ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON TINDERSTICKS

Tindersticks, ¿puede nuestro amor…?

 

 

 

“Habitaciones alquiladas”

 

Tiempo de recapitulación. Tindersticks siguen adelante, sí, pero, al mismo tiempo, su anterior sello edita un recopilatorio de sus primeros cuatro discos titulado Working For The Man, The Best Of The Island Years 1992-1999. La banda asegura que se ha hecho en connivencia con ellos, por boca de Dickon Hinchliffe, el único que habla castellano, aunque hoy, enfrascado con el grupo en la grabación de dos nuevas bandas sonoras de las que no quiere adelantar nada, prefiere conversar en inglés.

 

Working For The Man es vuestro primer recopilatorio. ¿Participasteis en él y cuál era la idea?

            – Fue nuestra anterior compañía, This Way Up-Island, la que nos propuso la idea de editar un recopilatorio con las mejores canciones de nuestra primera etapa. La idea era que coincidiera en su edición con la reedición de nuestros primeros discos, que irían todos acompañados de abundante material extra. También nosotros teníamos idea de hacer una colección que recogiera nuestros primeros años, así que…

 

¿Cuál es vuestra reacción ahora cuando miráis hacia atrás?

            – Está bien mirar hacia atrás y, cuando lo hacemos, los sentimientos son ambivalentes. Por un lado, hay unas cuantas canciones viejas que ya no tocamos en directo. Otras sí que nos gustan mucho. De cualquier forma, nos parecen más intensas las canciones más recientes.

 

Tenéis ya una experiencia de la que carecen la mayoría de los grupos. ¿Cuál es la mayor lección que habéis aprendido en estos años?

            – Hacer siempre aquello en lo que crees. Ponerle toda tu pasión, todo tu corazón. Y no rendirse nunca a las tentaciones de la vida moderna.

 

Habrá habido momentos para el olvido, supongo. ¿De qué estáis más contentos?

            – Hay muchos momentos de nuestra historia que recordamos especialmente. Aunque, tal vez, todos nos acordamos muy intensamente de la grabación de nuestro primer disco, que fue algo muy especial, muy profundo, ya que estábamos totalmente vírgenes en casi todo y nos enfrentamos a ello de una forma muy simple, muy inocente.

 

Si en algún momento llegó a haber una crisis dentro del grupo, ¿fue justo antes de editar Can Our Love…?

            – Ha habido varios momentos; es la naturaleza intrínseca del arte y de un grupo. No me parece nada extraño en un colectivo de seis personas y, muchas veces, la creatividad surge de la fricción. Si todo es de color de rosa, entonces es que algo no marcha bien.

 

¿Es algo consciente que vuestros discos sean cada vez más cortos?

            – Después de Curtains nos planteamos exactamente eso. Nos parecía que ya habíamos editado suficientes discos dobles. Queríamos hacer una música más económica. Ya es bastante complicado enfrentarse cada año y medio al hecho de escribir y grabar un disco.

 

¿Qué es lo que os mantiene en la brecha, aparte de intentar hacer mejor música?

            – Hasta ahora hemos tenido mucha suerte con las canciones, con los conciertos. Y nunca hemos formado parte de los movimientos que están de moda en una época determinada. Nos ponemos como reto intentar transmitir con nuestras canciones algo personal, una pasión y una emoción pura.

 

Al tratar con audiencias de otros países, que no hablan inglés, ¿se pierde algo en la comunicación? 

– Una de las cosas que nos hemos dado cuenta con la música que hacemos es que pensamos en la esencia de la misma, sobre todo en el sentimiento que te golpea, además de otros muchos otros detalles como los textos. Hemos tocado en muchos países que no hablan inglés, pero lo principal que atrapa a la gente en la voz es ese sentimiento. No es imprescindible entender los textos, no.

 

¿De dónde viene la inspiración para las relaciones tan agridulces que hay en las canciones de Tindersticks?

– Desde el punto de vista de los textos, se trata de algo autobiográfico de alguna manera, pero también es algo más abstracto. Más o menos se trata de captar una imagen en una canción, que suele aparecer cuando hay un sentimiento muy fuerte que te hace componer.

 

Una vez leí que sin alguno de los seis componentes de Tindersticks, la banda dejaría de ser especial, y que sin Stuart Staples, dejaría de existir. ¿Estáis de acuerdo?

            – Desde luego que sería una clase diferente de ese algo especial que existe en la relación que hay entre los seis. Si eso cambiase, se perdería. En cuanto a Stuart, supongo que se podría buscar un sustituto, y no sabemos lo que saldría de ahí, pero lo cierto es que no ha habido oportunidad.

 

También recuerdo que Stuart dijo que él es un dictador persuasivo. ¿Es ésa la mejor forma de trabajar dentro del grupo?

            – Es una definición bastante buena. De todas formas, todos podemos opinar a la hora de tomar las decisiones. Algunos casi no hablan, pero, si lo hacen, se les escucha con mucha atención. También es cierto que, casi siempre, Stuart tiene la última palabra.

 

¿Alguna vez llegasteis a pensar en dejaros ir totalmente y probar un estilo completamente diferente?

            – Eso fue justo lo que intentamos después de Curtains, aunque por los resultados no quedase expuesto de forma tan dramática. Puede que, simplemente, no nos sea tan posible como quisiéramos.

 

Cuándo empezasteis, ¿había alguna sensación de ir en contra de la música que se llevaba, la que estaba copando las listas de éxitos?

            – No era exactamente la idea de oponernos. Creo que siempre hemos estado aislados del resto, pero de una forma que no tiene nada de negativo, sobre todo ahora. Nos sentimos muy bien estando solos con nosotros mismos. No se trata de oponerse, sino que es más una reacción para conseguir hacer música a tu manera y de seguir ese camino.

 

¿Cómo lleva el grupo haber pasado ya de los diez años juntos?

– Sienta bien seguir haciendo algo que te gusta y que todavía significa algo. Sientes que no todo en este mundo se basa en el éxito comercial y que se puede sobrevivir al margen. Supongo que nunca nos imaginamos aún aquí después de una década. De todas formas, conociendo nuestras personalidades, no ha sido tampoco tan fácil. Ha ido por oleadas: a veces nos sentíamos bien, otras, mal, y otras, muy mal.

 

¿Cómo habéis conseguido manteneros al margen de las modas?

– Simplemente nos sale así, aunque a veces ha sido una decisión consciente lo de distanciarnos de los demás y hacer algo diferente. Se trata de darse cuenta que algo sucede cuando estamos juntos y dejar que eso tenga su propio espacio para respirar.

 

¿Os resulta difícil mantener la libertad y la independencia creativas?

            – A veces. Supongo que en el pasado hicimos que fuera muy difícil, pero en este momento parece bastante natural y fácil. Por lo menos lo es con la gente que nos rodea y con la gente con la que hacemos los discos. Es algo que satisface a todo el mundo. Veremos lo que pasa dentro de un tiempo.

 

¿Habéis conseguido el éxito en vuestros propios términos?

            – Por momentos. Cuando empezamos no esperábamos, ni remotamente, estar aquí hoy. También nuestra idea del éxito supongo que es distinta a la de la mayoría de artistas del rock. En ese caso, desde nuestro punto de vista, sí.

 

¿Y habéis sentido más presión a medida que avanzabais?

            – Por nuestro estilo, siempre hemos estado fuera de onda. Nunca tuvimos un single de éxito, y siempre hemos ido creciendo poco a poco, así como nuestros seguidores, por lo que no hemos sentido realmente esa presión.

 

¿Se han convertido Tindersticks en algo más parecido a una fórmula con el paso del tiempo?

            – Al escuchar los discos que haces, te das cuenta que, al grabarlos, lo que había era una libertad total, una sensación de aventura. Así fue como empezamos: no había técnica alguna. Y supongo que, cuando aprendes esa técnica, acabas atrapado por ella. Entonces es el momento de liberarse de ella.

 

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