THE SADIES

The Sadies, Dios bendiga a los infieles

 

 

No hace falta presentación. Después de más de veinte años, diez discos en estudio, más colaboraciones con otros artistas que nadie (salvo, posiblemente, Elvis Costello) y una vida en la carretera, The Sadies se ha convertido en una de las más grandes bandas de rock (country / garage / surf / folk / psicodelia / pop…) de la historia. Su nuevo disco, Northern Passages, se editó el pasado día 10 de febrero, el mismo día que conversamos con Dallas Good, su guitarrista, cantante y principal compositor, con el que empezamos hablando de expectativas. “Nunca tengo expectativas, porque si las tienes, eso te lleva a fracasar. Hasta ahora, la respuesta ha sido fantástica y a la gente parece gustarle. Si no es así, será mi culpa. Pero todavía no hemos ido a España, así que no sabemos. La gente es más inteligente y tiene más gusto en temas musicales en España”.

 

Xavier Valiño

 

¿Os preocupa tener una reputación como una tremenda banda en directo pero no haber llegado a vender discos en proporción a esa consideración?

– No lo sé. Si realmente pensase que eso es así, intentaría hacer mejores discos, supongo. Una buena parte de la explicación es que llevamos tocando mucho tiempo y nos sentimos muy cómodos en el escenario. Nos gusta hacerlo. Hemos estado tocando en directo más tiempo del que hemos estados grabando discos, así que supongo que sabemos hacerlo. Algo, al menos.

 

Han pasado tres o cuatro años desde el último álbum, el mayor espacio de tiempo entre vuestros discos. Siempre estáis trabajando en algo, así que seguro que no habéis parado. Por otra parte, creo que el disco lleva ya grabado dos años.

– No exactamente. Desde Internal Sounds en el 2013, hicimos un disco con nuestro amigo Gord Downie, And the Conquering Sun [2014]. Eso nos llevó un tiempo de preparación previo y después también hicimos una gira. Así que, sí, han pasado unos tres años. No queríamos apresurarnos con el nuevo disco. No había razón para hacerlo deprisa y, también, optamos por no grabarlo en un estudio, con lo que eso nos llevó más tiempo.

 

Cierto, lo grabasteis en Newmarket, al norte de Toronto, en el sótano de la casa de tus padres. No sé si eso influyó de alguna forma.

– Se puede decir que aprendí a tocar la guitarra de joven en ese sótano, así que fue toda una experiencia regresar allí. Aunque no es la primera vez: el disco The Good Family Album del 2013, que apareció como un álbum de The Good Family (que no eran otros que The Good Brothers y The Sadies, grabado con mi padre, mi madre, mi tío y mi primo). También ensayamos allí de vez en cuando. Puede que algo se traslade a las canciones.

 

Pensaba que habíais crecido en Aurora, Ontario.

          – Mis padres compraron la casa de Newmarket cuando teníamos trece años. Antes vivíamos en la granja de Aurora. En Newmarket fue donde empecé a tocar.

 

Ahora que habéis vuelto a esa casa, ¿has pensado en la evolución de la banda desde aquellos días?

– Es realmente complicado para mí poder señalarlo, tanto como lo sería decir cómo he evolucionado como persona. Siento que es todo lo mismo. Mi familia siempre ha estado muy metida en la música, así que es algo normal volver a casa si nos sentimos perezosos. Es muy cómodo dejar nuestros instrumentos, los amplificadores y todo el material en un lugar durante un tiempo, y tenerlos ahí cuando los necesitemos, algo que es muy complicado de conseguir en un estudio de grabación. En el estudio lo tienes que hacer en poco tiempo, mientras que de esta forma íbamos al sótano, trabajábamos en lo que tuviéramos y podíamos marcharnos a hacer lo que fuese hasta que sintiésemos la necesidad de regresar. En ocasiones pasábamos allí una o dos semanas, y podíamos experimentar sin tener que gastar mucho dinero. No es bueno tener que hacer un disco porque tienes una fecha límite. Por suerte, con The Sadies casi nunca ha sido así y somos nosotros los que nos marcamos nuestro calendario. En cualquier caso, tenemos que seguir haciendo discos, tenemos que seguir moviéndonos; si no lo hiciéramos, moriríamos como los tiburones.

 

¿Teníais alguna idea previa de cómo queríais que fuese este disco antes de grabarlo?

– Desde luego. Por ejemplo, la canción “The Elements Song” fue compuesta antes que cualquier otra. Lo que hicimos fue completarla para saber qué queríamos, antes de ponernos con otras, como una guía. En otras ocasiones, lo que hemos hecho es escribir la música o la letra y dejarlas a la espera de completarla.

 

Qué curioso, porque “The Elements Song” es la canción más compleja del álbum.

– Es el tema más complicado, sí. Supongo que así es como funciona mi cerebro [risas]. Los primeros discos fueron hechos rápidamente, mostrando lo que hacíamos sobre el escenario, sin meterles nada más. Fue bueno, porque así no nos complicamos. Trabajamos con gente como Steve Albini, que es un purista, que solo quiere capturar el sonido del grupo como si fuese un ingeniero. Ahora que lo pienso, sí hemos cambiado mucho en estos veinte años en cuanto a cómo enfrentarnos a una canción aunque, por otra parte, no hemos cambiado mucho nuestro estilo.

 

¿Quién sugirió la idea para la fotografía de la portada? La imagen de la aurora boreal podría relacionarse con la belleza y el misterio de vuestra música, que no precisa ningún retoque adicional.

– Es una imagen de un fotógrafo fantástico de Newmarket que me recomendó mi mujer, llamado David Kilabuk. La tomó en Pangnirtung, Nunavut [un territorio autónomo de Canadá, situado al Nordeste del país,  al Oeste de Groenlandia]. Él tiene relación con un grupo que proviene de allí, The Jerry Cans, que combinan el canto tradicional inuit con el folk y el country. En cuanto a la inspiración, es algo difícil de explicar. Ahora mismo aquí cerca está nevando mucho, y se puede decir que este es un disco muy norteño, en contraposición, por ejemplo, con el disco que hicimos en España [New Seasons, 2007] con Gary Louris, Paco Loco y Muni.

 

En esta ocasión contáis con muchos colaboradores: Neko Case, André Williams, Jon Langford (The Mekons), Jon Spencer, Robyn Hitchcock, John Doe, Buffy Sainte-Marie, Gord Downie, Neil Young… ¿Algún momento particular que recuerdes de la grabación?

– Tenemos mucha suerte de poder contar con todos estos amigos que están siempre dispuestos a colaborar con nosotros, de los aprendemos mucho y que nos mantienen ocupados. No fue nada complicado contar con todos ellos. El mejor momento fue cuando mi madre nos gritó desde el piso de arriba, en medio de una grabación, que subiésemos a cenar.

 

Cada vez que colaboráis con alguien, ¿sientes que aprendes algo diferente que servirá luego para tus propias canciones?

– Sí y no. Y volvemos a tu primera pregunta, sobre si tenemos expectativas con los discos. En este caso, lo que quería era que Kurt Vile sonase como Kurt. No me gustaría que sucediese lo contrario, y en eso hasta ahora hemos tenido mucha suerte. Toco madera. En este caso, habíamos hablado de trabajar juntos en el pasado. Ahora tuvimos la oportunidad y preferimos no dejarla pasar. Hemos empezado por una canción, así que ya veremos si le damos continuidad. Lo mismo, por ejemplo, con Robyn Hitchcock: empezamos con una canción para ver si salía bien y luego continuamos trabajando con él, especialmente en directo.

 

Te refieres a la canción “It’s Easy (Like Walking)”, en la que participa Kurt Vile, claro.

          – Sí. No le dijimos mucho sobre lo que queríamos y estoy muy satisfecho con el resultado. Debemos tener en cuenta que solo le dimos una semana. Por suerte para nosotros, trabaja muy deprisa. También nos pasó así con Buffy Sainte-Marie. Cada vez que le pedimos a alguien que colabore en uno de nuestros trabajos, nunca pensamos en que van a decir que sí, y hasta ahora, por suerte, siempre lo hemos conseguido. Pero no es algo que demos por seguro, y es lo que nos hace ser como somos.

 

¿Hay algún artista en particular con quien os gustaría colaborar o compartir escenario con el que aún no lo habéis hecho?

– Cada uno tendría su respuesta a esa pregunta. De nuevo, si tienes tus expectativas, puede que no se cumplan. Por suerte, hasta ahora todo ha sido muy natural en términos de colaboraciones. Es gente que conocemos. Por ejemplo, mi hermano Travis quería hacer algo con Gordon Lightfoot, y él es un viejo amigo de la familia, así que no hubo problemas. Hemos trabajado con tantos artistas hasta ahora que casi preferimos seguir colaborando con ellos que pensar en alguien nuevo. La única persona con la que hemos trabajado y no pudimos editar nada ni tocar aún en directo es Michael Nesmith [The Monkees]. Estuvimos dos días con él ensayando y trabajando. Fue hace años y ahora estamos demasiado ocupados como para juntarnos de nuevo. Así que, respondiendo a tu cuestión, me gustaría retomar esa colaboración con Michael Nesmith.

 

 

A pesar de ser una banda de rock and roll, cada canción vuestra tiene su propia identidad, mostrando una gran versatilidad. No sé si hay algún estilo que hayáis considerado pero con el que no hayáis conseguido nada. ¿Alguna vez habéis probado algo funk, soul o con un ritmo de baile? Vuestro trabajo con André Williams es lo más cercano a eso y se prestaba.

– Mi respuesta a eso es: “Rotundamente no” [risas]. En varias de nuestras colaboraciones hemos estirado nuestro estilo bastante. Por ejemplo, con quien mencionas, André Williams, adaptamos nuestro estilo al suyo pero él quería trabajar con nosotros precisamente por nuestra tendencia al country and western. Es lo habitual en la gente que trabaja con nosotros, que ven algo en nuestra música que les hace querer colaborar con nosotros. Me siento muy asentado en nuestro estilo y se trata de progresar en ello, aunque como personas individuales a cada uno nos guste tocar otras cosas. Por ejemplo, yo toco en una banda de hardcore-punk, pero no haría eso con The Sadies.

 

Después de veintidós años, diez álbumes de estudio como banda y un montón de colaboraciones, ¿eso hace que sea fácil de escribir y grabar una canción o la experiencia se convierte en algo como un obstáculo?

          – Difícil responder a una pregunta así. Cuanto más crezco, más fácil me es descifrar el don de la composición y la inspiración la busco ahora de formas distintas. No hay nada peor que alguien que se repite constantemente, hablando de temas existenciales y oscuros una y otra vez. El humor es algo difícil de forzar en una canción. Por suerte, siento que mi capacidad de escribir no se ha secado todavía, y trabajo mucho cada día para cuestionar y mejorar esa habilidad. Espero que algo se muestre en este disco.

 

Cuando más se sabe sobre el proceso de componer y tocar, terminas cayendo en la autocomplacencia en un estudio. ¿Alguna vez te has sentido así o tratas de terminar las canciones tan pronto como sea posible para tratar de capturar su primer impacto?

– Ambos, la verdad. En algunas ocasiones intentamos mantener el primer impacto que nos noqueó en una canción. En otras, se trata de crecer a partir de esa primera idea. Hoy en día puede ser una combinación de las dos formas: podemos intentar mantener la idea primigenia y grabarla de varias formas para ver cómo resulta. En cuanto a las voces, en ocasiones es mejor intentarlo más en bruto que con la toma final acabada. Sí es cierto que llega un punto en el que el material pierde su frescura y acabas dando vueltas sobre lo mismo, pero me gusta ser capaz de mantener mi primera idea basándome en la siguiente para cuestionarla. De esta forma, a veces te das cuenta de que la primera impresión era la buena y, en otras, sirve para mejorarla.

 

Me hablaste al principio de que estabas expectante por comprobar la reacción en España a las nuevas canciones. Me gustaría saber si de verdad recibes una reacción diferente en cada país, en cada cultura, o tiene más que ver con el local, la ciudad o cómo se dé esa noche el concierto.

– Es una pregunta muy interesante, pero creo que tú sabes la respuesta perfectamente. En España la reacción es siempre increíble, la gente, la comida la cultura… Todo es maravilloso. El hecho de que se nos haya permitido ir y presentar nuestra música, que se nos acoja en vuestra cultura y se nos permita formar parte de ella, que se nos haya recibido como habéis hecho, es un honor increíble que no subestimamos. Somos muy afortunados por cómo vuestro país ha recibido siempre a nuestro grupo. Por supuesto, también amamos Canadá, nuestro país, y nuestros seguidores aquí pudieron encontrar una banda con la que sentirse identificados. España es muy especial. Por supuesto, es exótico para nosotros, pero eso no importa, ya que al final del día todo se reduce a la música. Mientras nos recibáis así, seguiremos yendo a tocar.

 

¿Cuál es el mayor motivo de orgullo para ti, después de estos años y una vida en la carretera?

          – Vaya, tremenda pregunta que nunca me habían formulado antes. Es difícil para mí elegir un solo momento, aunque supongo que haber podido hacer lo que hacemos durante todo este tiempo es ya suficiente motivo de orgullo. También sentir que, con solo dos años de carrera, habíamos alcanzando una de nuestras cimas creativas. Al mismo tiempo, me parece una situación casi única que, después de 20 años, el grupo siga siendo relevante. De lo que sí estoy seguro es que ahora hacemos discos más consistentes que en nuestros inicios y, mientras siga siendo así, será de lo que más satisfecho estaré. Por otra parte, tampoco nunca daré por hecho que una buena parte de los artistas que admiro y respeto se hayan convertido en colaboradores muy cercanos y amigos. Es un honor y un orgullo. El hecho de que ellos, de procedencias,  estilos y generaciones diferentes, vean algo en esta banda, me indica que no lo estamos haciendo del todo mal.

 

Me comentaste hace un momento que es difícil introducir el humor en una canción. No sé si será complicado hacerlo en esta entrevista, pero, para terminar con algo menos profundo, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que te ha sucedido en todos estos años en el negocio de la música?

– Buf, que complicado así repentinamente. Lo que voy a hacer es pensármelo y enviarte un correo electrónico.

 

Dos días después, Dallas envía varios correos en los que, más que comentar anécdotas, se refiere a la situación kafkiana en la que se encuentra el grupo intentando gestionar su próxima gira por España. “No soy capaz de decidir qué es lo más divertido que nos haya pasado, pero no puedo evitar pensar en lo que nos pasó el otro día. Había tanta nieve en el camino a casa de Travis que tuvimos que usar trineos para mover el equipo un kilómetro desde su casa a la furgoneta. Fue todo un espectáculo. Te envío una foto. También me gustaría comentar algo que no es muy divertido, pero lo más extraño que he tenido que hacer para dar un concierto con The Sadies está sucediendo ahora mismo. Las aduanas españolas y la inmigración han cambiado sus políticas para que nosotros podamos obtener un visado. Ahora, además de las tarifas habituales, fotos, viajes al consulado, etc., tenemos que acudir a comisaría para que nos hagan unos informes de referencia, pagando, y además tenemos que presentar un examen médico. Después de hacer todo eso, todavía pueden rechazarnos. No entiendo. Tenemos atención médica gratuita aquí y seguro de viaje allí. Así que si la gira no se hace, ya sabes la razón. Además, la única manera de reservar una cita con el consulado en Toronto es por Internet, ¡pero no funciona! Conseguí mi cita con el médico para mañana pero estamos viajando actualmente por Canadá, así que es complicado. Realmente complicado. Lo lograremos en cualquier caso. Siempre lo conseguimos. España es siempre más difícil con los visados que otros países pero, ¿cartas de recomendación de la policía y un examen médico? Tiene poca gracia, la verdad”.

 

 

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