THE WAR ON DRUGS 2009

The War On Drugs, una aguja en el ojo

 

Vamos a empezar por lo negativo y dejamos para después los halagos, y más teniendo en cuenta que solo hay una cosa mala en este disco: acaba y, después de 43 minutos, te deja con ganas de más, de mucho más. ¿De dónde han salido? The War On Drugs, desde Filadelfia. Wagonwheel Blues es su primer álbum. Y ahora lo presentan esta semana en Vigo, en concreto el día 11 en La Fábrica de Chocolate.

 

En su sonido se pueden encontrar varios ingredientes: 1) La manera arrastrada de cantar de Tom Petty. 2) Riffs agitándose a lo Velvet Underground y las guitarras que John Squire metía en Stone Roses y sonaban a campanas repicando. 3) Las baterías de una compañía del Ejército de la Salvación enamorada de las Ronettes de Phil Spector mientras marcha hacia la batalla. 4) La euforia amistosa de barra de bar de Bruce Springsteen y la E Street Band. 5) La chispa de Bob Dylan para vestir letras místicas sobre el choque entre la esperanza y la desilusión como si fueran rimas simples. 7) El sinsentido de la carretera a ninguna parte que transmitían Talking Heads. 8) Las melancólicas pero adhesivas líneas de bajo de Joy Division…

 

El resultado: todo eso mezclado y sonando exactamente como todo lo que has leído y, al mismo tiempo, como nada más. Porque donde otras bandas imitan y calcan a sus ídolos, The War On Drugs les dan las gracias por haberles indicado el camino y se dirigen a explorarlo. Y su próximo destino parece estar siempre detrás de la siguiente colina. Hablamos con Adam Granduciel, voz, guitarra, armónica y órgano de la banda.

 

¿De dónde habéis sacado un nombre que remite a la lucha del Gobierno norteamericano contra las mafias de la droga?

– No hay ningún motivo en especial. A un amigo mío se le ocurrió “War On Drugs” hace algunos años mientras tomábamos algunas botellas de vino tinto delante de una máquina de escribir cuando vivíamos en Oakland. Escribíamos mucho entonces, trabajando con un diccionario, y simplemente salió y pensamos que era un buen nombre para un grupo. Cuando me mudé a Filadelfia y monté un grupo, lo usé. Era eso o algo así como The Rigatoni Danzas. Creo que elegimos el nombre apropiado. Siempre pensé que era el típico nombre que puede llevarte a muchos tipos de músicas diferentes sin que haya nada inherente a él… Algo misterioso, pero había que ponerle el “The” ahí.


Lo que sorprende de vuestro debut Wagonwheel Blues es lo conseguido que está en cuando al sonido, algo que no esperas de un debut.

– Gracias. Lo cierto es que estas canciones se han desarrollado a lo largo de un periodo de 6-7 años. Pasaron por un montó de transformaciones y enfoques. Todas las canciones fueron grabadas en cinta analógica. Se grabaron en estudios distintos, con gente distinta tras los controles del sonido. Hay sonidos en estas canciones que tienen ocho años de grabaciones caseras detrás, trozos y pedazos de aquí y de allá, sacados de casetes, minidiscs, samplers, mezclas en bruto tomadas de los amplificadores. Pero lo que importa es que todas ellas suenan frescas y enérgicas. Todo el mundo estaba detrás de cada una de ellas cuando trabajamos en las canciones. Al final, cada una terminó teniendo una energía y un encanto especial, mientras que, al mismo tiempo, parece que los temas del disco han quedado bastante consistentes.

 

 

De vuestra música no parece desprenderse que seáis una banda nueva. Está muy clara la visión de lo que estabais creando. ¿Desde cuándo tocáis juntos?

Conocí a Kurt en el 2003 y empezamos a tocar juntos de una forma constante. No tanto como banda, sino practicando, ensayando, quedándonos hasta tarde grabando en mi casa, en su casa, compartiendo libros, equipamiento y discos. Nos metíamos en sesiones semanales maratonianas, de 15 o 20 horas al día. Así que cuando empezamos como The War On Drugs, tocar se había convertido en algo natural. Estoy tan cómodo con la sensibilidad de Kurt, Dave y Charlie hacia la música que me siento tranquilo dejando que hagan lo que quieran en el estudio y en directo.

 
Está claro que Bruce Springsteen y Suicide son grandes influencias para vosotros. ¿Qué más?

– Escuchamos mucho a The Velvet Underground en la última gira. Neil Young, John Coltrane, Bob Dylan, las emisoras de rock clásico, blues, The Fall… Muchas cosas. Me gusta mucho lo que grabó Tom Dowd, el ingeniero del sello Atlantic entre los 50 y los 80, con Ornette Coleman, Eric Clapton, Ray Charles… Lo modernizó todo. Todo el mundo debería ver ese documental sobre su música, The Language of Music: Tom Dowd. Será toda una sorpresa.

 

Lo mejor de Wagonwheel Blues es que pisa la línea de aquello en lo que es fácil de adivinar sus influencias y algo que tiene un sonido único. ¿Cómo se consigue?

– Somos grandes seguidores de los cantantes-compositores clásicos, así que primero ponemos La Canción y, después, siempre nos apetece experimentar, especialmente improvisar, y ésa es la característica de nuestros discos. Siempre me gusta dejar las sesiones de grabación bastantes abiertas, hacerle caso a las primeras impresiones. Me gusta escuchar errores en los discos, guitarras desafinadas en un disco de Dylan, risas, sonidos inesperados… Le da a la música una personalidad humana, así que nunca estamos preocupados por conseguir la parte perfecta de guitarra o la letra perfecta. La honestidad y la espontaneidad en una interpretación trasmiten más que nada.

 

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