TULSA: Espera la pálida

TULSA: Espera la pálida (Subterfuge)

 

 

Tulsa, capital mundial del petróleo, es también capital nacional del desamor. La banda liderada por Miren Iza demostró en Sólo me has rozado (Subterfuge 2007) saber sacar oro musical de los pozos del desengaño y el desánimo. Vuelven a demostrarlo en Espera la pálida (Subtefuge 2010), y con todavía mayor elocuencia.

 

Siguen adheridos a la Americana en su facción alternativa, pero se mueven entre rock, country y pop del Medio Oeste con letras no en inglés -como hiciera Iza con Electrobikinis-, sino en perfectamente honesto castellano. “Sólo volvería a escribir en inglés si me enamorara de un americano, me llevara a vivir a Wichita y, después de 20 años viviendo allí, en nuestra casa móvil, sintiera que es hora de que me entiendan mis vecinos”, asegura Miren. 

 

Por lo comentado hasta ahora, Espera la pálida podría haberse llamado Sólo me has rozado, la venganza. Y en realidad es una bestia distinta, más calmada y a la vez más fiera, si esto tiene algún sentido. Sí, lo tiene: su fuerza está en su serena amargura y la delicadeza de matiz.

 

El productor Karlos Osinaga (Lisabö) parece haber inspirado al grupo a eliminar todo lo superfluo, concentrarse en la esencia de sonido y sentimiento, grabar en directo -–y sin revolver demasiadas tomas; salvando las voces, todo se registró en una sola semana- para capturar la pulsación de la verdad. Podríamos hablar de South San Gabriel, pero quizá sería mejor hacerlo de Centro-matic, por su sonido más naturalizado. 

 

Hay letras sobre el desamor, por supuesto. Al fin y al cabo, esto es Tulsa, meca del corazón roto. “Algo dentro de mí se ha roto / se ha partido como una nuez / Había pedido que esto no nos pasara a ti y a mí”, canta Miren en “Algo ha cambiado para siempre”; los efectos son dolorosos a la vez que placenteros; hablamos de música para yonquis del hundimiento. Pero también hay mucho de recapitulación, de admisión del concepto consecuencia, de parada y reflexión antes de iniciar otra serie de catastróficas -o inspiradoras, según se mire- desdichas.

 

En eso también se detecta una madurez nueva en la banda. Se acerca el final del disco -mejor en vinilo, o digital, por la versión de “Into My Arms” de Nick Cave- y con la última pisada de “Barro”, uno siente sanar las cicatrices, superar tornados y granizo. Espera la pálida: repara y protege.

 

 

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