TINDERSTICKS 2009

Tindersticks, ¿puede nuestro amor…?

 

Parecía que hubieran desaparecido, tras la edición de dos discos en solitario de su líder, Stuart A. Staples. Cinco años después de su último disco, Waiting For The Moon, y cuatro tras el recopilatorio que pareció ser su despedida, Working For The Man, Tindersticks regresaron el año pasado reconvertidos de sexteto a trío con The Hungry Saw. Esta semana se presentan en Galicia por primera vez en sus 18 años de trayectoria, en la Sala Capitol de Santiago, el miércoles 11 a las 20:30, con el irlandés David Kitt de telonero.

 

Stuart A. Staples explica la causa de que el grupo casi desapareciera y de su insospechada resurrección. “Waiting For The Moon nos dejó decepcionados y confusos. Habíamos perdido algo. Nos llevó un tiempo sacudir el polvo. Unos cuantos años trabajando en distintos proyectos en solitario nos dio otra perspectiva. El 17 de septiembre de 2006 nos encontramos juntos de nuevo, interpretando nuestro segundo disco entero en un concierto en la Sala Barbican de Londres. Fue una gran noche, y resultó algo totalmente natural estar juntos otra vez para interpretar canciones de un momento muy creativo como grupo”.

 

Supongo que ahí surgió la idea de un nuevo disco, que se convirtió finalmente en The Hungry Saw (La sierra hambrienta).

                – Puede que fuera el sentimiento de aquella noche lo que confirmó nuestra creencia en que debía haber un nuevo disco del grupo, y no sólo por la energía y la confianza de los 23 músicos en escena, sino también por parte de la audiencia. Un sentimiento mayor que 6 músicos… y sus diferencias. Todo ello combinado con la tristeza de saber que nosotros 6 ya habíamos hecho toda la música que íbamos a hacer juntos.

 

¿Cuál es vuestra reacción ahora cuando miráis hacia atrás?

                – Está bien mirar hacia atrás y, cuando lo hacemos, los sentimientos son ambivalentes. Por un lado, hay unas cuantas canciones viejas que ya no tocamos en directo. Otras sí que nos gustan mucho. De cualquier forma, nos parecen más intensas las canciones más recientes.

 

Tenéis ya una experiencia de la que carecen la mayoría de los grupos. ¿Cuál es la mayor lección que habéis aprendido en estos años?

                – Hacer siempre aquello en lo que crees. Ponerle toda tu pasión, todo tu corazón. Y no rendirse nunca a las tentaciones de la vida moderna.

 

¿Qué es lo que os mantiene en la brecha, aparte de intentar hacer mejor música?

                – Hasta ahora hemos tenido mucha suerte con las canciones, con los conciertos. Y nunca hemos formado parte de los movimientos que están de moda en una época determinada. Nos ponemos como reto intentar transmitir con nuestras canciones algo personal, una pasión y una emoción pura.

 

Al tratar con audiencias de otros países, que no hablan inglés, ¿se pierde algo en la comunicación? 

– Una de las cosas que nos hemos dado cuenta con la música que hacemos es que pensamos en la esencia de la misma, sobre todo en el sentimiento que te golpea, además de otros muchos otros detalles como los textos. Hemos tocado en muchos países que no hablan inglés, pero lo principal que atrapa a la gente en la voz es ese sentimiento. No es imprescindible entender los textos, no.

 

 

¿De dónde viene la inspiración para las relaciones tan agridulces que hay en las canciones de Tindersticks?

– Desde el punto de vista de los textos, se trata de algo autobiográfico de alguna manera, pero también es algo más abstracto. Más o menos se trata de captar una imagen en una canción, que suele aparecer cuando hay un sentimiento muy fuerte que te hace componer.

 

¿Alguna vez llegasteis a pensar en dejaros ir totalmente y probar un estilo completamente diferente?

                – Eso fue justo lo que intentamos después de Curtains, aunque por los resultados no quedase expuesto de forma tan dramática. Puede que, simplemente, no nos sea tan posible como quisiéramos.

 

Cuándo empezasteis, ¿había alguna sensación de ir en contra de la música que se llevaba, la que estaba copando las listas de éxitos?

                – No era exactamente la idea de oponernos. Creo que siempre hemos estado aislados del resto, pero de una forma que no tiene nada de negativo, sobre todo ahora. Nos sentimos muy bien estando solos con nosotros mismos. No se trata de oponerse, sino que es más una reacción para conseguir hacer música a tu manera y de seguir ese camino.

 

¿Cómo habéis conseguido manteneros al margen de las modas?

– Simplemente nos sale así, aunque a veces ha sido una decisión consciente lo de distanciarnos de los demás y hacer algo diferente. Se trata de darse cuenta de que algo sucede cuando estamos juntos y dejar que eso tenga su propio espacio para respirar.

 

¿Os resulta difícil mantener la libertad y la independencia creativas?

                – A veces. Supongo que en el pasado hicimos que fuera muy difícil, pero en este momento parece bastante natural y fácil. Por lo menos lo es con la gente que nos rodea y con la gente con la que hacemos los discos. Es algo que satisface a todo el mundo.  Veremos lo que pasa dentro de un tiempo.

 

¿Habéis conseguido el éxito en vuestros propios términos?

                – Por momentos. Cuando empezamos no esperábamos, ni remotamente, estar aquí hoy. También nuestra idea del éxito supongo que es distinta a la de la mayoría de artistas del rock. En ese caso, desde nuestro punto de vista, sí.

 

¿Se han convertido Tindersticks en algo más parecido a una fórmula con el paso del tiempo?

                – Al escuchar los discos que haces, te das cuenta que, al grabarlos, lo que había era una libertad total, una sensación de aventura. Así fue como empezamos: no había técnica alguna. Y supongo que, cuando aprendes esa técnica, acabas atrapado por ella. Entonces es el momento de liberarse de ella.

 

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