Un viaje de diez metros

Un viaje de diez metros (Tripictures)

Un viaje de diez metros

        

Son diez metros los que los separan, pero bien podría ser toda una vida. Más aún, podría ser toda una existencia de miles de años y diferencia entre dos culturas. Si el título hace referencia obvia a la separación de dos restaurantes por una calle de diez metros, no es menos cierto también que se trata de una metáfora que habla de la distancia cultural entre Oriente y Occidente (India y Francia, concretamente) y de la distancia emocional entre cuatro personajes nacidos en dos partes distintas del mundo.

 

El director sueco -afincado en Hollywood- Lasse Hallström recupera aquí buena parte de los temas tratados en su película Chocolat de 2000. Allí era Juliette Binoche la reina de la función y aquí ese papel queda reservado para la gran Hellen Mirren. Y, aunque se basa en una novela exitosa de Richard C. Morais, lo cierto es que llega a parecer una secuela de aquella.

La historia de la familia hindú que acaba estableciéndose en un pequeño pueblo francés para abrir un restaurante popular justo enfrente del único restaurante de cocina refinada con estrella Michelín en 80 km. a la redonda parece conducirnos a un cuento, tratado con evidente poder visual, aunque lo cierto es que acaba por convertirse en una comedia romántica previsible y cargada de clichés. Al final, los placeres culinarios se imponen al forzado ‘final feliz’, la relación entre la pareja adulta tiene más empaque que la de la pareja joven y el contraste de culturas revela mayor interés que el talento del hijo primogénito que lo lleva a convertirse en el cocinero del año.

 

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