PRIMAVERA SOUND 2007

Primavera Sound 2007, la avenida de la sirena

 

No llegaron a cruzarse, pero tampoco está el horno para bollos entre ellos después de tener sus roces por las mezclas de los dos volúmenes de Mermaid Avenue. Y, aun así, Billy Bragg y Wilco, por separado, dieron dos de los mejores conciertos de la séptima edición del Primavera Sound.

 

 

Billy Bragg / Wilco

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THE BEACH BOYS

BEACH BOYS post-GOOD VIBRATIONS: Los años oscuros

 

 


Desde que empecé a interesarme un poco más a fondo por los Beach Boys, tras conocerlos en uno de esos “Grandes éxitos” baratos que tantos favores me han hecho, siempre oía la misma cantinela: fueron grandes, enormes hasta “Pet Souds” y “Good Vibrations”, y luego vino la cuesta abajo imparable, las paranoias monumentales de “SMILE”, los disco insulsos salvados por singles brillantes, las drogas a manta y el descontrol mental de Brian Wilson… Con el tiempo uno va fiándose cada vez menos de lo que le cuentan y tiene que asegurarse, oír con sus propios oídos lo que los especialistas se encargan de ensalzar o defenestrar. La oportunidad llegó hace un par de años, cuando se reeditaron TODOS los discos que los Beach Boys grabaron durante los años sesenta en condiciones imposibles de rechazar: dos LP’s originales en cada CD, temas extra, un librito con toneladas de información y ¡a precio de serie media!. Y la verdad es que la música que contenían no se merecía menos.

 

Tras la cumbre de “Good Vibrations” siguieron ofreciendo música extraordinaria, rica en melodías e instrumentación, plena de imaginación. Es cierto, quizá estos discos no lleguen a ala altura de “PET SOUNDS” (las obras maestras son únicas e irrepetibles), y de lo que se esperaba que fuera “SMILE” (¡el mejor disco de la historia!), pero oídos ahora, con el distanciamiento necesario para apreciar la obra completa, resultan bastante superiores a alguno de sus discos primerizos y, al menos para mi, a la inmensa mayoría de sus contemporáneos, enzarzados en las pesadísimas batallas psicodélico-político-plomizas nacidas tras el “Verano del amor”. Porque esa era otra. A pesar de que los Beach Boys adoptaron todo tipo de complementos hippiosos de la época (ropas, droga, ¡¡meditación trascendental!!…), la verdad es que su música, aunque evolucionada, siguió siendo una isla en medio del mar “sanfranciscano”. Las mini-sinfonías pop de tres minutos escasos ya no eran “hip”, sus armonías vocales no encajaban en la “contracultura”. Y sus fans de siempre, por otro lado, tampoco encontraban exactamente la misma música de antes. Estaban absolutamente solos, al menos en los USA, porque en Europa todavía se les seguía recibiendo con los brazos abiertos…

 

UNOS CUANTOS DISCOS A DESCUBRIR

Y, bien mirado, lo cierto es que la psicodelia de los Beach Boys tenía más que ver con la inglesa que con la que arrasaba su país desde la costa oeste. “SMILEY SMILE” no era lo que todo el mundo esperaba. Tras el bombazo en ventas y crítica de “Good Vibrations”, Brian Wilson se prepara para ofrecer al mundo lo nunca oído en combinaciones de voces, sonidos y trabajo de estudio, su obra definitiva: “SMILE”. Como todo el mundo sabe, o debería saber, tal disco nunca llegó a aparecer, a pesar de que incluso ya estaban impresa las portadas y cuadernillos que lo acompañarían y grabadas gran parte de las canciones. Se citan multitud de razones (perfeccionismo rayano en la locura, enfrentamientos con la compañía, Brian que está harto de ser la niñera musical del grupo y viceversa…) pero eso no es a lo que íbamos. El caso es que en vez de la barroca arquitectura musical prometida aparece un disco aparentemente apenas producido, excéntrico, minimalista, ingenuo, onírico, delicioso de principio a fin. Los únicos temas parecidos a los “antiguos” Beach Boys eran precisamente los singles anteriores al LP, “Good Vibrations” y “Heroes and Villains”, el resto no cuadraba en los esquemas de la época: “Vegetables”, por ejemplo, se apoyaba casi exclusivamente en un bajo y en las notas conseguidas al soplar una botella, con el acompañamiento del sonido de los Beach Boys comiendo… vegetales; la percusión y algunos instrumentos parecen de juguete, es rara la canción que tiene más de un par de instrumentos, los cantantes parecen estar de coña (o de ácido)… Y sin embargo todo encaja como si fuera lo más natural del mundo, las melodías son de lo más bonito y emocionante de su repertorio, y sea lo que sea lo que dicen que pudo haber sido el “SMILE” original, “SMILEY SMILE” es una obra única en su especie, una pequeña obra maestra adelantada a su tiempo que nadie debería dejar de conocer y disfrutar… con una sonrisa.

 

 “WILD HONEY” ya fue otra cosa. Después del desfase del periodo “SMILE”, los chicos deciden que tienen que poner los pies en el suelo y antes de que acabe 1967 se meten en el estudio que Brian Wilson se había construido en su casa. En el tiempo record de quince días el por algunos llamado “Beach Boys’ soul album” está rematado y se publica sólo tres meses después de “SMILEY SMILE”, en Diciembre de 1967. Por primera vez en mucho tiempo vuelven a tocar en sus canciones, apenas usan músicos de sesión e intentan volver a disfrutar con lo básico. El piano de Brian vacila como nunca y domina el disco, Carl se desgañita en los cortes más soul, como el que da título al disco o la versión de Stevie Wonder “I was made to love her”, y el grupo vuelve a ser un grupo. La cura de desintoxicación da como resultado un disco homogéneo, optimista y alegre, incluso bailable en ocasiones, con clásicos indiscutibles (“Darlin’”), y perlas escondidas como “Aren’t you glad” o “Let the wind blow”. El público americano cada vez se alejaba más y “WILD HONEY” es su disco menos vendido hasta la fecha, aunque lo peor estaba todavía por llegar. Como curiosidad, este LP tiene el honor de contener la primera canción que compusieron todos los Beach  Boys sin la ayuda de Brian Wilson, “How she boogaloed it”, rescatada recientemente en estupendo “Waiting” de los Skeletons, gente con muy buen gusto, por cierto. 

 

Parece que se encontraron a gusto trabajando juntos de nuevo, porque otro par de meses más tarde, en febrero del ’68, volvían al tajo. Claro que ese de tener el estudio en casa de un hermano debe ayudar lo suyo. El caso es que se nota que están de buen humor y con ganas de estar juntos. El nuevo disco se llama “FRIENDS” y en él se alejan de la impronta soul del anterior para concentrarse en dibujar pequeñas e intimistas viñetas que reflejen su apacible estado de ánimo. La producción está más cuidada que en “WILD HONEY” pero sigue apostando por la sencillez y la cara A es perfecta: desde los emocionantes cincuenta y ocho segundos de “Meant for you” hasta el delicioso semi-instrumental “Passing by”, que encajaría en cualquier disco de Los Brujos, todo son celebraciones de la amistad a ritmo de vals (“Friends”, “Be here in the morning”), de los placeres de ser padre (“When a man needs a woman”), o de los bonitos amaneceres y anocheceres en California (“Wake the world”).  No me extraña que cada vez vendieran menos discos. Decididamente, el personal no estaba para estos asuntos en 1968. Además la cara B era otra cosa. Dennis Wilson debutaba en la composición y sus dos canciones, a pesar de no estar nada mal, no llegaban a la altura de las de su hermano Brian ni presagiaban las que luego destacarían en discos como “SUNFLOWER”. No obstante el mayor patinazo era una solemne tontería llamada “Transcendental meditation”, fruto de las relaciones con el Maharishi Mahesh Yoghi, elemento que incluso se encargó de “telonearlos” con sus charlas en la ruinosa gira de la primavera del ’68. Como declararía Al Jardine “si alguien se beneficia de esta gira, serán las floristerías”. Para Brian Wilson, que hacía tiempo era sustituido en las giras por Bruce Johnston, “FRIENDS” tiene una significación especial: “Se ajusta mejor a mi manera de vivir, es sencillo y puedo oírlo en cualquier momento, sin un estado de ánimo concreto. “PET SOUNDS” es más emocional, al menos para mi. “PET SOUNDS” es mi mejor disco con diferencia, sin embargo mi favorito es “FRIENDS””. Yo sólo puedo modestamente añadir que el disco habría agradecido la sustitución de alguna de sus canciones más flojas por una pequeña maravilla grabada en esa época y que no ha visto la luz hasta las recientes ediciones en CD. Es un prodigio de sencillez melódica y armonías que incluso tiene un título de lo más adecuado para este álbum de reconciliación fraterna, “We’re together again”.

 

 

A finales de 1968 las relaciones de los Beach Boys con Capitol estaban ya bastante deterioradas. Las ventas bajaban cada vez más y las acusaciones cruzaban de un campo a otro: la compañía se quejaba de la poca comercialidad de los discos, y el grupo le echaba en cara que no se diera cuenta de que ya no eran aquel imberbe grupo de música surf, de que su música había crecido y no podía ir dirigida al mismo tipo de público. No había ganas en ninguna de las dos partes de seguir en un matrimonio que no funcionaba. Se imponía un divorcio, pero antes había que cumplir ciertas obligaciones contractuales. Dentro del grupo las cosas tampoco pintaban demasiado bien. Dennis se metía de todo en el cuerpo y se había enrollado con la banda de un Charles Manson empeñado en ser una estrella del rock, y el chalado de Brian volvía a las andadas. Así las cosas, “20/20”, su último LP para la Capitol, que también se sacaría de la manga un disco en directo (“LIVE IN LONDON”), y uno de versiones instrumentales de sus éxitos (“STACK O’ TRACKS”, posiblemente el primer disco de karaoke de la historia), sería un gazpacho en el que combinaron un par de singles anteriores por aquí, unas sobras de “SMILE” por allá y algunas tonadas grabadas “ex profeso” para la ocasión. Por si fuera poco, volvían a empeñarse en trabajar cada uno por su lado y autoproducirse sus canciones, pero lo cierto es que el plato no les salió del todo mal. A pesar de tonterías como “Bluebirds over the mountain” o “All I want to do”; a pesar de que Dennis seguía empeñado en demostrar sus progresos como compositor-productor con resultados sólo pasables, “Never learnt not to love” o “Be with me”; aunque Al Jardine fallara estrepitosamente en su intento de repetir la jugada folkie de “Sloop John B.” Con un “Cottonfields” a años luz del de los Creedence; aunque, en fin, todo esto convirtiera a “20/20” en el disco más mediocre de esta época, todavía quedaban poderosas razones para dar gracias a los dioses por la existencia de los Beach Boys.

 

De Carl Wilson ya sabíamos que cantaba como los ángeles, pero aquí empezó a demostrar que no había perdido detalle de las magistrales clases prácticas que su genial hermano impartía en el estudio. Para su estreno como productor echa mano de un clásico de Phil Spector, “I can hear music”, y lo borda: acústicas que atruenan, campanillas, intermedio a capella… un debut con sobresaliente. De “SMILE” se recupera la mística invocación vocal que iba a ser su introducción, “Our prayer”, y “Cabinessence”, uno de aquellos psicodélicos collages naif que tantos quebraderos de cabeza le dieron al pobre Brian. Ambas canciones son excelentes pero por mucho que digan yo sigo creyendo que “SMILE” nunca habría superado la perfección de “PET SOUNDS”. Lo mejor, como no podía ser menos, viene por parte de Bian Wilson. “Do it again” fue su último “top twenty” de la década, una nostálgica visión de lo que fueron sus años de playa, chicas y sol. “I went to sleep” es una nana deliciosa, un pequeño clásico de esos que Brian se sacaba de la manga con sólo chasquear los dedos. En cuanto a “Time to get alone”… bueno, aquí se me acaban los adjetivos. De este excelso vals sólo diré que consigue emocionarme cada vez que la oigo y que si me prometen que esta es la música que suena en el cielo, juro cumplir a rajatabla todos y cada uno de los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Y eso que el sexto…

 

Por suerte para nosotros todavía le debían un single más a la compañía. Digo para nosotros porque aunque sería un nuevo fracaso comercial, “Breakaway” confirmaba que llegaban en inmejorable forma musical al cambio de década. El título (algo así como huir o largarse) era de lo más apropiado para despedirse de Capitol, y curiosamente fue tomado casi como un himno por la agobiada juventud de Praga, una de las paradas de la triunfal gira europea de ese año, de la que se pueden ver imágenes en el excelente video “An american band”, un verdadero bombón para los seguidores del grupo repleto de imágenes inéditas de todas sus etapas.

 

 

Y POR FIN… LOS 70’S

Había pensado en hacer coincidir el final del artículo con el de la década, pero me resisto a dejar fuera los que seguramente sean los dos últimos grandes discos de la carrera de los Beach Boys y que además cierran un ciclo abierto con la cancelación de “SMILE”. Parece como si se hubieran guardado lo mejor que tenían para no dárselo a Capitol, porque “SUNFLOWER”, su primera entrega a los nuevos patrones de la Warner, es su última maravilla a 33 r.p.m., un disco todavía no superado por ninguno de los que le siguieron. Paradójicamente la intervención directa de Brian Wilson es mínima, y aunque por supuesto incluye algunas de sus canciones, sin duda imprescindibles, el disco es el resultado de un esfuerzo más colectivo que nunca. Dennis Wilson, por fin, consigue equipararse a sus hermanos en la emocionante “Forever” y en la que abre el disco, “Slip on through”. Bruce Johnston también da el do de pecho componiendo y produciendo dos preciosidades como “Tears in the morning”, y sobre todo “Deirdre”, que, como “Forever”, no tiene nada que envidiar a las mejores cosas de Brian. Al Jardine demuestra de nuevo su corazón folkie en “At my window”, que recuerda poderosa y agradablemente a los Lovin’ Spoonful. Se recupera otra inspirada pieza del rompecabezas “SMILE”, “Cool, cool water”, y con cosas como “All I wanna do” y “Our sweet love”, siempre Brian, el único calificativo que puedo usar a estas alturas es el de sublime. A pesar de tanto compositor y productor el sonido de “SUNFLOWER” es sorprendentemente homogéneo, pop de cámara arropado por celestiales arreglos de cuerda y armonías vocales que vuelven a deslumbrar. Un disco de ambiente cálido y familiar del que ni los más puestos en la materia parecen acordarse al glosar las excelencias de los Beach Boys. No hay problema, aquí estamos nosotros para avisarte de que recientemente ha sido reeditado casi a escondidas aunque a buen precio por EPIC, junto con el que sigue y otros cuatro o cinco LP’s de principios de los 70. De nada, hombre, para eso están los amigos.

 

 

Ya estamos en 1971 y aquí ponemos fin a nuestra aventura. ¿Qué por qué no seguimos un poco más allá? Porque prefiero acabar esta historia con buen sabor de boca y olvidarme de sus flojísimos años setenta y ochenta, y porque el disco que publicaron ese año me ofrece la coartada necesaria: empezábamos este cuento con la no publicación de “SMILE” y precisamente en “SURF’S  UP” aparece la última canción que quedaba por conocer oficialmente de aquel fracasado proyecto, la ya por entonces mítica “Surf’s up”, sin duda la mejor del disco fantasma más famoso de la historia del pop. Este disco sí es reconocido casi unánimemente como una obra maestra, pero a mi me parece inferior a “SUNFLOWER”. Estaba “Surf’s up”, de acuerdo, pero en conjunto no llegaba a la altura de su predecesor. Sólo aguantaban la comparación la canción que aportaba Bruce Johnston, “Disney girls”, y sobre todo las dos de Carl Wilson. Tanto en “Long promised road” como en “Feel flows” Carl demostraba que el más puro “estilo Beach Boys” de hacer música podía seguir vivo aunque Brian Wilson estuviera en las nubes. Las demás no estaban mal, pero no le hacían sombra a sus compañeras a pesar de estar cargadas de buenas intenciones, de mensajes ecologistas y llamadas a la rebelión estudiantil.

 

De todos modos “SURF’S UP” significó la recuperación de una popularidad que hacía tiempo habían perdido. Llegó hasta el puesto veintinueve de las listas, cuando los anteriores no se habían acercado ni al cien, y provocó varias giras en olor de multitudes. Todo parecía rodar de nuevo a la perfección, pero… Bueno, dejémoslo aquí. La música de los Beach Boys es básicamente optimista y positiva, y además ya dije antes que quería acabar con buen sabor de boca. Olvídate de los fiascos y tragedias que siguieron y prueba a buscar alguno de estos discos. Son de esos que ayudan a salir a la calle con una sonrisa en los labios.

 

 

10 Perlas Escondidas 10

1. Time to get alone – 20/20

2. Our sweet love – Sunflower

3. Aren’t you glad – Wild Honey

4. With me tonight – Smiley Smile

5. Surf’s up – Surf’s Up

6. All I wanna do – Sunflower

7. Friends – Friends

8. Let the wind blow – Wild Honey

9. Wonderful – Smiley Smile

10.Forever – Sunflower    

 

Carlos Rego

 (Publicado en el nº 9 de 18 Rodas)

 

MATTHEW SWEET 2007

MATTHEW SWEET, la bestia alterada

Suelo distinguir entre dos tipos de discos que me gustan: por un lado, los que simplemente “están bien”, esos que resultan agradables de oír cuando estás en un bar o mientras haces otras cosas en casa. No es música difícil de encontrar hoy en día, con la gran cantidad de grupos de todos los pelajes que pululan en sellos de todo tipo. Lo realmente complicado es dar con el segundo tipo, esa clase de discos que te atrapan de una manera irremediable, que solamente se pueden escuchar poniendo los cinco sentidos y sin que nada ni nadie distraiga tu atención; esos que te acompañarán, aunque sea con intervalos, a lo largo de muchos años; esos que, tal como se están poniendo los precios en este mercado, realmente te devuelven con intereses el dinero invertido. Cuanto más tiempo llevas escuchando música, más difícil resulta que algo te enganche de verdad. No es fácil que algo te golpee con la intensidad de los primeros discos, los que te metieron un veneno en el cuerpo a prueba de antídotos. Quizá sea una sensación imposible de recuperar. Sin embargo, de vez en cuando se encuentra algo que te hace revivirla, aunque sólo sea como un reflejo de algunos falsees que te cegaron para toda la vida.

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THE BYRDS

The Byrds, después del final

 

 

 

¡Ay la Historia del Rock! Cualquiera se fía de ella, tan llena de verdades que todo el mundo da por hechas para no tener que pensar demasiado o investigar a fondo, como radicalmente reinventada para adaptarse al gusto actual. Que si el Elvis post mili era infumable, que si los discos de los Beach Boys tras “Pet Sounds” no había por donde cogerlos, que si de repente mola el heavy, que si aquel disco que nadie escuchó fue clave en el devenir de la música popular… Al final uno acaba construyéndose una “historia del rock”, así en minúscula, a su medida, a base de curiosidad y no pocas casualidades. Un servidor, hasta hace bien poco, exactamente hasta las reediciones en CD de hace cuatro o cinco años, tampoco se había preocupado por lo que le había pasado a los Byrds después de “Sweetheart of the Rodeo”, creyéndose a pies juntillas la versión oficial, la que aseguraba que se habían convertido en unos currantes a destajo del country rock sin pizca de genio. Como tantas otras veces la realidad era bien diferente, al menos para el que se acerque a tan denostados discos con el oído virgen y no espere otro “Younger Than Yesterday”.

 

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ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 MIST RICK TREFFERS EN CONCIERTO LIVE

 Rick Treffers (Mist) en concierto

 

(Sala Trapitos y Joyas, Santiago de Compostela, 11 de enero de 2007)

 

 

Le llaman dream pop, pero quieren decir cualquier cosa. Cualquier cosa indefinible que pueda ser considerada pop de armazón melódica y melancolía en vena. Pueden ser muchas cosas, sobre todo las vueltas que da la vida, que marcan, sí, pero el caso es que nuestro hombre en Ámsterdam, Rick Treffers, engancha a todo el que lo escucha gracias a sus canciones y, también, conquista a su audiencia con algo que no es muy habitual entre la prole del rock: sencillez y su honestidad.

 

En directo, Mist son un grupo de los que no conviene perderse, la suma de cinco componentes que aportan cada uno lo necesario a un proyecto vivo, tan vivo que ahora están regalando una canción cada mes en su web (www.mist-music.com, dentro del proyecto denominado Period), de ésas que se graban hoy y se ponen a disposición de sus seguidores al momento, gracias a la inmediatez de la red.

 

Pero bien porque no siempre se puede llevar a todo el grupo de gira, o ya sea porque también le gusta enfrentarse cara a cara con la gente, desnudo, Rick Treffers suele hacer conciertos en los salones de las casas de quienes estén interesados (Live In The Living las llama) o giras acústicas, tanto en Holanda como en el extranjero.

 

 

Así se presentó en Galicia en la segunda semana del mes de enero. Él mismo reconoció que quedó muy contento de los conciertos en Ourense, Vigo y Pontevedra. Sin embargo, en Compostela tuvo que enfrentarse a las adversidades. En primer lugar, a un local que organizaba el segundo concierto de su andadura y que andaba escaso de equipo. Tal vez por eso, Moncho, de Niño y Pistola, que abrió la noche en unos escasos 20  minutos, con una versión de The Kinks incluida (“Sunny Afternoon”), tuvo difícil hacerse oír con escaso volumen para un local grande, a pesar de contar con gente que tarareaba sus canciones.

 

Rick no las tenía todas consigo antes de empezar, pero quiso dar lo mejor, subiendo el volumen, obviando a quien no le hacía caso desde la barra y centrándose en aquellos que habían ido a verlo. Lo mejor fue comprobar lo bien que se defiende en las distancias cortas, hablando un perfecto castellano e introduciendo cada una de sus canciones con humor, presentándose como víctima de sus errores sentimentales y moviéndose entre el público como si estuviera en su hogar.

 

“We Should Have Been Stars”, en una versión muy distinta a la que le dio a conocer en España, “How To Drain The Swamp” o “Escape Lane” (que habla de los atascos en las autopistas holandesas de todos los días, por muy difícil que sea pensar en tal cosa, en un símil con las relaciones en conflicto) fueron cayendo junto a otras composiciones nuevas, que servirán para mantener un proyecto en el que hay mucho de lucha contra los elementos y pocas recompensas. Al acabar, Rick nos anunció que grabará próximamente un disco en holandés con un escritor de su país y preguntó también cómo le iría si grabase un disco en castellano. Se lo está pensando seriamente.

 

(Fotos: Josiño Ernie)


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