WHITE ALBUM, cara B

White Album, cara B

 

 

La segunda cara se abre con “Martha My Dear”, canción de McCartney aparentemente dedicada a su perra, pastor inglés de nombre Martha. Aunque lo haya desmentido varias veces, no es difícil ver en su letra su ruptura con su pareja Jane Asher. Grabada solo por él con una línea de piano que se repite, George Martin le aportó el arreglo jazz de metales que tocaron músicos de sesión.

 

“I’m So Tired” (“Estoy tan cansado”) es, más que una canción, un estado de ánimo, el que sentía John Lennon recién llegado a su retiro espiritual en Rishikesh, India, sufriendo jet lag y la abstinencia de las drogas, lejos de Yoko Ono. Tras el final abrupto, que da a entender que Lennon se queda sin nada que decir en su hastío, llega “Blackbird”, de McCartney, en respuesta a los movimientos por los derechos civiles en Norteamérica. Compuesta con su guitarra en un primer boceto siendo adolescente cuando intentaba aprender “Bourrée en mi menor” de Bach, cuenta con el canto de un mirlo sacado de una biblioteca de sonidos de Abbey Road.

 

Con su aire de opereta y su sátira burguesa, espoleada por la agenda izquierdista de la contracultura, “Piggies”, compuesta por Harrison, habría pasado desapercibida si no fuese porque Charles Manson la utilizó para justificar las matanzas de sus seguidores en la mansión de Roman Polanski. A continuación llega “Rocky Racoon”, escrita por McCartney con un piano honky tonk, y que le servía para mofarse del álbum country blues de Dylan John Wesley Harding.

 

 

Ringo también aporta un tema, “Don’t Pass Me By” escrita cinco años antes, en la que colabora el violinista Jack Fallon, quien reconoció sentirse mortificado porque una interpretación tan inepta hubiese quedado registrada para la posteridad. Ringo tampoco estaba muy convencido de sus habilidades y, poco después, abandonaba el grupo  durante 10 días.

 

Entre Benny Hill y Tina Turner estaría “Why Don’t We Do It in the Road?”, de solo dos líneas, escrita por McCartney después de ver en su retiro indio a dos monos aparearse. El siguiente, “I Will”, también suyo y en la línea de otros como “Yesterday”, es, según su autor, “una de las mejores melodías que he escrito” (a pesar de que tuvieron que registrar 67 tomas y que su letra estaba incompleta), y una sentida declaración de amor a la que seis meses después se convertiría en su mujer, Linda Eastman.

 

Al final aparece “Julia”, tema con el que Lennon rendía tributo a su madre ausente durante buena parte de su vida (fue criado por su tía Mimi y su marido George), con una letra a la que contribuyó Yoko Ono, aprovechando para meter referencias a su persona, fundiendo así en algunas líneas dos de los grandes amores de Lennon. Con ella se cierra una cara de nueve canciones en la que hay caos y creatividad, amor y vitriolo, en canciones más o menos valiosas compuestas e interpretadas en solitario o con las contribuciones de otros, de dentro y fuera del grupo, una buena representación de un disco tan heterogéneo y poliédrico.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *