VIVA LA LIBERTAD

Viva la libertad (Caramel)

Viva la libertad 

Enrico Oliveri -y su hermano- solo podía ser encarnado por Toni Servillo -en un doble papel-. Ya había despuntado en trabajos con fuerte carga política como Il divo o Bella durmiente (además de triunfar con La gran belleza), así que la asociación era fácil. El mismo director, Roberto Andó, aseguró que solo adaptaría su novela El trono vacío si el protagonista era él.

Como secretario del principal partido de la oposición, Oliveri pasa por una crisis tanto personal como profesional. Se fuga a París para reencontrarse con un antiguo amor, poniendo a su partido al borde de una crisis. Por suerte, su principal asistente -la verdadera figura en la sombra del film- se encuentra con el hermano gemelo del fugado salido de un manicomio y lo ficha como repuesto hasta su vuelta.

Curiosamente, esa suplantación y los discursos llenos de ‘alocado sentido común’ de su hermano hacen que el partido se recupere en las urnas. Así que no es complicado intuir la idea de fondo de esta sátira que pone en evidencia la impostura, la demagogia, la mentira, el populismo e, incluso la vacuidad de la clase política: los ciudadanos tenemos los políticos que nos merecemos. Ni más ni menos.

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