THE NEW RAEMON: Libre asociación

THE NEW RAEMON: Libre asociación (B-Core)

Al establecer contacto visual con Libre asociación, el nuevo álbum de The New Raemon, resulta inevitable extraer conclusiones: aquí se cuece algo distinto. Las ilustraciones de Martín Romero, presentes hasta ahora, ceden el paso a las imágenes de David Elvira y Tina Schmidt. Dos personas escondidas tras la máscara deambulan por el bosque en penumbra. Ni línea clara ni trazo limpio. Una puesta en escena poderosa, que prefiere lo sugestivo a lo descriptivo.

 

 

Esa primera impresión se confirma nada más pulsar play. “Lo bello y lo bestia”, corte de apertura, delimita el estado de ánimo del nuevo Ramón: toca mirar hacia dentro, hurgar en la entraña del descontento, rebuscar en los desordenados cajones de la conciencia, extirpar -aunque sea con los fórceps del estribillo a voz en grito- una pequeña parte del malestar.

Quienes sigan los pasos de Ramón Rodríguez desde el principio, aquellos que hayan sabido apreciar las muchas virtudes de su trabajo al frente de Madee -el grupo que comparte con sus amigos de adolescencia desde hace casi veinte años-, le pillarán el punto a este disco casi de inmediato. Lejos de su particularísima puesta al día de la figura del cantautor confesional -que entintaba cada verso del inolvidable A propósito de Garfunkel (2008)- y a considerable distancia de la espontánea combustión pop que propulsó La dimensión desconocida (2009), Rodríguez apuesta por un cambio de registro sónico y por otro punto de vista narrativo: mayor carga eléctrica, más peso específico para los arreglos -imaginativos, de amplio rango- y un planteamiento interpretativo menos ligero que en trabajos precedentes, casi siempre en primerísima persona del singular.

El camino de Libre asociación es corto -poco más de media hora-, pero su intensidad y dinamismo obliga a mantenerse alerta. Durante la marcha, nos topamos con miniaturas como “La vida regalada” -mucho más grande de lo que parece: atentos a la interpretación de Rodríguez-, atravesamos parajes de atmósfera inquietante -la escena descrita en “Aspirantes” también lo es-, escuchamos ecos de Sunny Day Real Estate -“Algunas personas del valle”- o The Cure -en la monumental “Llenos de gracia”- e hincamos la rodilla ante canciones como “Verdugo”, a la que no le sobra una coma.

Sorprende que un disco con tanta chicha fuera concebido en apenas diez días -repartidos entre febrero y abril pasado- y tras asumir el autor una serie de preceptos innegociables y autoimpuestos. Refugiado en su casa del Maresme, Rodríguez decidió componer asido a su vieja Telecaster, lejos de la guitarra acústica, partiendo de cero cada día e improvisando la letra conforme avanzaba en el pentagrama. Entraba en el local a primera hora de la mañana y no salía hasta que el tema estaba terminado. Cuando juntó diez, dio por cerrado el cancionero y se puso en manos de sus amigos Santi García y Ricky Falkner, quienes han hecho un trabajo de producción realmente brillante.

Libre asociación no es un disco de digestión sencilla, pero va sobrado de magnetismo y pulsa los resortes del instinto. Enseguida sabes que estas canciones, a menudo incómodas, esconden mucho más de lo que están dispuestas a mostrar. Supone, además, un reencuentro del artista con sus referencias. Una vuelta al origen que amplía su fondo de armario expresivo. Pocas veces ha sonado The New Raemon tan profundo como aquí. Y eso, al hablar del autor de “Sucedáneos”, “¡Hoy estreno!”, “La cafetera” o “Tú, Garfunkel”, ya quiere decir algo.

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