ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON MANU CHAO

ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON MANU CHAO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1998


Manu Chao, el nómada más lúcido

 

 

Escuchar a Manu Chao es un placer. Uno estaría horas charlando con él, alguien con el que comparte sus principios y su visión del mundo, intentando contagiarse algo de su enorme talento, hiperactividad e ilusión. A sus 37 años, y sin domicilio fijo, ha firmado otra obra de canciones atemporales que ya son del dominio popular y se prepara para embarcarse en una nueva aventura, A feira das mentiras, que tendrá como escenario -suerte la nuestra- Santiago de Compostela entre el 7 y el 12 de julio.

 

¿Estás más cerca de lo popular, de lo básico, con Clandestino?

– Cada vez me parece más importante tratar de buscar la vía más sencilla. Veo el mundo muy complicado y, para mí, la solución es la sencillez. Escucho una canción de Bob Marley y lo suyo es muy sencillo, y si hay alguien que haya llegado a todo el mundo, ése es él. Para mí es todo un ejemplo.

 

¿También estas canciones suenan distintas en directo de un día para otro o no las vas a pasear por los escenarios por ser más intimistas?

– Este disco son canciones para cantar cuando sea el momento oportuno. Quiero que queden sueltas, y no me planteo una gira convencional como las de Mano Negra o Radio Bemba con ellas. Evidentemente, todo lo que se hizo en este disco será utilizado de una forma u otra en los espectáculos que vamos a montar, pero la primera cuestión es que estas canciones soy incapaz de cantarlas al día siguiente de la misma manera.

 

¿Qué importancia tienen hoy en día los pasaportes?

– Ésa es una de las cuestiones que me preocupan: son una forma de poner barreras y distanciar a los pueblos por parte del Estado. Veo por muchos sitios que el cierre de fronteras está provocando muchísimos problemas duros y violentos. Lo que sucede entre Europa y África, Europa y Sudamérica o entre los USA y Centroamérica sólo va a traer complicaciones.

 

¿Cómo se vive el ascenso del Frente Nacional en Francia?

– Esa radicalización que hay por todos lados es evidente en Francia con la extrema derecha y, también, con la respuesta de los chavales en los barrios. A veces no se canaliza de la forma adecuada: la solución al Frente Nacional tampoco es el integrismo islámico y, por desgracia, cada bando tiende a ir hacia los extremos más y más.

 

¿Cuáles son los mayores malos de la sociedad actual?

– El principal mal es que el mundo está tan perdido, y yo el primero, que el campo está muy abierto a los populistas, a los que dan soluciones fáciles. La gente que ahora vota a la extrema derecha en Francia son los que hace quince años votaban a los comunistas, y yo no considero que todos sean fachas, sino que están engañados por peligrosos populistas. Y los norte-africanos que se meten en el integrismo también son gente engañada. Lo mismo pasa en Brasil con las sectas y los falsos líderes religiosos. Hay tanta falta de ideales que estamos volviendo a los de la Edad Media. Y en España también los hay, no te creas. Por ejemplo, Jesús Gil, que para mí es más peligroso que Le Pen, ya que tiene algo más popular que un partido político: un equipo de fútbol. El fútbol es un vehículo para llegar a la gente mucho más fuerte que un partido político.

 

¿Qué te dan los países de Sudamérica en relación a Europa?

– Sucede que, a fuerza de viajar, te enamoras de un país, de una región o de una gente. Da igual que sea Sudamérica o París, que es un lugar adonde necesito volver cada poco para ver cómo le va a la gente del barrio. Ahora me pasa también con Galicia, donde se han creado muchas afinidades.

 

¿Sientes qué es la comunidad más próxima a Sudamérica?

– Lo que tiene Galicia es que es un país muy abierto al exterior, sobre todo a Sudamérica, con tradición de saber recibir a la gente, por lo del Camino de Santiago y antes por los europeos que iban hasta Fisterra. También está la tradición de haber viajado y emigrado por el mundo entero.

 

¿Te consideras un nómada sin domicilio fijo o te sientes más cómodo en algún sitio?

– Hay muchos sitios en los que me siento cómodo, y eso tiene sus ventajas y sus desventajas. Si tuviera que instalarme en algún sitio mañana mismo, sería muy complicado. Tiraría un dado al aire y lo elegiría al azar. Mi manera de vivir estos tres últimos años ha sido sin rumbo fijo, inspirándome de lo que salga por el camino.

 

Después de la experiencia de recorrer Colombia en tren, supongo que nada puede volver a ser igual con la industria musical convencional.

– Digamos que, después de proyectos como ése, te cuesta mucho volver a tener una carrera clásica de artista musical, con giras, promoción y grabaciones. Lo viví mucho antes, pero ahora lo que me da vida es soñar cosas diferentes. El reto es seguir haciendo locuras de ésas y no tienen que ser tan lejos como Colombia. La próxima será en Galicia.

 

¿Crees que el hermoso libro de tu padre, Un tren de hielo y fuego, es la crónica de una separación anunciada?

– Es una crónica de una aventura fabulosa, con el relato de lo terrible y lo bueno que pasó allí. Pero la separación no tiene nada que ver. El montaje del tren en Colombia no se hizo con Mano Negra. La banda ya estaba bastante disuelta en ese momento, aunque en Colombia se notaron las disensiones en la banda en cuanto a la filosofía de la vida: unos querían seguir con proyectos como ése y otros volver con sus familias, que también es muy respetable.

 

¿Qué fue lo mejor de la experiencia Cargo 92, el barco con el que recorristeis Brasil, Venezuela, Santo Domingo y México?

– Cargo 92 fue la primera aventura realmente extraordinaria y la que dio pie a montar ideas de ese tipo. Estando allí un amigo nos habló de las vías del tren abandonadas de Colombia por las que no pasaba nunca un tren, y por eso decidimos montar un carrito con cuatro ruedas y llegar a pueblos en los que nunca había estado ningún artista. Lo de Colombia nunca hubiera pasado si no hubiéramos hecho este viaje. Cada proyecto da un poco de vida al siguiente.

 

El reciente viaje por el Nordeste olvidado de Brasil en busca de los repentistas fue algo distinto, ya que ibas solo con tu guitarra, sin grupo.

– Durante dos o tres años he viajado por bastantes sitios, pero nunca me encontré solo, porque siempre me han recibido bien y he estado con la gente con la que quería estar. Lo mismo pasa ahora, con lo de A feira das mentiras, en la que hay mucha gente implicada.

 

¿Cómo cambia también la forma de componer en estos viajes?

– A nivel de grabación ha ganado mucho. La diferencia no es tanto con este disco, ya que entre los tres primeros de Mano Negra y Casa Babylon hay mucha diferencia. Pasamos de una forma clásica de grabar, en estudio, adonde llegábamos con las ideas claras, para grabar y mezclar, a llegar al estudio para captar el instante inventando cada día. Ahora, además, tenemos un pequeño estudio que llevo siempre encima y que permite tomar pequeñas instantáneas del momento, grabar allí donde encontramos los músicos y en el momento en que surge la magia, y eso me tiene muy vivo.

 

¿Te sientes inspirador de un buen montón de bandas que han aparecido en los últimos años?

– Es evidente que ciertos grupos que han practicado estilos en Sudamérica, España, Francia o Italia que declaran estar inspirados por nosotros, lo que nos da muchísimo orgullo. Luego, cada uno sigue su camino: unos me gustan y otros me parecen que están bastante equivocados.

 

¿Queda algo de amargura o resentimiento por la separación de Mano Negra?

– No, en absoluto. Fue para todos difícil entender que el grupo se acababa. Costó un año comprenderlo. En el momento de la separación hubo de todo, pero ahora, con el tiempo, creo que Mano Negra cumplió su ciclo de vida y yo aprendí mucho ahí. Fue una escuela preciosa y ahora vienen otras. Clandestino no es más que una pequeña piedra en algo más amplio. Tengo grabadas muchísimas canciones, en direcciones muy diversas: techno, hardcore, canciones cariocas grabadas en Rio de Janeiro… Lo de A feira das mentiras me llena mucho, aunque no sé si nos juntaremos allí cuatro, doscientos o diez mil. Y eso es, precisamente, lo mejor.

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