UNCLE TUPELO

Uncle Tupelo, precursores del country alternativo

“Éramos unos jóvenes realmente serios,” comenta Jeff Tweedy, sobre él mismo y Jay Farrar, los principales compositores en Uncle Tupelo. “Queríamos escribir  canciones sobre cosas en las que creyéramos, sobre cosas que tuvieran que ver con nuestras vidas. Evidentemente, por  muy pequeño que fuera nuestro universo, eso era todo lo que estaba a nuestra disposición. Así que nos centramos en las únicas cosas que conocíamos para escribir sobre ellas.”

          “Escribir sobre lo que conoces. Desde luego es el consejo más básico que se les da a los jóvenes compositores y, probablemente, sea el mejor. Lo que no se dice, y el verdadero problema, es lo difícil que es escribir sobre lo que conoces,” comenta Jay Farrar, la otra mitad compositora del grupo que existió entre 1988 y 1994. “Más difícil aún es si tienes poco más que veinte años y estás buscando un propósito a lo que haces.” 

         Irónicamente, el otro problema con tal consejo es que no comprende la creatividad que otra gente ha puesto en hablar de lo que conocen, de forma que otra gente pueda hacerlo también. En los dos primeros discos de Uncle Tupelo –No Depression (1990) y Still Feel Gone (1991)- Jay Farrar -guitarra- y Jeff Tweedy -bajo- inventaron un lugar llamado Belleville, Illinois, que curiosamente es el lugar a cincuenta kilómetros de St. Louis en el que ellos y el batería Mike Heirdon crecieron. Como el Nueva York de Lou Reed o el Asbury Park de Bruce Springsteen, Belleville era, a la vez, un lugar real e imaginario, en el que todo el mundo podía entrar, incluso aunque nunca hubieran pasado por allí. 

         Ya desde el principio había algo en su música. Retomaron la energía del punk, como demuestra, por ejemplo, su tema “Graveyard Shit”, pero, al mismo tiempo, el country de canciones como “Screen Door” demostraban que tenían un espectro más amplio que el de sus contemporáneos. En esta última cantaban: “No nos importa lo que sucede más allá de la puerta. Todo lo que hacemos es sentarnos en el porche y tocar nuestras canciones. A veces vienen los amigos y se nos unen.” 

         No es de extrañar que hoy la escena del country alternativo -Ryan Adams, Lambchop- los tenga por precursores. Aquel primer disco, No Depression, tenía el título de una canción de la Carter Family, la legendaria familia del country. “Crecí en un entorno familiar en la que, diariamente, había muestras de respeto por la música de raíces,” reconoce Jeff Tweedy. “Mis amigos querían conocer esa música y tocarla. En esa parte del país está por todos lados. Es algo así como si la Cámara de Comercio te regalara los discos de Johnny Cash. Por esa razón la rechacé al principio. Pero, de repente, me sentí muy atraído por la oscuridad de esas canciones. Recuerdo que en algún momento descubrí que daban mucho más miedo que cualquiera de la banda heavy más bruta.” 

         Después de aquellos dos discos, imbuidos por la energía de dos jóvenes intentando darse a conocer, llego el momento de la reflexión y de sacar la vena folk. Contactaron con Peter Buck de R.E.M. y en cinco días grabaron quince canciones acústicas, March 16-20, 1992. “Fue nuestra cima. Habíamos hecho dos discos que reflejaban nuestro sonido en directo. Cuando editamos el tercero, tan desnudo como podía ser, sabíamos que podía enfrentarse a cualquier otro disco que anduviera por ahí,” dice Jeff. “De hecho, es un disco ajeno a su tiempo, que suena igual que cualquier disco del Dylan de los 60 o que uno de ahora mismo. No puedes decir cuándo fue grabado.” 

         La madurez como compositor de Tweedy, teniendo en cuenta que el grupo había empezado como algo de Farrar, los condujo a los primeros problemas. “Empecé a la sombra de Jay,” reconoce Jeff. “Trabajé duro para conseguir que mi material pudiese situarse a su altura. No hubiese cantado si él no me hubiera empujado a hacerlo. Se negó a cantar mis canciones. Así que era ya una situación de igualdad, en la que los dos componíamos canciones para el grupo en el que habíamos crecido. Cuando yo cogí confianza, la dinámica cambió.” 

         La grabación del último álbum, después de que el batería que servía de puente entre los dos los abandonara, marcó el principio del fin. El contrato con la división de una multinacional les empujó a grabar Anodyne (1993), su último y cuarto disco, en directo en el estudio, para no sufrir intromisiones. 

         Acto seguido, Jeff anunció su marcha del grupo. “Intentamos que fuera amistoso, pero no podía ser. El hecho de que compusiéramos por separado y compartiéramos un grupo para grabar las canciones fue la principal causa de la separación. Habíamos decidido compartir los créditos de la composición en los discos, como los Beatles y The Clash, aunque deberíamos habernos dado cuenta que ellos también acabaron así,” explica Jay. 

         Ahora queda su legado y una enorme influencia en otros grupos. El mejor ejemplo es la revista No Depression, que, tomando el título de su primer disco, se ha convertido en la Biblia del country alternativo. Jeff formó Wilco y Jay hizo lo propio con Son Volt, dos grupos también ya clásicos. 

         Ahora se reeditan todos sus discos, con canciones extra, y un recopilatorio,  89-93: An Anthology (Sony). “Básicamente, estoy feliz de que se le haya dado otra oportunidad a nuestras canciones,” confiesa Jay. “Para mí,” dice Jeff, “es como ver un álbum de fotos. Me sorprende que haya estado en un grupo que genera el mismo tipo de culto que muchos de los grupos que he amado.” 

Xavier Valiño

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