ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 PET SOUNDS REEDICION Y DO IT AGAIN TRIBUTE

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 PET SOUNDS REEDICION Y DO IT AGAIN TRIBUTE

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Pet Sounds, EL POP

 

 

         Pet Sounds es EL DISCO. Pet Sounds es EL POP. Pet Sounds lo ejemplifica mejor que Rubber Soul, el álbum de The Beatles que sirvió a Brian Wilson de acicate para mejorar aquella obra cumbre e, incluso, mejor que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el disco con el que The Beatles pretendieron superar el listón marcado por Pet Sounds.

 

Siempre en esas listas con los mejores discos de ayer, hoy y de siempre, Pet Sounds aparece en los primeros lugares, sino encabezándolas. Todas las publicaciones musicales que importan, aquí o dónde sea, lo aman, eligen, veneran y señalan. Y aún lo analizan, rebuscándole secretos escondidos. Ninguna otra grabación simboliza tan bien la transición a la edad adulta que la música pop experimentó durante la década de los 60. Sus canciones fueron una oda a la gastada California que decía adiós a su fantasía hedonista, el último segundo antes de abrir los ojos a la cruda realidad post-hippie.

 

Ningún otro disco ha sido tan diseccionado. Gracias a eso, Brian Wilson ha ascendido a los altares de la melodía pop. En sus trece temas exprimió al máximo sus dos mayores talentos: la composición y la producción. Fabricó el espejo magistral de la accesibilidad armónica y la ambición sinfónica. Aunque no tenía preparación académica, con sus visionarios instintos matemáticos hizo posible unas sesiones de grabación irrepetibles, sesiones que contribuyeron a que en su siguiente e inconclusa grabación, Smile, acabara por volverse loco, metiendo camiones de arena en el estudio para recuperar la inspiración playera.

 

 

Músicos que habían tocado con Count Basie, Frank Sinatra y Nat King Cole siguieron sus instrucciones sónicas hasta el final en Pet Sounds. El resultado: trece piezas de música publicadas en 1966 con un valor atemporal. El resto es historia. Como, por ejemplo, el hecho de que fueran la principal influencia que se encuentra detrás de Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band de The Beatles.

 

Por eso fue más que un cumplido diplomático la siguiente afirmación, pronunciada por Paul McCartney hace algunos años, señalando a “God Only Knows” como su canción favorita de todos los tiempos. Lo mismo puede decirse sobre la sentencia realizada por el legendario productor y ‘quinto beatle’ George Martin en el sentido de que si tuviera que elegir sólo a una persona como el principal genio de la música popular, escogería a Brian Wilson.

 

Cuarenta años después todavía sigue creciendo la reputación y relevancia de Pet Sounds. Su sombra se alarga: bandas que importan del presente lo mencionan constantemente, la crítica lo sigue reverenciando… En fecha tan señalada, dos ediciones recientes nos recuerdan la vigencia del disco. La primera, la reedición especial de Pet Sounds. Da igual que antes hayamos visto publicada de nuevo una y otra vez en varios formatos, incluyendo una caja con gran parte de las sesiones de grabación del disco que incluía hasta 90 tomas distintas de sus canciones.

 

 

 

La edición especial del cuadragésimo aniversario que ahora se publica incluye las mezclas mono y estéreo de todas las canciones, así como diversos extras en DVD: un primer documental llamado The Making Of Pet Sounds en el que se relata cómo se hizo el disco, incluyendo entrevistas con Brian Wilson, Mike Love, Al Jardine, Dennis Wilson, Carl Wilson, Bruce Johnston y Tony Asher; un segundo documental titulado Pet Stories, en el que Brian Wilson, Tony Asher, Hal Blaine, Carol Kaye, Don Randi, Frankie Capp y Tommy Morgan reflexionan sobre las sesiones de grabación y la leyenda y el legado del álbum; un cortometraje titulado Rhythm Of Life, en el que Sir George Martin y Brian Wilson conversan en el estudio; y, por último, los videos hechos en su momento de las canciones “Sloop John B”, “Pet Sounds” y “Good Vibrations”.

 

Al mismo tiempo, el sello hispano Houston Party Records ha logrado unir a gran parte de los nombres más reputados de la escena independiente o alternativa para rendir un homenaje al disco, grabando todas y cada una de sus canciones en versiones especiales.

 

 

En Do It Again: A Tribute To Pet Sounds hay versiones que siguen los pasos de las canciones originales, pero desde caminos paralelos, mientras que otras rompen directamente ese primer molde. La suma de diferentes personalidades proporciona una constante sensación de sorpresa: sólo hay que imaginar a Will Oldham y a Patrick Wolf en un mismo disco, o a Nobody y a Daniel Johnston compartiendo estrías.

 

Es más que interesante prestar atención a cómo todos estos artistas nos hablan desde la galaxia donde la mente de Brian vivía en 1966, pero usando giros refrescantes y personales. Algunos suenan extraños (Vic Chesnutt), algunos proponen un vals triste (Dayna Kurtz), otros prefieren la fría soledad (Micah P. Hinson) al cálido abrazo de la comunidad (Architecture ln Helsinki), pero nadie, por suerte, intenta vendernos fotocopias baratas. Eso es lo que ocurre cuando se confía en un puñado de gente que nunca subordina sus visiones a los convencionalismos, que no sigue el dictado de las tendencias débiles, insulsas. Exactamente, la misma ideología artística en la que creía Brian Wilson en 1966.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 ANUARIO DEL POP INDEPENDIENTE 2005

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 ANUARIO DEL POP INDEPENDIENTE 2005

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Anuario del Pop Independiente

 

 

         Pues aquí está. Se trata del Anuario del Pop Independiente 2005. Tan sencilla era la idea, que parece mentira que a nadie se le haya ocurrido antes. Bien es cierto que también hay que tener iniciativa, y eso es, precisamente, lo que no le falta al responsable del portal popmadrid.com, Luis Alonso-Lasheras.

 

         También conviene destacar que casi todo lo que recoge esta publicación se pudo leer antes en el portal citado, pero seguro que nadie, salvo su responsable, se ha pasado los últimos doce meses colgado de ese -u otro- portal. Además, siempre se agradece tener a mano un libro al que acudir para repasar o recordar qué fue lo que pasó en un año cualquiera en el ámbito de la música independiente. Y decimos un año cualquiera, sí, sin equivocaciones, porque hay pretensión de darle una continuidad en los próximos años.

 

Bueno, al  grano. El libro se compone de una selección de las noticias más representativas de cada mes, hasta un total de 200; un buen montón de discos analizados en profundidad, 65 en total, seleccionando uno estatal y uno internacional por cada mes; entrevistas a artistas que en aquel momento estuvieron de actualidad, contabilizando 22 encuentros con solistas o grupos destacados como Mercromina, Cooper, La Habitación Roja, Jet Lag, Quique González, Deluxe, The Go-Betweens, Santi Campos, Clem Snide, Cycle, The Posies, Nosoträsh, Echo & the Bunnymen, Marlango, Steve Wynn, José Ignacio Lapido, Nada Surf, Lori Meyers, Paul Collins, Sidonie, Carrots y José María Granados; una selección de 10 maquetas escogidas de entre las llegadas a su redacción, con el correspondiente contacto con los grupos; y, por último, una selección de lo mejor del 2005 según la opinión de distintos críticos musicales.

 

Al precio de 10 euros, y de venta en tiendas de discos, librerías especializadas y el propio portal, el Anuario del Pop Independiente aspira, en palabras de su responsable, “a perdurar en el tiempo y convertirse en una referencia para el mundo de profesionales y aficionados a la música”. Veremos si realmente existe público independiente interesado y la respuesta popular se lo permite.

 

          Más información: www.anuariopop.com

 

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTÍCULO YEAH YEAH YEAHS

ARTÍCULOS 2003

Yeah Yeah Yeahs, llega la fiebre

Para reducir aún más una historia corta, los Yeah Yeah Yeahs se juntaron en Williamsburgh, Brooklyn (USA), hace dos años y medio cuando Karen O (voz) y Nick Zinner (guitarra) se conocieron en un bar de Nueva York. Escribieron algunas canciones bonitas de folk acústico juntos antes de darse cuenta de que podían llegar a ser el mejor grupo de rock, art-punk y disco de lo que sea de la ciudad.

Entonces le pidieron al compañero de universidad de Karen en Ohio, Brian Chase (batería), que se trajera consigo el trueno y la espina dorsal para la fiesta. Con Nick tocando a través de dos amplificadores, no necesitaban un bajista.

A comienzos de 2001, Yeah Yeah Yeahs grabaron su EP homónimo de cinco canciones (más comúnmente conocido como el “Bang! EP”) en los estudios Teel Funhouse de Manhattan.

Sin su EP y sus crecientes conciertos (por ejemplo, su debut abriendo para los White Stripes) no hubieran sido nada en especial, a nadie le importarían ahora. Pero en los fans y los críticos al mismo tiempo estaba surgiendo una devoción especial por la banda.

El grupo lanzó el EP a finales de 2001 en su sello Shifty y la emoción descrita arriba se convirtió en algo tangible. Poco después, Kill Rock Stars lanzó un recopilatorio llamado Fields And Streams que incluía una grabación temprana del “Modern Things” de los Yeah Yeah Yeahs.

En marzo el grupo tocó en Austin, en la conferencia musical South By Southwest de Texas, y gracias a su concierto electrizante y a la presencia de Karen y su traje diseñado por su amigo Christian Joy hicieron que acaparase las portadas de las revistas locales.

El Reino Unido saboreó por primera vez la música de los Yeah Yeah Yeahs a finales de marzo de 2002 junto a Jon Spencer Blues Explosion. Los Yeah Yeah Yeah’s tocaron su primer concierto de cabecera en Londres en Metro, en Oxford Street, antes de ser los teloneros de Jon Spencer en la Brixton Academy (en la que Karen llevó un vestido rosa que dominaba el escenario).

Una grabación en directo de “Our Time” de un concierto de Trash en The End aparece poco después en el recopilatorio Trash Companion. Sus pins de conejitos monos, sus camisetas con logos que dicen ‘¿Quieres Follar?’ y bolsos hechos a mano vendieron muchísimo entre las chicas que querían parecerse a Karen O.

Wichita Recordings había fichado al grupo para un el EP que salió en el Reino Unido en abril de 2002. Más tarde ese mismo año fue lanzado en USA por Touch & Go. A pesar de la línea “As a fuck son, you suck!” (“¡Hijo mío, al follar no vales nada!”) que se repite constantemente en el estribillo, “Bang!” evitó las censuras y se asentó en las emisoras para quedarse.

El EP hubiera llegado al Top 30, pero no llegó a cualificarse como single ya que sobrepasaba el límite de duración por unos pocos minutos. Ese junio, los Yeah Yeah Yeah’s volvieron para tocar en el Meltdown de David Bowie, el Mardi Gras y The Garage. Al final de 2002, el EP fue votado el nº 2 en su lista de singles del Año.

De vuelta en Brooklyn, los Yeah Yeah Yeahs habían comenzado las sesiones para su disco. Debido a que era su primer disco, todo tardó más de lo previsto, lo que hizo que tuvieran que cancelar sus conciertos en los festivales de Leeds y Reading. En septiembre y octubre volvieron a estar de gira junto a Jon Spencer Blues Explosion y Sleater-Kinney por USA y luego se reunieron con sus amigos The Liars (Karen sale con el cantante Angus) para más fechas americanas y algunas australianas en diciembre.

El segundo single, “Machine” (junto a “Graveyard” y con una remezcla de “Pin”) salió a través de Wichita Recordings en septiembre sin un video-clip, sin mención en revistas, pero llegó al nº 33 en la lista de singles. Este éxito tuvo mucho que ver con el boca a boca de los fans que pasaron la noticia de que había un nuevo single y a las geniales críticas que recibió de la prensa. El single llegó a ser el Single de la Semana en Kerrang! y Single del Mes en X-Ray.

Ya en el 2003 Yeah Yeah Yeahs completan su disco de debut, que fue mezclado por Alan Moulder en Londres a principios de 2003, con canciones totalmente nuevas o inéditas. Después de tantear el terreno, Yeah Yeah Yeah’s firmaron con Polydor en el Reino Unido, y el 28 de abril pasado salió Fever To Tell en su propio sello, precedido por una gira a finales de febrero y comienzos de marzo y un single “Date With The Night" el 14 de abril. Lo demás, o sea, como Yeah Yeah Yeahs se convirtieron en la sensación del momento en medio mundo, ya es historia.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ARTÍCULO XACOBEO CONCERTOS NOVO MILENIO

ULTRASÓNICA ARTÍCULO XACOBEO CONCERTOS NOVO MILENIO

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2004


Festival del Xacobeo, ¿nuevo milenio?

Ian McCulloch, de Echo & The Bunnymen: el mundo tras unas gafas de sol

         ¿Un gran Festival sin camping? ¿Un gran Festival con sólo cuatro conciertos cada día? ¿Un gran Festival movido por el dinero público? ¿Un gran Festival del nuevo milenio sin nombres nuevos? Decididamente, en la esquina del Noroeste peninsular las cosas son siempre de otra manera. Y no tanto como  para proclamar que es mejor que Glastonbury (Ian McCulloch dixit).

        Para los que se subieron al escenario, todo eso era lo de menos. ¿Balance? Tres días, siete conciertos para recordar, cinco olvidables y otros dos conciertos interruptus. Curioso, curioso: el mejor instante lo puso, pasando el Ecuador, el tipo que dio el peor concierto, Lou Reed, que a eso de la quinta canción se puso a divagar -y encandilar- con sus músicos en el único momento que se permitió el lujo de invocar a su leyenda.

Lou Reed perdido en el Gozo

        Antes, el viernes, nos habíamos preguntado por qué unos catalanes desconocidos eran la única representación estatal -¿amigos de la productora Gamerco, quizás?- apelando a Dover y Hole. Tras ellos, la hora de The Darkness se hizo larga incluso entendiéndolos como un chiste.

Iggy Pop, iguana libre al fin

        A partir de ahí llegaron tres nombres que quisieron reivindicar su momento en la historia del rock -y del dance-. Iggy Pop salió como si llevara enjaulado toda su vida, gritando, por si alguien no se había enterado, que estaba con los fucking Stooges. Así que no había “Lust For Life”, no. Que 30 años no son nada y “No Fun” fue coreado por unos 50 espectadores que, con su complicidad, subieron al escenario a robarle el micro, meterle mano y hacerse unas fotos con él. A la Iguana, el sol de la tarde sólo le inspiraba caos, locura y reclamar la paternidad del punk.

Mushroom, de Massive Attack, enredado en la red

        Massive Attack hicieron el mejor concierto que en ellos es posible: elegante, sobrio y citando tanto al soul como a los experimentos menos complacientes de Radiohead. Su desconocido instrumental los situó en otra dimensión; por lo tanto, hay futuro. ¿Y qué se podía esperar de The Chemical Brothers? Que pusieran a bailar a 25.000 personas, incluso aquellas que nunca han escuchado un disco que no tenga guitarras. Si es así, cumplieron. Eso sí: vistos una vez, se les conocen todos los trucos.  

        Dieciséis horas más tarde, bien entrado el viernes, Starsailor intentaron que su pop bonito no quedara demasiado apagado en un gran escenario. ¿Lo consiguieron? Depende de en qué lado te sitúes. A continuación, la pesadilla sonora de Muse atronó hasta revolver las entrañas del mismo Monte do Gozo. Triunfo popular y deserción de bastantes que queríamos dormir sin que se nos apareciera el fantasma wagneriano de Matt Bellamy.

Matt Bellamy, de Muse, encantado de conocerse a sí mismo

        Pedir masajes y baños turcos no debe ser una buena idea. A Lou Reed se le debió pegar el tufillo new-age, porque salió sin ganas, sin voz, con un repertorio plomizo y mal interpretado. Masacró “Perfect Day” para finalizar. Parece que sólo se encontró durante cinco minutos, los justos para dejar la sensación de que podía haber sido otra cosa. Al principio, escuchar de la boca de los siniestros “Abuelo, retírate” sólo inspiraban ganas de contestarles. Al final, hasta se les disculpaba. 

        Robert Smith hizo todo lo contrario. Un concierto para todos, repleto de singles, guiños al respetable, cinco canciones siniestras en homenaje a sus fans y dos horas intensas, muy intensas. Se ganó el trono del Gozo. Sus padres, entre el público, presumían de hijo. Él no daba crédito: se dedicó a fotografiar a su contenta y rendida audiencia.

Robert Smith, de The Cure, entre las sombras

        Difícil papeleta para el sábado. Y para colmo, el tal Gary Jules que no aparece. A Amaral, una espectadora más, le ofrecen un bolo acústico improvisado de media hora. Acepta y canta, entre otras, el “Universal” de Lagartija Nick. Al final aparece el tal Gary Jules -“un yonkie me ha robado el piano,” explica- y sólo tiene 20 minutos de margen. Nadie se enteró.

El esquivo Bob Dylan

        Media hora más tarde, por una esquina sale un tipo con sombrero de ala ancha y gafas de sol. No mira ni una sola vez al auditorio, no permite fotos, no deja conectar las pantallas de video. Se coloca detrás de su piano, de lado, y comienza su particular juego, el de las adivinanzas. ¿Cuántas canciones de Dylan puede uno reconocer? Cuantas más, más fan se es. Da igual: las descubras o no, son interpretaciones valiosas, muy cercanas a la raíz -country, folk, rockabilly, honky tonk…- de lo que nos ha congregado aquí. A la tercera, Dylan sale con la cabeza alta de Galicia y hasta mira una vez hacia el anfiteatro al despedirse -sin palabras, faltaría más-.

The Corrs; ¿de verdad tocaba la batería?

        ¿Qué pintaban ahí The Corrs, con su té al limón y sus efluvios de celta light? Gran interrogante. Su público no fue el del resto del festival, ni tampoco el que venía a ver a Echo & The Bunnymen. Ian McCulloch siempre arrogante, pleno de actitud y estilo, jugó de nuevo sus cartas: ese pitillo, esas gafas de sol, esa americana… Se le notaba suelto y juguetón. Su versión de “Walk On The Wild Side”, en la que acabó cantando “Rafael Benítez is our coach” -su entrenador, el del Liverpool, claro-, valió tanto como el 90% del concierto del autor de aquel clásico un día antes. Presentó “The Killing Moon” como la mejor canción jamás escrita y dijo aquello de que el Festival del Novo Milenio era mejor que Glastonbury. Amigo Ian, hubo cosas buenas, pero a veces conviene sacarse las gafas de sol.

Xavier Valiño

CAMPUS GALICIA ARTÍCULO YOUSSOU N’DOUR

ARTÍCULOS 2003

Youssou N’Dour, África en sus manos

En estos días recorre Youssou N’Dour España en su gira más larga por nuestro Estado, presentando su nuevo disco en directo Live At The Union Chapel, así que conviene recordar la trayectoria del músico africano más universal.

La música popular de hoy en día en Senegal, conocida en la lengua wolof como mbalax, se desarrolló como una mezcla de distintos elementos: el griot, que es la percusión tradicional del país, los cantos religiosos y los ritmos y arreglos afrocubanos que hicieron el viaje de vuelta desde el Caribe hasta África Occidental en los años 40, 50 y 60 y que han florecido en África desde entonces. A partir de mediados de los 70, la mezcla resultante se modernizó, incorporando ritmos de baile indígenas más complejos, melódicos solos de saxofón y guitarra, soliloquios vibrantes de duelos de tambor, y, en ocasiones, incluso cantos religiosos musulmanes de inspiración sufí.

Todo ello dio origen a una nueva música, en ocasiones nostálgica, secreta y majestuosa, y en otros momentos sincopada con un estilo celebrativo, explosivo e indescriptiblemente funky. Los jóvenes músicos senegaleses, empapados de la música de Jimi Hendrix, Carlos Santana y James Brown, conocedores del amplio espectro del jazz americano, la música soul y el rock, estilos todos ellos acogidos con entusiasmo por Dakar, la cosmopolita capital de Senegal, estaban redescubriendo su herencia cultural y buscando intérpretes tradicionales, principalmente cantantes y músicos de tambor, para incorporarlos a sus grupos.

Los griots -músicos, cantantes espirituales y contadores de historias- integran una distinguida casta en la sociedad wolof y en África entera. El mbalax se gestó en este período de fructífera vorágine musical, y encontró en Youssou N’Dour su intérprete ideal e indiscutible.

Nacido en Dakar en 1959, N’Dour es un cantante dotado de un notable alcance y equilibrio vocal y, como compositor, líder de un grupo y productor, disfruta de una prodigiosa inteligencia musical. The New York Times ha descrito recientemente su voz como un “tenor impresionante, un arma dócil que el artista despliega con autoridad de profeta.” N’Dour absorbe en su trabajo todo el espectro musical senegalés, pasado por el tamiz de un rock poco ortodoxo o un pop muy alejado de la cultura senegalesa.

Nombrado “Artista africano del siglo” por la publicación inglesa Folk Roots en el umbral del año 2000, N’Dour ha popularizado el mbalax en todo el mundo a lo largo de más de veinte años de grabaciones y conciertos fuera de las fronteras de Senegal, siempre junto a su grupo The Super Etoile.

Robert Christgau, periodista de The Village Voice y decano de los críticos de rock americanos, ha definido audazmente a N’Dour como “el mejor cantante pop del mundo” al tiempo que le considera “el único africano que camina inexorablemente hacia la fusión del pop mundial, ese concepto sobre el que el resto de los artistas tan sólo teorizan.” Peter Gabriel, cuyo dúo con N’Dour en el tema “In Your Eyes” del álbum de Gabriel SO, publicado en 1985, marcó un momento clave en la historia del rock, considera a N’Dour sencillamente como “uno de los mejores cantantes vivos.”

N’Dour consolidó su liderazgo del grupo The Super Etoile hacia 1979, manteniendo en sus filas a los músicos que formaron inicialmente la banda. Poco después, el grupo inició su carrera internacional gracias al apoyo de una asociación de taxistas senegaleses en Francia y de un pequeño círculo de seguidores en Inglaterra. Los comienzos del cantante en Dakar no habían sido tan prometedores. No era más que un espigado adolescente cuando comenzó a cantar en los conciertos piratas que se improvisaban en los descampados cercanos a ciertos clubes nocturnos a los que N´Dour y sus compañeros tenían difícil o imposible acceso.

Allí fue donde, gracias a su particular voz, empezó a ganarse una sólida reputación de niño prodigio, al tiempo que conseguía sus pequeños momentos de gloria en los programas para cantantes aficionados emitidos por la radio nacional. Cuando sólo tenía doce años, N’Dour actuaba también en celebraciones religiosas y ceremoniales de su barrio, en el severo distrito musulmán de la Medina donde nació y se crió. Youssou era el primogénito de un mecánico de coches muy religioso, Elimane N’Dour, y de su esposa, N’Deye Sokhna Mboup, una mujer de origen griot que también actuaba ocasionalmente en las ceremonias de los barrios de la Medina.

Hoy, N’Dour y The Super Etoile, la banda africana más popular a escala mundial, continúan desafiando la tradición musical senegalesa con eso que el diario The Los Angeles Times ha descrito como “una gozosa precisión”. Por su parte, el periódico londinense The Guardian, refiriéndose al lado más introspectivo de la carrera del grupo -integrada tanto por trabajos con grandes discográficas y muy aplaudidos por la crítica como Set (Virgin, 1990), Eyes Open (Sony, 1992) The Guide (Sony, 1994) y Joko (The Link) (Nonesuch/Warner, 2000), como por docenas de publicaciones paralelas de producción local en Senegal- ha considerado su música “el mejor ejemplo del encuentro entre la música africana y la occidental: un ejemplo saludable, necesario y respetuoso”.

A pesar del brillo de su carrera internacional, Youssou N´Dour ha seguido manteniendo sus raíces en la música senegalesa y su capacidad para contar historias como el sello distintivo de su personalidad artística. Audaz innovador, pero también fiel protector del peculiar y único “estilo Dakar” del mbalax, N’Dour ha conseguido mantener un sonido que, al tiempo que se vuelca hacia la influencia exterior, no deja de ser típicamente senegalés, una síntesis de idiomas musicales inconfundiblemente alimentada por la materia musical de su patria. Gracias a la creación de este estilo agudamente personal, N’Dour continúa siendo una figura de culto en su país y en la siempre creciente diáspora mundial senegalesa.

N’Dour mantiene su hogar en Dakar, pero celebra una vez al año en París y Nueva York el Gran Baile Africano, una fiesta de baile al estilo senegalés, que ofrece el tipo de actuaciones salvajes habituales en los clubes de Dakar. En la celebración de este año, sus compatriotas en París y Nueva York se convirtieron por una noche en sus estrellas invitadas, y la energía celebrativa se desató en un espectáculo colectivo extraordinario.

El último disco de estudio de Youssou N’Dour, Nothing’s In Vain (Coono Du Réér), publicado en octubre de 2002, es el primer álbum que el artista ha grabado directamente para Nonesuch, la compañía que publicó su anterior trabajo, Joko (The Link) bajo licencia. Este álbum contribuía decididamente al deseo esencial que ha marcado la carrera de N’Dour: alimentar el florecimiento de las tradiciones musicales de su Senegal natal dentro del entorno de los modernos lenguajes del pop y obviando todas las fronteras musicales.

Críticos y fans han destacado siempre la habilidad de N´Dour para crear un nuevo tejido musical, vitalista y contagioso, entrelazando los hilos de la diversa tradición senegalesa y las distintas músicas del mundo. Con Nothing’s In Vain, N’Dour hacía un uso más liberal que nunca de los instrumentos acústicos tradicionales, como el kora, un arpa típica de África Occidental con veintiuna cuerdas, el xalam, un laúd senegalés de cinco cuerdas o el violín del país, el riti, que tiene una única cuerda, junto a la presencia más reconocible de la percusión senegalesa, el sabar, y las vibrantes guitarras ya popularizadas por discos anteriores.

Ahora, a finales del 2003, se publica su un nuevo disco en directo con Nonesuch para el mundo entero, aunque dirigido preferentemente al mundo occidental, tituladoLive At The Union Chapel, y en el que se recogen alguna de sus grandes canciones, demostrando, una vez más, la razón por la que es considerado el músico africano más importante de las últimas décadas.

Xavier Valiño

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