadas.

Los franceses se refrendaron como los más firmes candidatos al trono vacío de Mano Negra. Paul Weller supuró clase, estilo y gusto como nadie, aunque haciéndoselo evidente sólo a una generación muy concreta, porque a los demás les faltaba una canción con la que conectar. Hefner confirmaron que no hay nadie como ellos para que le reflejen a uno las contradicciones de la vida propia con inteligencia y simpatía, a medio camino entre Violent Femmes y Jonathan Richman. Manta Ray, de nuevo, sí, tejieron sus ambientes hipnotizadores, esos a los que llaman canciones sin serlas. Tindersticks volvieron a dramatizar sus lamentos no pensados precisamente para grandes eventos.

Incluso el espectáculo teatral de Els Comediants, grandes como todos los anteriores, podía intuirse: el fuego como excusa perfecta para sacar sus pasacalles de demonios traviesos, brujas enrevesadas, bufones gamberros, tracas y antorchas, todo ello coronado por fuegos artificiales y extras encarnando a la Razón. Sólo Sandy Dillon, por desconocida, y 7 Notas 7 Colores, por desplegar más artillería verbal de lo habitual y contar con DJ Vadim a los platos, se escaparon al guión previsible para brillar como el resto de sus colegas de día.

No las tenía todas consigo el domingo y, a medida que pasaban las horas, aún fue a menos. Sólo Gomez y Leftfield salvaron los trastos. A Lou Reed los aguaceros no le levantaban el ánimo y su sobria actuación fue retrasándose lo indecible. Cuando salió, dejó claro que los mejores músicos de los tres días estaban detrás de él y que su sonido era excelso, pero, de nuevo, no estaba por las concesiones fáciles y, al igual que a su colega Dylan, acabaron exigiéndole más.

Puede que no todos aprecien la calidad por sí sola. Es más: últimamente la vistosidad escénica se impone a la calidad artística. Y en el Doctor Music Festival hubo ejemplos para dar y tomar: Molotov, Bloohound Gang –estos al menos políticamente incorrectos-, Soviet Sister…

Aunque, una vez más, por desgracia, el protagonista principal fue la ausencia de respuesta popular. Los responsables del evento no saben apuntar una razón y hay que reiterarles que es exclusivamente una: un cartel tan amplio y variopinto que, aún siendo ésta también su mayor virtud, impide marcar una línea de referencia y ahuyenta a los espectadores. Con abonos más baratos y un cartel más atractivo –sí, la primera edición es, definitivamente, insuperable- otra vaca les cantaría. Además, deberían suplir sin disculpas las ausencias, muchas y de renombre en esta ocasión: Les Rythmes Digitales, Gorky’s Zygotic Mynci, Robert Plant con Priory Of Brion, Manchild, Rae & Christian…

De lo demás, nada que objetar. Tal es la impecable organización, la comodidad y las excelentes infraestructuras que lamentaríamos tener que dejar al Doctor Music Festival dormitar en la noche de los tiempos. De todas formas, y al menos por esta edición, siempre quedará Beck y sus caleidoscópicas imágenes en el recuerdo.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTICULO DISCOS QUE NUNCA LLEGAN

ARTÍCULOS 2001

Expedientes X: los discos que nunca llegan

The Stone RosesEvidentemente, no estamos en los 60. Entonces los discos se componían, se grababan y se editaban sin pensárselo demasiado, pudiendo llegar a colocarse tres discos de una banda en un mismo año. Desde entonces, sólo Siniestro Total han conseguido igualar tal marca, aunque no era ésa su intención ni suyo todo el mérito: en el 97 editaron Cultura popular, un disco de versiones grabado en directo, Así empiezan las peleas, un directo para América Latina, Gato por liebre, un álbum con las versiones hechas por el grupo para su sello anterior, y Sesión vermú, su disco en estudio de ese año.

Lo normal en estos tiempos es editar un disco después de haber promocionado intensamente el anterior, de haber girado con él interminablemente, de haberlo exprimido hasta decir basta y de haber tenido tiempo para retirarse a un lugar apartado a componer el próximo. No todos sufren de incontinencia creativa como Prince –veintidós discos en veinte años, sin contar dobles, triples y los que no llegó a editar-, Ani Di Franco –catorce discos en diez años- o Andrés Calamaro –más de 300 canciones esperan aún su turno-.

Más bien lo contrario: suele ser bastante común que, después de un disco de bastante éxito, el grupo en cuestión desaparezca del mapa durante años. Sí: el miedo a no poder presentarse con algo digno, comparable a lo editado hasta ese momento –bloqueo creativo, lo llaman-, la edición de directos, recopilatorios y discos de versiones para evitar enfrentarse al estudio –vivir de las rentas, por supuesto-, el largarse durante meses a retiros idílicos –pura vagancia- y el ponerse metas más allá de toda lógica –excesiva autoexigencia- pueden complicar las cosas hasta el absurdo.

El caso más conocido es el de los Stone Roses, un grupo que con un único disco editado en el 89, Stone Roses, ingresó por derecho propio y para siempre en la realeza del pop británico. Después, los problemas durante la grabación de su segundo intento fueron el pistoletazo de salida a una espiral cuesta abajo que acabó con la separación. En el 94, por fin, volvieron con un álbum adecuadamente titulado The Second Coming –algo así como El regreso-, aunque los nuevos guiños a Led Zeppelin dejaron indiferentes a todos. El título hubiese estado mucho mejor aplicado a la vuelta de un desahuciado Shaun Ryder al frente de Black Grape, una auténtica sorpresa inesperada por aquel entonces.

Un bloqueo similar sufrió Elastica, la banda de Justine Frischmann, que consiguió el año pasado rehacer un grupo disuelto por la falta de continuidad. Su segundo disco, cinco años después, no avanzaba nada nuevo y en sus conciertos, como el de Benicassim, dieron la impresión de haber ido hacia atrás, pero al menos parecen tener asegurada una nueva etapa.

Para los próximos meses se anuncian discos de varios de los grupos que más han cacareado su regreso durante los 90. Por ejemplo, Guns N’ Roses, que hablan de un nuevo disco aunque, como en los dos casos anteriores, ¿qué más da a estas alturas unos meses más o menos? En su caso, desde el 91, en el que editaron dos discos dobles –Use Your Illusion I y II- no han publicado nada nuevo, salvo el disco de versiones The Spaghetti Incident. Diez años parecen más que suficiente para darle continuidad, aunque no debe ser tan sencillo, teniendo en cuenta que en todo este tiempo sin material nuevo Axl Rose ha ido perdiendo o despidiendo a todos sus compañeros, así como a los productores que han osado poner sus manos sobre el supuesto nuevo material. Las crónicas del Rock In Rio tampoco avanzan nada espectacular.

Algo similar es el caso de Stereo MC’s, mejor banda británica del 92, según la industria, con su álbum Connected, un híbrido perfecto de funk y hip-hop. Desde entonces, todo ha sido interminables días en los estudios, sesiones como pinchadiscos para airearse un poco y rumores de adicciones problemáticas. Antes de su disco en estudio propiamente dicho, si es que se confirma su regreso, tuvieron tiempo para editar DJ Kicks, a base de música ajena.

Con menos bombo y platillo se anuncian nuevos álbumes de Daft Punk –cinco años después de su debut Homework-, Kraftwerk –el primero desde Electric Caffe del 86, ¡quince años después!- y New Order –el siguiente tras Republic del 93-.

Aún quedan casos de los que no sabemos nada: Bruce Springsteen –sin nada nuevo desde el 95, cuando publicó The Ghost Of Tom Joad-, Michael Jackson –History es del 95-, Prodigy –The Fat Of The Land fue editado en el 97-, y, sobre todo, My Bloody Valentine -en dique seco desde el 91, fecha del excepcional Loveless, después de haber gastado millones de dos compañías que esperaron inútilmente su continuación-.

Hay otros de los que, como siempre, poco se puede esperar: The Blue Nile han editado tres discos en veinte años, a un ritmo de un álbum cada siete años, y Prefab Sprout dejaron pasar siete años entre Jordan: The Comeback y Andromeda Heights, del 97, momento en el que Paddy McAloon reconoció que había trabajado durante ese tiempo en cinco discos distintos, pero que su nivel de exigencia no le permitía editarlos antes de mejorarlos. Y la pregunta final, en todos los casos, siempre será: ¿de verdad ha valido la pena tanta espera?

Xavier Valiño

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