ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON ANDRÉS CALAMARO

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON ANDRÉS CALAMARO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Andrés Calamaro, alta productividad

 

 

          Ha pasado el último año envuelto en dilemas existenciales, noches en vela atado a la más variada farmacopea e interminables sesiones de grabación. Todo ello, para encarar el escepticismo tras el notable éxito comercial logrado con Alta suciedad, el álbum con el que, hace dos años, retomó una carrera en solitario que remite a la Argentina de principios de los años ochenta.

 

          Los meses de trabajo “nada metódico” y de tránsito musical sin rumbo fijo se han concretado en Honestidad brutal, un ambicioso disco doble de 37 canciones, concebidas con ese enfoque cosmopolita y casi barroco tan propio de los rockeros de ultramar. El ex-Rodríguez ha aprovechado la gira como telonero de su idolatrado Bob Dylan para explicar la génesis de uno de los discos más largos de la historia del pop hispano.

 

    “Después de muchas noches sin dormir, llegué a tener un repertorio de cien canciones, en las que tocaba un montón de palos distintos. En realidad, éste es un disco como con muchos discos dentro. La mayoría de las canciones están terminadas en el estudio: las escribía y grababa directamente, de modo que muchas tomas son prácticamente las originales. He trabajado contrariando las teorías de cómo hay que grabar un disco. El resultado tiene menos fineza, menos acabado musical, pero resulta mucho más arrebatador. Si una obra tan exigente logra grandes ventas, habremos conseguido algo importante”.

 

          En ese interminable proceso de grabación, Andrés Calamaro asegura que llegó a perder la visión global de su trabajo: “La producción fue tan cambiante que tuve que ver el orden final de los temas para comprobar cómo era el disco realmente. Tuve que esperar varios meses para mezclar. Las cintas viajaron por todo el mundo en una valija, porque grabamos en doce estudios de cuatro ciudades, en tres países diferentes”

 

          Uno se pregunta si era la idea editar un compacto tan largo. “Existió un primer disco de 17 canciones que grabamos en una semana. Ese disco vive ahora dentro de éste. Luego, el año se me hizo largo y me pareció más interesante hacer música nueva, así que añadimos veinte temas que fuimos a registrar a Nueva York con los músicos de Alta suciedad. Así, el 26 de marzo, terminó un trabajo que empezamos en abril del año pasado”.

 

          A pesar de esa coincidencia en el elenco de intérpretes, el músico pone mucho cuidado en marcar distancias con su anterior entrega. “Alta suciedad fue concebido desde el rechazo a las últimas técnicas y tendencias musicales. Ahora también hemos estado en Nueva York, pero hay diferencias, porque el disco anterior era la consumación de la grabación analógica, a la antigua usanza. No sólo se registró con personas, en lugar de máquinas, sino que en él participaron los mejores músicos de tres generaciones. Al menos, los mejores de la Costa Oeste”.

 

        Un álbum de casi cuarenta canciones y más de dos horas de música es el resultado. Si se sacara en formato de vinilo, sería un triple y medio, lo que invita a pensar, de manera casi inevitable, en la presencia de abundante material menor o de relleno. Calamaro niega la mayor: “Que sea largo permite, también descubrir cosas. Da una visión más amplia del artista. Hay temas que sólo son posibles en un disco como éste, así que todas las canciones acaban siendo necesarias para oxigenar el repertorio. Un ejemplo: grabé dos tangos con maestros del género. Si lo hubiera hecho en un disco normal, habría resultado demasiado tanguista. Lo mismo pasa con cualquier otro estilo, o con las letras. Analizando los textos, mucha gente pensará que se trata de un disco autocompasivo, porque canto muchas desdichas personales, pero con tantos minutos tengo más oportunidades para demostrar que no”.

 

        El título del compacto, con su punto petulante, es, según Calamaro, una suerte de arenga cultural. “Supongo que los músicos artesanos, los verdaderos artistas, sabrán de qué va. El título se refiere a quienes componen de corazón, y constituye una llamada de atención optimista acerca del rock y de 1a posible pérdida de credibilidad que se observa en la actualidad. Hoy domina el escepticismo. Así que yo, que había tenido un cierto éxito, quería pensar que podía hacer cosas más importantes que un disco que vendiera mucho. Llegué a la conclusión de que sólo podía convencer con un tono por encima de la cuestión de las ventas. Creo que sacar un disco doble y más difícil de vender aporta algo de romanticismo y de poesía a esto de la industria, ¿no es cierto?”

 

          Honestidad brutal cuenta, sin embargo, con reclamos comerciales de muchos quilates. El más claro es la aparición de Diego Armando Maradona, que canta en “Clonación, pan y circo” y la ranchera “Hacer el tonto”. La colaboración del Pelusa es, en palabras del músico, “una cuestión de amistad. Maradona estuvo de visita en el estudio. Él es de esa clase de criollos que cantan siempre que hay vino, en las fiestas o reuniones familiares. La ranchera la grabamos en dos días, unidos por una noche que no existió. Cantamos todos desnudos en el estudio, como una forma de, entiéndase bien, máxima expresión, sinceridad y euforia. Diego Maradona vino a formar parte de un coro de descarriados”.

 

          Y ahora, tras el periplo como escolta de Dylan, toca planificar la gira de apoyo a su nuevo disco. “Puede que sigamos tocando en acústico un tiempo, como en la gira con Bob. El formato básico aburre a la hora de ensayar, pero, una vez que estás en ello, es tan espontáneo que resulta muy divertido. Pero vamos a pensar bien cómo lo hacemos, cuál es la forma más noble de salir a la carretera. Si las actuaciones se convierten en un negocio de mucho dinero, el negocio y la propia música se ensucian”.

 

Xavier Valiño

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