ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 JONATHAN RICHMAN EN CONCIERTO

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 JONATHAN RICHMAN EN CONCIERTO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Jonathan Richman, ingenio y figura

 

(Sala Capitol, Santiago de Compostela, 28 de octubre de 2006) 

 

 

         Jonathan Richman tiene muchas y grandes canciones. Su vis cómica en el escenario, su ingenuidad, su eterna apariencia de niño atrapado en un cuerpo de persona adulta, su faceta natural de entertainer no debería hacer olvidar hitos como “Roadrunner”, “Pablo Picasso”, “That Summer Feeling”, “Ice Cream Man”, “Springtime In New York”, “I Was Dancin’ In The Lesbian Bar”, “Copules Must Fight”, “Give Paris One More Chance”, “Vampire Girl”… A algunos esa facilidad de entretener y hacer reír no les permite verlo, como si sólo los artistas torturados u oscuros pudieran ser compositores de los mejores temas.

 

         A sus 57 años, en directo, Jojo, como se le conoce con cariño, despliega todo su arsenal para llegar al corazón de su público, en la mayor parte de las ocasiones a través del humor, a veces de forma natural y en otras plenamente consciente de lo que está haciendo para lograrlo. Lo mejor que se puede decir de sus actuaciones es que todo el mundo sale con una sonrisa en la boca, algo que casi nadie puede lograr hoy, más o menos el equivalente de Woody Allen en el mundo de la música.

 

 

 

         Él, con su guitarra, sus historias y, recordémoslo, sus canciones, se basta para llenar cualquier escenario. Cierto que a su lado está el minimalista batería Tommy Larkin, compañero en los últimos siete años, el único en la sala al que no se le ve reír, si acaso un único atisbo de sonrisa en toda la actuación. Pero la hora u hora y media de recital de Jojo la podría solventar él solo sin ningún problema, como hacía ya antes de contar con su fiel escudero.

 

         Además, en sus conciertos españoles, entre temas en inglés, francés e italiano, siempre incluye numerosas canciones en castellano, jugando con un idioma que parece nacido para pasarlo bien, como demostró con una inesperada versión rumbera del “Volando Voy” de Kilo Veneno que hizo que la asimilación entre ambos no pareciera fuera de lugar.

 

 

 

Eso, que lo acerca más a sus seguidores por aquí, y que, parece mentira, nadie hace igual en este idioma, es, también, el único pero que se le puede poner a sus conciertos en España: sus canciones en castellano son minoría en sus discos y, además, tampoco lucen al mismo nivel que sus clásicos en inglés. En cualquier caso, cuando consigue el efecto terapéutico de la sonrisa, se convierte en algo perfectamente perdonable. Y si, además, eso lo hace cada pocos meses, como Woody Allen, la vida se transforma en algo más llevadero.

 

Xavier Valiño

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