ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON GOMEZ

Gomez, sentirse mejor

 

Si buscases la ciudad menos rock’n’roll de todo el Reino Unido, Portslade sería una muy buena candidata. La que una vez fue refugio rural, famosa por sus molinos y sus granjas especializadas en la cría de ovejas, es hoy una ciudad costera lúgubre, ruinosa, sin ni siquiera el glamour embriagador de las vecinas Newhaven o Rottingdean, también en la costa de Sussex. 

Y si estuvieses buscando la parte menos rock’n’roll de Portslade, te irías a su gran complejo industrial. En un encapotado día de invierno, podrías ser la finalista en un concurso para encontrar el lugar más deprimente de Gran Bretaña. Nadie en su sano juicio escogería este lugar para establecerse. 

“Es una mierda,”, afirma Ian Ball de Gomez, quienes sí han elegido establecerse aquí, en un estudio que han construido detrás de un almacén de suministros para mascotas. “No hay nada que hacer. Es la Inglaterra suburbana: es como un horno en verano y jodidamente frío en septiembre. Pasas de Islandia al puto Sahara en el espacio de dos meses. Tenemos una mesa de tenis en el estudio, y eso es todo lo que hay como diversión.” 

Sin embargo, trasladar su centro de operaciones a este local ha tenido una gran ventaja. “Precisamente porque no hay nada que hacer, nos ha convertido inexorablemente en profesionales,” comenta Ball, quien tras una reubicación intercontinental es presumiblemente el único músico rock de la historia que vive en Los Ángeles y trabaja en Portslade. “Hemos estado siguiendo el típico horario de nueve a cinco al estilo de Benny y Bjorn (los de Abba).”  

“Compusimos unas 50 canciones, y después grabamos la mayoría de ellas durante un año y medio,” asiente el vocalista y multi-instrumentista Tom Gray. Se para por un momento y reflexiona “Pero, todo hay que decirlo, algunas de las canciones eran una puta mierda.” Y otras eran todo lo contrario. El cuarto álbum de Gomez, Split The Difference, está compuesto por canciones rock directas y sencillas -o, al menos, relativamente sencillas-.  

“Tuvimos una pequeña crisis de identidad, musicalmente hablando,” admite Gray. “Cuando fuimos al estudio nuevo, empezamos directamente a tocar canciones rock’n’roll. Para cuando habíamos terminado In Our Gun estábamos demasiado cargados del peso de ser un grupo experimental, pensábamos que estábamos haciendo discos que harían pensar a la gente. Pero esta vez estábamos más interesados en crear algo más visceral. Cuando tocamos juntos, simplemente suena bien, hacemos buen ruido.”   

           “Se trata de sentarnos reunidos con una guitarra acústica y sacar buenos acordes,” explica el batería Olly Peacock. “Esta vez no se trató de jugar con las máquinas.” “Don’t Know Where We’re Going”, por ejemplo, tal y como apunta Gray, suena “como un “Gimme Shelter” firmado por Nirvana”. La deliciosa “Sweet Virginia” incluye una sección de cuerdas grabada e interpretada por una amiga australiana de la banda. “La chica que lo grabó es una chalada total,” nos cuenta Ball. “Está totalmente pirada, pero sabe un montón de música clásica.” “Muchas de las canciones del disco fueron compuestas cuando atravesábamos muy malas épocas,” explica Peacock. “o sea, cuando tratas de conseguir sentirte un poco mejor, cuando te levantas por la mañana.” 

Gray, por otra parte, describe el álbum como “una resolución a una serie de crisis de identidad que habíamos tenido a lo largo de los dos últimos años. No solamente de identidad musical, sino también a nivel personal. Los distintos miembros del grupo acababan de pasar serios problemas emocionales, cosas que habían empezado, relaciones personales importantes que se habían roto durante el año pasado. Gran parte de la música ha salido de todo esto. Pero, pase lo que pase, una vez que estas tocando, regresas al punto de cómo te sentías a los 17.”     

De hecho, los dos últimos años han supuesto un capítulo peculiar en una carrera sin descanso. Todo comenzó con Bring It On, un disco grabado en un garaje que consiguió ganar el premio ‘Mercury Music Prize’. Gray describe este debut como “adolescentes del Noroeste de Inglaterra tomando demasiado ácido, escuchando maldita psicodelia loca y dispuestos a hacer cualquier locura… Ese primer álbum ni siquiera se le puede llamar una maqueta o demo porque eso sugiere que es una muestra que expresa algo y nosotros no estábamos siendo expresivos; lo hacíamos simplemente para nuestro propio disfrute. Nos asombraba el propio hecho de haber conseguido un contrato discográfico.”  

En su carrera, han sido tanto alabados por la crítica, como injustamente rechazados como rockeros obsesionados por el blues. “En realidad no prestamos demasiada atención a esa parte de los comentarios, porque no era nada fácil decir algo sobre nosotros. No creo que fuésemos una propuesta demasiado fácil de catalogar,” comenta con mucho tacto el cantante y guitarrista Ben Ottewell.  

Últimamente se les ha relacionado con la enorme escena americana que produjo a Phish and String Cheese Incident. “String Cheese Incident nos invitaron a tocar con ellos la pasada Nochevieja,” recuerda Ball, quien como todos los Gomez, parece ligeramente desconcertado por este giro de acontecimientos. “Fue algo más parecido a un circo que un evento musical. Había 2000 personas de pie en el aparcamiento de coches, gente que había cruzado todo el puto país para estar allí. Había puestos de mercadillo, como una especie de mini Glastonbury. Esto era a las 11 de la mañana. La gente estaba completamente colocada.” 

“Se volvieron locos con nosotros, después los String Cheese Incident subieron al escenario y tocaron un solo de bongo durante quince minutos, y el público también se volvió loco con ellos,” nos cuenta Gray. “Era una especie de locura hippy, una zona libre de ironía. Al final me enfadé un poco con todo aquello, pero era una gente estupenda.” Locura hippy o no, la adopción de los Gomez por parte de esa escena de grupos que hacen improvisaciones continuas en directo prueba el respeto y la alta estima en que tienen a los Gomez sus compañeros músicos. Ball afirma: “Richard Hawley dijo una vez que a la mayoría de los músicos, les guste o no nuestra música, les gustaría estar en nuestro grupo. Creo que con esto lo que quería decir es que en nuestro grupo no hay nadie que te diga lo que tienes que hacer, nadie tiene un rol predefinido.” 

Es un planteamiento único y quizás poco ordenado o poco sistemático, pero con Split The Difference han logrado reducir su sonido a su forma más potente. “Cuando empezamos a hacer música, nos importaba sobre todo capturar el momento. Temas como “Get Miles” del primer álbum se grabaron casi la primera vez que los tocamos. Se trataba de grabar algo y sentirnos bien con ello. Fue como volver atrás en el tiempo,” explica Gray. “Hemos vuelto a un local de mierda utilizando cualquier equipo disponible. Es como el garaje donde empezamos a grabar.” “Sólo  que es ligeramente mejor que el garaje,” apunta Ottewell. “Ligeramente.”

Xavier Valiño

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